Mediocridad política

Después del éxito de la pasada huelga feminista del 8 de marzo, toca aterrizar de nuevo en lo cotidiano. Y en ese aterrizaje, al menos yo, me he encontrado con mucha mezquindad.
No quiero ser pesimista, no es mi estilo, pero escuchando y analizando no ya solo los resultados de la huelga histórica, sino el día a día de la política, observo el grado de parálisis legislativa al que se ha llegado.
La falta de aprobación de presupuestos generales va mucho más allá de la aprobación de las cuentas del Estado. Conlleva la paralización de la puesta en marcha de proyectos y acuerdos previos. Y entre esos acuerdos está el Pacto de Estado contra la Violencia de Género aprobado el pasado otoño.
Y no pasa nada porque ese Pacto de Estado no se ponga en marcha. Ni siquiera en los aspectos en los que no se necesita de la aprobación de los presupuestos generales. Y no pasa nada porque, al menos la impresión que a mí me da, es que no existe voluntad política de ponerlo en marcha por parte de la gente que nos gobierna. Esa gente mediocre que es capaz de hacer chantaje emocional con un tema tan delicado como lo son los asesinatos de las mujeres y las criaturas para intentar que otros partidos les apoyen las cuentas.
Por supuesto el resto de partidos buscan también su particular rédito político a un teórico SÍ a esas cuentas. Pero entre esos réditos no se encuentra cómo objetivo prioritario la puesta en marcha de medidas que prevengan esos asesinatos de mujeres.
Y ahí me surge una duda que hoy quiero compartir, ¿Tendrá alguna cosa que ver con que todos los dirigentes de los partidos políticos sean hombres y por tanto no acaben de empatizar con lo que realmente supone la sangría de mujeres y criaturas asesinadas por el patriarcado, del cual ellos forman parte?
No quiero, ni de lejos, criminalizar a todos los hombres. Faltaría más. Sencillamente veo cómo, salvando excepciones de dirigentes de algunas instituciones, el tema de la igualdad entre mujeres y hombres es un tema atrayente dentro de la agenda política, pero no lo es de igual manera el de la prevención de las violencias machistas. Y se ha de entender que el máximo grado de desigualdad entre mujeres y hombres es el asesinato de mujeres. No se puede trabajar la igualdad sin trabajar, también y de forma indisoluble, la prevención de las violencias machistas de todo tipo. Más

Anuncios

Ni insolidarias, ni elitistas

            Sabido es que las mujeres del Gobierno de Mariano Rajoy no se caracterizan por su pensamiento progresista ni feminista. Son mujeres que defienden a capa y espada el patriarcado que las humilla y machaca, a pesar de que les haya cedido algunos espacios de cierto poder político. Y les ha cedido ese espacio entre otras cosas, porque las necesita dóciles para representar lo que es solo apariencia de igualdad.

Esta estrategia que se utiliza en algunas organizaciones no es nueva. Utilizar a algunas mujeres para atacar al resto de mujeres y a las movilizaciones que plantean las sufrieron nuestras antecesoras las sufragistas, por ejemplo.

En esta ocasión ha sido la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, en unas declaraciones donde ha asegurado que su manera de celebrar el día de la mujer el próximo 8 de marzo es trabajando, “con una huelga a la japonesa demostrando las capacidades que tenemos las mujeres en nuestro país”. La ministra no debe recordar aquello de las dobles e incluso triples jornadas que nos toca realizar a muchas mujeres del Estado Español tengamos o no tengamos empleos remunerados y que, por lo tanto, esa huelga a la japonesa que ella propone para contrarrestar la que se está organizando por el movimiento feminista, la hacemos cada día. Y precisamente por eso queremos parar, para que se note que cada día, las mujeres de todo el mundo movemos el mundo con nuestros trabajos tanto retribuidos como no retribuidos.

Tradicionalmente los partidos que gobiernan y que, por tanto tienden a alejarse de las necesidades reales de la ciudadanía, suelen temer a los grandes movimientos sociales como las huelgas generales. Ahora el PP está demostrando su temor al paro de mujeres del próximo 8 de marzo. Y lo teme, precisamente porque desde su visión patriarcal de las sociedades, es consciente de la parálisis que supondrá este paro general de las mujeres. Porque no se trata solo de un paro laboral, no. En esta ocasión se pretende ir más allá y que sea un paro laboral, de consumo, de cuidados, de estudiantes, de docentes, etc, porque el objetivo del paro es visibilizar todo el trabajo que realizamos cada día las mujeres y que no se valora, precisamente porque lo realizamos diariamente las mujeres.

El PP, en su argumentario para rebatir nuestras reivindicaciones habla de insolidaridad y de elitismo. ¿Precisamente ellas y ellos que han promovido reformas laborales que nos empobrecen todavía más a las mujeres son capaces de hablar de insolidaridad?. De verdad que es para echarse a reír, si no fuera por las consecuencias de sus decisiones políticas y que muy bien conocemos las mujeres.

¿Ellas y ellos que con sus rescates a bancos y amnistías fiscales han promovido un grado de desigualdad entre quienes más tienen y las personas con menos recursos e incluso promoviendo la llamada pobreza de la gente con empleo? De verdad que a veces se tiene que escuchar algunas cosas que dan ganas de responderles desde las barricadas.

Nos dicen que con esta huelga “se pretende romper nuestro modelo de sociedad occidental”, que es “irresponsable” o que “apuesta por el enfrentamiento entre mujeres y hombres”. A ver señoras y señores del PP, con los paros generales siempre se pretende cambiar alguna cosa que resulta opresora para el conjunto de la ciudadanía. Y, por tanto y en este caso, se pretenden cambiar algunas cosas, como por ejemplo el hecho de que el trabajo doméstico pase a ser realmente una corresponsabilidad familiar y no recaiga prácticamente todo sobre las espaldas de las mujeres. O que haya un mayor compromiso en las tareas de los cuidados. O que se tomen medidas efectivas para erradicar la brecha salarial de género y que ya ronda el 30% por el mismo trabajo realizado por mujeres y hombres. O que se pongan en marcha las medidas del pírrico Pacto de Estado contra las violencias machistas para que dejen de asesinarnos por haber nacido mujeres. Que se implante un verdadero sistema coeducativo para evitar desigualdades desde las edades más tempranas. Que se invierta en investigación sobre la salud de las mujeres y no solo se estudien las etapas de embarazos y lactancia. O algo tan súper sencillo, a ustedes que les gustan tanto las leyes, como aplicar y hacer cumplir Leyes Orgánicas ya aprobadas como la 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, o la 3/2007 para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres.

No señoras y señores del PP, no pretendemos ningún enfrentamiento entre mujeres y hombres. Ese discursos segregador y bélico es suyo. Nosotras pretendemos hacerles ver, con dignidad, que las mujeres somos el 52% de la población mundial y que invisibilizando nuestro talento y nuestro trabajo, el modelo de sociedad occidental del que ustedes hablan, sencillamente no existiría. Porque estamos, somos, construimos, aportamos, y se nos convierte en invisibles de manera deliberada. Y queremos hacer ver todas nuestras aportaciones para la construcción de sociedades más equitativas, más solidarias, más sostenibles y sobre todo más respetuosas con algo más de la mitad de la población mundial que somos las mujeres y las niñas. Más

Por la huelga feminista del 8 de marzo!!

           Esta semana pasada compartía en redes sociales un vídeo en donde, algunas compañeras feministas, llamaban a la huelga de mujeres del próximo 8 de marzo. En el texto que acompañé para compartir ese vídeo comparé la huelga con un beso. Y me explico.

            Al menos para mí y desde siempre, cada beso no dado es un beso perdido. Y los besos de los que hablo no han de ser necesariamente besos de amor de parejas. Siempre que hablo de besos, los considero todos importantes: los de pareja, los de amistad, los familiares, etc. Bueno pues si considero que cada beso no dado es un beso perdido, con las huelgas me ocurre lo mismo, que una huelga no seguida es una oportunidad de cambio perdida.

Llevo en el mundo laboral desde octubre del año 1983, y desde aquel día he secundado todas y cada una de las huelgas a las que he sido convocada. Todas, sectoriales o generales. Como sindicalista de CC.OO. o como trabajadora de la Generalitat Valenciana. Porque como he dicho antes soy consciente de que con cada huelga se pretende cambiar a mejor algunas políticas, o parar algunos recortes llamados reformas laborales, por ejemplo.

Ahora estamos convocados todas y todos a una huelga el próximo 8 de marzo. Una huelga promovida por el movimiento feminista al que se han ido sumando diversas organizaciones y sindicatos y ya e superan las 300 adhesiones. Los sindicatos mayoritarios, CC.OO. y UGT han convocado paros parciales de dos horas por cada turno. Otros sindicatos como Intersindical han convocado paros de veinticuatro horas. Pero más allá del tipo de huelga que cada cual quiera seguir, lo realmente importante al menos para mí son los motivos que, por supuesto, me llevarán a secundar esta huelga.

Motivos podríamos decir que hay tantos como mujeres, puesto que todas las mujeres del mundo estamos sometidas a la feroz alianza entre el capitalismo y el patriarcado. Nos usan como material productivo y reproductivo, nos pagan menos por hacer el mismo trabajo, somos quienes tenemos “adjudicados” los trabajos de cuidados de personas mayores, menores y dependientes, coartan nuestras libertades reproductivas e incluso en algunas zonas del mundo seguimos sin tener derechos de ciudadanía, somos las que mayoritariamente nos encargamos de los trabajos domésticos llegando a tener dobles y triples jornadas laborales y así los motivos podrían llegar a ser infinitos.

Pero voy a centrarme en algunos de los que considero más importantes, porque esta huelga va mucho más allá de ser un paro laboral. Pretende ser una huelga en donde paremos en todo y para todo. Paremos de trabajar en nuestros centros de trabajo en donde continua habiendo una brecha salarial de cerca del 24%, lo que repercute no solo en los salarios actuales, sino también en las pensiones futuras.

Paremos de cuidar ese día para que el mundo se entere de quienes están realizando mayoritariamente ese trabajo y casi siempre de forma altruista y obsequiosa.

Paremos de estudiar y de acudir a clases, porque el sistema educativo actual está invisibilizándonos a las mujeres y las aportaciones que hemos podido realizar, pero también reproduciendo estereotipos para que el sistema opresión-dominación siga funcionando. Además de seguir ocupando espacios físicos y simbólicos segregados para niñas y niños, mujeres y hombres.

Paremos y manifestémonos para visualizar la intencionada paralización de la puesta en marcha del Pacto de Estado contra las violencias machistas y de género que está llevando a cabo el gobierno del PP al tiempo que intenta un chantaje continuado para que el resto de partidos les apoyen unos presupuestos nada sociales y sin ninguna perspectiva de género. Nos queremos vivas, libres y unidas por la igualdad. Nos queremos todas y a todas nuestras criaturas con vida y con dignidad, libres de violencias de cualquier tipo. Más

Modernidades y falacias

Hace algo más de un año y en un artículo llamado “Tradiciones y patriarcado: Otra alianza que perjudica seriamente la igualdad entre mujeres y hombres”, ya comentaba cómo el patriarcado se sirve de muchas herramientas para perpetuarse y cómo las tradiciones son una de esas herramientas.

Cuando se exigen cambios para construir sociedades más igualitarias y más equitativas entre mujeres y hombres, de inmediato aparecen las fauces patriarcales con sus herramientas y mil caras para desmontar los argumentos para esos cambios.

Se apuesta por la modernización y la investigación en las diferentes disciplinas académicas, en las industrias, en las administraciones, en todos los órdenes de la vida para (supuestamente) mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Pero cuando se trata de mejorar la vida de las mujeres y las niñas específicamente, para que estas sean menos desiguales, parece que entra una ceguera colectiva y  se abre la etapa de los “peros”, de los “siempre ha sido así”, “no lo hemos inventado ahora”, “eso conlleva estrechez de miras”, “a los hombres también nos pasa”, “es la puerta a un nuevo puritanismo sexual”, y así un largo etc. y esta semana estoy atenta a dos casos concretos.

Las consecuencias del movimiento mundial #MeToo en contra del acoso sexual que vivimos las mujeres al parecer no han gustado nada a Catherine Deneuve y un grupo más de mujeres francesas que hablan de “odio hacia los hombres y la sexualidad”. También advierten el regreso de una “moral victoriana” oculta bajo “esta fiebre por enviar a los cerdos al matadero”, que no beneficiaría la emancipación de las mujeres, sino que estaría al servicio “de los intereses de los enemigos de la libertad sexual, como los extremistas religiosos”.

A ver, por partes.

La justificación a algunos tipos de abusos que se ejercen contra las mujeres y las niñas de forma cotidiana, es directamente la asunción de la desigualdad entre mujeres y hombres y, por tanto, convertirse en una voz y en una herramienta del patriarcado que precisamente pretende mantener el orden asimétrico en esas relaciones para mantener el orden dominación-sumisión. La libertad sexual lo es realmente cuando dos personas desean por igual mantener cualquier tipo de relación desde una caricia hasta el propio acto sexual en sus múltiples formas y variantes.

Al menos para mí, la libertad sexual no pasa porque un hombre me diga que si no estoy con él soy una estrecha o una puritana. E incluso a una mujer que actuara así, tampoco se lo permitiría. Mi libertad sexual no nace de los deseos de otras personas, nace de mi deseo. No necesito que nadie me dé permiso para ser libre en cualquier ámbito.

El manifiesto de estas mujeres defiende a capa y espada los tradicionales roles femenino y masculino, sin apostar ni un ápice por cambiar nada. Patriarcado en estado puro. De nuevo la tradición pasa por la defensa de las normas marcadas por la parte dominante de esta situación. De nuevo quienes cuestionan este orden son las “marcadas” como diferentes por atreverse a cuestionarlo. Más

A por el 2018!!!

            Hoy acaba un año duro. A las noventa y siete mujeres asesinadas por ser mujeres hay que sumarle las siete niñas también asesinadas por sus padres. El balance en términos de vidas de mujeres y niñas es aterrador. Sencillamente escalofriante.

Y esto ha ocurrido justo en el año en donde se ha alcanzado un pírrico Pacto de Estado contra la violencia de género en el ámbito del Estado Español y el Pacto Valenciano contra las Violencias Machistas y de Género. Obviamente no se puede pretender que ambos estén ya funcionando a pleno rendimiento, pero sí que es exigible la voluntad política plasmada en los presupuestos de ambas administraciones de las partidas presupuestarias destinadas a poner en marcha todas las medidas pactadas en ambos documentos.

Soy consciente de que solo han pasado unos meses de la firma de ambos pactos. Pero también lo soy de que para los asesinatos de mujeres no hay tregua, ninguna tregua.

Hace bastantes años me comprometí conmigo misma y vitalmente con este tema. Y lo que siento cada vez que una mujer o una criatura son asesinadas por el patriarcado me resulta muy difícil de explicar. Es una sensación mezcla de rabia, dolor, al tiempo que refuerza mi compromiso para seguir intentando evitarlo. Y sé que no estoy sola en esto.

Del feminismo he aprendido mucho de muchas amigas y maestras de vida. He aprendido la sororidad y sus límites. Aprendí a detectar las múltiples facetas en las que actúa el patriarcado. A mirar con ojos feministas la realidad. A denunciar abiertamente aquellos sectores tan patriarcalizados que no les importa predicar, aún hoy en día y a través de sus libros sagrados, que el ejercicio de las violencias contra las mujeres era una manera de subordinarlas.      También aprendí a plantar cara a los machirulos cotidianos y a ponerles en su sitio. O a acusar a quienes teniendo herramientas jurídicas, políticas y policiales hacen oídos sordos a las voces de las mujeres víctimas, ejerciendo nuevamente de victimarios de ellas.

Pero de mis amigas y maestras de vida aprendí que en estas luchas nunca estamos solas pese a que lo parezca. Que somos muchas y cada vez más hombres se suman al rechazo y condena más absoluta de esta terrible manifestación del patriarcado.

En los últimos años y, a través de las charlas que me invitan a impartir, he podido comprobar cómo las mujeres jóvenes se acercan al feminismo abiertamente y sin miedos ni prejuicios. Mujeres que van a ser el relevo de las que ya tenemos unos años y que pensamos seguir dando la batalla hasta el final. Pero lo que más me alegra es ver como también hombres jóvenes se cuestionan sus propias masculinidades normativas y optan por la revisión de las mismas buscando una mayor equidad y simetría en sus relaciones con las mujeres.

Podríamos hablar de una cierta esperanza en que la fuerza y consistencia del patriarcado asesino está más cuestionado que nunca. Aunque no por eso pierde su poder asesino.

Nos quedan muchísimos temas que pelear y en todos los ámbitos. Temas relacionados con la utilización mercantilista de los cuerpos de mujeres y niñas a través de la trata de mujeres y niñas, de la prostitución, de los vientres de alquiler, de la publicidad, de la falta de investigación para que la salud de las mujeres sea tratada de la misma manera que la de los hombres. Temas relacionados con la brecha salarial y las desigualdades laborales. O los relacionados con la igualdad en el acceso a los espacios de toma de decisiones y de poder político, económico, académico, etc. O también temas relacionados con todo lo que nos queda por hacer para que los grandes medios de comunicación abandonen sus posiciones privilegiadas a la hora de redactar noticias sobre mujeres o del tratamiento que hacen sobre esas mujeres. O la recuperación de la memoria histórica de las mujeres que fueron olvidadas y ninguneadas sin ningún pudor.

Pero sobre todo no podemos olvidarnos de nuestras hermanas de otras partes del mundo a quienes por conflictos armados, por ejemplo, utilizan como arma de guerra en muchos sentidos. Mujeres cuyos cuerpos y vidas son utilizados sin ningún pudor por los mal llamados señores de la guerra no sólo como esclavas sexuales, sino también como elemento de elaboración de estrategias políticas como la natalidad, por ejemplo. O como elementos de humillación del adversario en el conflicto. O incluso como bombas. Más

Propuesta navideña

            Inevitablemente se acercan la fechas navideñas. Inexorablemente son tiempos de regalos y de buenos deseos. Incluso las personas a las que no nos gustan estas fechas, acabamos pronunciando la manida frase del “felices fiestas” como consecuencia de la catarsis colectiva que sufrimos socialmente. En fin, hay que pasarlas.

Este año propongo, a quien pueda leer esto, una reflexión como idea de regalo navideño. Y es la siguiente: ¿Qué pasaría si acabáramos (de una puñetera vez) con el patriarcado? ¿Nos lo pedimos?

Si definimos el patriarcado como: Una forma de organización  política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre  la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la línea de descendencia paterna sobre la materna. El patriarcado ha surgido de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos e hijas, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetuarían como única estructura posible.  El Patriarcado es el constructo primario sobre el que se asienta toda sociedad actual[1]tendremos pistas para poder preparar nuestra petición de regalo navideño que, al tiempo, podría ser nuestra estrategia colectiva para iniciar una campaña colectiva para sensibilizar contra este sistema opresor.

La terrible alianza entre los sistemas capitalista y patriarcal están renovando su ofensiva contra los cuerpos de las mujeres y las niñas y, de eso modo, reforzar su poder sobre ellos.

Tenemos ejemplos recientes y muy dolorosos sobre lo que digo. La violación en grupo de los malnacidos de la manada a una joven en Pamplona en julio del 2016 y el posterior juicio, incluidos algunos comentarios de los abogados de los malnacidos, la agresión sexual a una adolescente de 15 años por parte de tres jugadores de fútbol de la Arandina, la proposición de ley de Ciudadanos para regular los vientres de alquiler, los recortes de derechos a las jóvenes menores de edad para interrumpir voluntariamente sus embarazos, la cosificación masiva de los cuerpos de mujeres y niñas con el fin último de incitar a consumir y también a consumirlos por parte de los puteros, la hipersexualización de los cuerpos de las niñas siendo incluso bebés con el objetivo de vender, etc. nos hace ver que esa perversa alianza funciona. Y funciona bien.

Desde el feminismo la cuestionamos cada día y clamamos contra ella demostrando cotidianamente que es una alianza perversa y dolorosa que condiciona nuestra cotidianeidad e incluso nos destroza la vida con sus formas violentas de manifestarse o por los corsés que nos impone con su heteronormatividad sexual.

Sé que es una ilusión, pero quiero pensar que poco a poco y denuncia tras denuncia podremos ir recortando esos efectos perversos en nuestras vidas. Quiero pensar que el trabajo que mucha gente realizamos cada día en sensibilizar sobre la desigualdad que generan en todos los ámbitos de la vida estos sistemas opresores tiene resultados.

Que a las criaturas que escuchan en sus clases que mujeres y hombres han de ser iguales se les quede un poso para plantar cara a ese sistema y aprendan a relacionarse en igualdad de condiciones en todos los rincones de su vida. Que en sus planes de estudio se integre la educación afectivo-sexual que les ayude a entablar unas relaciones más simétricas y menos basadas en estereotipos que solo buscan someter a las mujeres.

Que de cada asamblea de trabajadores y trabajadoras en donde se expliquen las clausulas de los convenios en donde se esconde la desigualdad, sean esos mismos compañeros y compañeras los que las denuncien y exijan unas condiciones de trabajo y retribuciones igualitarias. Y que a su vez haya más mujeres en las negociaciones de esas condiciones de trabajo y de salarios. Más

Yo sí te creo!

            Esta semana ha quedado visto para sentencia el juicio contra los cinco malnacidos que violaron a una joven en Pamplona en las fiestas de los sanfermines del 2016.

Como hemos visto, los abogados de la defensa han utilizado todo tipo de estratagemas para desviar la atención mediática de sus clientes y hacerla recaer sobre la víctima, cuestionando como siempre, su verdad. En este caso la cuestión iba sobre el consentimiento o no a esas relaciones sexuales y sobre si hubo o no intimidación.

He de reconocer que leyendo algunas informaciones sobre esta estrategia me he planteado hasta qué punto está instalada en nuestro espacio simbólico colectivo la idea de que en el espacio público quien tiene la última palabra son siempre ellos.

Me parece muy cuestionable la deontología profesional de estos letrados al utilizar los argumentos que han utilizado, pero ellos sabrán los motivos. Lo que tengo muy claro es que la víctima, que ellos revictimizaron en el juicio, no creo que les pueda perdonar. Yo no podría hacerlo.

Pero sobre lo que hoy quería reflexionar es sobre la responsabilidad que tiene ahora el tribunal que ha de dictar la sentencia. Y lo digo en varios sentidos.

Si absuelve a los violadores de la manada, a esos malnacidos cretinos, estará dando carta de naturaleza a quienes entienden que violar a mujeres y niñas es algo implícito a la condición de hombre y que va mucho más allá del deseo sexual. Se trata de la máxima expresión del sometimiento de las mujeres a manos de cualquier hombre. Es una peligrosa manera de entender la masculinidad y, por ello habrá que analizar con lupa esa sentencia y no sólo en los términos jurídicos, sino también en términos sociológicos y, por supuesto, con las gafas moradas puestas.

Además si se cuestiona la verdad de la víctima, el tribunal seguirá aplicando la máxima de la falta de equidad a la hora de creer a mujeres y hombres por igual. O sea que dará por buenos los mitos existentes sobre las verdades de voces de las mujeres. Y esas verdades siempre son cuestionadas porque el patriarcado así lo ha impuesto.

Si estos dos argumentos no son ya de por sí delicados, queda también el del impacto social, puesto que al ser un juicio tan mediático se han puesto en evidencia temas como lo que puede o no ser el consentimiento de las relaciones o lo que puede o no ser intimidación.

¿Se imaginan ustedes una situación inversa? Que sean cinco mujeres jóvenes y vigorosas las que hubieran acorralado a un joven solo en un portal y le hubiesen obligado a realizar algunos actos a los que él no dice no porque se siente intimidado, pero queda hecho una piltrafa cuando ellas, ya satisfechas de su felonía, desaparecen.

¿A que cuesta de imaginar?. Y cuesta de imaginar porque, pese a todos los avances conseguidos en materia de igualdad, el patriarcado sigue manifestando todo su poder en todos los ámbitos. Y el de los excesos en la calle es uno de ellos.

El sentido de la posesión, el de invencibilidad, el de “me apetece, lo tomo” sin mesura, etc. son algunas características de este tipo de malnacidos que abusan de todo. Ni imaginarme quiero al miembro de la manada que es guardia civil y que tenga que acudir a defender a una mujer que haya sido agredida por su pareja. En qué situación puede quedar esa señora… Más

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes

Tribuna Feminista

Tribuna Feminista

Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz

F&S

Femenina y singular: el blog de Mar