Atención

            El pasado mes de febrero se constituyó por fin en el Congreso, la Subcomisión para un Pacto de Estado en materia de Violencia de Género.

Y digo por fin porque han sido necesarios demasiados asesinatos de mujeres y criaturas a manos de hombres que dijeron amarlas para que se tomara en consideración este tema por parte de todos los grupos políticos con representación parlamentaria.

El primer síntoma de que algo no está yendo bien en la credibilidad del discurso político de algunos grupos presentes en dicha subcomisión ha sido que la propuesta para los Presupuestos que presentó el Partido Popular no contempla ninguna partida presupuestaria para cubrir la lucha contra esta lacra de forma integral tal y como prometió este partido. Algo comienza a no encajar.

Pero hay más. Si hacemos un ejercicio de memoria recordaremos que fue este mismo partido, el PP quien llevó al Tribunal Constitucional la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de género. Lo cual hacía patente su disconformidad con algunos preceptos contenidos en dicha ley, que hemos de recordar que fue pionera en su momento aunque quedaran algunas lagunas en su aprobación. Afortunadamente el Tribunal Constitucional dejó clara su validez y constitucionalidad.

Ahora y con la negociación del Pacto de Estado en esta materia, mucho me temo que se van a volver a aparecer viejas discusiones que tanto la ley orgánica como la sentencia del Constitucional dejaron claras.

Y una de esas discusiones, posiblemente sea la de su denominación. Y lo digo porque ya se ha comenzado a marear la perdiz con este tema. Y se está haciendo porque algunos agentes interesados ya vuelven a hablar de violencia doméstica. Y no lo es.

Y por ello, hoy voy a hacer un poco de pedagogía como recordatorio para dejar claros algunos conceptos.

Cuando hablamos de violencia de género hablamos de lo que la propia Ley Orgánica 1/2004 en su Exposición de motivos define como:

“el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.”

Por tanto es una violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho mismos de serlo y como símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Y quiero hacer hincapié en este tema para evitar que se confunda con otros tipos de violencias existentes pero que NO SON DE GÉNERO O MACHISTA.

Desde el feminismo se ha insistido e insiste todavía en la necesidad de dar a conocer el origen de la violencia machista o de género. Y ese origen, como vemos es la desigualdad entre mujeres y hombres.

Ante la eterna pregunta de porque no se contempla la violencia ejercida por mujeres hacia los hombres como violencia de género, la respuesta ha de ser (desde mi punto de vista, por supuesto) muy clara: porque el origen no es la desigualdad social. Más

Ante un 25 de noviembre

tere-gijon            En menos de una semana, el próximo viernes día 25, conmemoraremos el Día Internacional contra las Violencias de Género. Como cada año instituciones y asociaciones, organizarán actos de todo tipo para realizar un trabajo de sensibilización y prevención de las violencia machistas.

Estas actividades son absolutamente necesarias para concienciar socialmente de lo que está ocurriendo y deberían celebrarse durante todo el año y no sólo concentrarse en estas semanas. Pero mejor así que de ninguna manera.

Cada año, afortunadamente, se suman nuevas y acertadas iniciativas para sensibilizar contra este fenómeno que nos maltrata y asesina a las mujeres, por el simple hecho de serlo.

Entre esas nuevas iniciativas este año podemos encontrar la de Caixa Ontinyent que ha convocado un concurso de hastags y que está abierto a la participación hasta mañana a medianoche. Se pueden consultar las bases y los premios a su espacio de Facebook. Utilizarán el que resulte elegido en sus redes sociales en la campaña que llevarán a cabo alrededor del 25 de noviembre. No está nada mal si tenemos en cuenta que es la primera entidad financiera que se implica en un tema tan sangrante como éste. Y desde aquí quiero hacerles llegar mi felicitación sincera por haber dado este paso, porque con iniciativas como estas nos demuestran que, al menos en esa entidad, el negocio, no siempre es lo primero.

