Una nueva tomadura de pelo

     Esta semana y, de nuevo, las mujeres hemos tenido que salir de nuevo a las calles para reclamar el cumplimiento de los compromisos adquiridos con nosotras. Se trata de la reducción de la partida de doscientos millones que se contempla en el pírrico Pacto de Estado contra la Violencia Machista para los Presupuestos Generales del 2018 que, como sabemos, están por aprobar.

Solo se han presupuestado ciento treinta de esos millones. Los setenta restantes desaparecieron por arte de magia. Y yo me sigo preguntando lo mismo ¿tan poco les importa la protección integral de nuestras vidas de mujeres y criaturas para actuar de esta manera tan inhumana?, ¿Acaso los impuestos que pagamos las mujeres no tienen el mismo valor que los que pagan los agresores sean del tipo que sean?

No perdamos de vista que quienes aprueben esos presupuestos están atentando contra nuestra integridad al permitir que la partida pactada no salga como inicialmente como estaba prevista. No olvidemos que esa falta de acción también es violencia. Se llama violencia de género institucional y tiene muchas caras y entre ellas está esta, la de recortar recursos sin importar las consecuencias, aunque ello comporte la pérdida de vidas de mujeres y criaturas.

Quien vote a favor de unos presupuestos sin la partida inicial que preveía el Pacto de Estado estará dando por válidas las políticas que ejercen violencia contra nosotras y nuestras criaturas y que, por tanto, permiten que nos asesinen.

Me da igual el color político, puesto que a estas alturas estoy más que harta de la palabrería que se utiliza de manera demagógica por casi todos los líderes políticos. Estoy harta de lacitos morados. O negros según sea la ocasión. No me valen los símbolos si estos no van acompañados de realidades. No me valen las palabras si no van acompañadas de hechos. Y hechos por parte de quien puede hacerlos, de momento, no veo ninguno. Y en política, tan importantes son las palabras como los hechos. Que no se nos olvide. Más

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Los Incel o el derecho al sexo

            Hasta el pasado viernes no había escuchado el término Incel en mi vida. Fue mi amigo Antonio quien me descubrió esta verdadera barbaridad. Bueno, pues al parecer los Incel (acrónimo en inglés de célibes involuntarios) son un movimiento o comunidad misógina, machista y racista que pretende que los Estados obliguen a las mujeres a tener sexo con ellos. Eso sí han de ser mujeres blancas y sin discapacidades.

En estos dos días he estado buscando información y, al parecer el despreciable ser que perpetró el atropello de Toronto era uno de ellos gracias a lo cual se está poniendo el foco sobre ellos.

El tema está tomando tal cariz que en el New York Times ya se ha publicado un artículo sobre el tema bajo el título   The Redistribution of Sex , escrito por Ross Douthat, donde se dice que hay que entender a esta gente y  se propone usar prostitutas o robots sexuales para evitar que este movimiento siga cometiendo atentados.

Y yo me pregunto al leerlo ¿estaremos perdiendo el norte como sociedad?

El deseo sexual, es eso, deseo. Y como deseo puede o no ser cumplido. Pero no es ningún derecho. Y mucho menos cuando se trata de utilizar a las mujeres como herramienta para satisfacerlo. Y si, he dicho herramienta, porque el nivel de cosificación implícito en el discurso misógino de estos “seres” que abogan porque el Estado les garantice el sexo, es de tal magnitud, que es difícilmente soportable.

Es lo mismo que los vientres de alquiler: pretender que los deseos (sexuales, parentales, etc.) pasen a formar parte del ordenamiento jurídico.

Deseos generalmente de hombres sobre los cuerpos y vidas de las mujeres a quienes estos impresentables de los incel, quieren usar a su antojo para desahogar sus instintos. No importa que sean mujeres tratadas y prostituidas como propone el articulista del New York Times cuando propone recurrir a la prostitución para frenarles. Solo le faltó decir aquello de: “Total, solo son putas”.

La mirada y el deseo patriarcal sobre las mujeres sigue siendo sorprendentemente misógino y desconsiderado.

Nada les importan las vidas que puedan destrozar para satisfacer sus deseos. Aquí tenemos a los cafres de “La manada” y tantas otras manadas que, esencialmente buscan lo mismo: satisfacer sus deseos sexuales a cualquier precio, puesto que pueden llegar a considerarlo un derecho.

En el Estado Español se denuncia una violación cada ocho horas. Y el número sigue al alza según datos oficiales. Más

Año electoral

            Falta algo más de un año para volver a las urnas y elegir a la gente que nos representará en Ayuntamientos y muchas Comunidades Autónomas. Bueno y también al Parlamento Europeo.

Han comenzado las encuestas de los principales partidos políticos aventurándose sobre todo con los resultados autonómicos. Y la maquinaria electoral de los partidos ya ha comenzado a engrasarse. Y también han comenzado ya los codazos por ver quiénes van en las listas electorales y en qué posición en función de muchos, demasiados factores. Es la liturgia electoral previa. Toda una serie de ritos que pueden acabar poniendo nerviosa a demasiada gente.

Y en esa liturgia previa en la que nos encontramos, de nuevo una mujer ha sido descabezada por el patriarcado político. Y esa mujer es Carolina Bescansa de Podemos.

Hablar de sustituir a Pablo Iglesias en un futuro junto a Errejón que le ofreció ir de número dos en su candidatura de la Comunidad Autónoma, ha sido su gran error y por lo que ya se espera en la dirección de Podemos su dimisión. Pablo Iglesias no admite competencia ni de palabra ni de pensamiento. Pablo Iglesias copia modos y formas aprendidas para mantener férreamente sus propias posiciones dentro de su partido. No admite ninguna duda sobre su liderazgo y eso se veía venir.

Pero este modelo de liderazgo patriarcal no es único de Podemos. No. Y cuando me refiero a modelo patriarcal, no me estoy refiriendo solo a las formas o a que solo aparezcan hombres en las fotos y esas cosas. No. El modelo de Cifuentes, por ejemplo, también lo es. Cuando hablo de modelo patriarcal me estoy refiriendo a la jerarquización en la toma de decisiones. Me estoy refiriendo a la no toma en consideración del valor y el talento de las mujeres como lideresas y con proyección propia y no siempre ligadas al macho alfa de turno. También me estoy refiriendo a la puesta en práctica en el fondo y no solo en las formas de la EQUIVALENCIA entre mujeres y hombres, la EQUIPOTENCIA o reconocimiento del mismo potencial y poder a mujeres y hombres y a la EQUIFONIA o reconocimiento de las voces de las mujeres con el mismo peso e importancia que las de los hombres.

Y eso, a un año de varios procesos electorales sigue sin darse. Se nos tiene que incluir porque la ley lo impone, de lo contrario estaríamos mayoritariamente en la segunda parte de las listas. Salvo excepciones, claro.

Yo me propongo ir observando los movimientos de los diferentes partidos con opciones de gobierno e ir viendo que tipos de perfiles se van construyendo en las listas. Y por supuesto qué estrategias van a ir marcándose. Me importa y mucho ver perfiles de la gente que vaya en las candidaturas y, por supuesto mirar sus programas electorales. No me sirven los perfiles de visita a los mercadillos y besos a las criaturas. No. Quiero ver potencia en sus mensajes. Quiero observar cómo temas referentes a la equidad no solo aparezcan en sus programas, quiero ver cómo se llevan a la práctica incluso durante este año pre-electoral.

Quiero escuchar las voces de las mujeres potentes que están ya en la política y las de las que se van a sumar. Y quiero escuchar en las voces de ellas y ellos palabras referidas a una sociedad más justa en su conjunto y no solo para la mitad de la población. Quiero posicionamientos claros sobre temas como los vientres de alquiler, sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus maternidades, aunque sean mujeres menores de edad a las que un embarazo no deseado les puede arrebatar sueños e ilusiones. Quiero leer y escuchar propuestas claras para la eliminación de la brecha salarial todavía existente. También quiero saber las posturas que se tienen sobre la investigación en la salud de las mujeres más allá de las etapas de embarazo y lactancia y que siguen siendo todavía inexistentes. Quiero ver propuestas claras sobre cómo corregir el actual desajuste de la conciliación entre la vida personal, laboral y familiar que impide a las mujeres tener carreras laborales igualitarias con respecto a los hombres. Quiero ver posicionamientos con respecto a la incorporación de un sistema realmente coeducativo en las aulas que ayude a potenciar los talentos de niñas y niños por igual. Quiero ver opiniones claras con respecto de la educación afectivo-sexual de calidad en las aulas desde edades tempranas. Más

Mentiras patriarcales

            Ayer tuve la ocasión de conocer a Ismael López Fauste en el marco de la Jornada Feminista que organizó la organización política Guanyar Alcoi y a la que me invitaron a participar. La Jornada en sí misma fue un éxito y desde estas líneas quiero volver a felicitar a quienes la organizaron y en especial al Naiara Davó que desde su convencimiento y activismo feminista consiguió que no hubiera ni una silla libre. Gracias por vuestros esfuerzos.

Hubo varias ponencias en las que se tocaron diferentes temas. Pero el más impresionante fue el que nos expuso este hombre joven.

Ismael es un periodista que a los veintiún años empezó a colaborar con revistas eróticas y figuras del cine X en España. Durante dos años y mientras trabajaba en medios como Canal Sur, recopiló información hasta el momento en el que decidió cortar el contacto con el lobby del porno en 2015. Un años después completó la redacción del primer manuscrito de su libro “Escúpelo” y lo colgó en internet. A esto le siguieron varias amenazas y la desaparición en la red del contenido relacionado con su investigación. Ahora ha encontrado una editorial independiente, Tandania, que lo ha publicado en papel. Obviamente compré dos ejemplares de su libro.

En los años que llevo estudiando y reflexionando desde el feminismo comprendí que todas aquellas actividades en las que se cosifica el cuerpo de las mujeres y se utiliza con fines mercantiles para placer o reproducción son condenables, al menos éticamente.

El patriarcado sigue buscando su placer y su perpetuación a cualquier precio. Y no duda en amenazar, extorsionar etc. tanto a hombres como sobre todo a mujeres para que no puedan escapar a estas redes incluso criminales que han tejido para su propio provecho y lucro.

Como es lógico todavía no he podido leer el libro de Ismael, pero se adivina duro. En su contraportada un comentario dice “La otra cara de la pornografía que el lobby del cine X trató de ocultar” que es el título de una entrevista que el diario Publico le hizo al autor del libro. Eso es esencialmente, lo que ayer nos contó el autor.

Ismael nos habló de las técnicas que se utilizan para captar a las chicas, cada día más jóvenes, para las grabaciones. De cómo estas gentes utilizan a otras mujeres como captadoras para que las chicas se sientan más seguras. Y en cómo justo después de firmar un contrato en el que queda explícito que la chica va a hacer las grabaciones de forma libre y voluntaria, en ese mismo momento en algunas ocasiones, son obligadas a realizar una grabación allí mismo y con el hombre que sea para que “ella pueda comprobar si va a poder o no hacerlo” prometiéndole que esas imágenes jamás verán la luz. A los pocos días de realizar la grabación las imágenes estaban en internet y habían sido vistas por muchas personas incluso amigas de esta mujer joven. A partir de ahí ya no pudo escapar de las garras de esta gente que además también y en demasiadas ocasiones las obliga a prostituirse. Más

El feminismo no muerde

            Según lo define María Moliner el feminismo es “La doctrina que considera justa la igualdad de derechos ENTRE hombres y mujeres. Movimiento encaminado a conseguir la igualdad.”

            Para la RAE es “La ideología que defiende que las mujeres deben de tener los mismos derechos QUE LOS hombres.”

Como podemos ver mientras la primera definición habla implícitamente de relaciones simétricas entre mujeres y hombres, con la segunda ya existe asimetría, puesto que coloca a los hombres en una posición superior en derechos a los que aspiramos acceder las mujeres. Como sabemos el lenguaje nunca es neutro y en este caso tampoco lo es, naturalmente.

Y si partimos de esa falta de neutralidad entenderemos cómo al manipular tanto su sentido original -denuncia de desigualdades- como su objetivo final -exigencia de equidad real en derechos y oportunidades- nos encontraremos con que cada vez que se habla de feminismo se desatan los demonios del patriarcado en forma de desprecio y degradación del término. Creo que estas reacciones en el fondo solo esconden los miedos del propio patriarcado que teme perder sus privilegios. Y no se trata de eso en absoluto.

Cuando las feministas denunciamos la falta total de igualdad y lo que es peor, de equidad entre mujeres y hombres, no nos lo estamos inventando. Sencillamente lo estamos viendo y sufriendo. Naturalizar esas desigualdades es una forma de enmascararlas y de disfrazarlas de falsa normalidad.

No es natural ni normal que las mujeres cobremos casi un 30% menos que los hombres por hacer el mismo trabajo y que por tanto también cobremos menos pensiones.

No es natural ni normal que nuestros cuerpos sean mercancías con las que tratar, comprar, vender, usar, abusar, etc.

No es normal ni natural que nuestra salud específica solo sea investigada en momentos como el embarazo y la lactancia y que a lo largo de nuestras vidas nos veamos sometidas a tratamientos médicos investigados y probados en cuerpos masculinos.

No es normal ni natural que las grandes religiones monoteístas busquen, a través del miedo y de la culpa nuestro sometimiento absoluto a sus doctrinas. Y por supuesto tampoco es normal ni natural que dicten normas morales sobre nuestras maternidades y nuestros cuerpos.

No es normal ni natural que a través de socializaciones diferenciadas se nos diga, desde incluso antes de nacer, que se espera de nosotras por ser niñas y mujeres y se nos muestren los límites de nuestras libertades con culpas y miedos. Más

Mediocridad política

Después del éxito de la pasada huelga feminista del 8 de marzo, toca aterrizar de nuevo en lo cotidiano. Y en ese aterrizaje, al menos yo, me he encontrado con mucha mezquindad.
No quiero ser pesimista, no es mi estilo, pero escuchando y analizando no ya solo los resultados de la huelga histórica, sino el día a día de la política, observo el grado de parálisis legislativa al que se ha llegado.
La falta de aprobación de presupuestos generales va mucho más allá de la aprobación de las cuentas del Estado. Conlleva la paralización de la puesta en marcha de proyectos y acuerdos previos. Y entre esos acuerdos está el Pacto de Estado contra la Violencia de Género aprobado el pasado otoño.
Y no pasa nada porque ese Pacto de Estado no se ponga en marcha. Ni siquiera en los aspectos en los que no se necesita de la aprobación de los presupuestos generales. Y no pasa nada porque, al menos la impresión que a mí me da, es que no existe voluntad política de ponerlo en marcha por parte de la gente que nos gobierna. Esa gente mediocre que es capaz de hacer chantaje emocional con un tema tan delicado como lo son los asesinatos de las mujeres y las criaturas para intentar que otros partidos les apoyen las cuentas.
Por supuesto el resto de partidos buscan también su particular rédito político a un teórico SÍ a esas cuentas. Pero entre esos réditos no se encuentra cómo objetivo prioritario la puesta en marcha de medidas que prevengan esos asesinatos de mujeres.
Y ahí me surge una duda que hoy quiero compartir, ¿Tendrá alguna cosa que ver con que todos los dirigentes de los partidos políticos sean hombres y por tanto no acaben de empatizar con lo que realmente supone la sangría de mujeres y criaturas asesinadas por el patriarcado, del cual ellos forman parte?
No quiero, ni de lejos, criminalizar a todos los hombres. Faltaría más. Sencillamente veo cómo, salvando excepciones de dirigentes de algunas instituciones, el tema de la igualdad entre mujeres y hombres es un tema atrayente dentro de la agenda política, pero no lo es de igual manera el de la prevención de las violencias machistas. Y se ha de entender que el máximo grado de desigualdad entre mujeres y hombres es el asesinato de mujeres. No se puede trabajar la igualdad sin trabajar, también y de forma indisoluble, la prevención de las violencias machistas de todo tipo. Más

Ni insolidarias, ni elitistas

            Sabido es que las mujeres del Gobierno de Mariano Rajoy no se caracterizan por su pensamiento progresista ni feminista. Son mujeres que defienden a capa y espada el patriarcado que las humilla y machaca, a pesar de que les haya cedido algunos espacios de cierto poder político. Y les ha cedido ese espacio entre otras cosas, porque las necesita dóciles para representar lo que es solo apariencia de igualdad.

Esta estrategia que se utiliza en algunas organizaciones no es nueva. Utilizar a algunas mujeres para atacar al resto de mujeres y a las movilizaciones que plantean las sufrieron nuestras antecesoras las sufragistas, por ejemplo.

En esta ocasión ha sido la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, en unas declaraciones donde ha asegurado que su manera de celebrar el día de la mujer el próximo 8 de marzo es trabajando, “con una huelga a la japonesa demostrando las capacidades que tenemos las mujeres en nuestro país”. La ministra no debe recordar aquello de las dobles e incluso triples jornadas que nos toca realizar a muchas mujeres del Estado Español tengamos o no tengamos empleos remunerados y que, por lo tanto, esa huelga a la japonesa que ella propone para contrarrestar la que se está organizando por el movimiento feminista, la hacemos cada día. Y precisamente por eso queremos parar, para que se note que cada día, las mujeres de todo el mundo movemos el mundo con nuestros trabajos tanto retribuidos como no retribuidos.

Tradicionalmente los partidos que gobiernan y que, por tanto tienden a alejarse de las necesidades reales de la ciudadanía, suelen temer a los grandes movimientos sociales como las huelgas generales. Ahora el PP está demostrando su temor al paro de mujeres del próximo 8 de marzo. Y lo teme, precisamente porque desde su visión patriarcal de las sociedades, es consciente de la parálisis que supondrá este paro general de las mujeres. Porque no se trata solo de un paro laboral, no. En esta ocasión se pretende ir más allá y que sea un paro laboral, de consumo, de cuidados, de estudiantes, de docentes, etc, porque el objetivo del paro es visibilizar todo el trabajo que realizamos cada día las mujeres y que no se valora, precisamente porque lo realizamos diariamente las mujeres.

El PP, en su argumentario para rebatir nuestras reivindicaciones habla de insolidaridad y de elitismo. ¿Precisamente ellas y ellos que han promovido reformas laborales que nos empobrecen todavía más a las mujeres son capaces de hablar de insolidaridad?. De verdad que es para echarse a reír, si no fuera por las consecuencias de sus decisiones políticas y que muy bien conocemos las mujeres.

¿Ellas y ellos que con sus rescates a bancos y amnistías fiscales han promovido un grado de desigualdad entre quienes más tienen y las personas con menos recursos e incluso promoviendo la llamada pobreza de la gente con empleo? De verdad que a veces se tiene que escuchar algunas cosas que dan ganas de responderles desde las barricadas.

Nos dicen que con esta huelga “se pretende romper nuestro modelo de sociedad occidental”, que es “irresponsable” o que “apuesta por el enfrentamiento entre mujeres y hombres”. A ver señoras y señores del PP, con los paros generales siempre se pretende cambiar alguna cosa que resulta opresora para el conjunto de la ciudadanía. Y, por tanto y en este caso, se pretenden cambiar algunas cosas, como por ejemplo el hecho de que el trabajo doméstico pase a ser realmente una corresponsabilidad familiar y no recaiga prácticamente todo sobre las espaldas de las mujeres. O que haya un mayor compromiso en las tareas de los cuidados. O que se tomen medidas efectivas para erradicar la brecha salarial de género y que ya ronda el 30% por el mismo trabajo realizado por mujeres y hombres. O que se pongan en marcha las medidas del pírrico Pacto de Estado contra las violencias machistas para que dejen de asesinarnos por haber nacido mujeres. Que se implante un verdadero sistema coeducativo para evitar desigualdades desde las edades más tempranas. Que se invierta en investigación sobre la salud de las mujeres y no solo se estudien las etapas de embarazos y lactancia. O algo tan súper sencillo, a ustedes que les gustan tanto las leyes, como aplicar y hacer cumplir Leyes Orgánicas ya aprobadas como la 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, o la 3/2007 para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres.

No señoras y señores del PP, no pretendemos ningún enfrentamiento entre mujeres y hombres. Ese discursos segregador y bélico es suyo. Nosotras pretendemos hacerles ver, con dignidad, que las mujeres somos el 52% de la población mundial y que invisibilizando nuestro talento y nuestro trabajo, el modelo de sociedad occidental del que ustedes hablan, sencillamente no existiría. Porque estamos, somos, construimos, aportamos, y se nos convierte en invisibles de manera deliberada. Y queremos hacer ver todas nuestras aportaciones para la construcción de sociedades más equitativas, más solidarias, más sostenibles y sobre todo más respetuosas con algo más de la mitad de la población mundial que somos las mujeres y las niñas. Más

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Alicia Murillo Ruiz

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