Aclarando, que es gerundio

         Esta semana, leíamos en un tuit de Mónica Oltra, vicepresidenta i portavoz del gobierno valenciano del Botànic y, a su vez responsable de la Conselleria de Igualdad y Políticas inclusivas, algo que, al menos a mí, me dejó helada. El tuit decía esto: “No soy mujer por mis genitales, soy mujer porque me comporto y pienso como una mujer”. No creo que a la otrora bastante histriónica y un tanto radical Mónica Oltra se le tenga que explicar que este comentario rezuma machismo por sus cuatro costados.

         Recordemos que es la responsable de Igualdad del Gobierno Valenciano y que, se supone que ha de impulsar medidas para eliminar las desigualdades entre mujeres y hombres, luchar activamente contra las violencias machistas, y así un largo etc. para conseguir una sociedad libre de machismo, que recordemos que mata sistemáticamente a las mujeres por ser mujeres. Hoy mismo ha sido asesinada por terrorismo machista en Alovera (Guadalajara) que insisto nos asesina por ser mujeres.

Y nos viene Oltra con que detrás de la inclusividad, se escondía la interseccionalidad que defiende que los deseos individuales pasen por encima de los derechos ya conquistados de las mujeres.

Analicemos, si Oltra está donde está en estos momentos es gracias a las luchas de muchas mujeres feministas que nos precedieron y que incluso pagaron con sus vidas nuestros derechos de hoy, incluido el de ser electora y elegible como lo fue Oltra.

Con declaraciones como esta, Oltra no me representa como mujer, porque no defiende los derechos de las mujeres, defiende, como la ministra de Igualdad, los derechos de quienes, con su neolenguaje, pretenden borrarnos somo sujetos políticos específicos con unos derechos específicos conseguidos por las luchas del movimiento feminista a lo largo de la historia.

La interseccionalidad nunca puede representar nada que no sean deseos individuales, frente a un movimiento universalista como lo es el feminismo que busca la equidad integral y real de las mujeres frente a los hombres y, para ello se ha de legislar específicamente para buscar esa equidad.

La interseccionalidad que defiende Oltra, traducido para entendernos, significa que los deseos de algunas personas, mayoritariamente hombres, están por encima de los derechos de TODAS las mujeres. Significa que, si se lleva cabo ese despropósito, lugares de seguridad para las mujeres puedan ser invadidos por hombres que, por el simple hecho de “sentirse” mujeres puedan utilizarlos. Y este es sólo un ejemplo.

Pero lo más triste de todo es que debajo de esa interseccionalidad se le está haciendo el juego a un patriarcado feroz que busca aliados para camuflarse y seguir con su estatus de dominación de las mujeres como lleva haciendo hace siglos.

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Sororidad siempre, pero con ciertos límites

         Hace unos años ya escribí sobre este tema, pero hay cosas que, al parecer, no cambian.

         Hace unas semanas tuve un incidente con una mujer a la que conozco hace años y la verdad es que llegué a enfadarme, aunque creo que ella no de percató del asunto. No voy a relatar lo ocurrido por que forma parte de nuestra relación, pero no es la primera vez que ocurre. Y yo que vengo de un momento personal complicado, pues me resentí más si cabe.

         Estuve reflexionando sobre el tema de la sororidad y llegué a la misma conclusión que hace un par de años: Sororidad si, pero con ciertos límites. En nombre de la sororidad no puedo, ni quiero permitirme alterarme hasta el punto de perder la salud emocional y, por extensión la física porque soy de fácil somatización.

         En esta ocasión fue esta mujer, pero ha habido otros momentos con otras mujeres que incluso quiero mucho, pero por atender sus necesidades, me olvido a veces de las mías propias. Y con ello no quiero decir de mí misma que sea una persona excelente, sencillamente que a veces, como supongo que nos pasa a todo el mundo nos olvidamos de nuestras propias necesidades y prioridades por atender a otras personas.

         A mí, quizás por ser feminista radical que busca arrancar el problema del patriarcado de raíz y además ser coherente, me pasa especialmente con algunas mujeres. Y cuando descubro que, de nuevo he antepuesto sus necesidades o deseos y noto como me veo “envuelta” en situaciones no deseadas me siento mal, porque no he sido cuidadosa conmigo, porque en realidad no deseaba hacer aquello que pueda estar haciendo.

         Tengo una gran amiga y maestra, Fran, que la vida puso en mi vida hace unos trece años que a veces me recuerda “Las amigas son amigas siempre, pero pueden, y de hecho muchas veces llegan ser muy petardas, pero son amigas”. Y tiene toda la razón del mundo. Las amigas son amigas pese a los “petardeos” que puedan tener. Con un matiz, que esos “petardeos” no se lleven la salud emocional por delante. Porque en ese caso más que amigas son otra cosa que no sé todavía cómo definir.

         La sororidad implica ayuda y reconocimientos mutuos. Pero, precisamente en esa parte mutua, radica el que se pueda practicar verdadera y sinceramente la sororidad.

         Estamos en un momento social muy complicado en donde prima el deseo sobre el derecho, el “yo” sobre el “nosotras y nosotros” y eso, aparte de producirme tristeza me da la sensación de que nos estamos convirtiendo en una especie de criaturas malcriadas que lo queremos todo y ya. Sin lucha colectiva, sin solidaridad ni empatía con el resto de las personas.

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No podemos olvidar

         Recuerdo que hace veinte años ya compré el libro que Juan José Millás escribió sobre Nevenka Fernández. Libro cuyo nombre no recuerdo, lo siento. Me impactó la tolerancia social con los actos de acoso sexual de gente que se creía intocable y que gracias a la denuncia de Nevenka que, recordemos, se tuvo que exiliar, alguna cosa hemos avanzado.

         Debo ser una rara avis por no tener Netflix y, por tanto, no haber podido ver la tan nombrada serie sobre el tema, visto con veinte años de diferencia.

         Nevenka fue un punto de partida en la denuncia de las violencias ocultas que padecemos las mujeres.

No recuerdo si fue antes o después llegó el caso de Ana Orantes, asesinada por su marido, recordemos que fue condenada judicialmente a vivir con su agresor quien la acabó asesinando días después de que contara en una televisión su caso.

Un caso quizás menos conocido, pero igual de doloroso fue el asesinato, disfrazado de incendio de una exconcejala de Esquerra Unida, Dolores Moya González, a manos de su marido, también concejal de esa misma formación que después se ahorcó en la enfermería de la prisión de Picassent (Valencia).

Ahora, está en boca de todo el mundo el hecho de que Rocío Carrasco Mohedano, hija de Pedro Carrasco y Roció Jurado, haya decidido contar su verdad sobre la relación con el padre de sus hijos, el exguardia civil apartado del cuerpo por quedarse con dinero de sanciones y que, según las palabras de ella misma, la amenazó con hacerle la vida imposible.

Todo el mundo la ha culpado en algún momento de ser mala madre porque siempre ha mantenido silencio sobre ese tema mientras el padre iba de plató en plató contando lo que le apetecía y ganado dinero a su costa. Ella mantuvo silencio todos estos años.

El poco o nulo apoyo recibido por su familia y su silencio extremo han facilitado todo tipo de especulaciones. Sólo su pareja, ahora su marido, y sus amistades más allegadas, al parecer conocían la verdad del infierno que vivía esta mujer conocida.

Desde el año 2003 son más de mil mujeres asesinada a manos de sus parejas o exparejas. Son cientos de miles las que viven en un estado de terror permanente aprisionadas dentro de sus hogares donde, en principio deberían ser espacios seguros. Porque se sigue negando la evidencia de las violencias machistas.

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Alianzas patriarcales

         Esta ha sido una nueva semana convulsa democráticamente hablando. El pasado martes detuvieron a Pablo Hasél a la fuerza puesto que estaba en orden y captura por no haberse presentado e ingresado en prisión. En el último momento se atrincheró con otras personas en el rectorado de la Universidad de Lleida, en donde entró la policía autonómica catalana y le detuvieron el pasado martes día 16 de febrero.  

         A partir de ese momento y de una manera totalmente interesada, alguna gente le convirtió en una victima del sistema opresor que impide la libertad de expresión en el Estado Español. De ahí a las algaradas nocturna, un solo paso y cada noche ha habido concentraciones, quema de contenedores, ruptura de escaparates, etc. Y cómo no, cargas policiales desmesuradas que con una pelota de foam hirieron a una manifestante que acabó perdiendo un ojo.

         La gente de izquierdas y republicana “compramos” el discurso del encarcelamiento de Hasél por injurias a la corona y más cosas por parte de Tribunales de derechas que solo encarcelan a gente que les molesta y siempre amparados en la nefasta ley mordaza.

         He aquí un argumentario perfecto para cabrearnos a toda la izquierda por un nuevo caso de acoso a la libertad de expresión. Todo encaja a la perfección.

         Pero hete aquí que un par de días después y trasteando por twitter me encuentro con un tuit de mi admirada Pilar Aguilar Carrasco que me dejó ojiplática y resituada en el tema. Resulta que la “víctima” encarcelada y origen de las revueltas es un misógino activista y violento. Y no solo en las redes sociales.

Y ahí aparecen los límites y las preguntas. Y, por supuesto, las respuestas. Pero vamos por partes.

El pijoprogre encarcelado, ha sido juzgado por injurias a la corona y temas similares, por lo que está en la cárcel. La gente que le juzgó es absolutamente sensible a la ofensa a las instituciones, pero por lo visto, completamente insensible ante las ofensas y amenazas a las mujeres que, recuerdo, somos algo más de la mitad de la población mundial. Primer punto de la alianza patriarcal. O, lo que es lo mismo, no puedes meterte con una institución que como se está viendo, está bastante deteriorada por sus propios actos, pero puedes decir y cantar lo que te venga en gana contra las mujeres, aunque tus palabras reflejen violencias machistas de todo tipo.

Segunda parte. Las revueltas consecuencia del encarcelamiento de este “angélico”, son violentas y destructiva, porque están irrumpiendo en el espacio público (tradicionalmente masculino) para destrozar mobiliario urbano (recursos públicos que pagamos entre toda la población) e incluso atentando contra los negocios que son la fuente de ingresos de familias. O sea, ¿ejercer violencia callejera, para reivindicar la libertad de expresión de un tipo machista y misógino? O, ¿acaso se ejerce como muestra de una virilidad mal entendida? O, lo que todavía podría ser peor ¿para reivindicar las violencias machistas en los mensajes de twitter y en alguna letra de Hasél? Que cada cual saque sus propias conclusiones. Segunda alianza patriarcal.

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Sobre los pitufos y la pitufina

         Es muy curioso ver cómo incluso el corrector me marca como error la palabra “pitufina” pero no la de “pitufos”, en fin, ya sabemos cómo funciona esto de los lenguajes y el genérico masculino. Otra herramienta del patriarcado para la ocultación de las mujeres en los espacios simbólicos de la creación del pensamiento.

         Esta semana, y no recuerdo exactamente donde, escuché un argumento que me hizo reflexionar. El argumento en cuestión era el siguiente: Si observamos el mundo de los pitufos están muchos representados como, el “abuelo pitufo”, “fortachón”, “vanidoso”, “gruñón”, “granjero”, etc. pero en cambio solo en 1966 apareció una pitufina que debía representar a todas las formas que en ellos eran diversas. Hemos de recordar que la primera aparición de estos dibujos fue en 1958. “Solo” tardaron ocho años. Nada más…

         A raíz de este comentario tan aparentemente sencillo, mi cabeza comenzó a dar vueltas alrededor de eso.

         No haber puesto ninguna pitufina en el universo pitufil, hubiera sido tachado de muy machista, incluso en aquellos años. Y la incluyeron.

         Pitufina fue creada por Gárgamel (el malo) usando arcilla y un hechizo que la hizo malvada, con el fin de que usara sus encantos y provocara los celos y la competencia entre los Pitufos, asegurando su destrucción. La dejó en el bosque y Pitufo Fortachón la llevó a la aldea pitufa, donde hizo travesuras al punto de que nadie la soportaba. ¿Nos va sonando el tema y sus coincidencias? ¿No os recuerda cómo surgió Eva de la Biblia? O no, solo por la forma de aparecer. Pero en realidad se parece mejor a la teóricamente pérfida Lilith. Sigo.

         Es una de las cuatro mujeres de la aldea, pero ella fue la primera en aparecer. Tiene rasgos más delicados que los demás, con el pelo ondulado rubio largo y pestañas largas. Usa un vestido blanco y tacones altos del mismo color. Su interés es cuidar y querer a cada Pitufo. Seguimos con los estereotipos femeninos por antonomasia.

         Como vemos en este personaje, asimila todo aquello que se espera de las mujeres para que, desde la más tierna infancia, quede claro la multiplicidad de posibilidades de los varones frente a las limitaciones y perversidad de las mujeres. O, dicho de otro modo, otra forma de violencia estructural social que supone la ocultación de las mismas posibilidades para mujeres y hombres de forma equitativa.

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No es patologización

         Hay gente que cree que seguir pensando que la correcta aplicación de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas es promover la patologización de las personas transexuales.

         En dicha ley se explica el procedimiento mediante el cual se puede llevar a cabo el cambio del nombre propio de la persona, a efectos de que no resulte discordante con su sexo registral.

         Es su artículo 4 el que especifica los requisitos para acordar la rectificación. Y justo en ese artículo habla de “informe de médico o psicólogo clínico, colegiados en España o cuyos títulos hayan sido reconocidos u homologados en España” y que deberá hacer referencia a una serie de aspectos más o menos concretos.

         Bien, vamos a analizar otra serie de procedimientos en los cuáles nadie cuestiona la necesidad de informes de médicos.

         Cuando cada comunidad autónoma regula su legislación específica sobre la concesión de los grados de discapacidad o diversidad funcional a las personas solicitantes, habitualmente incluso en las revisiones de grado a petición de quienes las solicitan, son obligatorias las revisiones médicas por parte de los servicios acreditados para dichas concesiones o revisiones de grado. Incluso a la solicitud se debe acompañar cualquier informe de su médico o médica de atención primaria o del especialista en cuestión. Y la solicitud se puede realizar por temas físicos o psicológicos, lo que puede incluir informes de los especialistas en dicha materia. Después el Servicio de Valoración competente resolverá si se ha de realizar otra valoración o, si es muy evidente, no es necesaria y se adjudica un determinado grado de discapacidad o de diversidad funcional a la persona solicitante. Pero si dicho grado adjudicado no llega al 33% no se tiene ningún tipo de beneficio. Con lo cual una persona puede tener la condición de discapacitada o con diversidad funcional, pero sin beneficios. Eso sí, aquellas que obtengan un grado igual o superior al 33% deberán acreditar con su tarjeta o resolución administrativa, dicha condición para cualquier efecto que deseen.

Y yo me pregunto, ¿Esas revisiones con objeto de dar unos beneficios a personas que sufren física o psicológicamente, y que puedan acceder a beneficios sociales e incluso fiscales, es patologizarlas? Creo que más bien es lo contrario. Es poner a su disposición una serie de mecanismos y acciones positivas que les ayuden en su día a día. Pero no se patologiza a nadie, sencillamente servicios médicos acreditados por cada comunidad autónoma certifican que esas personas merecen esa consideración en base a sus situaciones físicas o psicológicas.

Otro ejemplo de lo que pretendo decir.

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Posmodernismo en las izquierdas

         Desde hace unos años asistimos a un lento pero insistente intento de adoctrinamiento por una parte de la sociedad, en general económicamente pudiente, que bajo el paraguas de la defensa de “sus” derechos, va minando los derechos de otras personas y, muy en concreto, los de las mujeres.

         Shangay Lily los denominaba con acierto “Gaycapitalistas”. Son quienes confunden sus deseos con derechos que deben ser conquistados. Son quienes habitualmente se “olvidan” de los derechos de las mujeres lesbianas o quienes reivindican que su deseo de paternidad sea convertido en derecho, aunque ello implique la explotación reproductiva de mujeres vulnerables económicamente hablando.

         Son también, quienes han convertido la expresión “inclusión” en un coladero de despropósitos como el movimiento transgenerista, que no transexual. Tienen la capacidad de utilizar un neolenguaje que lo confunde todo baja el falso pretexto de la reivindicación de sus derechos, cuando en realidad lo que pretenden es confundir derechos con deseos y convertir estos últimos en legislación, pese a que sea a costa del borrado de las mujeres.

         En su neolenguaje no existe la palabra mujer. La están borrando porque para estas personas, el sexo no existe y, por tanto, las mujeres como tales y biológicamente hablando, no existimos. Y, como consecuencia nuestros espacios seguros, han de ser compartidos con quienes se “sienten” mujeres, aunque hayan sido violadores o agresores machistas. Para esta gente, su deseo prima sobre nuestros derechos.

         Y lo peor de todo es que sus tentáculos han llegado hasta el Gobierno del Estado y llevan camino de conseguir que se legisle para que sus deseos se conviertan en leyes, aunque para ello se tengan que sacrificar derechos de más de la mitad de la población que somo las mujeres y las niñas. Es una nueva cara del rancio patriarcado de toda la vida ahora disfrazado de posmodernismo.

         Hace años, en mis primeros años de estudio de feminismos e igualdad, tuve maravillosas maestras, pero entre ellas quiero mencionar a una que, precisamente por su procedencia y militancia progresista y comprometida socialmente, dijo una frase que se quedó en mi corazón y en mi mente. Ella es Laura Nuño y nos dijo aquella, al menos para mí, frase mágica:

“El machismo no entiende de derechas o de izquierdas. El machismo solo entiende de privilegios de los hombres sobre las mujeres. En la izquierda, por tanto, existe el mismo machismo que en la derecha”.

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Otras formas de violencia machistas

         Dentro de algo más de una veintena de días conmemoraremos el Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres. Concretamente será el 25 de noviembre. Y, como cada año, aparecerán datos y más datos sobre las violencias que se ejercen contra las mujeres y también, y es justo decirlo, contra las criaturas.

         Su conmemoración es necesaria para seguir sensibilizando a la población en general, pero también ha de servir para que, quienes siguen negando que las violencias específicamente machistas existen, aprendan a distinguir en sus discursos esos tipos de violencias.

         A pesar del trabajo realizado por el movimiento feminista en las últimas décadas, hay que seguir realizando tareas de pedagogía para ir definiendo estos tipos de violencias y, de ese modo, caminar con paso firme hacia su erradicación.

         En este tiempo de estudios, intervenciones, sensibilización, movilizaciones, etc. no han faltado los traspiés ni las involuciones. Y ahora parece que nos encontramos en uno de esos momentos.

         A la gente negacionista de las violencias machistas se unen aquellas gentes que niegan el sexo y buscan satisfacer su deseo de un género autoasignado, mayoritariamente hombres que, al reasignar su género, pueden acabar ocupando espacios de seguridad para las mujeres y agredirlas. Estamos hablando de baños públicos, módulos penitenciarios específicos para mujeres en los cuáles su integridad física está garantizada, etc. Y todo ello con permiso de las actuales dirigentes del Ministerio de Igualdad.

         Buscar el enfrentamiento entre el feminismo y el colectivo transexual es una estupidez porqué, al menos con la información que manejo, sus reivindicaciones han ido de la mano hasta que el movimiento transgénero ha irrumpido con fuerza buscando el enfrentamiento y que sus reivindicaciones (recordemos, sus deseos) sean convertidos en ley, pasando por encima de las mujeres, a quienes pretenden borrar como sujeto político específico. Una neolengua está haciendo correr ríos de tinta con ese objetivo. Las amenazas e insultos a quienes pretendemos desnudar esos objetivos de borrado de mujeres y hablamos de abolición del género como elemento opresión y de dominación hacia las mujeres, son constantes en las redes y de una violencia inusitada.

         Esto, también es violencia machista, porque se ejerce contra las mujeres por haber nacido mujeres. Y es denunciable. Porque los deseos, son deseos y el sexo es el sexo con el que una persona nace. Es algo biológico que permite construir una anatomía completa de ese ser humano en base a su sexo biológico.

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Frustración

         A veces, desgraciadamente en demasiadas ocasiones, cuando una mujer llega a ocupar cargos de responsabilidad, creemos que por ser mujer atenderá con mayor sensibilidad los problemas que nos afecta por haber nacido mujeres como las desigualdades sociales, laborales, etc.

         Olvidamos en esos momentos que todas y todos hemos sido socializados por un patriarcado feroz que nos mandata qué es ser mujer y cómo comportarse y qué es ser hombre y cómo vivirlo. La socialización diferenciada actúa sutilmente para indicarnos qué se espera de nosotras y de ellos, sin apenas márgenes.

         Y, por eso mismo, algunas personas confunden ser mujer con ser feminista y les exigen a las mujeres que están en el ámbito público un mayor esfuerzo que a los hombres. Y no, eso tampoco es justo.

         Para tomar realmente consciencia de lo que significa la opresión por ser mujer, por haber nacido como mujer hay que dedicar tiempo y esfuerzo para el análisis sociopolítico actual y también el histórico. La opresión por haber nacido como mujer se remonta a muchos siglos, decenas de siglos atrás y, por tanto, no es casual que pervivan situaciones de desigualdad derivadas de los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres.

         Las actuales corrientes posmodernistas que pretenden legalizar la prostitución, los vientres de alquiler y la autodeterminación del género por simple decisión personal son, desde mi punto de vista nuevas estrategias patriarcales para seguir manteniendo sus privilegios. Pero ahora con el agravante de que además persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos específicos para pasarlas a objetos de consumo a todos los niveles. O lo que es lo mismo, misoginia en estado puro.

         Y me resulta especialmente triste y frustrante ver cómo algunas mujeres al frente de instituciones importantes se hacen eco de estas tesis posmodernistas que pretenden el borrado de las mujeres y la negación del concepto “sexo”, con todo lo que ello conlleva, para erigirse en adalides de las libertades. Y hoy no estoy pensando solo en el equipo del Ministerio de Igualdad que ya comienza a utilizar los datos de manera interesada y en parte falsaria. Estoy pensando también en Barcelona y en su alcaldesa.

         Mujeres que se han doblegado a los intereses de los lobbies patriarcales de proxenetas que controlan el negocio ilícito de la trata de personas con fines de explotación sexual y la pornografía, y a quienes pretenden lucrarse con los cuerpos de las mujeres a través de la explotación reproductiva.

         Y todo ello sin contar que desde sus respectivas instituciones están intentando aleccionar a niñas y niños sobre la autodeterminación de su género, mediante la pseudo teoría queer. A estas criaturas, les pueden estar causando perjuicios a lo largo de su vida además de convertirlos en presas fáciles para los pederastas que consideran esta teoría que los exculpa de sus problemas, una bendición para sus propósitos. Y a las niñas y los niños víctimas inocentes, pues ya si eso, los pensamos otro día.

         La frustración que, como feminista siento, es infinita. Pero también son infinitas las ganas de combatir estas actitudes promovidas por mujeres en las que confié y que han demostrado que no son feministas, puesto que no trabajan para mejorar las condiciones de vida de tantas mujeres oprimidas por la explotación sexual y la reproductiva. Como tampoco lo han demostrado pese a que una ostente la representación del Ministerio de Igualdad y la otra tenga, dentro de la Comisión de Gobierno, toda un área denominada “Área de Derechos Sociales, Justicia Global, Feminismos y LGTBI”. De esta área dependen varias concejalías, pero ninguna de ellas es de feminismos.

Por otra parte, el feminismo y la defensa de los derechos de las personas del colectivo LGTBI, en demasiadas ocasiones han ido de la mano, pero precisamente en este momento, una parte del colectivo LGTBI está a favor del borrado de las mujeres como sexo femenino y eso es bastante peligroso, al menos desde mi punto de vista. Y también es contrario a la esencia del pensamiento feminista.

         Por eso, sin pretender ser nadie que reparta carnés de quien puede ser o no feminista, creo que estas dos mujeres que ostentan altas representaciones están fallando a las mujeres en su conjunto y a la infancia, poniéndoles en el punto de mira de algunos depredadores sexuales.

         Como decía antes, siento frustración, pero también sigo teniendo fuerzas para alzar mi voz y defender los derechos de las mujeres y la infancia contra el borrado que se pretende y contra las consecuencias que, de aprobarse leyes de autodeterminación de género, lleven aparejados nuevos tipos de violencia hacia las mujeres y las criaturas.

         Pese a la frustración, seguiré muy pendiente y alzando la voz. ¿Y tú, qué vas a hacer?

Ben cordialment,

Teresa

Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz