Yo sí te creo!

            Esta semana ha quedado visto para sentencia el juicio contra los cinco malnacidos que violaron a una joven en Pamplona en las fiestas de los sanfermines del 2016.

Como hemos visto, los abogados de la defensa han utilizado todo tipo de estratagemas para desviar la atención mediática de sus clientes y hacerla recaer sobre la víctima, cuestionando como siempre, su verdad. En este caso la cuestión iba sobre el consentimiento o no a esas relaciones sexuales y sobre si hubo o no intimidación.

He de reconocer que leyendo algunas informaciones sobre esta estrategia me he planteado hasta qué punto está instalada en nuestro espacio simbólico colectivo la idea de que en el espacio público quien tiene la última palabra son siempre ellos.

Me parece muy cuestionable la deontología profesional de estos letrados al utilizar los argumentos que han utilizado, pero ellos sabrán los motivos. Lo que tengo muy claro es que la víctima, que ellos revictimizaron en el juicio, no creo que les pueda perdonar. Yo no podría hacerlo.

Pero sobre lo que hoy quería reflexionar es sobre la responsabilidad que tiene ahora el tribunal que ha de dictar la sentencia. Y lo digo en varios sentidos.

Si absuelve a los violadores de la manada, a esos malnacidos cretinos, estará dando carta de naturaleza a quienes entienden que violar a mujeres y niñas es algo implícito a la condición de hombre y que va mucho más allá del deseo sexual. Se trata de la máxima expresión del sometimiento de las mujeres a manos de cualquier hombre. Es una peligrosa manera de entender la masculinidad y, por ello habrá que analizar con lupa esa sentencia y no sólo en los términos jurídicos, sino también en términos sociológicos y, por supuesto, con las gafas moradas puestas.

Además si se cuestiona la verdad de la víctima, el tribunal seguirá aplicando la máxima de la falta de equidad a la hora de creer a mujeres y hombres por igual. O sea que dará por buenos los mitos existentes sobre las verdades de voces de las mujeres. Y esas verdades siempre son cuestionadas porque el patriarcado así lo ha impuesto.

Si estos dos argumentos no son ya de por sí delicados, queda también el del impacto social, puesto que al ser un juicio tan mediático se han puesto en evidencia temas como lo que puede o no ser el consentimiento de las relaciones o lo que puede o no ser intimidación.

¿Se imaginan ustedes una situación inversa? Que sean cinco mujeres jóvenes y vigorosas las que hubieran acorralado a un joven solo en un portal y le hubiesen obligado a realizar algunos actos a los que él no dice no porque se siente intimidado, pero queda hecho una piltrafa cuando ellas, ya satisfechas de su felonía, desaparecen.

¿A que cuesta de imaginar?. Y cuesta de imaginar porque, pese a todos los avances conseguidos en materia de igualdad, el patriarcado sigue manifestando todo su poder en todos los ámbitos. Y el de los excesos en la calle es uno de ellos.

El sentido de la posesión, el de invencibilidad, el de “me apetece, lo tomo” sin mesura, etc. son algunas características de este tipo de malnacidos que abusan de todo. Ni imaginarme quiero al miembro de la manada que es guardia civil y que tenga que acudir a defender a una mujer que haya sido agredida por su pareja. En qué situación puede quedar esa señora… Más

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Nuevas formas de violencias machistas

            Lo nuevos tiempos conllevan nuevas tecnologías y con ellas surgen nuevos lenguajes y nuevas formas de violencias machistas.

Como ya he dicho en numerosas ocasiones, los lenguajes no inclusivos (y los son casi todos) son el mejor aliado del patriarcado para mantener su sistema opresor.

Durante la adolescencia, y sin ninguna formación en educación emocional ni afectivo sexual, nuestros jóvenes tienden a confundir el deseo sexual con el amor. Y, como sabemos, no es lo mismo. Y de ese desconocimiento y/o confusión, potenciada por toda la parafernalia de películas Disney y demás, se alimenta la opresiva idea del amor romántico.

Una idea que esencialmente busca la renuncia de las chicas a su propia vida y a sus propias necesidades y deseos en aras a complacer los deseos de su chico. Y eso, además de generar una dependencia emocional que las puede anular, puede resultar incluso peligroso para ellas.

El primer síntoma es la negación de esa renuncia y/o dependencia por parte de ella ante alguna pregunta de las amigas o familiares. Su autoafirmación como igual dentro de la relación tóxica puede llevar implícito un terrible miedo a la pérdida de quien a ha “elegido” para que esté a su lado. Y, en demasiadas ocasiones, para mantenerse al lado de él, que le insiste en que la quiere y que el amor es sexo, se cede a una relaciones quizás no deseadas, pero necesarias para que él no la abandone. Ese es el orden patriarcal. La satisfacción del deseo sexual a través del chantaje emocional del amor romántico.

Y esto puede empeorar si en algún momento ha habido alguna grabación de vídeo o fotos de carácter sexual puesto que se pueden utilizar para aumentar la intensidad de ese chantaje sobre la chica con la amenaza de divulgarlas. Así ella queda más atrapada dentro de esa relación tóxica. Y así, también aumenta el orden poder-sumisión que busca el patriarcado, siempre ávido de un mayor poder y dominio sobre las mujeres.

La violencia machista estructural que ha supuesto el desmantelamiento de los recursos para la sensibilización y prevención de las violencias de género, así como el adoctrinamiento patriarcal que ha supuesto la implantación de la LOMCE, no ha hecho más que dar alas a estos nuevos modos de violencia contra las mujeres. Sin recursos económicos ni educativos adecuados, la prevención de estas violencias desde las aulas se complica bastante. Y si además le sumamos que la negación de que este tipo de violencias se produzca en las aulas por parte de casi toda la comunidad educativa, tendremos nuevos focos de preocupación por la falta de detección.

Nadie dijo que detectar las violencias machistas entre la población joven y no tan joven fuera fácil. Ni mucho menos que la salida a esa situación fuera un camino de rosas. Pero creo que no se está prestando la atención necesaria a estos primeros síntomas que tienden a darse entre nuestras chicas jóvenes en sus primeras relaciones.

Los micro machismos naturalizados en todos los ámbitos de la vida no ayudan en nada e insisto en que sin recursos no se pueden desmontar mitos, creencias, situaciones perversas, etc para evitar nuevas situaciones de violencias machistas en nuestras mujeres jóvenes.

Con esto no quiero decir que todos los chicos jóvenes sean maltratadores potenciales, pero sí que son víctimas potenciales todas las chicas jóvenes, puesto que es en ellas, en las mujeres en general en quien se ceba el patriarcado.

No basta con la voluntariedad de parte del personal docente por detectar e intervenir ante la más mínima sospecha. Las administraciones educativas deben intervenir haciendo prevención desde el minuto cero. Los pactos están muy bien como referentes políticos, pero se han de desarrollar para llevarlos al terrenos de los patios de las escuelas, a las aulas de todo el sistema educativo. No podemos quedarnos solo con las intenciones reflejadas en dicho pacto, porque entonces no avanzamos nada. Más

Miedos

            El viernes pasado cenamos un grupo de amigos y amigas. En el grupo tenemos a un infatigable viajero que está jubilado y puede permitirse el placer de hacerlo constantemente. La otra componente femenina del grupo, una mujer valiente y decidida se va este verano a Guatemala con una ONG a trabajar con el personal docente de comunidades guatemaltecas sobre algunas propuestas pedagógicas. Cuando acabe su trabajo con la ONG y ya sola, ha decidido viajar hasta Perú para visitar a sus seres allegados que allí viven.

En un momento dado, nuestra amiga manifestó su rabia por haberse descubierto a sí misma, pese a lo valiente y decidida que es, que tenía miedo a viajar sola tal y como lo hacía el otro viajero del grupo y lo comentó: “Nunca podré viajar sola y por todo el mundo como tú lo haces porqué soy mujer y eso limita nuestras libertades”.

A mi mente acudió la noticia de las dos mujeres argentinas que viajaban “solas” y fueron asesinadas en febrero del año pasado en Ecuador al negarse a mantener relaciones con dos malnacidos.

Estos asesinatos sacaron a la luz pública el debate sobre lo que implica para el patriarcado el hecho de que las mujeres viajemos sin hombres a nuestro lado.

Pero lo primero sobre lo que hemos de reflexionar es sobre el término “solas”. Y digo reflexionar puesto que para el patriarcado esa expresión no es la que figura en la tercera acepción del diccionario de la Real Academia Española y que dice textualmente:

3. adj. Dicho de una persona: Sin compañía.”

Y afirmo que para el patriarcado no significa lo mismo porque estas dos mujeres no viajaban solas en el sentido que expone la RAE, puesto que se tenían la una a la otra, pero para los medios de comunicación que dieron la noticia por todo el mundo viajaban “solas” o lo que es lo mismo para el patriarcado “sin la compañía de ningún hombre a su lado”.

Estos miedos que sentimos las mujeres a ir “solas” por la vida son miedos inoculados por el patriarcado desde antes de nacer y tienen que ver con la posesión de los espacios y la cosificación de nuestros cuerpos de mujeres. Me explico.

El espacio público ha sido tradicionalmente ocupado por los hombres mientras las mujeres éramos relegadas a los espacios domésticos, que no privados. Por tanto el patriarcado sigue considerando esos espacios como propios y, aunque nosotras los vamos transitando las agresiones se siguen dando. Hablo de agresiones verbales, de falta de equidad en espacios reducidos, de miradas soeces, de tocamientos o directamente de agresiones sexuales propiamente dichas, entre otras.

Y esto a su vez, tiene que ver con el concepto de “cosa” que el cuerpo de las mujeres tiene para el propio patriarcado. Una “cosa” para usar cuando y como quieran para lo que quieran, sobre todo para “demostrar” su masculinidad a través del sometimiento y de la posesión. Y por supuesto esto tiene que ver, de nuevo, con el deseo. Deseo sexual, deseo de posesión, deseo de mostrar lo “macho” que se es, etc.

Por eso es “necesario” que no andemos “solas” por las calles sobre todo cuando es de noche, porque podemos ser presas de los “deseos” patriarcales de otro y que dejemos de ser personas para convertirnos en “algo” para saciar esos deseos. Pero si a nuestro lado camina otro hombre, no habrá competencia por ese “algo” en lo que nos convierten porque ya somos de ese “otro” que nos acompaña. Más

La negación de quien tiene los privilegios

Día tras día asistimos a espectáculos negacionistas del fenómeno de las violencias machistas por parte de gente que está en las instituciones o de gente anónima. Gente que, a la más mínima, saca a pasear argumentos del tipo “la maldad humana”, “había bebido”, “ella ejercía violencia psicológica sobre él”, “son muchas las mujeres que también utilizan violencias sobre los hombres” y así un largo etc.

Y un claro ejemplo de lo que digo lo podemos encontrar en algunos (deleznables) artículos que cuestionan desde la raíz la terrible realidad que viven tantas mujeres. Podría compartir alguno de esos mezquinos textos, pero no quiero darles ninguna publicidad a quienes niegan, con argumentos falaces, estos horribles hechos.

Con estas actitudes y otros argumentos solo se busca una cosa; tratar de justificar a los agresores minimizando los daños y por tanto mantener el actual orden de las cosas, justificando a los maltratadotes e incluso a los asesinos y volviendo a culpabilizar a las mujeres de su propia situación.

Y entre la gente que justifica cualquier abuso y maltrato están los de las faldas largas y negras y todos sus correligionarios sean hombres como ellos e incluso mujeres. También entre las gentes de los “fru frús” hay buenos especimenes de esta calaña.

Pero esa estrategia seguida por este tipo de gente negacionista y que no se atreve a condenar abiertamente los actos de violencias machistas, es la estrategia de quien tiene los privilegios y no los quiere reconocer.

La vieja pretensión de negar nuestras verdades y nuestras voces de mujeres es algo que nació con la leyenda de Eva y la manzana y que se arrastra hasta hoy gracias, como siempre, a los de faldas largas y negras que ven la perversidad y la mentira que siempre van de la mano de las mujeres. Ese eterno cuestionamiento de nuestras verdades es algo que se arrastra socialmente y que sigue interesando, de forma clara, al más rancio patriarcado, Aún hoy, en los albores del siglo XXI, sigue ocurriendo, mal que nos pese. Y sus voceros lo intentan encubrir, pero se sigue notando mucho cuando tienes la “mirada violeta” un poco entrenada. Y lo siguen intentando cada día. Y lo que es peor, lo van consiguiendo en algunos ámbitos, con la ayuda inestimable de los “fru frús”  y de alguna gente de la esfera política del PP.

Negar la evidencia, ponerse la venda en los ojos para no reconocer que las violencias que se ejercen contra las mujeres y las niñas lo son por el simple hecho de ser mujeres, es alimentar al patriarcado asesino.

Cada vez que se niega la desigualdad aún existente entre mujeres y hombres, se le está dando carta de naturaleza a una situación similar a la del esclavismo. Y, a pesar de que la comparación pueda parecer escandalosa es, esencialmente la misma: la dominación de un grupo con privilegios sobre otro grupo que no los tiene.

Y, aún hay otra coincidencia; los que defendían la esclavitud consideraban que esa situación era “natural”, desafiaban a quien lo cuestionara y, incluso negaban la posibilidad de liberar a la gente esclava a la que consideraron “naturalmente” inferior. Más

El PP y los derechos de las mujeres

TereMolla AgullentHay situaciones que se escapan de mi entendimiento y entre esas situaciones se encuentra la obsesión del PP para controlar los cuerpos de las mujeres y sus maternidades. Y cuando digo controlar me estoy refiriendo a imponer.

Hace un par de años las mujeres conseguimos parar la reforma de la actual y vigente Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Le costó la dimisión a quien en ese momento encabezó aquella barbaridad y que estaba al frente del Ministerio de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón que se lo jugó todo a una carta y perdió.

Pero se acercan unas nuevas elecciones generales para el próximo 26 de junio y como el PP ya perdió muchos votos el pasado 20 de diciembre ha decidido ver si recupera unos pocos del espacio ultraconservador. Ese rincón de electorado al que la salud de las mujeres se la trae al pairo.

Y por eso no dudan en absoluto al retroceder en la concesión de declaración de utilidad pública que el propio Ministerio de Interior había reconocido a la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE) hace tan sólo un mes. La FPFE ha enterado por el BOE que admite este recurso y se revoca la declaración de utilidad pública.

Sí, así se las gastan resolviendo cuando quien mete el recurso de reposición se la Asociación Española de Abogados Cristianos. Con una celeridad desconocida a la administración, sobre todo la administración central.

Y es que no podemos perder de vista que uno de los objetivos de esta federación es la defensa de los derechos sexuales y reproductivos y del derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad o no. Y eso los sectores ultracatólicos no lo pueden soportar y por eso actúan.

Tampoco podemos olvidar que el propio ministro del interior es también conocido por sus creencias religiosas muy cercanas a los postulados del OPUS que, como es sabido, no son precisamente gente progresista. También es conocido este ministro para condecorar imágenes de vírgenes como si de personas se tratara. Más

Cascos azules, mujeres y paz

TereMolla Agullent            Esta semana escuchábamos en la radio al veterano periodista Vicente Romero decir que “Hay cascos azules que pagan un euro para pasar una noche con una niña” y a algunas se nos quedaba helada el alma. Es algo sabido. Dolorosamente sabido y ya recuerdo haber escrito alguna cosa sobre esto, pero no por ello resulta menos doloroso.

                        Es sabido, hasta el punto que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 11 de marzo del presente año una resolución en respuesta a las crecientes denuncias de abusos sexuales cometidos por soldados o policías en misiones de paz de esta alta institución.

Se trata de la resolución 2272 que insta a repatriar unidades específicas “cuando haya pruebas creíbles de la existencia de actos de explotación y abusos sexuales generalizados o sistémicos”.

El informe que el propio secretario general de la ONU Ban Ki-moon presentó ante el el Consejo de Seguridad, señala que la ONU recibió en 2015 un total de 99 denuncias contra su personal por abusos sexuales, 69 de ellas contra tropas de paz procedentes de 21 países distintos. Las otras 30 denuncias son contra funcionarios del organismo.

La mayor parte de los casos se concentraron en dos operaciones, las desplegadas en la República Democrática del Congo (Monusco) y en la República Centroafricana (Minusca), donde las repetidas acusaciones llevaron a la ONU a forzar la dimisión del jefe de misión y a repatriar a centenares de soldados congoleses.

Y eso sólo son los casos denunciados que seguramente serán sólo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en los países con tropas de la ONU desplegadas.

Al horror y dolor de ir conociendo este tipo de atrocidades se suma la impotencia de saber que pese a las diferentes resoluciones también aprobadas por la ONU para incorporar a mujeres en los procesos de paz, se sigue sin soluciones este grave problema que afecta a las vidas de tantas mujeres y niñas.

Estoy completamente convencida que si las resoluciones ya aprobadas se llegaran a ejecutar de forma adecuada, el mundo sería un lugar más seguro para las mujeres y niñas, sobre todo en aquellos lugares en donde existen conflictos armados.

Si echamos la vista atrás hemos de recorrer muy poco años para encontrar la primera resolución de la ONU en la que se ponen las bases para incluir la perspectiva de género en el mantenimiento de la paz. Se trata de la resolución 1325 del año 2000 en la que se trató el efecto desproporcionado y singular que los conflictos armados tienen sobre las mujeres y niñas y en la que se subraya la importancia de que las mujeres participen en pie de igualdad e intervengan plenamente en la prevención y solución de los conflictos, la consolidación de la paz y el mantenimiento de la misma.

Como sabemos, la utilización de los cuerpos de las mujeres y niñas como potente arma de guerra para humillar a los adversarios es algo que se está haciendo en todos los conflictos armados. No se trata sólo de placer o como ejercicio de poder, se trata también de la utilización de sus cuerpos con el objetivo de limpiezas étnicas forzadas y, por supuesto como un ejercicio de autoridad masculina, como un reto de virilidad mal entendida cuyas consecuencias sólo traen dolor y desolación para esas mujeres y niñas que quedan estigmatizadas por todo el mundo y para el resto de sus días. Algunas han tenido la suerte de encontrar en sus caminos gentes que las han ayudado a salir de su estado de victimización devolviéndoles su dignidad y empoderándolas para poder recuperarse de sus infiernos personales e incluso colectivos. Más

Derechos de las humanas

TereMolla Agullent            Esta semana pasada, concretamente el día 6, se conmemoraba el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina promovido por la ONU.

Según los datos de la propia ONU, A nivel mundial, se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas y 44 millones de niñas menores de 14 años han sufrido la ablación, principalmente en Gambia (un 56%), Mauritania (54%) e Indonesia, donde alrededor de la mitad de las niñas de 11 años han padecido esta práctica. Y estos aterradores datos son sólo alguno de ellos.

La barbaridad que arrojan estos datos es sencillamente espeluznante. Pero además es que ni siquiera podemos afirmar que esto no ocurra cerca de nosotros, puesto según La antropóloga Adriana Kaplan, que dirige la Fundación Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona y trabaja desde 1989 en la prevención de la ablación, hace esta estimación considerando el número de niñas que viven en España procedente de países donde se realiza esta práctica, y que ha aumentado un 40% desde 2012, cuando se cifraban en 17.000 las menores de 14 años en situación de riesgo, lo que nos da una cifra cercana a las 24.000 niñas.

Las consecuencias tanto físicas como psicológicas de estas prácticas sobre las mujeres que las sufren sencillamente no quiero ni imaginármelas puesto el sólo hecho de pensarlo me produce un dolor sordo y una impotencia difícil de explicar.

Pero no por ello, no por no querer imaginarme la vida de esas mujeres voy a dejar de manifestar mi más profundo desprecio y rechazo a estas mutilaciones que se producen en aras a un modelo de mujer siempre supeditado al modelo masculino.

Con estas agresiones a los cuerpos de esas niñas, incluso bebés, se están cercenando sus derechos humanos más básicos. Se las niega el derecho no sólo al placer, que también, sino a su cuerpo de mujeres íntegro y, por supuesto a una salud sexual y reproductiva óptima.

Sólo desde la necesidad de mantener el injusto, vejatorio y cruel sistema patriarcal es posible combatirlo para acabar con estas barbaridades cometidas en los cuerpos de las niñas y en tantos lugares del mundo.

En este tipo de asuntos tan cruelmente aceptados en las sociedades que lo practican, es donde la educación a todos los niveles sociales ha de cobrar una especial importancia. Educar para la igualdad entre mujeres y hombres. Educar para el respeto. Para la diferencia. Para una salud sexual y reproductiva óptima. Educar para un modelo de mujeres distinto al actual que las mutila para ser aceptadas, para ser mujeres. Educar para cambiar esas mentalidades.

Pero ese tipo de educación, como decía antes ha de darse de forma multidisciplinar, no invasiva y a la población adulta que es quien transmite los estereotipos y los modelos. Y a la infancia también para no reproducirlos.

Me duele especialmente escribir sobre esto, pero es necesario denunciarlo. Es absolutamente necesario reivindicar el derecho de todas estas niñas vivas y por nacer a una vida y un cuerpo pleno. Es necesario reclamar que sus derechos de humanas deberían ser intocables, como sus cuerpecitos infantiles. Más

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Alicia Murillo Ruiz

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