Cuando las mujeres nos movemos…

En las últimas semanas ha habido una fuerte polémica sobre el uso de prendas de ropa ligadas a las diferentes religiones.
Qué frágil y selectiva es la memoria!!!
No voy a entrar en dicha polémica puesto que ya se ha debatido bastante sobre el tema y la opinión sigue siendo libre. Sólo voy a dejar en el aire una pregunta ¿debería prohibirse también el uso de las sotanas sacerdotales en la calle cómo símbolo religioso? O, ¿Acaso es que de nuevo los señores de faldas largas y negras van a gozar de este tipo de prebendas religiosas frente a otras confesiones?.
Insisto sólo quiero dejar estas cuestiones en el aire y no entrar en el fondo de la polémica, porque lo que sí quiero es reflexionar sobre el hecho de que cuando determinados temas combinan temas religiosos con derechos de las mujeres se acaban convirtiendo en polémicos.
Y digo esto porque cuando las mujeres decimos “basta” en cualquier ámbito, sea de índole religiosa, laboral, cuando sufrimos malos tratos, o se nos imponen normas que penalizan nuestro derecho al uso y disfrute de nuestro propio cuerpo y a nuestro derecho a ser o no madres, siempre parece que la parte más reaccionaria de nuestras sociedades necesite volverse más conservadora aún si cabe.
Los avances de los derechos de las mujeres en aras de la igualdad legal y real son muy recientes, pero ahora podríamos decir con la cabeza muy alta que son imparables, puesto que las mujeres luchadoras que nos han precedido y las que hemos decidido tomar el relevo que aquellas pioneras e incluso las que no son del todo conscientes de sus propios logros, hemos puesto en marcha la mayor revolución de la historia de la humanidad: la de la Igualdad entre todas las personas.
Esta revolución es, al mismo tiempo silenciosa y, sobre todo muy contagiosa, Y digo contagiosa porque a medida que vamos detectando desigualdades, vamos siendo conscientes de la necesidad de eliminarlas. Y esas desigualdades siguen apareciendo en todos los ámbitos de la vida.
Las mujeres que tenemos un empleo, sea el que sea, sabemos lo que significan las desigualdades encubiertas o indirectas. Y a través de las organizaciones sindicales las denunciamos e intentamos corregirlas con diferentes grados de éxito, pero el hecho de denunciarlas en sí mismo ya es importante.
Las que hemos decidido no ser madres cuando se suponía que había que serlo, hemos impuesto con sudor y muchas lágrimas nuestra decisión pese a ser cuestionada y no haber contado con el apoyo necesario en demasiados casos para ello.
Las que hemos sido violentadas en algún momento de nuestras vidas y hemos decidido luchar para que no vuelva a ocurrir, pese a la oposición de algunas instituciones en demasiados momentos, hemos conseguido llevar a ala agenda política el problema y que sea considerado un problema social y político en lugar de dejarlo como un problema personal.
Pero siempre hemos tenido frente a nosotras al mismo enemigo y siempre con la misma forma: los señores de faldas largas y negras que desde púlpitos y confesionarios se han encargado de defender posiciones misóginas, reaccionarias y que pretendían mantenernos a las mujeres en situaciones de subordinación a los hombres.
Ellos que como estamos viendo todos los días abusan de menores, que violentan mujeres monjas sobre todo en África, sin embargo mantienen su silencio cómplice ante los asesinatos machistas pero pretenden imponernos su moral en nuestras relaciones privadas.
Ellos que no admiten mujeres en su organización a menos que sea en situaciones de sumisión y de obediencia y entrega total a una causa que las ningunea y las silencia, sin embargo pretenden frenar nuestra revolución silenciosa pero firme con su discurso excluyente y misógino.
Cuando las mujeres nos movemos por nuestros derechos y por los derechos de nuestras hijas e hijos, hermanas, amigas, conocidas o desconocidas pero compañeras en la desigualdad, no hay quien nos pare. Y la historia nos dará la razón.
Ben cordialment,
Teresa

5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. María Regina
    May 07, 2010 @ 20:14:47

    Responder

  2. lola martinez
    May 09, 2010 @ 08:50:49

    pues yo siento ser de las que piensa que una nina no puede decidir si lleva velo o no, se lo imponen, lo mismo que a mi si quiero ir a algun paismusulman, en cuanto alas manifestaciones religiosas privadas o publicas, yo las quitaria todas; curas, monjas, o lo que sea, pienso que la religion, hoy, me da miedo para las mujeres,una amigame conto que en colegio de su hija las ninas habian decido ponerse el panuelo para que asi los chicos las respetaran, osea, que si nos respetan a nosotras pensando que somos musulmanas,se respetan entre ellos que somos supropiedadf, me da miedo, mucho miedo, creoesto es un corto espacio para expresarse, esto como dices es mas complejo, pero si me pongo una pinza en pelo porque quiero, escosa mia, si me la pongo porque me lo dice mi padre y si no salgo de casa es dictadura patriarcal y machismo,

    Responder

  3. Tio Patxi
    May 14, 2010 @ 07:26:51

    Quizás se nan dictado muchas sentencias sobre el velo, pero para mi no se ha hablado suficiente, por eso doy mi opinión Teresa.
    Muchas mujeres de occidente perciben a las mujeres del Este como el buen salvaje, una mujer obediente confinada en casa. Su percepción de la mujer árabe es una visión colonial, y durante años esta la mujer se ha transformado en un objeto oriental mágico. La mujer árabe se ha convertido en un objeto exótico de investigación por investigadores externos, tanto hombres como mujeres, que catalogan a las mujeres como obedientes, desvalidas y limitadas por las tradiciones machistas tanto de la sociedad como del Estado. La percepción que se acepta es la de mujeres que no pueden progresar ni liberarse de la opresión.
    Sin embargo, cuando hablamos de liberación, a qué nos referimos? Se liberador imitar a otros? A las occidentales? A las Ashkenazi? A las israelíes? La liberación implica abandonar el traje tradicional y el pañuelo en la cabeza para vestir faldas cortas y blusas sin mangas? ¿De qué liberación estamos hablando? ¿Cuáles son las alternativas? Las de las de nuestras madres y abuelas que hacen perforar el lóbulo de la oreja a nuestras niñas con solo unos días de vida???????.
    Un abrazo

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  4. al.alba
    May 14, 2010 @ 15:58:41

    Yo también pensaba que había mucho logros que teníamos conseguidos cuando me dí cuenta que no era así.
    No sé que preferirán otras. Por mi parte, quiero el reconoccimiento de la razón, aquí y ahora, en esta vida. Quiero verlo y sobre todo quiero conseguir que a este reincidente de lo mismo, a Enrique Rojas, lo quiten de médico. Que no pueda volver a tener potestad para emitir documentos sobre nadie más.
    Saltalibre.net Sin miedo al Opus Dei
    http://www.saltalibre.net/Correo-libre-de-nuestros-lectores.html

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  5. Inma
    May 16, 2010 @ 19:50:23

    ¡Viva la revolución sileciosa de las mujeres!
    Nos queda muuuuuucho por hacer, pero como bien dices, ya no podemos parar.
    Ante cada nuevo logro, siempre escucharemos las quejas de quienes son o eran privilegiados… eso es síntoma de que estamos equilibrando un poco la balanza. Todas las personas se quejan cuando les quitan algo que se creen que les pertence… quizás por eso se vuelven aún más conservadoras si cabe.
    Me gusta el mensaje optimista que mandas… la revolución de la igualdad está cambiando el mundo!

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