No podemos desviarnos

                   Tenemos una batalla, bueno varias batallas reales pendientes de resolución como lo son legislar para abolir la prostitución y los vientres de alquiler y se está desviando de tal manera la atención que estos dos temas, principalmente el de la abolición de la prostitución que ha sido desplazado del centro del debate político, un espacio en el que nos costó mucho colocarlo. Y hemos de recordar que son millones las mujeres que son tratadas con fines de explotación sexual. Son millones las esclavas sexuales que cada día son explotadas en aras a un capitalismo feroz. Y el tema se ha derivado hacia otro espacio.

Quiero pensar que la riqueza del feminismo es esa precisamente, la riqueza de cuestionarlo todo y ponerlo todo un poco patas arriba con el claro objetivo de la deconstrucción colectiva para abrir paso a reflexiones diversas. Desconozco los motivos que han motivado ese desvío y, por tanto, la necesidad de seguir trabajando individual y colectivamente para abolir la prostitución y dar salidas dignas a las mujeres prostituidas.

Como dice Rosa Cobo, “la prostitución está en el corazón del capitalismo” y urge que se actúe contra ese capitalismo que secuestra, compra y vende mujeres con el único fin de continuar teniendo beneficios sin importarle dejar a esas mujeres sin identidad propia, y, por tanto sin vida propia más allá de dar beneficios a los proxenetas. Mujeres cada vez más jóvenes para servir a un mercado, el de la satisfacción del deseo mayoritariamente masculino, que las utilizan como se puede utilizar cualquier objeto de usar y tirar. Que las explota hasta la extenuación sin importar para nada los métodos que tengan que utilizar para continuar explotándolas.

Desviar el debate, sacarlo del centro de la agenda política del feminismo es, al menos desde mi punto de vista, hacerle un flanco favor al capitalismo patriarcal que es quien, de una forma u otra nos machaca a todas por ser mujeres, quien nos asesina, nos maltrata, cuestiona nuestras voces permanentemente, nos trata como ciudadanas de segunda clase, nos obliga a trabajar mucho más y en peores condiciones pagándonos menos, nos cosifica permanentemente y así un largo etc.

Dejar de hablar de la necesidad de abolir la prostitución o de los vientres de alquiler es, también dejar de luchar y dejar solas a tantas y tantas mujeres que sufren cada día y cada noche en sus carnes el peso del patriarcado más rancio y más capitalista. Dejarlas solas y sin voz que, quizás sea lo peor de todo. Silenciadas, sin recursos y a merced de sus explotadores. Y creo, que el feminismo ha de ser beligerante en la defensa de los derechos de todas las mujeres y niñas. Y las mujeres prostituidas forman parte de ese “todas las mujeres y niñas”. Más

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OTRAS, de nuevo

         Sin comerlo ni beberlo, me encuentro en redes sociales esta misma mañana, con que el pseudo sindicato OTRAS conjuntamente con APROSEX (Asociación de profesionales del sexo) organizaron la I Jornada sobre “Trabajo sexual, derechos laborales y sindicación” que se llevó a cabo el pasado 8 de junio. Me llama poderosamente la atención que colaboraron en este evento el Ayuntamiento de Barcelona i CATS (Comité de ayuda a las trabajadoras sexuales), entre otras entidades y/o empresas. Proponían y, supongo que llevaron a cabo, mesas de debate sobre política, temas jurídicos y sobre las propias trabajadoras sexuales.

Me llama la atención que colaborara el Ayuntamiento de Barcelona, quien precisamente no está aplicando su propia ordenanza con el rigor hacia los clientes que sería esperable.

Llamar trabajadoras sexuales a quienes mayoritariamente son captadas por redes de tráfico de personas con fines de explotación sexual y convertirlas en esclavas sexuales, me parece un eufemismo sin sentido.

Que se utilice dinero público para dar visibilidad a estas organizaciones que promueven la prostitución, me parece inmoral, puesto que sus propuestas sirven para blanquear el consumo de cuerpos de mujeres, sea cual sea su situación, para satisfacer los deseos masculinos mayoritariamente.

Quienes consumen sexo de pago o quienes alientan esta actividad además de obtener pingües beneficios, son responsables del sufrimiento de muchísimas mujeres. El pasado 23 de noviembre el Gobierno conoció un informe de la ONU en el que se colocaba al Estado Español como uno de los mayores consumidores de prostitución de Europa y del  mundo. Alrededor del 80% de la trata de personas, lo es para su explotación sexual dejando a las mujeres y niñas tratadas en una situación de máxima vulnerabilidad económica y social, puesto que los beneficios se los quedan los tratantes y proxenetas.

Y, después de unos tres años aproximadamente de explotación, las “liberan” porque ya no son productivas. Y es en ese momento o en el que ellas puedan escapar de sus captores o sean liberadas por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, cuando han de intervenir las administraciones para ayudarlas a superar el estigma social y que puedan reintegrarse socialmente con garantía. Más

Hoy “las feas” vamos a ir a votar

         Esta semana el candidato de la ultraderecha española al Parlamento Europeo nos llamó feas a las feministas. Y hoy, jornada electoral, las que somos feministas y las que no, vamos a impedir que este ser ocupe un sillón en la euro cámara.

Gracias a las feministas el sufragio universal es posible, por ejemplo. O ha sido posible aprobar leyes como la de medidas de protección contra la violencia de género y la de igualdad. O se frenó la tentación de Ruiz Gallardón de una involución sobre el derecho al aborto que, hemos de recordar que le costó su dimisión como ministro.

Gracias, en parte, a las feministas, este ser puede permitirse decir este tipo de cosas que, pretendiendo ofender, no hacen más que sacarnos una sonrisa, al comprobar su naturaleza misógina y profundamente machista.

Y es que a la derecha más rancia y a la ultraderecha no les gustamos las feministas y no les gustamos porque hablamos claro y denunciamos sus privilegios por ser hombres y nos demonizan.

Las feministas reclamamos el final de los privilegios y que exista equidad e igualdad entre todas las personas. Y eso les duele.

Y por eso nos “permiten” cortarnos el pelo o pintarnos las uñas pero no el control sobre nuestro propio cuerpo o sobre nuestro derecho a decidir si queremos o no ser madres. Sencillamente nos consideran ciudadanas de segunda. Y, al tiempo, ellos se consideran cómo los únicos capacitados para tomar decisiones, incluso sobre nuestras propias vidas.

Están en contra de la ley orgánica de medidas de protección contra la violencia de género, porque quieren seguir legitimando esa violencia que los hombres, mayoritariamente, ejercen contra las mujeres, solo por ser mujeres. Quieren desmantelar la red de servicios públicos que se ha puesto en marcha de forma incipiente y con la inestimable ayuda de algunas ONG’s para auxiliar a las víctimas y a sus criaturas de actitudes machistas y violentas que ellos siguen legitimando.

Están, también, en contra de la ley orgánica de igualdad efectiva entre mujeres y  hombres porque consagra la igualdad en todos los ámbitos sociales y políticos y eso no les parece bien porque insisto, nos consideran a las mujeres, ciudadanas de segunda clase. Más

A votar!!!

         Justo dentro de quince días tenemos cita con las urnas por las elecciones generales y, en la Comunitat Valenciana, por las elecciones autonómicas. Ahora solo hemos de sobrevivir a una bronca campaña electoral en la que los dos bloques se están disputando cada voto.

Como no puede ser de otro modo desde esta tribuna llamo a ejercer el voto en el sentido que sea, pero por dignidad y por respeto no podemos quedarnos en casa y no ir a votar.

Y digo por dignidad porque considero que como ciudadana es mi obligación ejercer un derecho por el cual muchas personas que me precedieron lucharon e incluso perdieron la vida, para que nosotras hoy podamos votar. Y digo por respeto porque hay que tenerlo hacia todas esas personas, cuyos cadáveres de muchas siguen estando en las cunetas o en las fosas comunes. Pues por dignidad y por respeto hay que ir  a votar.

Otro asunto es a quienes vayamos a votar. Yo tengo claro mi voto. Lo he tenido claro siempre porque creo en que sólo la izquierda gobierna para todas las personas. Además creo que la derechas, se llame como se llame y tenga la cara que tenga, nunca va a beneficiar a la clase trabajadora en su conjunto, como nos lo han demostrado les diferentes Gobiernos del PP. Tampoco con la derecha, las mujeres y las niñas tenemos garantizados nuestros derechos, ni, incluso, nuestras vidas.

Los recortes llevados a cabo por el PSOE y por el PP no han sido revertidos en su totalidad. Y comenzaron hace nueve años! Por tanto no me aportan ninguna garantía ninguno de los dos partidos. Además han gobernado los dos y podrían haberlo hecho.

Las nefastas reformas laborales que aprobaron ambos Gobiernos en 2010 y 2012 nos pusieron, a la clase trabajadora en general y a las mujeres trabajadoras en particular, literalmente a los pies del capitalismo más salvaje. Y el PSOE no la ha derogado pudiéndolo haber hecho.

La reforma de la Constitución pactada entre ambos en 2011 para cambiar todo el artículo 135, nos dejó a las personas por detrás del capital y eso ha favorecido la progresiva desaparición y empobrecimiento de la clase trabajadora.

Todos los recortes que se llevaron a cabo, se cebaron en un incipiente estado de bienestar que fue desmantelado y que todavía no se ha reconstruido, Y nuestros impuestos se desviaron a salvar a los bancos, algunos de los cuales nos habían estado robando durante años, dejando incluso a muchas familias sin ahorros.

Espacios como la educación pública, la sanidad pública, los temas relacionados con la dependencia y los servicios sociales o de atención a mujeres víctimas de violencia de género, siguen sin poderse recuperar desde los recortes de 2012 y 2013. Y son servicios que se ofrecen para mejorar las condiciones de vida de las personas. Pero antepusieron las ayudas a los bancos por encima de las necesidades de las personas. Más

Por ellas, por mí, por todas, el 8M yo paro

         Seguimos haciendo pedagogía sobre las razones, miles, que nos llevan a secundar la huelga general feminista del próximo 8 de marzo.

Voy a continuar con algunas razones más.

Las mujeres tratadas y prostituidas en clubes o locales dedicados a ello, que son tratadas de la peor manera que se puede tratar a un ser humano. Son tratadas como esclavas por las redes criminales, con el único objeto de ganar dinero con sus cuerpos, lo de ellas, que son la materia prima para montar estos negocios criminales. Y en algunos casos son niñas que apenas pueden haber alcanzado la mayoría de edad. Niñas y mujeres de países empobrecidos en donde su futuro es incierto y hasta los que llegan los captadores de esas redes criminales para, con promesas de trabajos bien pagados e incluso enamorándolas, las llevan hasta aquí con el único objetivo de explotarlas.

Cuenta “El músico” en el largometraje  “El proxeneta, paso corto, mala leche” de Mabel Lozano, que cuando los captadores llegaban a un determinado país porque habían abierto un nuevo negocio, valían todas las mujeres, incluso las feas, eso sí jovencitas. Y cuando lo escuchas se te revuelve todo por dentro. Porque como también explicaba Rosa Cobo, no son vistas como personas, son vistas como materia prima que les va a dar a ganar mucho dinero. De nuevo, la terrible alianza entre capitalismo y patriarcado se ceba sobre las mujeres.

No quiero olvidarme de las mujeres que están gestando para otras personas en verdaderas granjas de mujeres. Mujeres vulnerables económicamente que gestan a cambio de una cantidad misérrima de dinero que puede salvarles puntualmente algún momento, pero que a cambio renuncian no solo a la criatura que han gestado, también a su propia vida durante los meses de gestación y habrá de hacer frente a las posibles secuelas que le queden después del embarazo.

Y las criaturas nacidas de esos embarazos comerciales y que son literalmente vendidas a personas con poder económico que les permite la compra de bebés, las dejan privadas de filiación biológica materna y entregadas a personas desconocidas que seguramente no permitirán jamás que conozca a su familia biológica ni a toda su historia genealógica real. Son condenadas a que “algo extraño e inexplicable” exista siempre en sus vidas. De nuevo la complicidad entre el patriarcado y el capitalismo aprovecha los cuerpos de las mujeres para enriquecerse.

Hay otro colectivo de mujeres de los que no quiero olvidarme para hacer pedagogía para ir a la huelga general feminista. El de las mujeres reclusas. Más

Abolir la esclavitud

         Esta semana leía con alegría que el Consejo Constitucional francés avala la ley sobre prostitución que, desde 2016 está vigente en Francia. En esta ley se penaliza a los clientes y no a las mujeres prostituidas.

Esta ley, al igual que la aprobada en Suecia en 1999, son modelos a seguir puesto que ponen el acento en el gran negocio que supone tratar y explotar sexualmente a mujeres en situación vulnerable y, al parecer, también señala la necesidad de un acompañamiento y recursos para las mujeres que quieran abandonar esta situación.

La prostitución no es, como interesadamente se quiere hacer creer, el “oficio” más antiguo del mundo. En todo caso, lo que sí se podría afirmar es que consiste en el acto de esclavitud y sometimiento del patriarcado hacia las mujeres y las criaturas más antiguo del mundo.

Todo el mundo sabe que es, para las redes de tratas de personas, uno de los negocios más lucrativos del mundo y que se sustenta sobre tramas criminales que no tienen reparos a la hora de secuestrar, raptar, explotar y esclavizar a las mujeres con tal de mantener sus beneficios.

Cuando el capitalismo impone sus normas más salvajes quienes primero lo acabamos pagando somos las mujeres, puesto que se ceba en nosotras en forma de feminización de la pobreza y, por tanto aumenta el grado de vulnerabilidad. Precisamente en ese momento y a través de la trágica alianza entre el capitalismo y el patriarcado aparece el mito neoliberal de la “libre elección” de las mujeres para ser explotadas sexualmente.

¿Quién no ha escuchado alguna historia de mujeres extranjeras que han confiado en alguien, generalmente un hombre que las ha seducido y prometido un trabajo en el Estado Español, por ejemplo y cuando han llegado se han encontrado sin documentación, sin el amor prometido, y sometidas sexualmente? Os aseguro que yo lo he escuchado. No me ha hecho falta ir a ver ningún documental. Lo tenía muy cercano. Y después de haber podido escapar de la red y volver a cambiar de país, esta mujer extranjera, seguía atemorizada por si la red criminal de la que escapó la encontraba.

Tiemblan y hablan bajito por el miedo y solo cuando se encuentran seguras hablan y describen cómo han vivido o, mejor dicho malvivido durante el tiempo que estuvieron explotadas. Y cómo se siguen sintiendo sucias y sin deseo sexual.

Ellas, “las otras” son estigmatizadas socialmente por haber sido “usadas” por muchos hombres para saciar el deseo sexual de ellos, nunca el de ellas. Han sido explotadas, violadas, agredidas, etc. solo para aumentar el beneficio de sus explotadores. Solo han sido mercancía para ellos. Ni siquiera han tenido la consideración hacia ellas de considerarlas personas.

Leía estos días en una red social una frase lapidaria que decía “siempre va a haber putas y drogas porque siempre habrá consumidores”. Es terrible porque implícita y simbólicamente pone al mismo nivel sustancias tóxicas como lo son las drogas con personas, mujeres prostituidas, sin ningún pudor, sin analizar en absoluto las situaciones de esas mujeres. Nada, sencillamente justificar que el deseo de ellos ha de ser satisfecho a cualquier precio. Me parece terriblemente doloroso e humillante. Más

Deseos y derechos

            La sociedad capitalista en la que vivimos nos indica que, con el dinero necesario, todo se puede comprar o vender porque todo tiene un precio. Voluntades políticas incluidas como ya hemos visto con los casos de corrupción que nos inundan en los últimos años.

Además, esas voluntades políticas pueden llegar a ser necesarias para continuar explotando y expoliando y que, de ese modo el sistema no se rompa.

Como además el capitalismo ya no entiende de fronteras, es internacional y lo abarca todo porque, en su perfecta alianza con el patriarcado, ya no quedamos al margen de su imperio ni las personas. Tenemos claros ejemplos de lo que digo cuando hablamos de personas en general con la compraventa de órganos humanos en donde, en algunos lugares del mundo, es legal.

Pero cuando hablamos de mujeres y no de personas ya la cosa cambia y, en demasiados casos, se mira a otra parte. No podemos olvidar que la prostitución es una relación en donde una parte, generalmente hombres, compran su placer. Y para satisfacerlo necesita un cuerpo humano que es la materia prima básica para la satisfacción de ese placer. Y ese cuerpo humano, generalmente es de mujeres. Pero si a esa relación comercial le añadimos, la explotación sexual que sufren las mujeres por parte de otros hombres que las han comprado y vendido a su antojo como si fueran reses, podremos entender que la asimetría de la relación comercial es total. Y que, por tanto la satisfacción de un deseo como el sexual tiene claras connotaciones políticas que se han de afrontar.

Cuando se consume prostitución se va más lejos de esa simple relación física. Se establece y se refuerza el sistema de poder masculino frente a la sumisión femenina. Porque los prostituyentes o puteros hacen suya aquella frase que dice “que quien paga manda” y el hecho de pagar les “autoriza” a hacer lo que quieran con la mujer prostituida. Y se dibuja perfectamente la férrea alianza entre el capitalismo y el patriarcado. La mujer comprada y sumisa frente los deseos de quien paga. La mujer con la voluntad anulada y sin poder elegir si quiere o no quiere tener ese contacto físico con ese hombre. La mujer reducida a un mero objeto de placer sin voluntad y sin voz propia. Reducida a un mero objeto sexual.

En el libro “Un tros de cel” (Editorial Bromera. 2012), su autora, Isabel Clara-Simó expone perfectamente esta alianza y también expone la desigualdad entre niñas y niños. Pero narra perfectamente la venta de la protagonista, el maltrato que sufre en su viaje desde Hong Kong a Valencia en donde la obligan a prostituirse, siendo todavía una menor, y en cómo, un tiempo después es llevada a un prostíbulo y narra la vida de allí dentro bajo la “protección” de un proxeneta “bueno” que, al final cumple su palabra. Más

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Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz