¿En qué se ha convertido la manifestación del Día del Orgullo?

         Hace muchos años leí un artículo de Shangay Lily una expresión que me llamó poderosamente la atención. Comenzaba a hablar del “gaycapitalismo” y de lo que se estaba comenzando a hacer con todo lo relacionado con las conmemoraciones del “orgullo”.

         Ahora no hacen falta explicaciones. Lo vemos año a año. Y, en el colmo de los colmos, hoy me encuentro con que la retransmisión que hizo ayer TVE de la manifestación enfocaba una y otra vez a un grupo de hombres mayoritariamente que han comprado a sus criaturas a través de vientres de alquiler de mujeres, seguramente pobres, que lo hacen para mejorar su situación con todos los riesgos que ello significa. Y solo para satisfacer los deseos de esos hombres que representan perfectamente lo que es el “gaycapitalismo”.

         Otra cosa que me llama la atención poderosamente en estos actos es la presencia mayoritaria de banderolas que representan el movimiento transgenerista tan aplaudido por la mayor parte del colectivo. Gente que representa una misoginia brutal hacia las mujeres en general y hacia las lesbianas en particular enarbolando y formando parte de un movimiento que debería ser reivindicativo. No lo entiendo.

         Miento, si lo entiendo. Y lo entiendo perfectamente. Porque de nuevo el patriarcado juega sus bazas e intenta arrasar con cualquier cosa que suponga un peligro para su supervivencia.

         De ese modo y de nuevo, han convertido un acto que debería ser reivindicativo, en algo disparatado e incluso vergonzoso para las personas que pensamos que se puede amar en libertad y a quien se quiera amar, mas allá de su sexo.

Y recordamos que ser homosexual todavía está penado con la muerte en demasiados países del mundo. O que observamos con terror como las lesbianas son tachadas de transfobas por no querer tener relaciones con hombres que se sienten mujeres. O cómo la ministra de igualdad abandona el feminismo para hacerle el juego a ese gaycapitalismo que ella se empeña en reforzar con su propuesta de ley trans.

         Malos tiempos para las reivindicaciones reales del colectivo, sobre todo de las mujeres lesbianas que, una vez más, han sido aparcadas por el patriarcado en su nueva versión posmoderna y chupiguay.  

         Como feminista radical (de raíz) soy una firme partidaria de que cada cual ame a quien quiera y como quiera y que los derechos civiles sean los mismos para todas las personas independientemente de su orientación sexual. En lo que ya no estoy tan de acuerdo es que los deseos de algunos supongan la opresión de las mujeres lesbianas, por ejemplo. O la practica expulsión del colectivo gaycapitalista.

         Conmemorar los disturbios de Stonewall de 1969 se ha convertido poco menos que en un carnaval y ha dejado de tener nada de reivindicativo. Las personas realmente comprometidas han sido prácticamente expulsadas de ese carnaval de disfraces, colores, música y premios a quien sea más veloz corriendo con tacones. O a folklóricas caracterizadas por su machismo y su sentido rancio de la vida.

         Entiendo perfectamente a algunas amigas lesbianas y algunos amigos gays que han decidido alejarse de ese festival de luz y de color y totalmente vacuo reivindicativamente hablando porque ya no les representa.

         Porque reivindicar la compra de bebés para satisfacer deseos, como que no es muy serio que digamos.

Y si, todo el mundo tiene derecho a amar en libertad y a quien quiera, pero también hemos de recordar que la homofobia sigue presente en nuestro día a día y que las agresiones homófobas han aumentado significativamente. Y este tipo de temas no se combaten con carnavales. O, al menos, ese es mi parecer.

Siento una especie de vergüenza ajena ante este espectáculo avalado por una ministra y todo su equipo que dan alas a ese gaycapitalismo insolidario, neoliberal, i no reivindicativo de nada que no sea “lo suyo” y mucha fiesta. No creo que representen a las personas luchadoras y solidarias que existen dentro del movimiento y que han conseguido desvirtuar los valores básicos de ese movimiento LGTB.

Solo deseo que las personas que siguen en su lucha diaria sean respetadas y no devaluadas como consecuencia de estos espectáculos que podrían calificarse de bochornosos, excluyentes e insolidarios.

Todo mi respeto y admiración a las personas que luchan solidariamente por un colectivo que todavía sufre la homofobia en sus diferentes variantes.

Ben cordialment,

Teresa

Un nuevo ataque a los derechos de las mujeres

         Hace apenas dos días conocíamos la terrible noticia de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos devuelve a los Estados la potestad para regular sobre el asunto. Están en juego los derechos de treinta y seis millones de mujeres en edad reproductiva, que viven en los veintiséis de los cincuenta Estados que se han anunciado dispuestos a promulgar leyes restrictivas con carácter más o menos inmediato.

         Es un verdadero mazazo para los derechos de las mujeres de Estados Unidos y, por extensión, para el resto de las mujeres del mundo.

         Ayer, con motivo de esta noticia, escuchaba en la radio una reflexión de un señor (cuyo nombre no recuerdo por no haber prestado atención) que me resultó como mínimo curiosa. Soy incapaz de reproducir los datos, pero los dio. Y hablaba de esta medida como consecuencia de los miles de criaturas que mueren cada año como consecuencia de las armas. Por tiroteos o por accidentes de las armas que llevan las propias criaturas a quienes se las entregan sus padres para su autodefensa. Hablaba de la necesidad de procrear para “reemplazar” a las criaturas muertas por armas.

         Este ataque al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo es un ataque a la base misma de los derechos humanos de las mujeres, puesto que es una forma de violencia machista, en este caso violencia estructural.

         Y es estructural porque parte de las estructuras de poder.  En este caso del poder judicial y también del poder legislativo que va a legislar en contra del derecho a decidir de más de la mitad de la población estadounidense, como lo son las mujeres.

         El avance de las derechas nunca es una buena noticia para las mujeres. La derecha, incluso la llamada moderada, siempre hace sentir la influencia de la Iglesia Católica en cualquiera de sus versiones. Y ya conocemos que la Iglesia Católica no se caracteriza, precisamente, por la defensa de la igualdad entre mujeres y hombres. Por tanto, el resultado de esa influencia siempre conllevará el retroceso en los derechos de las mujeres.

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Violencia institucional machista

         Desde hace unos años he defendido que el término “violencia de género” escondía muchos tipos de violencias y que, por eso, prefería utilizar el de “violencias machistas” porque engloba muchos más tipos de violencias que sufrimos las mujeres.

         Acaba de entrar en prisión María Salmerón por defender a su hija de su padre maltratador y con sentencia de veintiún meses de prisión por violencia de género y que no ha cumplido jamás.

         Sin embargo, María Salmerón, víctima de este maltratador condenado tuvo que entrar el pasado nueve de junio por proteger a su hija de su padre maltratador. A esto se le llama o, al menos yo se lo llamo, violencia institucional machista que, apoyada por una justicia patriarcal, consigue revictimizar a las mujeres en lugar de poner el foco en los maltratadores.

         Se han convocado decenas de actos para exigir la puesta en libertad inmediata de María para este lunes a las puertas de los ayuntamientos, en mi ciudad, Ontinyent, será a las 20 horas y, por supuesto, acudiré. Pero el mal ya está hecho porque no se ha impedido la entrada en prisión de una mujer cuyo único delito ha sido proteger a su hija y evitarle todo el dolor posible para que fuera feliz, dentro de las circunstancias.

         Hace falta mucha pedagogía feminista todavía en espacios como la justicia para desmontar la histórica desigualdad acumulada contra las mujeres y cuyo resultado seguimos pagando con violencias como la ejercida contra María.

         Denunciar las estructuras patriarcales que justifican y amparan este tipo de situaciones es urgente. En algunos casos, nos va la vida en ello, porque a María le van a robar seis meses de su vida. Seis meses que, gracias a su agresor y a quienes le amparan y justifican y a estructuras políticas y judiciales claramente patriarcales, que también hay que decirlo, van a conseguir ejecutar una injusticia de tal magnitud que va a necesitarse mucha reparación para salvar esta gran injusticia cometida con María.

         La legalidad no siempre va de la mano de la justicia. Y, sobre todo, cuando de asuntos de mujeres se trata. Lo vemos a diario. Vemos como se intenta por todos los medios mantener “a salvo” los privilegios patriarcales a costa de la vida de las mujeres.

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Un primer aviso

         Con la convocatoria de las elecciones andaluzas para junio, de nuevo los partidos comienzan sus operaciones de “maquillaje” para poder “vender” (vender, si vender) sus opciones de gobierno en caso de lograr la confianza del electorado.

         Comienza el momento, pese a que todavía no ha llegado el tiempo de campaña electoral, de analizar los mensajes explícitos, pero también los implícitos, que van a determinar el voto de cada persona.

         Obviamente como valenciana, en estas elecciones autonómicas, no estoy convocada a votar. Pero lo estaré dentro de un año en las valencianas y, seguramente junto a muchas otras comunidades. Y ya me voy preparando para ver el paquete que cada partido nos pretende vender.

         Y es que más allá de las especificidades de cada comunidad, hay elementos que son genéricos y denominadores comunes de los partidos se presenten donde se presenten.

         No voy a engañar a nadie diciendo que mis prioridades pasan por temas como propuestas económicas de reparto de la riqueza, propuestas laborales creíbles y que ofrezcan trabajo decente y de calidad a quienes puedan acceder al mercado laboral, refuerzo de los servicios públicos y mejora de estos, etc. O, dicho de otra manera, de entrada, mi voto y de forma natural sería para opciones a la izquierda del PSOE de quien ya no me creo nada y a quien, afortunadamente para mí, jamás voté en una autonómicas ni generales.

         Hasta hace unos años, ya bastantes, esas eran mis premisas y las que determinaban mi voto. Mejor dicho, mis votos electorales autonómicos y en las elecciones generales. Pero como según dicen, la evolución es un grado, manteniendo intactas esas premisas, hoy tengo otras prioridades a la hora de analizar las opciones en quienes depositar mi confianza. Y, como no podía ser de otro modo, son las que defienden la agenda feminista en su conjunto.

         Y comienzo a tener claro que esas opciones las defienden pocos partidos. Tan pocos, al menos en estos momentos, que son solo dos y que no voy a nombrar porque seguramente estarán en la mente de todas y todos quienes lean estas letras.

         Y, como para las autonómicas valencianas queda un año, me voy a remitir a aquello de “obras son amores y no buenas razones”. Y, ¿por qué digo esto? Muy fácil. Lo que no se ha hecho, dicho o luchado a lo largo de los tres años pasados, muy difícil va a estar de realizar en el año que queda.

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Porque fueron, somos. Y porque somos, serán

         Hace una semana estuve dando una charla a adolescentes de entre catorce y dieciséis años sobre los micromachismos como una forma de entrada a las violencias machistas.

         Fueron dos horas muy intensas. Mucho. Los chicos adolescentes y algunas chicas también se sintieron atacados. Y eso que comencé mi intervención diciendo claramente que lo que íbamos a tratar no iba con ellos ni por ellos. Pero ni aún así, no hubo manera.

         Durante mi exposición, ya comenzaron los comentarios fuera de tono, los intentos de intervención, etc. Pero fue en el turno de preguntas cuando surgió el aluvión de críticas a lo expuesto, cuestionando incluso con malas formas, algunas de las frases que contenía el material expuesto. Tuve que repetir incesantemente a lo largo de todo ese tiempo que, cuando formularan su pregunta o duda, buscaran sumar para seguir aprendiendo en comunidad, pero no pudo ser.

         Durante la comida con las amigas que habían organizado el encuentro estuvimos comentando lo ocurrido y todas coincidimos en lo duro que resulta ver cómo, después de casi veinte años de la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 sobre medidas de protección contra la violencia de género que, entre otras medidas, contempla la sensibilización en todos sus aspectos y niveles, nuestra adolescencia siga con un discurso tan negacionista.

         Obviamente las feministas no vamos a cejar en nuestra tarea transmisora de los valores necesariamente igualitarios en nuestra sociedad. Y, obviamente también, la gente adolescente que acudió a la charla, y pese a todas sus resistencias, estoy completamente convencida que alguna cosa retendrá en su memoria incluso en el futuro. Sencillamente porque expuse bastantes ejemplos de situaciones en donde se dan micromachismos de forma cotidiana que pueden acabar derivando en cualquier tipo de violencia machista que vivimos de forma habitual las mujeres. Y, sobre todo las chicas, recordarán alguna cosa en un futuro próximo.

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Los cuerpos de las mujeres

         Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.

         Como hemos podido ver en diferentes fallas, los cuerpos de las mujeres son hipersexualizados y utilizados como reclamos para la sátira y la reproducción de los estereotipos más vulgares. Eso sí, siempre en “nombre” de la fiesta y de la tradición. Como si las violencias machistas contra las mujeres no se perpetuaran también a través de las fiestas y tradiciones…

         Hace muchos años y en el marco de un acto festero de mi ciudad, me comentaba un viejo conocido que las fiestas deberían ser un punto de encuentro social en el que desaparecieran las diferencias y toda la comunidad celebrara la vida. En aquel momento me pareció una buena definición.

         Este año, de nuevo, en las fallas se ha usado y abusado de la exposición de los cuerpos de las mujeres. Se llama sexismo. Y casi nadie, excepto las feministas lo denunciamos. Es más, cuando una mujer artista fallera ha construido su monumento basado en el cuerpo de una mujer sin hipersexualizar, simplemente mostrándolo desnudo y sin adornos, ha sido destruido y vandalizado. O dicho en otras palabras para que se entienda, ha sido violado como lo sería, mejor dicho, como lo son los cuerpos de las mujeres violadas. Y recordemos que, según el Ministerio del Interior, en España se interponen casi cincuenta denuncias por violaciones al día. Y hablamos solo de las denuncias y no de todas las violaciones que se producen realmente. No quiero ni imaginar los datos reales…

         Y aún así parece que se disculpen hechos vandálicos como la destrucción/violación del monumento fallero que mostraba el cuerpo de una mujer. En fin…

         Seguimos con los cuerpos de las mujeres. En las fronteras Ucrania se ha desatado una especie de “caza” de mujeres para ser explotadas sexualmente en los prostíbulos de toda Europa. Los proxenetas, ante la necesidad urgente de tantas y tantas mujeres están captándolas para explotarlas y esclavizarlas sexualmente. Sus cuerpos, una vez más son utilizados para satisfacer deseos sexuales y de dominación por parte de puteros que pagan para violar. Porque eso es el consumo de mujeres prostituídas: pago con derecho a violación. De nuevo los cuerpos de las mujeres usados y exhibidos para deleite patriarcal. Y, también en las fallas, la aparición de ninotes hipersexualizadas representando a mujeres prostituídas como algo “gracioso” y satírica crítica a posiciones políticas ante una situación que implica mucho sufrimiento para miles de mujeres que cada día son consumidas y violadas por puteros que, además, se permiten negar que lo son.

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¿Diversidad?

         Una hermosa palabra que pretende integrar a todas las personas bajo del paraguas de los derechos humanos. O, dicho de otro modo, una expresión que pretende erradicar privilegios, dando, a todas las personas el mismo estatus social.

         Y, al mismo tiempo, una expresión que ha sido colonizada por lobbies interesados en hacer negocios con el pseudo sufrimiento de personas vulnerables, sobre adolescentes cuya inseguridad les hace todavía más vulnerables si cabe.

         Con esta expresión hermosa y llena de dignidad han construido su bandera aquellos que, bajo el ¿neo? concepto de modernidad, proponen el borrado de las mujeres como sujeto político y que, además pretenden apropiarse del feminismo. Y todo ello adobado con infinidad de medios aportados por farmacéuticas y clínicas privadas que “arreglan” aquello que la naturaleza ha hecho mal.

         Y, no contentos con ello, se inventan un neolenguaje muy moderno, eso sí, con el que se pretende, entre otras cosas, usurpar espacios de seguridad conquistados por las mujeres. E incluso, espacios reivindicativos propios del feminismo. Además de contar entre sus aliados más firmes, a políticas de corte reciente que venían a salvar el mundo gritando “Sí se puede” sin avisar que dentro de esa expresión también estaba incluido e implícito el borrado de las mujeres.

         Bajo esa pseudo diversidad mal entendida cabe todo. Incluida la exclusión de las mujeres como sujetos políticos víctimas de desigualdades y de discriminaciones específicas por haber nacido mujeres. Si, mujeres con sexo de mujer. Mujeres sexuadas que son violadas, asesinadas, agredidas, menospreciadas, discriminadas, y un largo etc. por haber nacido mujeres.

         Pero resulta que ahora y con el nuevo neolenguaje inventado y aprendido a base de repetición y odio hacia las mujeres que reivindicamos seguir defendiendo nuestros derechos y eliminar nuestras desigualdades, ser mujer se ha convertido en un deseo.

         Un deseo al que se puede acceder y del que se puede renegar en cualquier momento. Y para ello, se han organizado y han copado una parte importante del Gobierno, haciéndole creer que son un caladero de votos importante debido al ruido permanente que generan y a las, no siempre confesables, complicidades con las que cuentan, para intentar aprobar leyes que son atentatorias contra los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres.

         A poco que rasquemos, advertimos que, como dice la comedia de Shakerpeare, solo hay mucho ruido y pocas nueces. Porque lo que están intentando a bombo y platillo es ni más ni menos que asentar identidades a base de saltarse procedimientos administrativos que, para acreditar otras situaciones son insalvables. Porque el cambio de nombre registral así como otros derechos, ya se contemplan actualmente en la legislación vigente.

         De nuevo se hace presente y patente la necesidad impuesta por el patriarcado, no solo de mantener privilegios, sino de aumentarlos a cualquier precio. No solo se trata de ser lo que YO quiera en cada momento. También se trata de que ese sea mi privilegio, aunque para ello tenga que volver a someter los derechos de otros seres humanos libres y ya sometidos que son las mujeres. Esa es la verdadera esencia de quienes claman por SU diversidad excluyente y perversa para con las mujeres.

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¿Dónde están los hombres?

Ésta es una de las preguntas para las que me gustaría encontrar respuesta cada vez que asesinan a una mujer para ser mujer. Sí, aparecen en las concentraciones convocadas en las puertas de las instituciones. Hacen declaraciones políticamente correctas, apuestan por la condena pública, faltaría más, pero eso no responde a mi pregunta: ¿Dónde están los hombres día a día cuando callan, o hacen chistes misóginos o cosas peores? ¿No se sienten interpelados cada vez que una mujer es asesinada por otro hombre?

Quizás son demasiados años de activismo feminista, pero empiezo a tener ganas de gritarles que ya es hora de que ellos también se mojen de otro modo ante los asesinatos machistas y las violencias machistas que sufrimos las mujeres. Empiezo a ver que, mientras no se sientan interpelados en sus privilegios patriarcales y reaccionen abiertamente, cuestionando el hecho de que estos privilegios han sido construidos sobre la base del sufrimiento de las mujeres, las condenas, o su presencia en las concentraciones, será sólo testimonial. O como dice mi madre, sólo para salir en la foto.

Quiero más voces masculinas como la de Miguel Lorente Acosta que lo pone todo patas arriba y cuestiona sus propios privilegios. Otras voces masculinas lo intentan, pero a poco que rascas, se les ve el plumero patriarcal con rapidez.

Bajo el paraguas de las llamadas “nuevas masculinidades” han aparecido algunas voces que quieren cambiar cosas. Pero me da la impresión de que quieren cambiarlas desde su posición preeminente o dicho de otro modo, simplemente maquillarlas. No acaban de empatizar con las mujeres víctimas de todas las violencias machistas. No sienten compasión por ellas. Y hablo del término «compasión» en sentido humano. No saben entender su sufrimiento en manos de otros hombres. Y, por tanto, no pueden sentir el problema como propio.

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Hacia un 25 de noviembre y HARTAS!!!

         Solo faltan unos días para conmemorar, de nuevo, el 25 de noviembre, Día Internacional contra las violencias hacia las mujeres. Y de nuevo, hemos de manifestar que estamos HARTAS de tantas violencias como se ejercen contra nosotras.

         HARTAS de que nos asesinen por ser mujeres. En lo que llevamos de año han sido asesinadas, según la web feminicidio.net, 69 mujeres y niñas hasta el 07/11/2021. Mujeres asesinadas por feminicidio íntimo o no, por el hecho de ser mujeres. Y después nos intentan vender que el hecho de ser mujer es solo un sentimiento. Lo será paralas chupiguays, pero no para las más de mil cien mujeres (1.118 a fecha de hoy) asesinadas por ser mujeres desde que se comenzaron a contar este tupi de asesinatos (que no muertes) en 2003.

         HARTAS por no comprender que más de mil cien mujeres que quedaron sin voz y sin vida por haber nacido mujeres y haberse tropezado en sus vidas con asesinos malnacidos que las creyeron de su propiedad y, por ello, con el derecho de asesinarlas.

         HARTAS por saber que cada cuatro minutos se viola en el Estado Español a una mujer según el propio Ministerio del Interior y que se sigue sin implementar la educación afectivo sexual en las aulas y en los curriculums de los centros educativos, incluso de infantil.

         HARTAS de que la pornografía en abierto sea la escuela en donde nuestra juventud se está educando sin que los Ministerios afectados (consumo, educación, igualdad, derechos sociales, etc.) intervengan y prohíban ese tipo de publicaciones en abierto. Publicaciones a las que acceden nuestros jóvenes, cada vez más jóvenes y copian toda la violencia que se ejerce contra las mujeres en sus primeras relaciones. Y ellas sin alternativa por, precisamente, falta de referentes por falta de educación afectivo sexual y emocional.

         HARTAS de comprobar cómo las violaciones en grupo van aumentando sin que se tomen medidas para frenarlas y que, además, las sentencias patriarcales sean relativamente livianas respecto del dolor causado a las víctimas.

         HARTAS de no poder ir a tomar una copa con tranquilidad por temor a ser drogadas con el fin de ser violadas posteriormente por sumisión química y que, además, los propietarios de algunos locales sean cómplices.

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28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible.

         Estamos a las puertas de conmemorar otro día de acción para garantizar los derechos a un aborto libre y seguro: el 28 de septiembre. Hace menos de una semana, concretamente el pasado día 23 también conmemoramos el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños. Como vemos septiembre es un mes potente en lo que a reivindicación de derechos de las mujeres se trata.

            Pero volvamos al 28 de septiembre y la necesidad de reivindicar que el aborto sea un derecho universal para las mujeres del mundo. Un derecho donde nadie se pueda inmiscuir ni negar. Un derecho a la condición inherente de las mujeres a poder gestar (o no) y que nadie debería arrebatar.

            Las ofensivas de las ultraderechas de todo el mundo van mermando esos derechos. Aquí lo intentaron, pero, afortunadamente el movimiento feminista consiguió pararlo y sólo retocaron la ley del 2010 eliminando ese derecho a las mujeres menores de edad, lo cual ha de revertirse de inmediato porque es un derecho arrebatado.

            Y sin salir del Estado Español, hay que garantizar el derecho de las mujeres a poder abortar sin tutelas, ni períodos informativos, ni historias como la objeción de conciencia de médicos aliados con la ultraderecha y la iglesia católica que sigue imponiendo sus mandatos por vía indirecta, porque, afortunadamente para todas, por la directa no puede.

            El Ministerio de Igualdad ha anunciado la reforma de la vigente ley de salud sexual y reproductiva y la interrupción voluntaria del embarazo. Pero para que esa reforma implique un avance en los derechos de las mujeres sobre sus propios cuerpos y sus maternidades, se deben tener en cuenta algunas cosas, como por ejemplo que el aborto sea gratuito y accesible para todas las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente su embarazo, sin límites de edad. Para ello se debe suprimir la necesidad del permiso parental a las mujeres menores de edad, puesta que, en demasiados casos, esos embarazos no deseados, son consecuencia de abusos sexuales de familiares directos como padres o hermanos.

            Así mismo se debería regular la objeción de conciencia de algunos médicos para que esta situación no suponga recorte de derechos de las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente sus embarazos. Se debería invertir más en formación profesional específica para el personal médico que tenga que realizar estas intervenciones para que en todo momento esté reciclado y pueda prestar sus servicios de una manera lo menos invasiva posible para las mujeres que, por experiencia propia, sé que van con muchos miedos e inseguridades sobre su futuro por las campañas de criminalización y acoso que se llevan a cabo a las puertas de algunas clínicas que practican dichas intervenciones. Este tipo de acoso a las clínicas y, por extensión a las mujeres que allí acuden, deberían estar castigadas, por intentar vetar derechos de las mujeres y el trabajo de profesionales que garantizan esos derechos.

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Alicia Murillo Ruiz

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