El sexo como expresión del poder

Llevamos unos días en los que el sexo no consentido, y las violaciones no dejan de ser noticia en todos los informativos.
El caso de Dominique Strauss-Kahn, exdirector del Fondo Monetario Internacional, ha puesto en jaque a la política internacional y a sus enormes e invisibles redes de poder.
Las agresiones de las que se le acusa son graves y no consigo entender cómo alguien le puede justificar puesto que es una de las evidencias de lo pueden pensar aquellos que se creen los amos del mundo: que pueden poseerlo todo, incluidos los cuerpos de las mujeres que deseen aunque ellas no estén de acuerdo.
Quienes justifican este tipo de situaciones (e incluso las permiten por intereses confesables o no), están contribuyendo al mantenimiento de la brutalidad más absoluta que se puede infligir a un ser humano cuando a la fuerza se le obliga a mantener unas relaciones sexuales no deseadas o, lo que es lo mismo, se le viola.
Pero además si se trata de una mujer que está en su trabajo, que además es afroamericana y viuda, como en el caso de Strauss-Kahn, el atentado a cualquier intento de políticas de igualdad entre mujeres y hombres se convierte en un asunto mundial dado el perfil del agresor puesto que ha puesto sobre la mesa, de nuevo, la vieja fórmula de dinero-sexo y poder.
Si además sumamos que entre los dirigentes mundiales nos encontramos con otro nombre como el ministro británico de Justicia Ken Clarke, que no tiene ningún empacho en aparecer públicamente defendiendo que las condenas por violación se reduzcan a la mitad puesto que no todas las violaciones son iguales, entenderemos la consideración que sobre el cuerpo de las mujeres tienen algunos mandatarios del mundo.
Y que conste que los dos casos han ocurrido en el llamado PRIMER MUNDO que es el desarrollado y el de la sociedad del bienestar el de la teórica igualdad de derechos y oportunidades, etc, con lo cual no quiero ni imaginar lo que puede estar ocurriendo en otros lugares del mundo donde estos temas todavía son utopías.
Y es que como dice la frase, “aunque el mono se vista de seda, mono se queda” (si ya sé que he cambiado el género de la frase pero le va que ni pintado a los casos que me refiero) puesto que cuando rascamos sólo un poco aparece el machismo más atávico, aquel que da poder a los varones y les permite creer que son el centro del universo y que todo, incluso las vidas (y por tanto los cuerpos) de las mujeres también les pertenecen, Y no contentos con ello, cuando se trata de castigar con algunas penas a quienes piensan como ellos y violan a mujeres y niñas, se intenta rebajar las penas con la justificación estúpida de abaratar costes.
Y yo me pregunto ¿Por qué no abaratan costes de otras partidas?, ¿Acaso el castigo para quien viola los cuerpos de otras personas, mayoritariamente mujeres, ha de ser menor que quien roba un banco o quien comete un asesinato, por el hecho de que la víctima sean como decía antes mayoritariamente mujeres?
Y es en estos tipo de comentarios u actos cuando nos damos cuenta de lo lejos que seguimos estando mujeres y hombres de esa plena igualdad de derechos y oportunidades.
Hemos avanzado muchísimo y eso es totalmente innegable, pero el sustrato que permanece oculto para ser del todo “políticamente correcto en los albores del siglo XXI” sigue estando ahí.
Y estos que se consideran los amos del mundo, de su país, o del rincón más recóndito del planeta consideran también que los derechos (y los cuerpos) de las mujeres y las niñas pueden ser usados a su antojo sin que haya consecuencias.
Afortunadamente comienzan ha haber consecuencias y aunque el ministro británico no ha dimitido (debería haber sido cesado de inmediato por el primer ministro) su reforma no se llevará a cabo. Y en el caso de Strauss-Kahn este escándalo ha supuesto el final de su carrera política y económica en el mejor de los casos, puesto que puede acabar con sus huesos en las cárcel.
Pero, ¿y las víctimas, quién las resarcirá del daño moral que han sufrido en ambos casos? Puesto que ni con la retirada de la medida en Gran Bretaña ni con la cárcel o el acuerdo en el caso Strauss-Kahn, las vidas de las víctimas quedarán como lo estaban, ¿qué pasará con ellas?
Al final la pregunta siempre queda en el aire ¿Qué pasa con las vidas de las víctimas de violaciones o agresiones sexuales?
Los escándalos pasarán, pero ellas quedarás con esa herida en el alma para todos los días que les quedan de vida.
Pese a todo, ben cordialment,
Teresa

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