Días de duelo

            Comenzar el domingo pensando en que hay que volver a escribir sobre los asesinatos de tres mujeres en menos de cuarenta y ocho horas, os aseguro que no es plato de gusto. Pero el duelo por esta triste realidad se impone y no hay tregua.

Si, de nuevo tres asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas nos han golpeado estos días.

El cinco de julio en Madrid era asesinada de forma brutal M.J.A.A.[1] de treinta y siete años. Su asesino tenía una orden de alejamiento en vigor.

El seis de julio María Fuente de ochenta y cuatro años fue degollada por su marido en La Felguera (Asturias). El asesino después se suicidó.

El siete de julio Cristina M, de veinticuatro años fue apuñalada por su asesino a quien había denunciado y de quien estaba en proceso de ruptura. Deja dos huérfanas de dos y tres años. El asesino tenía orden de alejamiento.

Así se las juega el feroz patriarcado. Asesinándonos y ultrajándonos a las mujeres y a las niñas por haber nacido mujeres.

Y mientras la justicia, patriarcalizada por siglos de influencia judeocristina sigue a su ritmo y revictimizando a las víctimas supervivientes con estridentes preguntas y/o sentencias benevolentes con los asesinos y maltratadores.

El dolor es acumulativo. Lo sé por experiencia propia. Y también sé que por mucha sonrisa que se pueda exhibir en actos o eventos o simplemente en el trabajo, el dolor sigue corroyendo por dentro con cada agresión y con cada asesinato. Pero también con cada comentario que justifica las violencias de todo tipo. O con cada discurso de los de faldas largas y negras cada vez que se inmiscuyen en nuestras vidas. O con cada sentencia indulgente y, por tanto, justificativa de los malos tratos y vejaciones que sufrimos las mujeres por parte de sus señorías frufrús.

Todos estos personajes, junto con los inmorales que nos han gobernado los últimos seis años y que han recortado todo lo que podían y un poco más dejándonos todavía más indefensas, buscan que la culpa y el miedo se vuelvan a asentar en nuestros corazones y, de ese modo tenernos sumisas.

La culpa por vivir nuestra vida según nuestros propios códigos personales, por llevar la ropa que nos guste, por vivir como queremos y sin temerles. No lo soportan y por eso a la mínima ocasión reaccionan furibundamente con nosotras haciendo pagar a las víctimas de agresiones lo que ellos viven como un desafío a sus privilegios. Los de todos ellos.

El miedo, cuestionando nuestras voces e imponiendo las de los asesinos y agresores con sentencias y actitudes que en demasiadas ocasiones rozan el menosprecio incluso a nuestras vidas. Si se consigue imponer el miedo, la sumisión a sus dictados está garantizada.

Y lo hacen poco a poco, lentamente para que de ese modo tanto el miedo como la culpa y, por tanto el respeto al sistema sea naturalizado y nuestros discursos feministas sean ridiculizados, incluso por voces femeninas en las que ellos se apoyan. Más

Anuncios

Tribuna Feminista

Tribuna Feminista

Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz