Maternidades no tan idílicas

Maternidades no tan idílicas

 

Hoy se conmemora el día de la madre. Y lo conmemoramos en un momento en el que el patriarcado más feroz intenta desvirtuar su esencia primigenia en el sentido de” la madre es la que pare” y en todo caso, y también, la que cría y cuida.

Asistimos con espanto a la manipulación más grosera de la utilización del cuerpo de las mujeres con fines claramente mercantilistas. Junto con el de la prostitución, el alquiler de vientres de mujeres son dos negocios muy lucrativos que la alianza que suponen el capitalismo y el patriarcado no  van a dejar escapar. Y hemos de recordar que en ambos casos la materia prima con la que hacer negocios son los cuerpos de las mujeres y de las niñas.

Cuando analizamos desde la perspectiva feminista estos hechos o, mejor dicho, estos negocios, al menos a mí se me revuelven las tripas y me entra un profundo asco. Y también una profunda tristeza.

Asco por comprobar la falta total de escrúpulos y del más mínimo respeto hacia los cuerpos de más de la mitad de la población mundial. Y sobre todo los de las mujeres y niñas más vulnerables económicamente hablando, que se convierten en un enorme granero de materia prima para poder explotar por parte del capitalismo patriarcal más feroz. Lo mismo que ocurrió con la esclavitud. Comercio con materia prima de carne humana a la que utilizar y explotar. Y como no podía ser de otro modo, también en aquel momento esclavista las mujeres esclavas se llevaron la peor parte.

Y una profunda tristeza por comprobar cómo algunos valores humanos se degradan en aras al cumplimiento de unos deseos patriarcales que no dudan en recurrir a todos los medios, incluso ilegítimos, para ser satisfechos.

No soy jurista. Pero sí soy feminista y como tal abogo por una sociedad libre de desigualdades entre hombres y mujeres. A las amigas juristas feministas les dejo el arduo papel de desentrañar la ilegalidad sobre la necesidad actual del patriarcado por negar la maternidad a las madres gestantes de esas criaturas que luego van a ser entregadas a otras personas. Eso sí previo pago de su importe a las agencias intermediarias.

Pero como feminista me parece que el patriarcado utiliza el papel de la maternidad siempre a su favor. Y me intento explicar.

De momento solo las mujeres podemos gestar y parir. Y, aunque el diccionario de la Real Academia de la Lengua no lo explicite, también podemos engendrar[1]. Aprovechándose de esa característica biológica, el patriarcado ha utilizado la maternidad de muchas maneras.

Como forma de perpetuar su linaje, impidiéndonos a las mujeres decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestras maternidades. Llegando a convertir en pecado nuestro placer sexual y convirtiendo en “sagrado” el cuerpo, solo destinado a la procreación. Y por supuesto para el placer masculino también.

De esa manera también se produce una sublimación de la maternidad como única forma de realización de las mujeres que asumen el cuidado de su prole y del padre de la misma como función primordial de su vida, olvidándose de sí misma y de sus aspiraciones o necesidades. De ese modo quedan sometidas al sustentador de la familia.

Tampoco ha dudado el patriarcado en utilizar la maternidad como arma de guerra utilizando a las mujeres, además de para satisfacer sus deseos sexuales, para parir a sus hijos e hijas, sin importarles lo más mínimo el futuro de las madres y de las criaturas. Únicamente como forma de humillación hacia el adversario en el conflicto. Violando y embarazando a mujeres imponía su ley patriarcal a través de una descendencia, aunque esta no fuera reconocida. El papel de estas mujeres es especialmente doloroso puesto que quedan estigmatizadas por sus propias familias al igual que las criaturas que nacen de estos actos salvajes.

También como arma política con un control de la natalidad para aumentar o disminuir la población en determinadas zonas. Más

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La maldita equidistancia

            Últimamente y seguramente por cuestiones del azar, estoy escuchando y leyendo con demasiada frecuencia frases como “ni machista ni feminista, soy de personas”, o “ni de hombres ni de mujeres, defiendo los derechos de los seres humanos en su conjunto”, y ya comienzo a estar un poco harta.

Y lo estoy porque al igual en que entre un terrorista y sus víctimas no hay equidistancias tampoco la puede haber a la hora de posicionarse en la defensa de los derechos de las mujeres y de las niñas.

Valga iniciar esta reflexión diciendo que por supuesto que estoy por la defensa de los derechos de todos los seres humanos y animales, faltaría más. Pero también por supuesto añado que de unos más que de otros.

Desde mi punto de vista, en la defensa de los derechos de las personas, nunca puede haber la misma distancia entre quien lo tiene todo y quienes apenas tienen para comer; entre quienes dictan las leyes con claros intereses partidistas en demasiados casos y entre quienes han de cumplirlas les gusten o no; entre la clase trabajadora y la patronal; entre el pueblo palestino y el gobierno sionista; entre el pueblo yemení y el gobierno de Arabia Saudí; entre los derechos de mujeres y niñas y los de los hombres.

Y no puede haber equidistancia porque siempre y en todos los casos que he nombrado y en otros muchísimos más hay quienes se llevan la peor parte y, por tanto entre quienes sufren las consecuencias de quienes ostentan el poder y los privilegios.

Los derechos de las mujeres y las niñas han sido pisoteados a lo largo de la historia por los hombres de toda clase y condición, llegando incluso a negarles durante muchos siglos su condición de persona. Aún hoy en día no es difícil escuchar noticias del tipo “Ha llegado una patera con once personas y cinco mujeres”. Y este ejemplo es real.

Que el patriarcado tiene la habilidad de camuflarse de cualquier manera para subsistir, es algo que ya sabemos. Pero la ofensiva que está llevando a cabo en estos momentos con temas tan sensibles como la paternidad mediante vientres de alquiler es alarmante. Y como siempre cuenta con el capitalismo y grandes medios de comunicación a su favor.

No crea que sea justo ni equitativo hablar de altruismo y de generosidad de las mujeres gestantes porque tienen que hacerlo como consecuencia de necesidades económicas. Mientras que los padres lo hacen por satisfacer su DESEO de perpetuar su linaje. Porque si realmente necesitan satisfacer su paternidad, la adopción de criaturas seria la opción más solidaria.

Dicho esto, me resulta imposible empatizar como esta gentuza famosilla que impone de forma hegemónica sus deseos hechos realidad gracias a las necesidades de mujeres de otras partes del mundo. Y me resulta imposible porque evidentemente no soy equidistante entre las dos partes.

Gente que pretende imponer un debate para que se legisle sobre cómo satisfacer un deseo personal a costa de la salud de las mujeres. Gente que con dinero cree que puede comprarlo todo, incluso “alquilando” vientres de mujeres. Gente caprichosa y despreciable a quien lo único que le importa es la satisfacción de sus deseos a toda costa. No, conmigo que no cuenten.

El debate que han impuesto nace viciado para convertir en derechos lo que son solo deseos. Y ahí no puede existir equidistancia. La salud de demasiadas mujeres e incluso niñas está en juego. Más

¿Por qué se teme al feminismo?

tere-gijon            Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua el término feminismo se define como la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Nada escandaloso como vemos. O, ¿acaso sí es escandalosa esta definición por lo que comporta?. Al parecer sí lo es para muchos machirulos e incluso algunas machirulas.

Si nos vamos al artículo 14 de la Constitución nos encontraremos, literalmente, con esta redacción: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” Y, a menos que, por la utilización del genérico masculino, se nos excluya a las mujeres españolas de toda la Constitución, dice que somos iguales y sin discriminaciones.

Por tanto, si pasamos por alto el sexismo lingüístico de la expresión “españoles” y entendemos que se ha utilizado para englobar a toda la población española, podríamos afirmar que la Constitución, según el diccionario de la RAE es feminista, puesto que defiende que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres sin que prevalezca ninguna discriminación por razón de sexo.

En algunos aspectos se ha avanzado bastante como los casos de las ciudades que se han declarado feministas como Terrassa, sobre la que ya escribí en su momento, y a la que después han seguido Sabadell y Sant Quirze del Vallés. Ciudades que buscan la igualdad de toda su ciudadanía sin distinciones. Sencillamente acatando la Constitución.

Pero cuando se utiliza el término feminista, saltan las alarmas. Y es que el motivo está bien claro. Con una igualdad real se acaban los privilegios. Y el patriarcado, fuertemente arraigado en nuestras sociedades, se alimenta de los privilegios históricamente autoasignados.

El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres y, por tanto no es, no debe ser únicamente, un tema de mujeres. La reivindicación de la igualdad nos atañe a mujeres y hombres, pero al ser las mujeres las mayores perjudicadas por el patriarcado, somos las que más damos la cara. Pero existen hombres que están a nuestro lado en esta reivindicación de igualdad real que no formal.

El temor de hombres y mujeres al feminismo viene dado por el temor a la pérdida de esos privilegios que se tienen por ocupar espacios tradicionalmente masculinos, por tener que ceder lo que se ha usurpado de forma ilegítima a lo largo de la historia: la igualdad en el derecho al acceso a los recursos de todo tipo, sean estos tangibles o intangibles. Y por recursos me refiero a espacios públicos, privados, riqueza, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, a derechos civiles y un larguísimo etc. Pero también y por supuesto a nuestro propio cuerpo de mujeres para decidir libremente si queremos o no queremos ser madres, sin que por ello nos convirtamos en “salas de ejecución” tal y como afirmó un machirulo que anda por la política y que, al parecer tiene las neuronas más sueltas incluso que la lengua, que ya la tiene muy suelta.

Y es que perder privilegios no le gusta nadie y por eso aparece el rebote de toda la caverna cuando surge la exigencia por parte de las feministas de la igualdad. Y es que no pueden evitar llevar en el ADN aquello de las jerarquías masculinas naturalizadas por siglos de discursos patriarcales. Pero no. Señores y señoras de la caverna, la igualdad es un derecho que tenemos reconocido y cada vez que lo niegan, están negando no sólo el derecho constitucional, sino el derecho incluso a la vida.

Y si, digo a la vida y digo bien, puesto que permitiendo la desigualdad para mantener sus privilegios, permiten los asesinatos de mujeres, porque desigualdad y violencias machistas siempre van de la mano. Más

El PP y los derechos de las mujeres

TereMolla AgullentHay situaciones que se escapan de mi entendimiento y entre esas situaciones se encuentra la obsesión del PP para controlar los cuerpos de las mujeres y sus maternidades. Y cuando digo controlar me estoy refiriendo a imponer.

Hace un par de años las mujeres conseguimos parar la reforma de la actual y vigente Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Le costó la dimisión a quien en ese momento encabezó aquella barbaridad y que estaba al frente del Ministerio de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón que se lo jugó todo a una carta y perdió.

Pero se acercan unas nuevas elecciones generales para el próximo 26 de junio y como el PP ya perdió muchos votos el pasado 20 de diciembre ha decidido ver si recupera unos pocos del espacio ultraconservador. Ese rincón de electorado al que la salud de las mujeres se la trae al pairo.

Y por eso no dudan en absoluto al retroceder en la concesión de declaración de utilidad pública que el propio Ministerio de Interior había reconocido a la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE) hace tan sólo un mes. La FPFE ha enterado por el BOE que admite este recurso y se revoca la declaración de utilidad pública.

Sí, así se las gastan resolviendo cuando quien mete el recurso de reposición se la Asociación Española de Abogados Cristianos. Con una celeridad desconocida a la administración, sobre todo la administración central.

Y es que no podemos perder de vista que uno de los objetivos de esta federación es la defensa de los derechos sexuales y reproductivos y del derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad o no. Y eso los sectores ultracatólicos no lo pueden soportar y por eso actúan.

Tampoco podemos olvidar que el propio ministro del interior es también conocido por sus creencias religiosas muy cercanas a los postulados del OPUS que, como es sabido, no son precisamente gente progresista. También es conocido este ministro para condecorar imágenes de vírgenes como si de personas se tratara. Más

Ofensiva patriarcal

TereMolla Agullent Esta semana hemos tenido que asistir a una serie de espectáculos que llegan a avergonzar a cualquiera que tenga dignidad. Y que conste que no hablo sólo de los desencadenados por la corrupción política y económica.

Me refiero a la vergüenza que sentí cuando vi a Rita Maestre declarar ante el juez. La sensación de pérdida de libertades que me invadió fue atroz.

Que la derechona política y mediática más rancia se está cebando en las personas que están intentando cambiar las instituciones por dentro, no es ninguna novedad. Lo llevan haciendo desde el primer día que perdieron ayuntamientos como Madrid, Valencia, Barcelona u otros. Buscan la paja en el ojo ajeno para esconder sus propias vergüenzas.

Pero es muy curioso en cómo se ceban con las mujeres que están en esos equipos de gobierno. Con Manuela Carmena la ofensiva no ha cejado desde el primer día, igual que a Ada Colau y como en Valencia quien gobierna es un Joan Ribó, las críticas, aunque persistentes son menos feroces. Pero a las tres Magas del invierno recibidas por Joan Ribó las pusieron del color del perejil precisamente por ser mujeres valientes de izquierdas y que se atrevieron a encarnar valores democráticos como lo son la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad.

Cuando las mujeres actuamos e intentamos apropiarnos de nuestros cuerpos la maquinaria patriarcal al completo se pone en marcha. Y por supuesto los de faldas largas y negras a la cabeza de todo lo que signifique el control de los cuerpos femeninos. Ni una palabra les he escuchado decir sobre la corrupción propia y extraña. Ni una sola condena ante el expolio de millones y millones de euros de las arcas públicas. Ni una sola palabra de retirar la comunión por ejemplo a gente corrupta e incluso encarcelada. O de excomulgar a los asesinos de mujeres. O a los violadores. O a los pederastas. Nada. Silencio total en estos casos. Claro se trata de hombres y el pacto entre ellos funciona. Pero cuando de mujeres se trata saltan de golpe todos ellos para que la maquinaria opresora contra nosotras se ponga en marcha de inmediato utilizando, insisto, todos los resortes a su alcance.

Que las religiones son extremadamente patriarcales e incluso misóginas es algo que muchas de nosotras tenemos claro. Que su influencia llega mucho más allá de los templos y se infiltra en la política para seguir imponiendo sus dictados en nuestras vidas privadas, es algo que comprobamos hace algo más de dos años cuando intentaron a través del dimitido Ruíz Gallardón modificar la vigente ley del aborto. Es cierto que aquello lo pudimos parar. Pero yo me pregunto ¿Cómo podremos parar la continua injerencia en nuestras cotidianeidades de esa influencia cada día más sibilina, pero también más contundente? Y lo que están haciendo con Rita Maestre y las otras dos mujeres activistas, es una muestra de lo que quiero decir. ¿Acaso si quienes quitaron las camisetas en lugar de mujeres hubieran sido hombres la reacción hubiera sido la misma? Estoy segura que no.

El cuerpo de las mujeres como tabú. El cuerpo de las mujeres como máquina reproductiva que no nos pertenece y sobre el cual se pretende que ni siquiera podamos decidir. El cuerpo de las mujeres como arma incluso de guerra. El cuerpo de las mujeres sobre el que librar batallas para infligir dolor. Pero, paradójicamente, siempre intentando que esos cuerpos no nos pertenezcan.

El hecho de que estén juzgando a estas mujeres por mostrar sus torsos semidesnudos en una capilla es un claro ejemplo de ese poder todavía presente. El hecho de que los procesos judiciales contra algunos curas pederastas estén tan retrasados, es otra muestra de lo que digo. Más

Derechos de las humanas

TereMolla Agullent            Esta semana pasada, concretamente el día 6, se conmemoraba el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina promovido por la ONU.

Según los datos de la propia ONU, A nivel mundial, se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas y 44 millones de niñas menores de 14 años han sufrido la ablación, principalmente en Gambia (un 56%), Mauritania (54%) e Indonesia, donde alrededor de la mitad de las niñas de 11 años han padecido esta práctica. Y estos aterradores datos son sólo alguno de ellos.

La barbaridad que arrojan estos datos es sencillamente espeluznante. Pero además es que ni siquiera podemos afirmar que esto no ocurra cerca de nosotros, puesto según La antropóloga Adriana Kaplan, que dirige la Fundación Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona y trabaja desde 1989 en la prevención de la ablación, hace esta estimación considerando el número de niñas que viven en España procedente de países donde se realiza esta práctica, y que ha aumentado un 40% desde 2012, cuando se cifraban en 17.000 las menores de 14 años en situación de riesgo, lo que nos da una cifra cercana a las 24.000 niñas.

Las consecuencias tanto físicas como psicológicas de estas prácticas sobre las mujeres que las sufren sencillamente no quiero ni imaginármelas puesto el sólo hecho de pensarlo me produce un dolor sordo y una impotencia difícil de explicar.

Pero no por ello, no por no querer imaginarme la vida de esas mujeres voy a dejar de manifestar mi más profundo desprecio y rechazo a estas mutilaciones que se producen en aras a un modelo de mujer siempre supeditado al modelo masculino.

Con estas agresiones a los cuerpos de esas niñas, incluso bebés, se están cercenando sus derechos humanos más básicos. Se las niega el derecho no sólo al placer, que también, sino a su cuerpo de mujeres íntegro y, por supuesto a una salud sexual y reproductiva óptima.

Sólo desde la necesidad de mantener el injusto, vejatorio y cruel sistema patriarcal es posible combatirlo para acabar con estas barbaridades cometidas en los cuerpos de las niñas y en tantos lugares del mundo.

En este tipo de asuntos tan cruelmente aceptados en las sociedades que lo practican, es donde la educación a todos los niveles sociales ha de cobrar una especial importancia. Educar para la igualdad entre mujeres y hombres. Educar para el respeto. Para la diferencia. Para una salud sexual y reproductiva óptima. Educar para un modelo de mujeres distinto al actual que las mutila para ser aceptadas, para ser mujeres. Educar para cambiar esas mentalidades.

Pero ese tipo de educación, como decía antes ha de darse de forma multidisciplinar, no invasiva y a la población adulta que es quien transmite los estereotipos y los modelos. Y a la infancia también para no reproducirlos.

Me duele especialmente escribir sobre esto, pero es necesario denunciarlo. Es absolutamente necesario reivindicar el derecho de todas estas niñas vivas y por nacer a una vida y un cuerpo pleno. Es necesario reclamar que sus derechos de humanas deberían ser intocables, como sus cuerpecitos infantiles. Más

El feminismo no asesina

          IMG-20141102-WA0000  Que nadie se alarme por el título de este último artículo del año. Esta madrugada alguien me ha etiquetado en un tuit en el que se hablaba del genocidio del feminismo del siglo XXI. Me ha dado la risa y la idea de cómo comenzar este último artículo del año.

            Comenzaré diciendo que, al menos para mí, hay tantos feminismos como personas feministas, puesto que aunque los objetivos son comunes la forma en que cada persona lo vive y lo practica es única.

Precisamente por esta cualidad unas personas feministas lo practican en el ámbito académico, otras en el laboral, otras en el intelectual, otras desde el anonimato militante, otras en las redes sociales y así un largo etc que nos enreda y fortalece multiplicando el discurso para poder llegar a todos los ámbitos.

En el año que acaba hemos vivido una de las mayores movilizaciones de las mujeres en el Estado Español para frenar la barbaridad que pretendía imponer el ya (afortunadamente) ex-Ministro Gallardon: la reforma de la ley del aborto que nos devolvía a las cavernas en materia de derechos sexuales y reproductivos y sobre el derecho a decidir de las mujeres sobre su propia maternidad y su propio cuerpo. En su momento comenté mi opinión sobre los verdaderos motivos de la dimisión de Gallardón y que no fue únicamente la retirada de la ley que pretendía imponer con el rodillo de su mayoría absoluta en el parlamento.

La movilización sostenida de mujeres de toda clase y condición y la demostración pública de nuestro rechazo visibilizada en la gran manifestación que tuvo lugar en Madrid el 1 de febrero, fue una potente inyección de ánimos para no desfallecer en ningún ámbito y para fortalecernos y retroalimentarnos en nuestras propias convicciones feministas.

La necesidad del feminismo y de todas las personas feministas ya no se puede poner en duda puesto que los objetivos a combatir siguen vigentes. Las desigualdades entre mujeres y hombres en todos los ámbitos no sólo no desaparece, sino que va aumentando con las medidas que este desgobierno facha está tomando con la excusa de esta estafa llamada crisis. Y, por tanto desde las diferentes militancias que cada cual lleva en su vida, ha de integrar la de la igualdad real entre mujeres y hombres, de lo contrario, esas militancias no me sirven.

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