Esperemos que hayan abierto la puerta y que el próximo año sean más las entidades financieras que se suman de una forma efectiva a la lucha contra todas las violencias que sufrimos las mujeres y las niñas.

Este tipo de iniciativas, aparte de sensibilizar y condenar, dan visibilidad a algo que en demasiados casos permanece oculto tras las paredes de algunas habitaciones.

Y es que hemos de recordar que las mujeres asesinadas son la punta del iceberg de lo que en realidad ocurre cada día. Son muchas, muchísimas más las que siguen atrapadas en su particular cárcel de las violencias de todo tipo que sufren cotidianamente. Ellas, al igual que las asesinadas, en demasiados casos han llegado a perder la voz por su propia situación.

Las supervivientes, las que todavía no han sido asesinadas, son también víctimas y necesitan todo el apoyo posible para salir de ese infierno y recuperarse. Pero se las anima a denunciar y cuando por fin lo hacen, pueden llegar a entrar en una espiral de otro tipo de violencia: la institucional.

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La omisión y los silencios también son violencia machista

tere-gijon            La violencia de género o machista estructural es, como su nombre indica, inherente a las estructuras, sobre todo económicas, existentes en el mundo. Aparece como consecuencia del vigente sistema androcéntrico que sigue guiando la vida de la propia humanidad.

Es una violencia machista bastante invisible para los ojos no habituados a su detección, pero está ahí y repercute directamente sobre la vida de mujeres y niñas de todo el mundo.

Según definición del Consejo de Europa, la violencia estructural Es un tipo de violencia de género va íntimamente ligado a las estructuras de poder en todos los sentidos puesto que generan, reproducen y legitiman desigualdades.[1]

Cómo podemos comprobar las decisiones u omisiones que se toman en despachos institucionales cercanos o lejanos afectan de manera directa sobre las vidas de las mujeres y niñas, ejerciendo sobre ellas un tipo de violencia más silencioso, pero no por ello menos dañino.

Esta mañana, como cada mañana, escuchaba en la radio la publicidad de la Dirección General de Tráfico para la prevención de accidentes en carretera. Desde hace muchos años se llevan dedicando muchos dineros públicos para la prevención de estas muertes. Y no solo en publicidad, también en mejoras de carreteras, en investigación, etc.

La verdad es que me parece estupendo que se dediquen esos fondos públicos a prevenir las muertes de personas producidas de una forma tan estúpida e inútil como lo son las muertes por accidentes de tráfico. En este sentido, y más allá de algún contenido en las campañas publicitarias, no he detectado a lo largo de los años demasiadas discrepancias entre los partidos políticos para mantener esta actitud preventiva.

Pero cuando hablamos de la muerte de mujeres y niñas mayoritariamente a manos de machistas asesinos, la cuestión ya cambia. Aunque las muertes sean igual de estúpidas e inútiles. Pero de entrada y al parecer, no es lo mismo.

La vida de las personas, de todas las personas, es el mayor bien que tenemos y debe ser protegida desde los poderes públicos. En ese sentido las decisiones que se tomen para que ese derecho sea real me parecerán siempre acertadas.

Pero sigo sin entender por qué cuando se trata de proteger específicamente la vida de las mujeres y las niñas, las decisiones que se toman son tan tibias e incluso inexistentes.

Los recortes producidos sobre los recursos destinados a prevenir violencias machistas, es violencia machista estructural, puesto que está perjudicando directamente a las víctimas reales y/o potenciales de ese tipo de violencias tan específicas que se ejercen sobre las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

El hecho del no desarrollo de forma correcta de la actual ley orgánica de medidas de protección contra la violencia de género, es otra forma de ejercer violencia de género estructural contra las mujeres y niñas, puesto que se les están negando derechos contemplados en una ley orgánica que el propio gobierno está dejando sin presupuesto para su desarrollo y ejecución.

La falta de entendimiento entre partidos para llegar a un gran pacto de estado en esta materia sangrante que sesga la vida física de demasiadas mujeres y criaturas cada año y que deja tantas secuelas físicas, emocionales y psicológicas en las víctimas supervivientes, es violencia de género estructural le pese a quien le pese, y escrito así, con todas y cada una de las letras.

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¿Hasta cuándo?

Tere roig         En solo una semana cuatro mujeres han sido asesinadas por terrorismo machista en el Estado Español. Esta madrugada pasada la última de ellas en Granada. Estas son las que se conocen oficialmente. Y estos asesinatos son solo la punta del iceberg de lo que suponen las violencias machistas.

Pero cómo ya he dicho también en otras ocasiones, estos “asuntos” parecen no importar nada a quienes pretenden gobernarnos y solo se acuerdan de ellos cuando han de nombrarlos, de pasada, en discursos de presunta investidura o en momentos similares. Palabras vacuas y faltas de credibilidad cuando se han tenido años y fondos para actuar y no se ha hecho nada.

Las mujeres estamos hartas de ser ninguneadas, de que nuestras voces sean cuestionadas, de que nuestras verdades no sean escuchadas y de que apenas seamos tenidas en cuenta cuando, incluso, de nuestras vidas se trata.

A las mujeres víctimas se las empuja a denunciar y luego se las abandona, como estamos viendo casi cada día. Y encima en los medios de comunicación se hace incidencia cuando no denuncian, de forma que las culpabilizan de su propia muerte por no haberlo hecho. Pero en cambio apenas se cuestiona el papel de las instituciones cuando después de haber denunciado las han abandonado. Es otra cara del patriarcado.

La necesidad de la denuncia para dar credibilidad a las pesadillas que viven estas mujeres e incluso niñas es otra justificación que necesita el patriarcado para comenzar a creer en esas verdades que ellas manifiestan. La no concesión de medidas de protección cautelares es más de lo mismo: cuestionar sus realidades con el peligro que ello conlleva para las vidas de esas mujeres. El proceso judicial al que son sometidas pone a prueba su fortaleza emocional e incluso intelectual, pese a saber todos los agentes implicados, los duros y delicados momentos que estas mujeres atraviesan. No importa que sea otra forma de maltrato. Lo practican. Y no pasa nada. Nunca pasa nada en estos casos.

Cuando se habla de prevención y se habla de las escuelas, no se habla más que con la boca pequeña. Los fondos han sufrido recortes tras recortes y se han quedado bastante diezmados. De modo que esta prevención queda, en demasiados casos, para el voluntarismo del personal docente con un claro compromiso en este tema. Pero ese compromiso no siempre está generalizado. Bueno, en las formas y en la teoría sí lo está, pero en el fondo tengo mis serias dudas. Y sé de lo que hablo.

Cuando el personal docente comprometido en el tema de la prevención de la violencia de género y en todas las formas de violencia busca espacios para hacer su tarea, se queda apenas con las horas de tutoría y con “los días internacionales de…”. Al cargarse asignaturas como filosofía o educación para la ciudadanía, también se han cargado las horas en que se enseñaba a pensar y a cuestionarse las cosas al alumnado. Y eso se acaba notando. Más

Estoy enfadada con ellos, los de siempre

TereMolla Agullent            Hace apenas unos minutos salí a la terraza de casa con el objetivo de hacer una foto de la primera flor que se está abriendo y mandársela a la persona con la que estaba hablando en ese momento y me encontré de bruces con una procesión, con banda de música incluida y con el cáliz bajo palio paseándose por la calle. Me he acordado de Rita Maestre de inmediato y de cómo los de faldas largas y negras se apropian de espacios públicos y privados sin pedir permiso.

Si bien las calles son espacios públicos por los que transitan este tipo de manifestaciones religiosas sin tener en cuenta si molestan u ofenden con sus músicas y sus vestimentas o sus pasos de Semana Santa, hay otro tipos de espacios por los que también pretenden imponer sus creencias y es ahí de donde hay que sacarles de inmediato.

Como es bien sabido estamos en un Estado en donde la ACONFESIONALIDAD está reconocida en la Constitución, pero sin embargo la Iglesia Católica sigue gozando de prebendas que a alguna gente nos siguen ofendiendo, como lo son la exención del IBI en sus edificios o que el dinero recaudado por el IRPF que mucha gente destina a dar soporte a esta confesión vaya a parar a poner en marcha y mantener una televisión propia para poder seguir adoctrinando. Otro ejemplo que también me ofende profundamente es el dinero público que se destina a dar soporte a los colegios privados que siguen segregando por sexo en las aulas promoviendo y manteniendo de ese modo la desigualdad entre mujeres y hombres en la sociedad.

Con el modelo que llevan siglos predicando, no sólo nos colocan a las mujeres como subsidiarias de los hombres, sino que además pretenden imponernos su modelo de maternidad e incluso de sexualidad. Un modelo en el que forzosamente el sexo ha de ir asociado a la reproducción y en donde el placer de las mujeres no sólo deber ser inexistente, sino además es pecaminoso, por ejemplo. Y, quizás por ello ver a una mujer cómo se quita la camiseta y se queda con parte del torso desnudo les ofende.

No les ofende sin embargo que las mujeres sean asesinadas por ser mujeres. No les ofende que se nos viole o que se abuse de criaturas en sus propios centros religiosos y por parte de algunos miembros de sus congregaciones. No les ofende seguir gozando de privilegios de la Edad Media con lujos que avergüenzan y ostentaciones que nada tienen que ver con los tiempos que corren y con la pobreza y resignación a las adversidades que predican. Más

Parole, parole, parole…

TereMolla Agullent            Ayer fue un día un tanto extraño. Y cuando digo extraño no me refiero a negativo. Sólo extraño.

Por la mañana mientras conducía escuché en la radio una noticia que me impactó tanto por el contenido como por las formas. Decía más o menos que “La Guardia Civil estaba buscando una patera que al parecer habría volcado y en la que viajaban treinta y tantas personas y dos mujeres”. Así, directo al cerebro y al corazón.

Después y ya en casa me topo con la noticia de que una magistrada de Vitoria preguntó a una mujer si “cerró bien las piernas” tras presentar una denuncia por maltrato físico, psíquico y abusos sexuales, según la asociación Clara Campoamor.

Supongo que ya se entenderá porqué califiqué antes de extraño el día. Dos claros ejemplos de cómo el patriarcado sigue imponiendo su ley en las vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, de todas las Mujeres.

En la primera noticia (y sin entrar en el fondo de la noticia) la PERSONA que la redactó independientemente de si fue mujer u hombre, nos excluyó a las mujeres de la condición de personas. Directamente adjudicó esa condición a los hombres, puesto que a las mujeres nos nombra explícitamente. Son las trampas del lenguaje. No creo que sea tan difícil de entender que las mujeres también somos personas, ¿no?. Pues ya vemos que para alguna gente no lo somos y nos sacan explícitamente de ese concepto.

El lenguaje, como elemento transmisor de ideas y valores, se convierte en este caso en una potente arma del patriarcado, incluso nombrándonos, porque lo hace precisamente para diferenciarnos de la condición de persona y dejarnos en la infra-condición de mujeres al homogeneizar los términos de persona y hombres. De ese modo se continúa naturalizando la superioridad de lo masculino en nuestro espacio simbólico y, por tanto, el sistema sigue funcionando como siempre.

Y, como ya he dicho en alguna ocasión, esa naturalización de la desigualdad la convierte en invisible y al ser invisible pasa completamente inadvertida. Y no podemos olvidar que no por invisible es inexistente, puesto que al analizar un poco noticias como la que escuché ayer que, a priori parece inofensiva e incluso nos nombra, en realidad es otra trampa que esconde pura violencia estructural. Nos está lanzando el mensaje claro y contundente de que las estructuras patriarcales y claramente jerárquicas no se tocan. Y eso tal y como sabemos, va empapando nuestros cerebros hasta que en nuestro espacio simbólico no existan dudas.

La segunda noticia es violencia machista de primer orden y también ejercida desde y con el lenguaje. La jueza en cuestión al preguntar a la mujer que había denunciado violencias machistas está, no sólo revictimizando a la propia víctima, sino ejerciendo de nuevo violencia estructural, puesto que lo hace desde el poder que le da la toga de jueza. ¿Cómo es posible tener tan poca sensibilidad con una mujer que ha sido agredida sexualmente y que lo ha denunciado? ¿Acaso esta jueza desde su aparente misoginia no sabe el dolor que está causando cada vez que cuestiona la voz de la víctima o que no la deja acabar en sus exposiciones de lo que le ha ocurrido? Mi amiga Emilia me decía hace poco que es muy grave lo que está ocurriendo en la judicatura con respecto a las mujeres. El día a día le da la razón. Más

Sororidad, esa gran desconocida

Tere 9 octubre            La situación de las mujeres depende, en demasiados casos, del lugar en donde hayamos nacido. De ese modo, no es lo mismo vivir en Madrid o Barcelona que en Ontinyent, por ejemplo. Las realidades son diferentes, el acceso a determinados recursos es diferente, la posibilidad de acceder a reuniones, manifestaciones y otros eventos de forma presencial cambia, etc. Y todo ello sin salir del Estado Español.

Afortunadamente cada día somos más capaces de superar ese tipo de inconvenientes y los encuentros son más frecuentes. También es cierto que en la medida en que nos vamos apoderando de las redes sociales y de los espacios virtuales que nos brinda internet, la cercanía de esos encuentros es mayor y nos permite un mayor grado de encuentros.

Pero en demasiadas ocasiones nos olvidamos de “las otras”, las invisibles, las lejanas, las que no están aquí, las sin voz, las asesinadas, las anuladas por el sistema patriarcal y obligadas a venderse de múltiples maneras para sobrevivir, las que no pueden elegir nada en sus vidas, las vendidas, las humilladas, las esterilizadas de forma forzosa, las violadas de aquí y las de allá, las sometidas a la fuerza, las usadas como vasijas para procrear por dinero o por limpiezas étnicas, las esclavas sexuales, las que tienen diversidad funcionales, etc. Todas estas y muchas más son siempre “las otras”. Son mujeres sin presencia en nuestro día a día. Pero son y existen.

El feminismo, todos los feminismos reivindican la sororidad, la solidaridad entre nosotras. Pero en demasiadas ocasiones más que sóricas podemos llegar a ser muy olvidadizas de las situaciones de esas “otras”.

Poco a poco descubro que no es tan fácil ser sórica. Llevamos demasiadas mochilas heredadas para serlo siempre y con todas.

Pesan la clase, la condición, el etnocentrismo, las creencias religiosas y culturales, y un largo etc. que poco a poco nos permiten mirarnos el ombligo de nuestro día a día y de nuestras situaciones más cercanas. Es otra garra afilada del patriarcado.

Cuando en nuestros discursos nos olvidamos de esas “otras” lejanas o cercanas le hacemos un favor al patriarcado, porque permitimos que nos siga desuniendo. Y el objetivo para combatirlo es sumar, nunca restar.

Para sumar hemos de entender para integrar. Hemos de convencer sin invadir. Hemos de tolerar sin imponer.

Al patriarcado sólo se le podrá plantar cara de verdad desmontándolo, pero desde la complicidad entre nosotras y esas “otras” y con la incorporación cada vez mayor y más cómplice de muchos “ellos” que van tomando conciencia de que a ellos el puñetero patriarcado tampoco se lo pone nada fácil y que también combatirlo es cosa suya.

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