Los límites de la sororidad

Esta semana me sucedieron unos hechos que me llevaron a reflexionar sobre la sororidad y alguno de sus límites. En este caso el límite lo puso yo.

Hace una semana me invitaron a participar en una mesa redonda para visibilizar la genealogía feminista comarcal y a falta de acabar de cerrar que otras mujeres iban a conformar la mesa, acepté. Además me comprometí en facilitar los datos de otra compañera a la que admiro y respeto mucho.

Al cabo de unos días llamé a la compañera que me invitó para facilitarle el teléfono prometido y aprovecho para preguntarle si ya habían completado la mesa para saber con quién iba a compartir ese espacio. Me contestó que no pero que estaba pensando en llamar a una mujer de cuyo nombre prefiero no acordarme. Me puse pálida al escuchar dicho nombre puesto que se trata de una señora que durante bastante tiempo me provocó mucho dolor y con quien prefiero no encontrarme. Mi reacción inmediata fue la de decir que con esta señora yo no me iba a sentar en ninguna mesa y, por tanto que eligieran. Al cabo de unas horas y un poco más tranquila, llamé a la organizadora le expliqué por encima mi reacción y, desde la humildad, le pedí disculpas reconociendo que yo no era quien para censurar a nadie ni indicarles a quien podían o no invitar. Y con la misma actitud le indiqué que rechazaba la invitación para participar en aquella mesa.

Este hecho me llevó a reflexionar sobre la sororidad. Está claro que las mujeres nos hemos de apoyar y de reconocer para poder avanzar. Hasta ahí lo tengo muy claro. Pero ¿Qué pasa cuando la sororidad con otra mujer provoca dolor propio? Esa fue la pregunta durante muchas horas.

Como en otras ocasiones he dicho, tengo la fortuna de tener buena maestras de vida. Y a alguna de ellas acudí con este dilema para que me ayudara a dilucidarlo. Afortunadamente llegamos a la misma conclusión: Las mujeres debemos compartir luchas, pero no necesariamente afectos y, cuando llega el dolor y el sufrimiento por la causa que sea debemos de apartarnos de él, sea quien sea quien sea quien lo provoque.

Tengo otra maestra de vida que es de la opinión de que la sororidad, en su sentido intrínseco, no existe. Y que no existe debido al trabajo realizado por el patriarcado con su objetivo de dividirnos entre nosotras. Y estamos divididas formando parte de organizaciones cuya esencia incluso organizativa es patriarcal. Estamos divididas por nuestra construcción como personas que fue patriarcal en su momento ya que se nos educó para ser mujeres sumisas y dependientes y que, a pesar de los procesos de deconstrucción vividos por cada una de nosotras, siempre sigue quedando un poso que no conseguimos arrancar del todo por diversos motivos o incluso por desconocimiento en muchos casos.

Las competencias entre nosotras nunca son saludables. Ni individual ni colectivamente. Eso lo sabemos. Y, pese a saberlo, lo seguimos practicando de forma consciente e inconsciente. Yo lo practiqué inconscientemente cuando a la organizadora la “obligué” a elegir entre la otra señora y yo. Por eso cuando me apercibí de ese hecho, la llamé y asumí el dolor que me provocaba esta señora y rechacé la invitación. Puse límites a mi sororidad, puesto que en este caso el consecuente dolor por participar iba a ser mucho mayor que el placer de ser sórica. Así de sencillo. Y, también así de duro de asumir.

Como hecho vivido estos últimos días, todavía permanece en mi piel. Sigo dándole vueltas al tema. No al hecho de haber rechazado la invitación como medida de autoprotección, sino a las barreras invisibles pero férreas que al patriarcado y de múltiple maneras nos pone en el camino para que esa utopía llamada sororidad no sea posible.

La competencia por espacios que ya no nos pertenecen, o que nunca nos pertenecieron; la falta de generosidad entre nosotras; el simple hecho de que otra mujer nos caiga bien o no; las diferencias a la hora de entender la vida en general y el feminismo en particular, por ejemplo. Los intereses de cada una y en cada momento de su vida. Y también y por qué no decirlo, los intereses de las organizaciones a las que pertenecemos, que suelen ser patriarcales y que en demasiadas ocasiones nos utilizan como moneda de cambio; o los egos desmesurados que también los hay; y un larguísimo etcétera, son algunos de los serios obstáculos que, colocados adecuadamente, nos alejan siempre de ser realmente sóricas entre nosotras.

Salvar estos y tantos otros obstáculos, es, sin ninguna duda complicado. Llevamos demasiados aprendizajes patriarcales en nuestras mochilas personales. Son piedras pesadas que nos impiden avanzar adecuadamente. No sé cuál es la solución, sobre todo después del episodio que he comentado.

El patriarcado ha fomentado una fraternidad feroz entre los hombres que ha conseguido que se reconozcan y, pese a todas las discrepancias que también existen entre ellos, sean capaces que actuar conjuntamente ante el objetivo común de mantener sus privilegios patriarcales. Afortunadamente ya se escuchan voces que explican que el patriarcado también les perjudica a ellos, pero esas voces masculinas todavía son minoritarias. Pero en su mayoría se siguen reconociendo incluso como iguales en los conflictos armados.

Pero, ¿Y nosotras?, ¿Qué pasa con nosotras? El feminismo, en su sentido más amplio y más generoso debería ser la solución, pero tampoco lo consigue por las diferentes interpretación y lecturas del mismo. O por los diferentes intereses en su lecturas. No lo sé.

No me siento menos feminista por haberle puesto límites a mi sororidad. Me ha permitido una reflexión íntima de cuáles son mis límites y, al tiempo, mis limitaciones.

Lo acontecido, incluso con todas las dosis de dolor que contiene, me ha permitido reflexionar sobre la real falta de sororidad todavía existente entre todas nosotras. Y que conste que me vienen muchos nombres a la cabeza que, en nombre de esa utopía, están ocupando de forma ilícita espacios que no les pertenecen y perjudicando a compañeras. Nombres que, en mayor o menor medida, hacen de la sororidad su bandera para beneficio propio. Y me vienen muchos…

No tengo soluciones ante estos hechos. Tengo, eso sí y después de esta reflexión, la necesidad de seguir deconstruyéndome para buscar algunas piedras y sacarlas de mi propia mochila. Y también la necesidad de seguir trabajando cada día por una sociedad menos patriarcal, más igualitaria y por ende, más feminista. En esas me vais a encontrar los próximos tiempos.

 

Ben cordialment,

Teresa

 

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9 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. marta
    Jul 02, 2017 @ 16:40:01

    Estoy casi segura q esa mujer te causó dolor por culpa de un comportamiento machista/patriarcal.
    Por tanto tu acción no fue antisororidad sino q puso un parapeto ante la posibilidad de q esa persona volviera a herirte.
    Sororidad creo q no significa q permitamos que nos dañen, al contrario. Otra cosa hubiera sido si esa mujer te ofrece dialogar y la hubieras rechazado o que te negaras a hablar con ella para enmendar la situación entre ambas, si es posible.

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  2. vicentamonge
    Jul 02, 2017 @ 21:54:38

    Reblogueó esto en Una feminista de a pie.

    Responder

  3. Olga Villalta
    Jul 02, 2017 @ 22:16:26

    En los espacios políticos feministas que me muevo, insisto en que nos veamos como “socias políticas”. Lo de sororidad, aunque entiendo la propuesta política que contiene, muchas consideran que tenemos que apoyar a otras mujeres, solo por el hecho de ser mujer. Y estoy de acuerdo que la sororidad tiene límites.

    Responder

  4. Luz Adela Rodas Ruiz
    Jul 04, 2017 @ 02:23:38

    Total ,manifestación de gratitud .porq este tema es de suma importancia para segir engrosando nuestra mochila con las piedras sororas no las q tropiezan a las mujeres,las q nos permiten un trabajo de hermandad.q nos permitan llegar a los lugares más altos del universo. Abrazos. Adela

    Responder

  5. queeryfair
    Jul 04, 2017 @ 10:15:05

    Hola Teresa, tus palabras han caido muy hondo. Hace un anyo y medio, una amiga mia, una persona superactivista como yo, por la cual sentia carino, amistad y plena confianza, me hizo muchisimo dano. Desde entonces intentamos no compartir espacios de activismo y de lucha para no encontrarnos, pero eso quiere decir que nuestras geografias seran siempre incompletas y que nos estamos perdiendo mucho las dos. Pero como solucionarlo? Desgraciadamante no siempre hay sororidad, no siempre compartimos las mismas ideas y luchas con personas que quieren practicar una sororidad reale, concreta, donde todxs ganamos. Lo siento mucho por este experiencia, pero estoy segura de que te permitira entender mas y mejor muchas dinamicas humanas que puedes superar. El dolor desaparecera y tu te quedaras con unos conocimientos humanos, afectivos, cognitivos y fisicos que no todxs conocen. Suerte y un abrazo desde Italia. 🙂

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  6. Morena
    Sep 20, 2017 @ 01:18:55

    En nombre de la sororidad respondí un par de mensajes de la actual pareja de mi ex, casi conteniéndola y asegurándole que no tengo relación con él. Resulta que soy un fantasma, ella no puede dejar de stalkearme.
    Entiendo que es su problema, no el mío; pero sentí que podía tranquilizarla, empatía, no sé.
    Finalmente, me cansé de que ella me pida que yo la bloquee a ella porque ella no podía dejar de estar pendiente de mí. Me cansé, le dije que hasta acá llegaba con la comunicación, e intenté comunicarme con él para que termine el tema. El resultado fue que además de bloquearme ella, logró que me bloquee él de todo contacto que pudiéramos tener. Fuimos ex respetuosos, cariñosos, y sinceramente nos deseábamos felicidad aunque fuéramos exs.
    Ahora no me perdono haber caído en responder en primer lugar. Termino atravesando un segundo duelo: el de haber tenido una excelente relación con mi ex, aún cuando hablábamos sólo para cumpleaños. No supe poner el límite a tiempo, y cuando lo puse el resultado fue peor.
    Me sentí completamente ingenua y estúpida. Cero sororidad para mí en el futuro.

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  7. rita
    Sep 20, 2017 @ 15:39:42

    La sororidad entre mujeres es de gran importancia si queremos reivindicar nuestros derechos y libertades, aunque en ocasiones nos sea difícil ponerla en practica por nuestras convicciones o nuestra forma de actuar.

    Responder

  8. Gina
    Sep 20, 2017 @ 15:40:16

    La sororidad no implica necesariamente amistad, pero necesitamos estar unidas y luchar juntas para poder avanzar.

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