De vuelta

         A pesar del silencio estival, las cosas, apenas han cambiado. Bueno sí, han evolucionado a peor.

         Mayor número de agresiones sexuales múltiples a mujeres. Mayor ferocidad en el discurso posmoguay para imponer “su” verdad cual dogma de fe, con lo que ello supone para los derechos de las mujeres y su seguridad. Mayor carga de trabajo y, por tanto, mental para las mujeres con el teletrabajo. Y así un largo etc.

         Con el tema de las violencias machistas ya es imposible hablar de todas las que se han sufrido en este tiempo de silencio: Asesinatos, violaciones, asesinatos de hijas e hijos, golpes, insultos e infinitas maneras más de violentarnos.

         Y, por si nos faltaba alguna cosa, hombres autoasignados mujeres compitiendo en las olimpiadas como mujeres. Con su sola palabra.

         Y este Gobierno, autoproclamado progresista y feminista, mirando hacia otro lado, sin querer mirar los problemas estructurales que sus propias políticas nos generan a las mujeres.

         Cuánta prisa se dio Sánchez en anunciar la creación de grupos en la Guardia Civil y la Policía Nacional para perseguir los delitos de odio contra las personas homosexuales, pero ni una palabra, ni tampoco ni una acción para combatir las violencias machistas. La judicatura tiene en sus manos instrumentos jurídicos para evitar que padres condenados por malos tratos a sus parejas no puedan ver a los hijos, pero apenas las utilizan, con el riesgo que ello comporta para las criaturas, como hemos visto y desgraciadamente seguiremos viendo.

         Al parecer, las vidas de las mujeres siguen sin importarles ni a la clase política, ni a la judicatura instalados ambos como están en un patriarcado que los lleva a estar cómodos en esa situación pese a que el precio de mantener esos estatus sean las vidas de mujeres y criaturas.

         Pero para acabar de empeorar las cosas, llegan los posmoguays, se apoderan del Ministerio de Igualdad cuya lucha debería ser contra todas las violencias machistas y todas las desigualdades que estructuralmente seguimos sufriendo las mujeres, y comienzan una cruzada para convertir en leyes los deseos de algunos sin ningún tipo de acreditación médica o psicológica. Ello, implícitamente, lleva aparejados nuevos peligros para las mujeres en muchos aspectos que van desde el lenguaje, porque se utiliza un neolenguaje que pretende hacer desaparecer palabras como “madre” o “mujer” para, de ese modo borrar el concepto de mujer y todo lo que lleva asociado en cuánto a derechos y protecciones específicas como sujetos políticos específicos que somos.

         Decepción tras decepción, salvo alguna honrosa excepción por parte de un Gobierno que ha dejado de gobernar a más de la mitad de la población que somos las mujeres. Nos ponen muy difícil plantearnos de nuevo el voto a opciones que creíamos que iban a buscar la justicia social pero que han acabado sirviendo los intereses, no siempre confesables, de algunas multinacionales que respaldan el negocio farmacéutico de las hormonas, las operaciones y mutilaciones físicas que supone lo que llaman “transicionar”, etc.

         El feminismo se ha quedado huérfano de izquierdas políticas como comprobamos cada día cuando se nos insulta e incluso agrede por estar disconformes con estas políticas. Políticas que hemos de recordar que van dirigidas a una minoría de la población en claro detrimento de otras mayorías.

         Este verano reflexionaba con un amigo de una opción política que no es de izquierdas y ambos decíamos lo mismo: Ni yo puedo hablar ya de “mi” gente en política y él afirmaba lo mismo. Hemos dejado de creer en los que hasta hace un tiempo eran para cada uno de nosotros “los nuestros”.

         Difícil lo tenemos a la hora de depositar el voto. Porque votar hay que votar, pero ya no tengo claro en qué sentido hacerlo.

         Si, ya sé que para ser el primer artículo de la nueva temporada no estoy demasiado optimista, lo sé. Pero tampoco quiero engañar a nadie. Así me siento.

         Pero, aunque a veces las fuerzas flaqueen y me sepa dentro de una disidencia a la que mis propias convicciones me han llevado, la luz del feminismo nunca se apaga y dentro de esa disidencia están mis hermanas feministas y las mujeres en general que son mi motor de cada día.

         Precisamente hoy hace veinte años me prometí a mí misma trabajar hasta mi último aliento para denunciar las violencias machistas en todas sus formas para intentar evitar sufrimiento a mujeres y niñas. Hasta ahora esa ha sido mi línea vital y espero que así siga hasta mi último aliento. Aunque no lo pongan fácil, ahí estaremos.

         Siempre hay una cosa que me conforta cuando me dan bajones por desesperación o cansancio y es que nunca me siento sola en la lucha y al tiempo pensar que, porque fueron, somos y porque somos, serán.

Ben cordialment,

Teresa

Descubrimiento

         Seguramente habrá quien piense, cuando lea esto que soy una ignorante. Vale, lo soy, pero también me considero curiosa y gracias a esa mezcla sigo disfrutando mucho con cada aprendizaje.

         ¿Qué por qué cuento esto? Por que hace relativamente pocos días estaba leyendo cosas por Twitter y tropecé con una información que me llevó a leer todo el hilo. Hablaba de cómo mujeres británicas y, después de que su selección de fútbol perdiera la Eurocopa ante Italia, abrían las puertas de sus casas a otras mujeres para protegerlas de las violencias machistas que se iban a generar tras la frustración de haber perdido la Eurocopa de fútbol.

         Me quedé pasmada. Nunca se me había pasado por la cabeza, así en frío, que esto pudiera pasar. Pero pasa y los agresores machistas usan a sus mujeres como saco de boxeo para liberar su frustración, perdiendo por completo el control de la situación ante una simple pérdida de un partido de fútbol. No consigo entenderlo. Igual es que nunca ha habido en mi vida ninguna persona con esa pasión por el fútbol y al mismo tiempo, baja tolerancia a la frustración.

         Esto ilustra a la perfección la esencia misma de las violencias machistas y el mito de las medias naranjas que sustenta al amor romántico. Pero también pone de manifiesto la aceptación generalizada de que nuestras vidas de mujeres son vidas de segunda o de tercera categoría que se pueden usar a conveniencia del agresor, sea este marido, novio, amante, etc.

         La cultura de la violencia de los campos de fútbol va más allá, como, al menos yo he comprobado hace poco. La masculinidad tóxica impuesta y vivida a lo largo de los siglos, sigue vigente en nuestros días. Un poco más disfrazada si se quiere, pero igual de violenta para con las mujeres.

         Y otra evidencia de lo poco que importan nuestras vidas. Se produce un asesinato de un joven por su orientación sexual y las redes arden, surgen manifestaciones espontáneas por todo el Estado, altares en su memoria, reivindicación de su memoria y repetición hasta la saciedad de su nombre, etc. Asesinan a dos mujeres el mismo día y solo se las nombra por las ciudades donde han sido, en el mejor de los casos asesinadas cuando no muertas, algún minuto de silencio en sus comunidades y algún tuit por parte de altas responsable de igualdad. Nada más. Judicialmente se investigará, faltaría más, pero ni arden las redes, ni se reivindica su memoria, ni manifestaciones espontáneas. Nada.

         El patriarcado y sus correligionarios posmodernos chupi guays, junto con un capitalismo salvaje están consiguiendo naturalizar esas muertes, adormecer conciencias para que, como el título de la película que interpretaba la gran Bardem, “Nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto”.

         Solamente el movimiento feminista radical, el que va a las raíces de los problemas, sigue denunciando las violencias machistas y exigiendo reformas de calado a nivel social y jurídico para proteger las vidas de las mujeres ante sus agresores y asesinos que duermen con ellas. Solo las feministas, como hicieron las británicas, claman y abren puertas para proteger a nuestras hermanas de las agresiones de quien dijo amarlas y protegerlas. A ellas y a sus criaturas, claro.

         Desde el feminismo exigimos respeto y una vida sin ningún tipo de violencias. Desde el feminismo denunciamos las actuales políticas de un Ministerio que no atiende las necesidades de las mujeres. Que no ha escrito ni una sola letra ni ha trabajado ni un solo minuto en la abolición de la prostitución, dejando en situación de esclavitud sexual y de violencia extrema a decenas de miles de mujeres y en un limbo la reproducción reproductiva de la compraventa de criaturas a través de los vientres de alquiler. Un Ministerio que no ha legislado ni una sola letra sobre educación sexoafectiva de nuestras criaturas y que está permitiendo que la pornografía sea la escuela de nuestra niñez y adolescencia. Una pornografía que violenta los cuerpos de las mujeres e incluso niñas y que sigue creciendo exponencialmente basándose en la violencia sexual sobre las mujeres.

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Los juegos de Sánchez

         Ayer por la mañana, alrededor de las doce recibí un mensaje de un gran amigo que decía “La ley trans se ha llevado por delante a Carmen Calvo”. Yo desconocía los cambios de gobierno a esas horas y me encaminaba a comer con mi familia. A alguna de mis hermanas no la había visto desde octubre pasado y a otra desde el día de Navidad. Ya en la casa familiar me enteré del calado del cambio de Gobierno.

         He de decir que Carmen Calvo merecía mi respeto como feminista, pero no como política por toda la porquería que vertió hace dos años al entorno de Podemos, pero especialmente contra Pablo Iglesias. Tampoco sé si es el precio que ha pagado por oponerse a la llamada Ley Trans, como dice mi amigo o, dicho de otro modo, por ser coherente o ha perdido la confianza de Sánchez.

         Hace sólo unas semanas, hablaba con una gran amiga, también del PSOE, sobre ella y le hacía esta misma reflexión: muchas mujeres parlamentarias del PSOE, encabezadas por Carmen Calvo, habrán de pensarse mucho sus alegaciones y sus votos a esta ley si no se mejora mucho. Paloma, que así se llama mi amiga, me contestó que así era y, vino a decirme que habría que elegir entre plata o bala.

         Insisto, no sé si ha sido por esta causa o por pérdida de confianza de Sánchez, pero en cualquier caso y hoy, Carmen Calvo está fuera del Gobierno. Y eso no es para nada una buena noticia. Y estoy triste, la verdad porque el modelo de feminismo que representaba ha sido vencido por un modelo neoliberal y posmodernista “chupiguay”. Y eso no me gusta nada de cara al futuro de las condiciones de vida de las niñas y mujeres.

         El equipo de Irene Montero y sus leyes para, teóricamente garantizar, unos derechos de los que ya pueden gozar, las personas transexuales, no convence al feminismo teórico y tradicional, que es universalista y no interseccional. Nunca los derechos de unas pocas personas pueden condicionar la vida de millones y millones de personas como somos las mujeres y las niñas. Porque en definitiva se trata de eso, de que los deseos de una parte mínima, condicione los derechos ya adquiridos de más de la mitad de la población.

         Siempre he estado a favor del aumento de los derechos civiles de toda la población. Pero sin ello menoscabe otros derechos ya adquiridos de más de la mitad de esa población. Pero al parecer eso no se entiende por aquellos que lo que desean es ver cumplido su deseo sin reflexionar para nada lo que ello conlleva para la comunidad en su conjunto y, en este caso para las mujeres.

         Decepción profunda de las políticas perversas para con las mujeres que se están elaborando y aprobando en el Consejo de ministros para con las mujeres. Y todo ello utilizando el feminismo como escudo. Me siento triste y huérfana de izquierdas a quien votar si mañana hubiera elecciones generales.

         Sánchez se ha metido en un buen jardín y no sabe lo que le espera por contentar a un puñado de votantes muy escandalosos, eso sí, pero muy volátiles con su voto “chupiguay” y festivo.

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Una nueva traición a las mujeres

         A la tristeza por la traición a las mujeres de los partidos que conforman el Gobierno, hoy hemos de sumar la tristeza por las violencias ejercidas contra mujeres ayer, cuando ejercían su derecho a la libre manifestación.

         Fueron agredidas e insultadas por personas transgénero, que no transexuales, por exigir el cumplimiento de la agenda feminista y por exigir que se pare la tramitación de las llamadas “leyes trans” que persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos.

         Ya desde hace un tiempo en las redes sociales, sobre todo en twitter se lleva a cabo una campaña de insultos y de difamación hacía aquellas que pensamos que esta traición a las mujeres por parte de los partidos en el Gobierno es una grave equivocación que afecta a todas las mujeres y a parte de la infancia y de la adolescencia. Obviamente quienes salen ganando, entre otras, son las multinacionales farmacéuticas y grandes lobbies internacionales que financian esta nueva forma del patriarcado para mantener sus privilegios. Para entender mejor lo que significa el borrado de las mujeres   invito a que visiten la siguiente página web: https://contraelborradodelasmujeres.org/ porque van a encontrar toda la información con todas las respuestas a las posibles preguntas que puedan albergar.

         A las redes sociales, hemos de sumar medios comunicación importantes como El País que se han sumado a la defensa de estos postulados, así como desgraciadamente para el progresismo, algunos otros pretendidamente progresistas.

         Desde el feminismo siempre se han defendido los derechos humanos de todas las personas. Y digo bien derechos humanos de todas las personas. Porque hay que aclarar que ser mujer no es un deseo, es una realidad biológica. Le pese a quien le pese. Y nuestros derechos humanos están ya siendo violentados en países que ya avalaron estas teorías.

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Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz