Hacia atrás

Hacia atrás. Ese es el camino que, al parecer ha tomado la sociedad española en apenas dos meses.

Sabíamos que el cambio de gobierno iba a conllevar modificaciones en nuestra vida cotidiana. Sabíamos qué llevaba en su programa electoral el PP y pese a ello y a su famoso “no subiremos los impuestos” hubo muchas personas que les votaron. Bien, ahora vienen las lamentaciones sobre la estafa que supuso ese voto, puesto que sintieron el engaño más traicionero en sólo una semana, pero ya no pueden recuperar su voto para cambiarlo.

Y desde el gobierno, con ese voto, fruto del engaño y la traición, se toman medidas para que volvamos a la segunda mitad del siglo pasado en todos los aspectos sociales.

Cambian políticas activas de intervención social que impulsa y concreta derechos de ciudadanía y pretende formar personas libres, por un modelo de caridad y compasión emanado, como no podría ser de otro modo, del modelo católico, y con ello conseguir dependencias, servilismos y por tanto un mayor grado de manipulación.

Impulsan medidas regresivas para el conjunto de la población más desfavorecida, como lo es la población reclusa, con su “condena perpetua revisable” como ellos prefieren llamar eufemísticamente a lo que siempre ha sido la cadena perpetua.

Como no podía ser de otro modo, van a revisar la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, para devolverla a una situación anterior, en donde la indefensión a profesionales y mujeres se demostró fehacientemente. Además, con la modificación que proponen (y que era de esperar) nos devuelven a las mujeres, a una situación de tuteladas, puesto que serán profesionales quienes deberán decidir sobre nuestro cuerpo y, en definitiva, sobre nuestra vida.

De nuevo el modelo patriarcal cuyo espacio simbólico más evidente es el control y el  dominio sobre nuestro cuerpo de mujeres se impone para que nosotras no nos podamos apropiar de él y decidir sobre él.

Otra vez los de las faldas largas y negras imponen su criterio al intentar negarnos nuestra condición de ciudadanas de pleno derecho, lo cual incluye el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, nuestra maternidad elegida, y, por tanto de nuestra vida.

Y, para rematar la faena, eliminan la asignatura de educación para la ciudadanía, puesto que lo que pretendía esta asignatura era precisamente eso, conseguir una ciudadanía, más libre, más crítica con el mundo que nos rodea, con mayor capacidad de elección de entre las posibilidades que se nos presentan a lo largo de la vida, etc. Así, mientras se evita que se enseñe a pensar, se evitan las tentaciones de que podamos ser ciudadanas y ciudadanos más libres y, por tanto con mayor capacidad de elección sobre nuestras propias vidas.

Además cuestionan la píldora postcoital poniendo en tela de juicio la opinión de la Organización Mundial de la Salud. Y se quedan tan a gusto!!

Como vemos, los derechos humanos de las mujeres en el estado español, vuelven a situaciones superadas hace años. Nuestras libertades vuelven a ser cuestionadas. Nuestros derechos pisoteados y ninguneados por un patriarcado que nos quiere sumisas, sin voz, y eternamente menores de edad para decidir sobre nuestros cuerpos, pero que al tiempo mira hacia otro lado cuando nos maltratan y nos matan.

Y lo que se había conseguido con la lucha de millones de mujeres de toda edad y condición, lo que hemos heredado de nuestras antecesoras luchadoras en ámbitos como el político, el sindical, el intelectual, el artístico, etc, vuelve a quedar aparcado con la escusa de la crisis económica que está sirviendo de paraguas para reimplantar medidas arcaicas que pisotean derechos humanos conseguidos.

Desgraciadamente para nosotras, los de las faldas largas y negras se estarán frotando las manos al ver como sus postulados son puestos en marcha por un gobierno que ha engañado para poder llegar al poder.

De lo que no me cabe la menor duda es que somos muchas las que seguiremos en la brecha de la lucha para desenmascarar al patriarcado y, de ese modo, construir una sociedad más equitativa, más justa y con doctrinas relativas a la justicia social y no a la justicia divina, que es lo que pretenden algunos, todavía XXI siglos después.

Quizás esa sea mi propia utopía. Pero no creo que sea sólo mía y, aún así, no quiero renunciar a ella, pese al cansancio puntual que pueda producir.

Ben cordialment,

Teresa

 

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