De vuelta

         A pesar del silencio estival, las cosas, apenas han cambiado. Bueno sí, han evolucionado a peor.

         Mayor número de agresiones sexuales múltiples a mujeres. Mayor ferocidad en el discurso posmoguay para imponer “su” verdad cual dogma de fe, con lo que ello supone para los derechos de las mujeres y su seguridad. Mayor carga de trabajo y, por tanto, mental para las mujeres con el teletrabajo. Y así un largo etc.

         Con el tema de las violencias machistas ya es imposible hablar de todas las que se han sufrido en este tiempo de silencio: Asesinatos, violaciones, asesinatos de hijas e hijos, golpes, insultos e infinitas maneras más de violentarnos.

         Y, por si nos faltaba alguna cosa, hombres autoasignados mujeres compitiendo en las olimpiadas como mujeres. Con su sola palabra.

         Y este Gobierno, autoproclamado progresista y feminista, mirando hacia otro lado, sin querer mirar los problemas estructurales que sus propias políticas nos generan a las mujeres.

         Cuánta prisa se dio Sánchez en anunciar la creación de grupos en la Guardia Civil y la Policía Nacional para perseguir los delitos de odio contra las personas homosexuales, pero ni una palabra, ni tampoco ni una acción para combatir las violencias machistas. La judicatura tiene en sus manos instrumentos jurídicos para evitar que padres condenados por malos tratos a sus parejas no puedan ver a los hijos, pero apenas las utilizan, con el riesgo que ello comporta para las criaturas, como hemos visto y desgraciadamente seguiremos viendo.

         Al parecer, las vidas de las mujeres siguen sin importarles ni a la clase política, ni a la judicatura instalados ambos como están en un patriarcado que los lleva a estar cómodos en esa situación pese a que el precio de mantener esos estatus sean las vidas de mujeres y criaturas.

         Pero para acabar de empeorar las cosas, llegan los posmoguays, se apoderan del Ministerio de Igualdad cuya lucha debería ser contra todas las violencias machistas y todas las desigualdades que estructuralmente seguimos sufriendo las mujeres, y comienzan una cruzada para convertir en leyes los deseos de algunos sin ningún tipo de acreditación médica o psicológica. Ello, implícitamente, lleva aparejados nuevos peligros para las mujeres en muchos aspectos que van desde el lenguaje, porque se utiliza un neolenguaje que pretende hacer desaparecer palabras como “madre” o “mujer” para, de ese modo borrar el concepto de mujer y todo lo que lleva asociado en cuánto a derechos y protecciones específicas como sujetos políticos específicos que somos.

         Decepción tras decepción, salvo alguna honrosa excepción por parte de un Gobierno que ha dejado de gobernar a más de la mitad de la población que somos las mujeres. Nos ponen muy difícil plantearnos de nuevo el voto a opciones que creíamos que iban a buscar la justicia social pero que han acabado sirviendo los intereses, no siempre confesables, de algunas multinacionales que respaldan el negocio farmacéutico de las hormonas, las operaciones y mutilaciones físicas que supone lo que llaman “transicionar”, etc.

         El feminismo se ha quedado huérfano de izquierdas políticas como comprobamos cada día cuando se nos insulta e incluso agrede por estar disconformes con estas políticas. Políticas que hemos de recordar que van dirigidas a una minoría de la población en claro detrimento de otras mayorías.

         Este verano reflexionaba con un amigo de una opción política que no es de izquierdas y ambos decíamos lo mismo: Ni yo puedo hablar ya de “mi” gente en política y él afirmaba lo mismo. Hemos dejado de creer en los que hasta hace un tiempo eran para cada uno de nosotros “los nuestros”.

         Difícil lo tenemos a la hora de depositar el voto. Porque votar hay que votar, pero ya no tengo claro en qué sentido hacerlo.

         Si, ya sé que para ser el primer artículo de la nueva temporada no estoy demasiado optimista, lo sé. Pero tampoco quiero engañar a nadie. Así me siento.

         Pero, aunque a veces las fuerzas flaqueen y me sepa dentro de una disidencia a la que mis propias convicciones me han llevado, la luz del feminismo nunca se apaga y dentro de esa disidencia están mis hermanas feministas y las mujeres en general que son mi motor de cada día.

         Precisamente hoy hace veinte años me prometí a mí misma trabajar hasta mi último aliento para denunciar las violencias machistas en todas sus formas para intentar evitar sufrimiento a mujeres y niñas. Hasta ahora esa ha sido mi línea vital y espero que así siga hasta mi último aliento. Aunque no lo pongan fácil, ahí estaremos.

         Siempre hay una cosa que me conforta cuando me dan bajones por desesperación o cansancio y es que nunca me siento sola en la lucha y al tiempo pensar que, porque fueron, somos y porque somos, serán.

Ben cordialment,

Teresa

Descubrimiento

         Seguramente habrá quien piense, cuando lea esto que soy una ignorante. Vale, lo soy, pero también me considero curiosa y gracias a esa mezcla sigo disfrutando mucho con cada aprendizaje.

         ¿Qué por qué cuento esto? Por que hace relativamente pocos días estaba leyendo cosas por Twitter y tropecé con una información que me llevó a leer todo el hilo. Hablaba de cómo mujeres británicas y, después de que su selección de fútbol perdiera la Eurocopa ante Italia, abrían las puertas de sus casas a otras mujeres para protegerlas de las violencias machistas que se iban a generar tras la frustración de haber perdido la Eurocopa de fútbol.

         Me quedé pasmada. Nunca se me había pasado por la cabeza, así en frío, que esto pudiera pasar. Pero pasa y los agresores machistas usan a sus mujeres como saco de boxeo para liberar su frustración, perdiendo por completo el control de la situación ante una simple pérdida de un partido de fútbol. No consigo entenderlo. Igual es que nunca ha habido en mi vida ninguna persona con esa pasión por el fútbol y al mismo tiempo, baja tolerancia a la frustración.

         Esto ilustra a la perfección la esencia misma de las violencias machistas y el mito de las medias naranjas que sustenta al amor romántico. Pero también pone de manifiesto la aceptación generalizada de que nuestras vidas de mujeres son vidas de segunda o de tercera categoría que se pueden usar a conveniencia del agresor, sea este marido, novio, amante, etc.

         La cultura de la violencia de los campos de fútbol va más allá, como, al menos yo he comprobado hace poco. La masculinidad tóxica impuesta y vivida a lo largo de los siglos, sigue vigente en nuestros días. Un poco más disfrazada si se quiere, pero igual de violenta para con las mujeres.

         Y otra evidencia de lo poco que importan nuestras vidas. Se produce un asesinato de un joven por su orientación sexual y las redes arden, surgen manifestaciones espontáneas por todo el Estado, altares en su memoria, reivindicación de su memoria y repetición hasta la saciedad de su nombre, etc. Asesinan a dos mujeres el mismo día y solo se las nombra por las ciudades donde han sido, en el mejor de los casos asesinadas cuando no muertas, algún minuto de silencio en sus comunidades y algún tuit por parte de altas responsable de igualdad. Nada más. Judicialmente se investigará, faltaría más, pero ni arden las redes, ni se reivindica su memoria, ni manifestaciones espontáneas. Nada.

         El patriarcado y sus correligionarios posmodernos chupi guays, junto con un capitalismo salvaje están consiguiendo naturalizar esas muertes, adormecer conciencias para que, como el título de la película que interpretaba la gran Bardem, “Nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto”.

         Solamente el movimiento feminista radical, el que va a las raíces de los problemas, sigue denunciando las violencias machistas y exigiendo reformas de calado a nivel social y jurídico para proteger las vidas de las mujeres ante sus agresores y asesinos que duermen con ellas. Solo las feministas, como hicieron las británicas, claman y abren puertas para proteger a nuestras hermanas de las agresiones de quien dijo amarlas y protegerlas. A ellas y a sus criaturas, claro.

         Desde el feminismo exigimos respeto y una vida sin ningún tipo de violencias. Desde el feminismo denunciamos las actuales políticas de un Ministerio que no atiende las necesidades de las mujeres. Que no ha escrito ni una sola letra ni ha trabajado ni un solo minuto en la abolición de la prostitución, dejando en situación de esclavitud sexual y de violencia extrema a decenas de miles de mujeres y en un limbo la reproducción reproductiva de la compraventa de criaturas a través de los vientres de alquiler. Un Ministerio que no ha legislado ni una sola letra sobre educación sexoafectiva de nuestras criaturas y que está permitiendo que la pornografía sea la escuela de nuestra niñez y adolescencia. Una pornografía que violenta los cuerpos de las mujeres e incluso niñas y que sigue creciendo exponencialmente basándose en la violencia sexual sobre las mujeres.

Más

Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

Inicio de curso

Como cada año a mediados de septiembre, vuelvo a estas líneas a intentar aportar mi granito de arena al feminismo actual, con mis reflexiones y mis artículos sobre este maravilloso movimiento que, en algunos momentos, ha sido mi puente de salvación y un puerto donde refugiarme de mis propias tormentas personales.

Este año sufrimos, aparte de la pandemia mundial por el COVID-19 otra igual de importante, al menos para mí, y que pretende ni más ni menos, que el borrado de las mujeres del espacio público.

Siempre he dicho que el patriarcado se reinventa y se camufla para mantener el orden de privilegios que les otorga a los hombres dicho sistema jerárquico de dominación-opresión. Pues bien, en estos momentos existe una gran ofensiva patriarcal a la que el movimiento feminista va a tener que seguir haciendo frente.

Hay grandes frentes abiertos. A saber, mejor dicho, a recordar:

  • La abolición de la prostitución y de la pornografía como formas de violencias extremas contra las mujeres y las niñas. Y por tanto de la trata de personas con fines de explotación sexual
  • La prohibición expresa de la explotación reproductiva de las mujeres en forma de vientres de alquiler.
  • La actividad permanente en la denuncia del borrado de las mujeres que algunos partidos posmodernos y de la pseudo izquierda quieren legalizar al menos en el Estado Español.
  • La mejora en la lucha contra las violencias machistas que, como acabamos de ver en la macroencuesta sobre el tema, constatamos que son unas violencias que no solo no cesan, sino que aumentan. Es necesaria y urgente una reforma de la actual legislación en esa materia, para reforzar la prevención, la educación afectivo sexual en las aulas y la coeducación como sistema que refuerza relaciones humanas simétricas y horizontales además de, por supuesto, no jerarquizadas entre las mujeres y los hombres.
  • La mejora en la investigación sobre la salud específica de las mujeres más allá de los períodos específicos del embarazo y la lactancia. Y también y por supuesto, adecuar la investigación farmacológica a las características específicas de los cuerpos de las mujeres y sus propias fisiologías y metabolismos específicos.
  • Mantener la denuncia sobre la hipersexualización de las niñas desde su más tierna infancia, con fines comerciales o de otra índole, como el soporte a la pedofilia o a los abusos de estas niñas.
  • Por supuesto mantener una actitud absolutamente beligerante con la mutilación genital femenina, no solo en el Estado Español, sino en todo el mundo y combatirla con información, sensibilización y formación en origen.
  • No podemos dejar de mantener las luchas contra las segregaciones laborales horizontales y verticales que sufrimos las mujeres. Así como las brechas salariales e incluso digitales que nos afectan por ser mujeres. Hemos de combatirlas con uñas y dientes cada día.

Seguro que se me “olvidan” ahora y aquí muchos temas. Convencida estoy de ello. Temas como los problemas de las mujeres inmigrantes, las refugiadas, las que tienen diversidad funcional o intelectual, las mujeres negras o las indígenas, y así un largo etc. Pero todas, absolutamente todas, tenemos algo en común: la opresión patriarcal. Más

Referencias y referentes

         Con esto del progresivo borrado de las mujeres que pretenden las transgeneristas y su brazo político, el Ministerio de Igualdad es, si cabe más necesario que nunca dar referencias de mujeres a las niñas y niños que vienen detrás.

Y digo que es más importante si cabe, porque han de conocer que las mujeres hemos estado desde siempre y hemos contribuido con nuestros trabajos y saberes a mejorar las condiciones de vida de la población en general. Yo soy de las que estudiaron la Educación General Básica (EGB) y recuerdo que, aparte de la señora Curie, no aparecía ninguna mujer en los libros de historia. Ni cuando, ya en el BUP se nos enseñó machaconamente la revolución francesa, se nos mentó por un momento a Olympe de Gouges.

Y recuerdo tener en la última etapa de la EGB tener un profesor de esos que te ayuda a pensar y repensar las cosas y un día le pregunté el motivo por el cual las mujeres no aparecían en los libros de historia cuando sin ellas no se podrían tener hijos. Su respuesta fue demoledora: Estaban realizando las tareas de las casas y siendo buenas amas de casa criando y cuidando de sus vástagos. Así, con una sola frase, liquidó todas las aportaciones realizadas por las mujeres a lo largo de la historia y se quedó más ancho que largo. Eso sí, se las daba de progresista, como no podía ser de otro modo, pues estábamos a finales de los años setenta.

Sé que la cosa ha mejorado mucho con respecto a esos mensajes patriarcales e incluso misóginos que yo recibí, pero me sigue preocupando bastante que, con el pretendido borrado de mujeres, también se borre la genealogía no solo feminista, sino también y pura y duramente los avances producidos. Nuestras criaturas presentes y futuras deben conocer no sólo su procedencia, también las aportaciones que tantas y tantas mujeres han realizado a la sociedad y a lo largo de toda la historia. Su borrado, dejaría en la orfandad a las criaturas y su aprendizaje quedaría gravemente mermado y cuestionado por ser de sesgo patriarcal y machista.

Las mujeres hemos existido desde siempre. Y no, no provenimos de una costilla de Adán y por tanto no se nos ha de considerar inferiores a los hombres. Las mujeres, no solo hemos estado y contribuido a los aportes científicos realizados a lo largo de la historia, sino que además hemos cargado, también a lo largo de la historia con un trabajo añadido que nadie más que el patriarcado nos impuso: Los cuidados de nuestras familias, tanto en el sentido físico, como en el emocional.

Y por supuesto hemos compuesto música, hemos escrito novelas y tratados de botánica, hemos pintado cuadros, esculpido estatuas, inventado cachivaches variados y aportado fuentes de conocimiento en cada momento histórico. Recordemos, por ejemplo, que la inventora del sistema binario que se utiliza para el lenguaje informático fue Ada Byron. Si, la hija del poeta, pero él se llevó la fama y ella solo fue reconocida mucho más tarde. O que fueron mujeres también las que contribuyeron a que la NASA pudiera llegar a la luna. O que el lavaplatos lo inventó una mujer llamada Josephine Cochrane, allá por 1886

Estas aportaciones y muchas más, las realizaron mujeres. No seres con vulva, o seres gestantes, sencillamente mujeres. Con todas y cada una de sus letras M-U-J-E-R-E-S. Más

La importancia de las palabras: El ocho de marzo es el Día Internacional de las Mujeres

         Últimamente se da por nombrar a este día de forma acrónima y reduccionista como, simplemente, 8M. Deducimos que todo el mundo sabe cuál es su significado. Y quizás sea así, pero se oculta el verdadero sentido de ese día: las luchas de las mujeres.

También en los últimos tiempos y por diversos motivos la palabra mujer o mujeres, está desapareciendo como sujeto político de algunos discursos incluso de los feministas. Palabras como persona gestante, inclusión e incluso igualdad, ocultan que quienes realmente sienten en sus carnes la desigualdad creada por el patriarcado somos las mujeres.

Al ocultar el sujeto político en las definiciones, resulta mucho menos ofensivo para quien realmente es nuestro objetivo como feministas: La lucha contra el patriarcado que nos oprime. Y el patriarcado, como muy bien sabemos, se camufla de muchas maneras para persistir e inventa nuevos modos para mantener sus privilegios sobre las mujeres y las criaturas. E incluso utiliza formas camaleónicas para contaminarlo todo y camuflarse para no ser distinguido. Incluso utiliza esos camuflajes para introducirse en el debate feminista y así dividirlo, como lleva un tiempo ocurriendo.

El 8 de marzo es el Día internacional de las Mujeres. Lo conmemoraremos en unos días y aunque este año no se ha convocado una huelga feminista por caer en domingo, eso no merma ni un ápice la fuerza de las reivindicaciones feministas sobre las desigualdades y discriminaciones que sufrimos las mujeres. Insisto LAS MUJERES. Y todas las mujeres sin excepción.

Por ser mujeres nos asesinan. Por ser mujeres sufrimos violencias machistas de todo tipo. Por ser mujeres tenemos menos empleo, que no menos trabajo que de eso nos sobra aunque no está retribuido. Por ser mujeres cobramos menos, incluso en las pensiones. Por ser mujeres se nos intenta silenciar, incluso físicamente. Por ser mujeres sufrimos micro y macro machismos. Por ser mujeres no se nos cree cuando afirmamos haber sufrido agresiones. Por ser mujeres se nos viola como símbolo de fuerza y de dominio. Por ser mujeres se nos juzga dentro y fuera de los juzgados de forma patriarcal. Por ser mujeres Se cuestiona nuestras voces en los espacios públicos y privados. Por ser mujeres se nos prostituye y se nos explota sexualmente para ganar pingües beneficios con nuestros cuerpos. Por ser mujeres se nos explora reproductivamente como vientres de alquiler para, también obtener beneficios. Y, si además de ser mujer, sufres alguna diversidad funcional o intelectual, sufres muchísimo más. O si eres una mujer negra se tienen que sumar la, todavía persistente, segregación racial. Por ser mujeres las distintas religiones pretenden, y a veces consiguen, dictar nuestras formas de vivir nuestra sexualidad y nuestra maternidad.

El movimiento feminista siempre ha sido solidario con los movimientos de otras personas que se sentían discriminadas por sus diferencias. Movimientos todos ellos lícitos y que poco a poco han ido consiguiendo sus objetivos y, al mismo tiempo, olvidándose del los objetivos del movimiento feminista. Cuando no, directamente volviéndose en contra del mismo, aunque con un discurso lleno de eufemismos y siempre políticamente correcto. Más

Por la fuerza

         Esta mañana escuchaba en la radio los testimonios desgarradores de tres mujeres muy mayores describir como la condición de mujeres fue decisiva en la forma de ser asesinadas por el franquismo. Además de ser violadas, a veces en grupo, eran torturadas y asesinadas.

Después del golpe de estado franquista, casi toda la población sufrió las consecuencias de la dictadura, pero los peores efectos los sufrieron las mujeres, tanto en la forma de ser asesinadas como las que sobrevivieron a aquellas matanzas, porque ya no vivieron, mal vivieron toda su vida.

Jornadas de trabajo interminables en los campos o sirviendo en las casas de quienes apoyaron el golpe de estado, sin una alimentación adecuada, y en numerosas ocasiones siendo abusadas por los señores y señoritos de la casa o por los propietarios de las tierras, sumaban nuevas formas de tortura para aquellas mujeres.

El asesino felón Queipo de LLano desde los micrófonos de Radio Sevilla despertaba los más bajos instintos de las tropas franquistas animandoles a violar y a asesinar a las mujeres. Esa era una de sus consignas.

Este terrible ejemplo de mujeres asesinadas y violadas por los soldados franquistas no es más que un ejemplo de lo que ocurre en cualquier conflicto armado en cualquier parte del mundo. Que los cuerpos de las mujeres se convierten en territorios que ocupar de cualquier manera. A la fuerza, pero hay que ocuparlos. Son botines de guerra y, a su vez, territorios conquistados.

El patriarcado, en sus múltiples maneras de imponer sus reglas, impulsa la conquista de los cuerpos de las mujeres como diferentes formas de torturas. Quienes ya tenemos unos años, recordamos la guerra de los Balcanes, con el asesino de Milosevich y su estrategia de limpieza étnica en la que las mujeres eran violadas sistemáticamente por las tropas y secuestradas para que no pudieran abortar y, de ese modo, llegar a dañarlas en su ser más profundo.

En las guerras africanas como el genocidio de Ruanda o las guerras del Congo, las mujeres, de nuevo eran violadas para así humillar a las tribus rivales después abandonadas, aún a sabiendas de que sus familias las iban a rechazar precisamente por haber sido violadas. Más

Las olvidadas

         Ayer leí un mensaje en twitter que decía literalmente:

“Quedan quince minutos para que acabe enero y ya  hemos tenido el asesinato de Soleimani, Irán respondiendo con misiles a EE.UU., el derribo del avión, la muerte de Kobe, el coronavirus, el Brexit…Joder con 2020”.

         Quizás y a simple vista puede parecer algo normal la enumeración de estos hechos para valorar el primer mes del año. Pero, como siempre, al autor del mensaje se le pasaron las olvidadas: la mujeres y criaturas asesinadas por el machismo y que a lo largo del mes de enero han sido ocho mujeres y una niña y que desde el años dos mil cuatro ya son mil ciento sesenta y cinco las mujeres asesinadas por violencias machistas. Pero pese a las elevadas cifras, al parecer, solo desde el feminismo nos acordamos que nos faltan ellas y sus voces.

Después de quince años de la aprobación de una ley orgánica que fue pionera en el mundo, seguimos con cifras de vértigo y con gente que, a pesar de esas mismas cifras espeluznantes, niega la existencia de violencias machistas y pide la derogación de la ley.

La sensibilización para la prevención de estos asesinatos sigue siendo necesaria, pero al parecer a demasiada gente le importa poco la vida de las mujeres víctimas de estas violencias. Los recursos policiales y jurídicos son demasiado escasos y las mujeres siguen siendo asesinadas.

Dice la gente experta que el momento más crítico y, por tanto más peligroso para la vida de las mujeres, es cuando plantea la ruptura de la relación con su agresor y los meses siguientes. Y que la peor violencia no es la de las agresiones físicas que llegan cuando ya se ha ejercido la peor de las violencias, la psicológica. Más

Mujeres intercambiables

         Para el patriarcado más reaccionario y capitalista, las mujeres somos intercambiables. Como objetos que se acaban comprando, vendiendo o cambiando por otro que guste más. Objetos inanimados que, al parecer, ni sufren ni padecen y a quienes además nos gusta ser tratadas así e incluso peor.

Este es, esencialmente, el mensaje que el actual porno está transmitiendo a nuestra juventud. Un mensaje violento y de dominación de las mujeres para que se sometan a todos los deseos de los varones. Y en ese contexto inician demasiados chicos jóvenes su vida afectivo sexual.

Nos preguntamos en demasiadas ocasiones por el aumento de agresiones sexuales que sufren las mujeres jóvenes por parte de sus compañeros pero no nos acabamos de preguntar el motivo de la ausencia de este tipo de formación en las aulas.

Una formación afectivo sexual que condene los roles violentos dentro de las relaciones y que hable de empatía, ternura, solidaridad mutua, de deseo compartido y no de deseo impuesto, etc. Pero para hablar abiertamente de este tipo de asuntos en las aulas, primero ha de consensuarse políticamente esta necesidad en las aulas. Se ha de asumir que la falta de formación afectivo sexual en los colegios e institutos lleva implícita una violencia machista más, que añadir a la larga lista de violencias que el machismo ejerce sobre las mujeres y las niñas.

Para comenzar a poder las primeras piedras para eliminar las violencias machistas y siempre peligrosas en las vidas de las mujeres y las niñas, es fundamental que se tenga claro que este tipo de formación ha de estar en el curriculum de los centros y que las familias han de entender que sus criaturas son un bien social y no privativo.

Si buscamos un futuro en donde las niñas tengan realmente los mismos derechos que los niños tanto en su infancia como en su vida adulta y que por tanto no sean intercambiables, ni usables como mercancías, tendremos que comenzar a cambiar las reglas del juego, despatriarcalizando tanto la educación obligatoria como las reglas familiares respecto a cómo cuidar y educar desde la infancia a nuestras criaturas.

No podemos retrasar más la implantación de medidas educativas y familiares para que nuestras criaturas de hoy, que serán adultas mañana, aprendan que amar es algo mucho más importante y grande que la satisfacción de un deseo sexual puntual e impuesto.

No podemos, como sociedad, seguir transmitiendo a nuestras niñas que son intercambiables, ciudadanas de segunda y que han de estar siempre disponibles para satisfacer los deseos de otros incluso con riesgo de su propia integridad física si se niegan. Más

“Me too”

         Al parecer está a punto de comenzar el juicio contra Harvey Weinstein, el productor de cine norteamericano que acosó a mujeres del cine y que originó el despertar del feminismo en Hollywood que dio paso al movimiento “Me Too” que se convirtió en mundial.

Las mujeres que se enfrentaron a este magnate del cine americano sufrieron y sufren presiones por parte de los defensores de este hombre. Pero el “Me too” quizás sin buscarlo en sus inicios, empoderó a las mujeres a denunciar a quienes hasta entonces pensaban que eran intocables por acosar y abusar de las mujeres cuándo y cómo les viniera en gana.

Pero este es solo un caso más de los abusos de hombres poderosos hacia mujeres de su entorno o de fuera de él.

El pasado mes de agosto de 2019 el también magnate Jeffrey Epstein, fue hallado muerto en su celda de una prisión de Nueva York en donde se encontraba acusado de tráfico de menores. Según la Fiscalía, Epstein creó una red para abusar de decenas de niñas en su mansión de Nueva York, así como en otra situada en Florida, hace más de una década. Otro hombre poderoso atrapado por sus propios vicios y denunciado por mujeres que decidieron dar el paso y, de esa manera, llevarlos ante la justicia.

El caso de Epstein, además salpica a otro hombre poderoso que, al parecer, compartía orgías con él. Se trata del segundo hijo de la Reina Isabel II de Inglaterra, Andrés de York que, al parecer, ha sido apartado de la vida pública, precisamente por sus divertimentos con Epstein y que también ha sido denunciado ante la justicia por una mujer de la que abusó cuando era menor.

El “Me Too” todavía no había nacido cuando la camarera de un hotel denunció por abuso sexual, allá por 2011, al entonces todo poderoso Dominique Strauss-Kahn, por entonces Director del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este nuevo escándalo por un tema de agresión sexual, le supuso a este tipo su salida del FMI. Veinte meses después de la denuncia se llegó a un acuerdo judicial con la víctima para evitar el juicio. El aparato del patriarcado se puso en marcha para desacreditar la voz de la mujer frente al poderoso y, al final no se llegó a impartir justicia para esta víctima.

Pero este no fue su último encuentro con la justicia. Años después, el patriarcado volvió a hacer su trabajo y la justicia francesa le absolvió de un delito de “proxenetismo agravado” al participar con formas rudas en orgías. Como vemos, todo un personaje que se justificó a sí mismo porque “lo hacía porque necesitaba “sesiones recreativas” mientras estaba atareado “salvando el mundo”. Lo dicho todo un personaje… Más

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Alicia Murillo Ruiz

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