Una nueva traición a las mujeres

         A la tristeza por la traición a las mujeres de los partidos que conforman el Gobierno, hoy hemos de sumar la tristeza por las violencias ejercidas contra mujeres ayer, cuando ejercían su derecho a la libre manifestación.

         Fueron agredidas e insultadas por personas transgénero, que no transexuales, por exigir el cumplimiento de la agenda feminista y por exigir que se pare la tramitación de las llamadas “leyes trans” que persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos.

         Ya desde hace un tiempo en las redes sociales, sobre todo en twitter se lleva a cabo una campaña de insultos y de difamación hacía aquellas que pensamos que esta traición a las mujeres por parte de los partidos en el Gobierno es una grave equivocación que afecta a todas las mujeres y a parte de la infancia y de la adolescencia. Obviamente quienes salen ganando, entre otras, son las multinacionales farmacéuticas y grandes lobbies internacionales que financian esta nueva forma del patriarcado para mantener sus privilegios. Para entender mejor lo que significa el borrado de las mujeres   invito a que visiten la siguiente página web: https://contraelborradodelasmujeres.org/ porque van a encontrar toda la información con todas las respuestas a las posibles preguntas que puedan albergar.

         A las redes sociales, hemos de sumar medios comunicación importantes como El País que se han sumado a la defensa de estos postulados, así como desgraciadamente para el progresismo, algunos otros pretendidamente progresistas.

         Desde el feminismo siempre se han defendido los derechos humanos de todas las personas. Y digo bien derechos humanos de todas las personas. Porque hay que aclarar que ser mujer no es un deseo, es una realidad biológica. Le pese a quien le pese. Y nuestros derechos humanos están ya siendo violentados en países que ya avalaron estas teorías.

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A las puertas de un nuevo ocho de marzo

        

        El ocho de marzo, de nuevo llama a la puerta. En un año difícil y muy complicado por la situación pandémica no habrá manifestaciones multitudinarias como en los últimos años, ni huelga feminista, ni actos que impliquen contacto estrecho. Pero eso no significa que no haya motivos para la reivindicación en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, porque todas trabajamos, aunque no tengamos un salario.

         Algunas pinceladas. La brecha salarial sigue siendo de más del veinte por cien entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. Y ello, pese a la implantación de planes de igualdad en las empresas. Los contratos a tiempo parcial se siguen haciendo mayoritariamente a las mujeres, lo cual las empobrece en la actualidad y también en el futuro ya que cobrarán pensiones más bajas.

         Los llamados “suelos pegajosos” y “techos de cristal” siguen instalados en las empresas y son las mujeres quienes los sufrimos. El suelo pegajoso, no nos permite avanzar en nuestras carreras profesionales debido a las dobles o incluso triples jornadas. Y, el techo de cristal son las barreras invisibles que impiden a las mujeres progresar al mismo ritmo que los hombres en sus profesiones y, además, llegado un punto dejan de progresar, mientras ellos lo siguen haciendo sin parar.

         Y si nos adentramos en la realidad de las mujeres con diversidad funcional, el grado de superación que estas han de demostrar, está muy por encima de lo que hemos de demostrar quienes no la padecemos. Ellas, junto con las mujeres mayores, padecen unos niveles de violencias machistas superiores a la media. Y esa media hay que decir que es alta.

         Porque las violencias machistas, no son solo los golpes. Esos son la penúltima manifestación de la peor de las violencias. En estas mujeres, además, se ceban con los insultos, las violencias económicas al apropiarse indebidamente de sus pensiones, el abandono emocional e incluso físico, etc.

         El patriarcado ha construido su imperio gracias al miedo y ese miedo sigue latente en las relaciones de hoy en día. El miedo al dolor, a ser violentada sexualmente, al desprecio, a nos ser aceptada por actuar de diferente manera a lo que se espera de ti, y así un largo etc. Uno de sus mayores aliados son los credos religiosos que siempre imponen la obediencia de las mujeres a los hombres y que justifican las violencias contra ellas, incluso siendo sumisas.

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Miradas más lejanas

         Recientemente, me decidí a leer un libro terriblemente duro. Se trata del libro “Yo no quería ser madre” de Trifonia Melibea Obono Obono una mujer guineoecuatoriana, que es periodista y politóloga, docente e investigadora sobre temas de mujer y género en África.

         En este libro treinta mujeres guineanas toman la voz para denunciar la situación de las personas LGTB en Guinea Ecuatorial. A la per­secución y la violencia social e institucional se suman muchos otros problemas: la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación… El panorama es todavía más preocupante para las mujeres en una sociedad patriarcal y tribal que las condena a la sumisión, la trata, la explotación sexual y la violencia machista.

Los embarazos y la maternidad para ocultar su condición de lesbianas las llevan a situaciones verdaderamente extremas de supervivencia tanto suya como de sus criaturas.

Como ya dije fue un libro duro de leer, pero necesario para entender demasiadas cosas que no vemos desde nuestra condición, un tanto etnocéntrica del feminismo europeo.

Otro aspecto sobre el que también reflexiono periódicamente es sobre las situaciones de niñas y mujeres jóvenes que son obligadas por sus familias a matrimonios forzados para que dejen de ser una boca más en sus casas sin tener en cuenta ni su crecimiento, ni sus posibilidades humanas. Sin educación y dentro de un sistema patriarcal en donde su opinión carece de importancia, son pasto de todo tipo de violencias por parte de los varones de sus familias tanto padres como maridos o hermanos. Y todo ello sin apenas posibilidades de escapar de ese sistema opresor y asesino en demasiadas ocasiones.

La mutilación genital femenina es otra consecuencia del patriarcado más salvaje y que condena a las mujeres, como poco a una vida sin placer y en demasiados casos quedan condenadas a situaciones de infecciones, enfermedades crónicas y sufrimientos indecibles a lo largo de sus vidas sean estas largas o cortas.

Sólo son tres aspectos de un patriarcado feroz que no considera la vida de las mujeres como vidas útiles más allá de los servicios que les puedan prestar y los cuidados que les puedan brindar tanto a ellos como a su descendencia.

Vidas sin valor, vidas usables o prescindibles, vidas castigadas por haber nacido mujeres en unas sociedades profundamente machistas.

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11 de octubre: Día Internacional de la Niña

         “El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución, la 66/170 que declaraba el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña y, de ese modo, reconocer los derechos propios que les asisten a las mismas y los desafíos únicos a los que se enfrentan en todo el mundo, así como promover su empoderamiento y el cumplimiento de sus derechos humanos”[1]

         Como vemos solo hace apenas diez años que la ONU reconoció los derechos específicos de las niñas y los problemas, también específicos que padecen las mismas.

         Este año en el Estado Españolse ha querido hacer hincapié en el acoso que sufren las niñas y adolescentes en las redes sociales. Por lo visto es un tema que, de forma generalizada, sufren nuestras menores en plena era de avances digitales.

Pero este problema, aún siendo grave, no creo que sea el peor de los problemas a los que se enfrentan las niñas del mundo. Voy a poner solo unos ejemplos.

En algunos países sobre todo de África, a las niñas se las sigue mutilando genitalmente y de varias maneras por cuestiones que poco tienen que ver con la salud y mucho con el patriarcado y la cultural tradicionalmente patriarcal en la que viven y se desarrollan. Esta mutilación condicionará el resto de sus vidas y su salud integral y no solo la sexual y reproductiva. Y se las mutila por ser niñas, puesto que a los niños no se les mutila de ese modo.

También en algunos países de las zonas más pobres del planeta, a las niñas se les impide una instrucción adecuada, para destinarlas a proveer de agua a la familia o comunidad, mientras los niños sí van a la escuela. También se ven obligadas a ejercer de cuidadoras de sus hermanas y hermanos más pequeños mientras sus madres y padres trabajan de sol a sol para poder alimentarles. Y es en ellas, en las niñas sobre las que recaen no solo el cuidado de sus hermanas y hermanos menores, también las tareas domésticas que sus madres no pueden realizar.

En algunas zonas del sudeste asiático principalmente, las niñas son vendidas como esclavas sexuales a proxenetas que las explotan noche y día sin tener en cuenta ni su edad, ni su proceso de crecimiento físico e intelectual. Así, mantiene prostíbulos abiertos con estas menores por quienes nadie se preocupa de su bienestar más allá de ser meras materias primas sobre las que construir negocios ilícitos.

También están los matrimonios forzados con niñas que son obligadas a contraer matrimonios concertados entre las familias, con todo lo que ello conlleva para su crecimiento a todos los niveles. O, lo que es lo mismo, el abandono de su condición de niña, para convertirse en esposa, con todo lo que ello conlleva.

Tampoco nos podemos olvidar de los abortos selectivos al conocer que la mujer estaba embarazada de una niña, por considerarlas de mucho menor valor que los niños y por tanto se practican esos abortos selectivos que han impedido a centenares de miles de niñas, incluso llegar a nacer.

Y después están las niñas robadas o secuestradas por bárbaros que las utilizan como bombas humanas sin que les importe nada ni su vida ni absolutamente nada de ellas.

De nuevo, la ONU llega tarde cuando de la vida de las mujeres y las niñas se trata. De nuevo, sin apenas llegar a los diez años, sigue habiendo mucha gente que desconoce la conmemoración de este Día Internacional y eso impide poder llevar a cabo campañas de sensibilización para la protección de los derechos específicos de las niñas y del reconocimiento de los problemas específicos a los que se enfrentan.

En el Estado Español desconozco los datos, pero creo que no existen políticas específicas para las niñas y, aparte del Alto Comisionado para la lucha contra la Pobreza Infantil, no he encontrado ningún organismo público que se ocupe de las niñas específicamente. Aunque en este Ministerio, con tanta diversidad y tantas gaitas, no me extraña nada y tampoco me extrañaría nada que, de nombrar a alguna persona responsable, lo fuera de “les niñes”, engullendo de ese modo los derechos específicos de las niñas por ser niñas. Así y de paso, las borraban del todo del mapa de reivindicaciones feministas que es lo que andan buscando. En fin…Y luego se atreven a llamarse “Ministerio de feministas” …vivir para ver.

Como hemos visto, este Día Internacional de la Niña sigue siendo poco conocido y, por tanto, su reivindicación dentro de las políticas transversales de la infancia en su conjunto tiene muy poco peso específico y, por eso, su impacto en la vida de las niñas sigue siendo deficitario a todas luces.

No podemos educar a quienes ya forman parte de algo más de la mitad de la población en el analfabetismo de sus propios derechos específicos. Las niñas tienen esos derechos y se los hemos de garantizar. Y lo hemos de hacer con todas las niñas del mundo, más allá del lugar de su nacimiento, cuando acaben por nacer.

Sin ese compromiso seguiremos construyendo unas sociedades marcadas por la uniformidad patriarcal y negando derechos a la mitad de la población infantil que serán las ciudadanas del futuro. Y eso me parece a todas luces injusto.  

Pongámonos a trabajar por el futuro de esas niñas desde su presente con sus derechos intactos para construir futuras ciudadanas libres y empoderadas.

Ben cordialment,

Teresa


[1] Texto extraído de la Web de la ONU: https://www.un.org/es/observances/girl-child-day

Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz