¿Dónde están los hombres?

Ésta es una de las preguntas para las que me gustaría encontrar respuesta cada vez que asesinan a una mujer para ser mujer. Sí, aparecen en las concentraciones convocadas en las puertas de las instituciones. Hacen declaraciones políticamente correctas, apuestan por la condena pública, faltaría más, pero eso no responde a mi pregunta: ¿Dónde están los hombres día a día cuando callan, o hacen chistes misóginos o cosas peores? ¿No se sienten interpelados cada vez que una mujer es asesinada por otro hombre?

Quizás son demasiados años de activismo feminista, pero empiezo a tener ganas de gritarles que ya es hora de que ellos también se mojen de otro modo ante los asesinatos machistas y las violencias machistas que sufrimos las mujeres. Empiezo a ver que, mientras no se sientan interpelados en sus privilegios patriarcales y reaccionen abiertamente, cuestionando el hecho de que estos privilegios han sido construidos sobre la base del sufrimiento de las mujeres, las condenas, o su presencia en las concentraciones, será sólo testimonial. O como dice mi madre, sólo para salir en la foto.

Quiero más voces masculinas como la de Miguel Lorente Acosta que lo pone todo patas arriba y cuestiona sus propios privilegios. Otras voces masculinas lo intentan, pero a poco que rascas, se les ve el plumero patriarcal con rapidez.

Bajo el paraguas de las llamadas “nuevas masculinidades” han aparecido algunas voces que quieren cambiar cosas. Pero me da la impresión de que quieren cambiarlas desde su posición preeminente o dicho de otro modo, simplemente maquillarlas. No acaban de empatizar con las mujeres víctimas de todas las violencias machistas. No sienten compasión por ellas. Y hablo del término «compasión» en sentido humano. No saben entender su sufrimiento en manos de otros hombres. Y, por tanto, no pueden sentir el problema como propio.

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Hacia un 25 de noviembre y HARTAS!!!

         Solo faltan unos días para conmemorar, de nuevo, el 25 de noviembre, Día Internacional contra las violencias hacia las mujeres. Y de nuevo, hemos de manifestar que estamos HARTAS de tantas violencias como se ejercen contra nosotras.

         HARTAS de que nos asesinen por ser mujeres. En lo que llevamos de año han sido asesinadas, según la web feminicidio.net, 69 mujeres y niñas hasta el 07/11/2021. Mujeres asesinadas por feminicidio íntimo o no, por el hecho de ser mujeres. Y después nos intentan vender que el hecho de ser mujer es solo un sentimiento. Lo será paralas chupiguays, pero no para las más de mil cien mujeres (1.118 a fecha de hoy) asesinadas por ser mujeres desde que se comenzaron a contar este tupi de asesinatos (que no muertes) en 2003.

         HARTAS por no comprender que más de mil cien mujeres que quedaron sin voz y sin vida por haber nacido mujeres y haberse tropezado en sus vidas con asesinos malnacidos que las creyeron de su propiedad y, por ello, con el derecho de asesinarlas.

         HARTAS por saber que cada cuatro minutos se viola en el Estado Español a una mujer según el propio Ministerio del Interior y que se sigue sin implementar la educación afectivo sexual en las aulas y en los curriculums de los centros educativos, incluso de infantil.

         HARTAS de que la pornografía en abierto sea la escuela en donde nuestra juventud se está educando sin que los Ministerios afectados (consumo, educación, igualdad, derechos sociales, etc.) intervengan y prohíban ese tipo de publicaciones en abierto. Publicaciones a las que acceden nuestros jóvenes, cada vez más jóvenes y copian toda la violencia que se ejerce contra las mujeres en sus primeras relaciones. Y ellas sin alternativa por, precisamente, falta de referentes por falta de educación afectivo sexual y emocional.

         HARTAS de comprobar cómo las violaciones en grupo van aumentando sin que se tomen medidas para frenarlas y que, además, las sentencias patriarcales sean relativamente livianas respecto del dolor causado a las víctimas.

         HARTAS de no poder ir a tomar una copa con tranquilidad por temor a ser drogadas con el fin de ser violadas posteriormente por sumisión química y que, además, los propietarios de algunos locales sean cómplices.

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28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible.

         Estamos a las puertas de conmemorar otro día de acción para garantizar los derechos a un aborto libre y seguro: el 28 de septiembre. Hace menos de una semana, concretamente el pasado día 23 también conmemoramos el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños. Como vemos septiembre es un mes potente en lo que a reivindicación de derechos de las mujeres se trata.

            Pero volvamos al 28 de septiembre y la necesidad de reivindicar que el aborto sea un derecho universal para las mujeres del mundo. Un derecho donde nadie se pueda inmiscuir ni negar. Un derecho a la condición inherente de las mujeres a poder gestar (o no) y que nadie debería arrebatar.

            Las ofensivas de las ultraderechas de todo el mundo van mermando esos derechos. Aquí lo intentaron, pero, afortunadamente el movimiento feminista consiguió pararlo y sólo retocaron la ley del 2010 eliminando ese derecho a las mujeres menores de edad, lo cual ha de revertirse de inmediato porque es un derecho arrebatado.

            Y sin salir del Estado Español, hay que garantizar el derecho de las mujeres a poder abortar sin tutelas, ni períodos informativos, ni historias como la objeción de conciencia de médicos aliados con la ultraderecha y la iglesia católica que sigue imponiendo sus mandatos por vía indirecta, porque, afortunadamente para todas, por la directa no puede.

            El Ministerio de Igualdad ha anunciado la reforma de la vigente ley de salud sexual y reproductiva y la interrupción voluntaria del embarazo. Pero para que esa reforma implique un avance en los derechos de las mujeres sobre sus propios cuerpos y sus maternidades, se deben tener en cuenta algunas cosas, como por ejemplo que el aborto sea gratuito y accesible para todas las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente su embarazo, sin límites de edad. Para ello se debe suprimir la necesidad del permiso parental a las mujeres menores de edad, puesta que, en demasiados casos, esos embarazos no deseados, son consecuencia de abusos sexuales de familiares directos como padres o hermanos.

            Así mismo se debería regular la objeción de conciencia de algunos médicos para que esta situación no suponga recorte de derechos de las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente sus embarazos. Se debería invertir más en formación profesional específica para el personal médico que tenga que realizar estas intervenciones para que en todo momento esté reciclado y pueda prestar sus servicios de una manera lo menos invasiva posible para las mujeres que, por experiencia propia, sé que van con muchos miedos e inseguridades sobre su futuro por las campañas de criminalización y acoso que se llevan a cabo a las puertas de algunas clínicas que practican dichas intervenciones. Este tipo de acoso a las clínicas y, por extensión a las mujeres que allí acuden, deberían estar castigadas, por intentar vetar derechos de las mujeres y el trabajo de profesionales que garantizan esos derechos.

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Los juegos de Sánchez

         Ayer por la mañana, alrededor de las doce recibí un mensaje de un gran amigo que decía “La ley trans se ha llevado por delante a Carmen Calvo”. Yo desconocía los cambios de gobierno a esas horas y me encaminaba a comer con mi familia. A alguna de mis hermanas no la había visto desde octubre pasado y a otra desde el día de Navidad. Ya en la casa familiar me enteré del calado del cambio de Gobierno.

         He de decir que Carmen Calvo merecía mi respeto como feminista, pero no como política por toda la porquería que vertió hace dos años al entorno de Podemos, pero especialmente contra Pablo Iglesias. Tampoco sé si es el precio que ha pagado por oponerse a la llamada Ley Trans, como dice mi amigo o, dicho de otro modo, por ser coherente o ha perdido la confianza de Sánchez.

         Hace sólo unas semanas, hablaba con una gran amiga, también del PSOE, sobre ella y le hacía esta misma reflexión: muchas mujeres parlamentarias del PSOE, encabezadas por Carmen Calvo, habrán de pensarse mucho sus alegaciones y sus votos a esta ley si no se mejora mucho. Paloma, que así se llama mi amiga, me contestó que así era y, vino a decirme que habría que elegir entre plata o bala.

         Insisto, no sé si ha sido por esta causa o por pérdida de confianza de Sánchez, pero en cualquier caso y hoy, Carmen Calvo está fuera del Gobierno. Y eso no es para nada una buena noticia. Y estoy triste, la verdad porque el modelo de feminismo que representaba ha sido vencido por un modelo neoliberal y posmodernista “chupiguay”. Y eso no me gusta nada de cara al futuro de las condiciones de vida de las niñas y mujeres.

         El equipo de Irene Montero y sus leyes para, teóricamente garantizar, unos derechos de los que ya pueden gozar, las personas transexuales, no convence al feminismo teórico y tradicional, que es universalista y no interseccional. Nunca los derechos de unas pocas personas pueden condicionar la vida de millones y millones de personas como somos las mujeres y las niñas. Porque en definitiva se trata de eso, de que los deseos de una parte mínima, condicione los derechos ya adquiridos de más de la mitad de la población.

         Siempre he estado a favor del aumento de los derechos civiles de toda la población. Pero sin ello menoscabe otros derechos ya adquiridos de más de la mitad de esa población. Pero al parecer eso no se entiende por aquellos que lo que desean es ver cumplido su deseo sin reflexionar para nada lo que ello conlleva para la comunidad en su conjunto y, en este caso para las mujeres.

         Decepción profunda de las políticas perversas para con las mujeres que se están elaborando y aprobando en el Consejo de ministros para con las mujeres. Y todo ello utilizando el feminismo como escudo. Me siento triste y huérfana de izquierdas a quien votar si mañana hubiera elecciones generales.

         Sánchez se ha metido en un buen jardín y no sabe lo que le espera por contentar a un puñado de votantes muy escandalosos, eso sí, pero muy volátiles con su voto “chupiguay” y festivo.

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¿Qué está pasando?

Esta semana pasada se encontró el cuerpo sin vida de la mayor de las dos hermanas cuyo padre se llevó hace a finales de abril. A mil metros bajo el mar, dentro de una bolsa de deporte y con un ancla convenientemente atada para impedir que flotara y, por tanto, ser encontrada. Se llamaba Olimpia y tenía seis años. Ni su hermana de tan solo un año, ni su padre han aparecido todavía.

Pero lo que sí es bien seguro es que han dejado a una madre, Beatriz Zimmermann, muerta en vida por el terrible deseo de hacer daño del padre de sus hijas. Un malnacido asesino que no dudó en asestarle un golpe mortal asesinando a sus hijas y desapareciendo, dejándola muerta en vida. No me valen calificativos como celópata, caprichoso o violento. Todos y cada uno de ellos busca justificar al asesino. Todos y cada uno de ellos buscan ponerse de perfil para no acusar directamente al asesino.

Mientras los hombres no dejen de ponerse de perfil y no se sumen a la lucha contra el terrorismo machista no solo condenándolo sino también señalando a los asesinos y dejen los eufemismos que justifican estos asesinatos, el avance será mucho más lento.

No olvidemos el reciente caso de Canarias en donde, recién aprobada la ley que permite la autodeterminación de género y, en medio del juicio por el asesinato de Vanesa Santana, su asesino Jhonatan Robaina pidió cambiar su nombre por el de Lorena para así mejorar su situación procesal. El asesino, condenado a más de cuarenta años de cárcel por el asesinato y violación de Vanesa, de haber sido aceptada su petición de autodeterminación, podría haber cumplido su condena en una prisión de mujeres, con lo que ello conlleva para la seguridad de las mujeres privadas de libertad.

En el último mes y solo en el Estado Español ha sido asesinadas una mujer cada tres días. No solo son terribles estos asesinatos, también lo es el dolor que dejan a familiares y amistades de la mujer asesinada. Y sigue habiendo gentuza que niega que el origen de tanto dolor es haber nacido mujer y haber sufrido una socialización diferenciada para mayor gloria del patriarcado.

Negar el terrorismo machista que en los últimos dieciocho años ha matado a casi mil cien mujeres, es, sencillamente apostar por un feroz patriarcado para mantener privilegios.

Y después están las violencias institucionales como el caso de Juana Rivas que, por proteger a sus criaturas y no querer entregarlas a su maltratador, ha sido condenada por la justicia. Un sistema judicial profundamente patriarcal que cuestiona permanentemente la voz de las mujeres. O ¿Acaso se nos han olvidado sentencias como las de las mal llamadas manadas y que en realidad eran violaciones a una sola mujer por varios hombres?

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Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

Referencias y referentes

         Con esto del progresivo borrado de las mujeres que pretenden las transgeneristas y su brazo político, el Ministerio de Igualdad es, si cabe más necesario que nunca dar referencias de mujeres a las niñas y niños que vienen detrás.

Y digo que es más importante si cabe, porque han de conocer que las mujeres hemos estado desde siempre y hemos contribuido con nuestros trabajos y saberes a mejorar las condiciones de vida de la población en general. Yo soy de las que estudiaron la Educación General Básica (EGB) y recuerdo que, aparte de la señora Curie, no aparecía ninguna mujer en los libros de historia. Ni cuando, ya en el BUP se nos enseñó machaconamente la revolución francesa, se nos mentó por un momento a Olympe de Gouges.

Y recuerdo tener en la última etapa de la EGB tener un profesor de esos que te ayuda a pensar y repensar las cosas y un día le pregunté el motivo por el cual las mujeres no aparecían en los libros de historia cuando sin ellas no se podrían tener hijos. Su respuesta fue demoledora: Estaban realizando las tareas de las casas y siendo buenas amas de casa criando y cuidando de sus vástagos. Así, con una sola frase, liquidó todas las aportaciones realizadas por las mujeres a lo largo de la historia y se quedó más ancho que largo. Eso sí, se las daba de progresista, como no podía ser de otro modo, pues estábamos a finales de los años setenta.

Sé que la cosa ha mejorado mucho con respecto a esos mensajes patriarcales e incluso misóginos que yo recibí, pero me sigue preocupando bastante que, con el pretendido borrado de mujeres, también se borre la genealogía no solo feminista, sino también y pura y duramente los avances producidos. Nuestras criaturas presentes y futuras deben conocer no sólo su procedencia, también las aportaciones que tantas y tantas mujeres han realizado a la sociedad y a lo largo de toda la historia. Su borrado, dejaría en la orfandad a las criaturas y su aprendizaje quedaría gravemente mermado y cuestionado por ser de sesgo patriarcal y machista.

Las mujeres hemos existido desde siempre. Y no, no provenimos de una costilla de Adán y por tanto no se nos ha de considerar inferiores a los hombres. Las mujeres, no solo hemos estado y contribuido a los aportes científicos realizados a lo largo de la historia, sino que además hemos cargado, también a lo largo de la historia con un trabajo añadido que nadie más que el patriarcado nos impuso: Los cuidados de nuestras familias, tanto en el sentido físico, como en el emocional.

Y por supuesto hemos compuesto música, hemos escrito novelas y tratados de botánica, hemos pintado cuadros, esculpido estatuas, inventado cachivaches variados y aportado fuentes de conocimiento en cada momento histórico. Recordemos, por ejemplo, que la inventora del sistema binario que se utiliza para el lenguaje informático fue Ada Byron. Si, la hija del poeta, pero él se llevó la fama y ella solo fue reconocida mucho más tarde. O que fueron mujeres también las que contribuyeron a que la NASA pudiera llegar a la luna. O que el lavaplatos lo inventó una mujer llamada Josephine Cochrane, allá por 1886

Estas aportaciones y muchas más, las realizaron mujeres. No seres con vulva, o seres gestantes, sencillamente mujeres. Con todas y cada una de sus letras M-U-J-E-R-E-S. Más

Borrado de las mujeres

         La compañera de militancia feminista Ángeles Álvarez está sufriendo una campaña de acoso por su posición ante la legislación que el Ministerio de Igualdad pretende aprobar y que, de facto, significa el borrado de las mujeres como sujetos políticos específicos.

La campaña, orquestada por quienes defienden la autodefinición del género con el que vivir sin necesidad de ningún control, solo con la simple decisión individual puede alterar y mucho el orden que conocemos actualmente.

Detrás de esta campaña siguen estando los mismos lobbies que defienden los privilegios patriarcales. O lo que es lo mismo, quienes defienden los vientres de alquiles, la regularización de la prostitución y ahora el generismo a voluntad. Detrás, como siempre, intereses económicos importantes generados a través del sometimiento a cualquier precio de las mujeres.

El sexo existe le pese a quien le pese. Y el pos-modernismo pretende hacerlo desaparecer en aras a mayores beneficios del patriarcado. Pero para ello pretenden borrar a las mujeres y a la teoría que lleva años luchando contra esos beneficios y privilegios que siguen ostentando los hombres a través del doble sistema criminal que tanto les favorece: la gran complicidad existente entre el capitalismo y el patriarcado.

Ahora, con el pos-modernismo y la falta de expectativas por parte de mucha gente joven, aparece el generismo, “casualmente” dirigido por los mismos lobbies de los que hablaba antes.

Las mujeres transexuales han existido siempre y son hermanas en la lucha feminista. Lo que ya no tengo tan claro es donde situar a las autodenominadas “transgéneros” porque estas personas, dicho sea, con todo el respeto, no entienden de luchas colectivas, solo pretenden doblegar voluntades ante su posición individualista y llevar a legislar para que sus deseos sean considerados derechos, por encima de opresiones de clase o de género. Y eso tiene un nombre: Neoliberalismo y siempre es individualista porque todo se compra o se vende dependiendo de los deseos. No existe la lucha colectiva de personas que se sienten oprimidas como clase social o dominadas pon un sistema que cuando naces mujer, si, mujer, te otorga un papel secundario a nivel social y que, gracias al feminismo, a la lucha feminista, hemos logrado suavizar algo.

El desgraciadamente desaparecido Pedro Zerolo, lo dijo hace muchos años, allá por noviembre del 2004, “Las leyes de igualdad llegarán y algunos recordaremos que en los momentos más duros las que nos apoyaron fueron las mujeres”. Y las leyes llegaron. Pocos meses después de esta preciosa entrevista llegó el matrimonio igualitario. Justo en ese mes se aprobó la Ley Orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género. Después vinieron otras.

Pero por lo visto, la memoria de muchos flaqueó y ahora se encuentran entre quienes quieren cambiar las cosas para borrar a las mujeres. Si a esas mujeres que ayudaron a que esas leyes de igualdad fueran posibles y se avanzara considerablemente en la justicia social y se aumentaran derechos de personas que hasta ese momento no los tenían. Más

Las gafas violetas

         Si no tuviera bien colocadas las gafas violetas, a estas horas quizás andaría muy perdida con lo que está ocurriendo socialmente. Y no me refiero solo al permanente intento de criminalización de las manifestaciones del ocho de marzo por parte de la derecha y de la ultraderecha. No, no se trata solo de eso. Como tampoco se trata de ver cómo estas fuerzas políticas pretenden, a voz en grito, embarrarlo todo.

Esta semana ha salido la sentencia de los agresores sexuales de Pozoblanco. De nuevo se ha puesto en evidencia el sesgo masculino de algunas leyes con respecto a las agresiones contra la libertad sexual de las mujeres. No soy jurista y por tanto no voy a analizar la sentencia que seguro que ya ha sido analizada por feministas que entienden mucho más que yo.

Abusar y violar mujeres sigue saliendo muy a cuenta en el Estado Español. Y se va dando a conocer gracias a sentencias “benévolas”, tal y como la califica la Asociación de Mujeres Juristas Themis. Siempre me queda el “consuelo” de pensar que al menos esta mujer ha podido denunciar su agresión, porque son decenas de miles las que son violadas por dinero cada día y que no pueden denunciar a sus agresores, los mismos que pagan por violarlas.

Llevar bien colocadas las gafas violetas me ayuda a poder entender el grado de injusticia social que se ejerce sobre las mujeres y las niñas y a posicionarme claramente en la defensa de nuestros derechos y contra las injusticias y desigualdades que seguimos padeciendo diariamente.

Y, por si faltaba poco, ahora hay quien quiere hacer desaparecer el concepto de mujer como sujeto político en aras a una teoría un tanto pseudocientífica que consagra el género por encima del sexo. Que la inclusión y la diversidad están muy bien, pero esconden un patriarcado y una misoginia feroz hacia las mujeres. Y hay un problema cuando esto no se tiene claro. Y esto también se ve mucho más claro con unas gafas moradas puestas.

Y a veces me pregunto: si todavía nos cuesta identificar el machismo cotidianamente, ¿cómo no nos va a costar su identificación cuando se camufla y justifica detrás de tradiciones, pseudo teorías, micromachismos asentados y camuflados que sufrimos cotidianamente, un sistema prostitucional basado en el beneficio de proxenetas que utilizan el cuerpo de las mujeres como materia prima, u otro nicho de negocio encubierto sobre los llamados asistentes sexuales, o el gran negocio que ha saltado por los aires con la pandemia y que son los vientres de alquiler?

Queda mucho trabajo por hacer, muchas denuncias públicas que realizar, mucha pedagogía pendiente para cambiar las cosas y a veces el desaliento nos inunda, porque comprobamos cómo el patriarcado se cuela por rendijas que creíamos cerradas y hay que volver luchas por esos espacios ya conquistados.

Algunas de las propuestas de ley que se están haciendo desde el Ministerio de Igualdad, me dan mucho miedo, porque significan involución de derechos de las mujeres. Y es descorazonador para las que ya llevamos unos años en esto ver cómo y de nuevo, el patriarcado y sus lobbies de todo tipo se han encumbrado y están a punto de desmontar el concepto tradicional de mujer para cambiarlo por algo que claramente les interesa: mantener sus privilegios, aunque para eso hayan de borrar del mapa el concepto MUJER. Y eso me da miedo, a la par que me crea mucha desazón. Porque no todo vale en nombre del consenso. Hay que legislar para abolir la prostitución que nos envilece socialmente a todo el mundo, mientras se destroza la vida de decenas de miles de mujeres, para que los proxenetas sigan ganando dinero a su costa. Podemos perder una ocasión histórica en ese sentido, pero mucho me temo que unos de los lobbies del patriarcado, el de los proxenetas, se están infiltrando entre quienes han de tomar decisiones y está ganando la partida.

Me pasa igual cuando leo lo de la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre autodeterminación de la identidad sexual y expresión de género, que me saltan todas las alarmas y me preocupa mucho el tema, porque en el fondo subyace simplemente un “borrado” de las mujeres. Y las mujeres somos y estamos aquí, no se nos puede borrar porque otro lobby patriarcal así lo desee. Estamos y estaremos aquí.

Es posible que después de dos meses y medio de confinamiento total, mi estado de ánimo no sea el óptimo. Pero también este tiempo de silencio me ha permitido reflexionar sobre algunos temas y confirmar que, afortunadamente llevo bien puestas las gafas violetas, de las cuáles ya no creo queme pueda desprender en lo que me queda de vida.

Ben cordialment,

Teresa

 

Sorpresas

         Esta semana estaba corrigiendo los ejercicios de un curso que estoy impartiendo para el personal docente sobre micromachismos y me encontré con dos ejercicios que me causaron mucho dolor.

El primero de ellos era de una alumna de unos cincuenta años y en él relataba como su padre había abusado de su madre y de ella durante su infancia y cómo se había sentido de sola y de desamparada. No podía recurrir a su propia madre para que la amparara porque se encontraba en la misma situación y cuando se lo contó, solo tuvo por única respuesta “Somos mujeres y ellos se comportan así habitualmente. Es su naturaleza”.

Esta mujer, entonces niña, tuvo que aguantar que su padre se metiera en su cama durante años hasta que pudo escapar de su pueblo porque encontró trabajo en una cafetería que le permitió independizarse y pagarse una matrícula universitaria y, de ese modo, poder estudiar una carrera compatibilizando trabajo y estudios.

La peor parte, por lo visto, se la llevó su madre, a quien el salvaje de su marido le hizo pagar la huida de la hija de ambos con palizas y violaciones sistematizadas hasta que la mujer, en una de las palizas perdió la vida. Pero nadie se extrañó. Todo el mundo lo sabía y nadie hizo nada.

Mi alumna, por lo que relata, nunca volvió a ver a su padre. No fue ni al funeral de su propia madre con tal de no verle. Luego asistió en solitario al cementerio y se despidió de ella en la más estricta soledad.

Hoy es una profesora ilusionada por enseñar a su alumnado cómo la historia ha negado la presencia de las mujeres y en cómo es necesaria la reivindicación de su memoria histórica. Ha descubierto que los hombres no son bestias como su padre, quien ya falleció y de quien no quiso despedirse, y es madre de una hija y un hijo a quienes educa como ciudadanía libre y respetuosa con todo el mundo, sobre todo con las mujeres más vulnerables tengan el origen que tengan. Más

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Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz