Sororidad siempre, pero con ciertos límites

         Hace unos años ya escribí sobre este tema, pero hay cosas que, al parecer, no cambian.

         Hace unas semanas tuve un incidente con una mujer a la que conozco hace años y la verdad es que llegué a enfadarme, aunque creo que ella no de percató del asunto. No voy a relatar lo ocurrido por que forma parte de nuestra relación, pero no es la primera vez que ocurre. Y yo que vengo de un momento personal complicado, pues me resentí más si cabe.

         Estuve reflexionando sobre el tema de la sororidad y llegué a la misma conclusión que hace un par de años: Sororidad si, pero con ciertos límites. En nombre de la sororidad no puedo, ni quiero permitirme alterarme hasta el punto de perder la salud emocional y, por extensión la física porque soy de fácil somatización.

         En esta ocasión fue esta mujer, pero ha habido otros momentos con otras mujeres que incluso quiero mucho, pero por atender sus necesidades, me olvido a veces de las mías propias. Y con ello no quiero decir de mí misma que sea una persona excelente, sencillamente que a veces, como supongo que nos pasa a todo el mundo nos olvidamos de nuestras propias necesidades y prioridades por atender a otras personas.

         A mí, quizás por ser feminista radical que busca arrancar el problema del patriarcado de raíz y además ser coherente, me pasa especialmente con algunas mujeres. Y cuando descubro que, de nuevo he antepuesto sus necesidades o deseos y noto como me veo “envuelta” en situaciones no deseadas me siento mal, porque no he sido cuidadosa conmigo, porque en realidad no deseaba hacer aquello que pueda estar haciendo.

         Tengo una gran amiga y maestra, Fran, que la vida puso en mi vida hace unos trece años que a veces me recuerda “Las amigas son amigas siempre, pero pueden, y de hecho muchas veces llegan ser muy petardas, pero son amigas”. Y tiene toda la razón del mundo. Las amigas son amigas pese a los “petardeos” que puedan tener. Con un matiz, que esos “petardeos” no se lleven la salud emocional por delante. Porque en ese caso más que amigas son otra cosa que no sé todavía cómo definir.

         La sororidad implica ayuda y reconocimientos mutuos. Pero, precisamente en esa parte mutua, radica el que se pueda practicar verdadera y sinceramente la sororidad.

         Estamos en un momento social muy complicado en donde prima el deseo sobre el derecho, el “yo” sobre el “nosotras y nosotros” y eso, aparte de producirme tristeza me da la sensación de que nos estamos convirtiendo en una especie de criaturas malcriadas que lo queremos todo y ya. Sin lucha colectiva, sin solidaridad ni empatía con el resto de las personas.

Nunca, ni en ningún ámbito se ha conseguido nada desde el individualismo. Sin luchas colectivas y solidarias no hay horizontes de mejora en nuestras calidades de vida como mujeres, pese a las diferencias que podamos tener.

Pero el pacto de sororidad, al parecer se ha disuelto en base al individualismo que, a su vez, se basa en el discurso del deseo y de la diversidad.

El feminismo, des de mi punto de vista ha de ser sórico, pero también empático y con límites, si ha de afectar a la salud emocional e incluso física.

El respeto a la diversidad me parece fantástico, pero siempre y cuando no encubra que los deseos sean más importantes que los derechos ya conseguidos.

Y estamos en un punto crucial para ser sóricas y empáticas, pero también fuertes personal y colectivamente para mantener los derechos que nuestras antecesoras ganaron para que nosotras los disfrutáramos.

Aprender a decir No a las peticiones de otra mujer porque te puede afectar emocional y físicamente es permisible. Es más, es deseable para seguir haciendo lo que crees que debes hacer. Es posible que la otra mujer afectada y bajo el paraguas de la sororidad no entienda ese NO. Pero los límites los marca cada una de nosotras, para poder continuar con una lucha cuyo objetivo común ha de ser el derrocamiento del patriarcado y, por tanto, legar una igualdad absoluta de derechos y oportunidades entre todas las mujeres y hombres del mundo.

No perdamos de vista que el movimiento feminista es universalista y por tanto busca la igualdad entre mujeres y hombres del mundo con derechos consolidados que siempre, siempre han de estar por encima de los deseos personales.

Por tanto y como dice el nombre del artículo, sororidad siempre, pero con ciertos límites que nos han de proteger nuestra propia salud para continuar en la lucha colectiva.

Ben cordialment,

Teresa

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Alicia Murillo Ruiz

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