Olvidadas y relegadas

tere-gijon        Siempre he dicho que me siento una mujer afortunada en muchos aspectos y, de hecho creo que lo sigo siendo cada día, pese a todo.

Como consecuencia de las militancias y convicciones feministas, recientemente tuve un par de experiencias bastante impactantes, de esas que no son habituales y de las que cuesta hablar por la intensidad con la que te golpean.

La primera de ellas tuvo lugar en Alicante, en una mesa redonda en la que participé, invitada por el Movimiento Democrático de Mujeres para hablar sobre el patriarcado y el cuerpo de las mujeres y en el que la otra participante iba a hablar sobre la prostitución. Lo hizo. Pero no desde la perspectiva política de si se tiene que abolir o regular, un viejo discurso que nos divide a las feministas.

Lo hizo desde la experiencia que le da haber trabajado con ellas y saber de lo que habla cuando afirma lo duro que es saber que son las más rechazadas por todas las instituciones que, sabiendo de su existencia y de sus infiernos particulares, se pueden llegar a convertir en sus enemigos principales. Esta mujer (pidió expresamente que no se diera su nombre) nos contaba cómo por ejemplo, algunos departamentos de los servicios sociales a los que estas mujeres prostituidas acudían a solicitar ayudas, reaccionaban inmediatamente intentando “quitarles” a sus hijas e hijos en aras a “la protección de esos menores” sin tener en cuenta su situación emocional.

Nos afrentó a las participantes de todo tipo y condición a que habláramos de formación profesional de estas mujeres. Sí, así de claro. “Si existe formación profesional para formar peluqueras o mecánicas de automóviles u otras profesiones, ¿Por qué nos negamos a que ellas sean formadas correctamente en su profesión?”. Puede resultar grotesco, pero al tiempo remueve por dentro “pilares” de los políticamente correctos al pensar en el tipo de formación que habría que impartir si realmente se regulara este tipo de actividad.

Otra pregunta llegó en forma de dardo sobre “¿Qué hacemos con esas mujeres tratadas, explotadas incluso siendo menores, por puteros sin escrúpulos de ningún tipo que las usan y las tiran cuando con treinta años ya son viejas y no sirven? ¿Qué hacemos con ellas, muchas extranjeras y sin arraigos de ningún tipo cuando las cambian de puticlub cada veintiún días para que no puedan llegar a tener ningún tipo de vínculo ni incluso con los puteros que las consumen?” Más

¿Por qué se teme al feminismo?

tere-gijon            Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua el término feminismo se define como la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Nada escandaloso como vemos. O, ¿acaso sí es escandalosa esta definición por lo que comporta?. Al parecer sí lo es para muchos machirulos e incluso algunas machirulas.

Si nos vamos al artículo 14 de la Constitución nos encontraremos, literalmente, con esta redacción: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” Y, a menos que, por la utilización del genérico masculino, se nos excluya a las mujeres españolas de toda la Constitución, dice que somos iguales y sin discriminaciones.

Por tanto, si pasamos por alto el sexismo lingüístico de la expresión “españoles” y entendemos que se ha utilizado para englobar a toda la población española, podríamos afirmar que la Constitución, según el diccionario de la RAE es feminista, puesto que defiende que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres sin que prevalezca ninguna discriminación por razón de sexo.

En algunos aspectos se ha avanzado bastante como los casos de las ciudades que se han declarado feministas como Terrassa, sobre la que ya escribí en su momento, y a la que después han seguido Sabadell y Sant Quirze del Vallés. Ciudades que buscan la igualdad de toda su ciudadanía sin distinciones. Sencillamente acatando la Constitución.

Pero cuando se utiliza el término feminista, saltan las alarmas. Y es que el motivo está bien claro. Con una igualdad real se acaban los privilegios. Y el patriarcado, fuertemente arraigado en nuestras sociedades, se alimenta de los privilegios históricamente autoasignados.

El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres y, por tanto no es, no debe ser únicamente, un tema de mujeres. La reivindicación de la igualdad nos atañe a mujeres y hombres, pero al ser las mujeres las mayores perjudicadas por el patriarcado, somos las que más damos la cara. Pero existen hombres que están a nuestro lado en esta reivindicación de igualdad real que no formal.

El temor de hombres y mujeres al feminismo viene dado por el temor a la pérdida de esos privilegios que se tienen por ocupar espacios tradicionalmente masculinos, por tener que ceder lo que se ha usurpado de forma ilegítima a lo largo de la historia: la igualdad en el derecho al acceso a los recursos de todo tipo, sean estos tangibles o intangibles. Y por recursos me refiero a espacios públicos, privados, riqueza, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, a derechos civiles y un larguísimo etc. Pero también y por supuesto a nuestro propio cuerpo de mujeres para decidir libremente si queremos o no queremos ser madres, sin que por ello nos convirtamos en “salas de ejecución” tal y como afirmó un machirulo que anda por la política y que, al parecer tiene las neuronas más sueltas incluso que la lengua, que ya la tiene muy suelta.

Y es que perder privilegios no le gusta nadie y por eso aparece el rebote de toda la caverna cuando surge la exigencia por parte de las feministas de la igualdad. Y es que no pueden evitar llevar en el ADN aquello de las jerarquías masculinas naturalizadas por siglos de discursos patriarcales. Pero no. Señores y señoras de la caverna, la igualdad es un derecho que tenemos reconocido y cada vez que lo niegan, están negando no sólo el derecho constitucional, sino el derecho incluso a la vida.

Y si, digo a la vida y digo bien, puesto que permitiendo la desigualdad para mantener sus privilegios, permiten los asesinatos de mujeres, porque desigualdad y violencias machistas siempre van de la mano. Más

Ante un 25 de noviembre

tere-gijon            En menos de una semana, el próximo viernes día 25, conmemoraremos el Día Internacional contra las Violencias de Género. Como cada año instituciones y asociaciones, organizarán actos de todo tipo para realizar un trabajo de sensibilización y prevención de las violencia machistas.

Estas actividades son absolutamente necesarias para concienciar socialmente de lo que está ocurriendo y deberían celebrarse durante todo el año y no sólo concentrarse en estas semanas. Pero mejor así que de ninguna manera.

Cada año, afortunadamente, se suman nuevas y acertadas iniciativas para sensibilizar contra este fenómeno que nos maltrata y asesina a las mujeres, por el simple hecho de serlo.

Entre esas nuevas iniciativas este año podemos encontrar la de Caixa Ontinyent que ha convocado un concurso de hastags y que está abierto a la participación hasta mañana a medianoche. Se pueden consultar las bases y los premios a su espacio de Facebook. Utilizarán el que resulte elegido en sus redes sociales en la campaña que llevarán a cabo alrededor del 25 de noviembre. No está nada mal si tenemos en cuenta que es la primera entidad financiera que se implica en un tema tan sangrante como éste. Y desde aquí quiero hacerles llegar mi felicitación sincera por haber dado este paso, porque con iniciativas como estas nos demuestran que, al menos en esa entidad, el negocio, no siempre es lo primero.

Esperemos que hayan abierto la puerta y que el próximo año sean más las entidades financieras que se suman de una forma efectiva a la lucha contra todas las violencias que sufrimos las mujeres y las niñas.

Este tipo de iniciativas, aparte de sensibilizar y condenar, dan visibilidad a algo que en demasiados casos permanece oculto tras las paredes de algunas habitaciones.

Y es que hemos de recordar que las mujeres asesinadas son la punta del iceberg de lo que en realidad ocurre cada día. Son muchas, muchísimas más las que siguen atrapadas en su particular cárcel de las violencias de todo tipo que sufren cotidianamente. Ellas, al igual que las asesinadas, en demasiados casos han llegado a perder la voz por su propia situación.

Las supervivientes, las que todavía no han sido asesinadas, son también víctimas y necesitan todo el apoyo posible para salir de ese infierno y recuperarse. Pero se las anima a denunciar y cuando por fin lo hacen, pueden llegar a entrar en una espiral de otro tipo de violencia: la institucional.

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Desigualdades, ¿las sabemos reconocer?

Tere roig            En demasiadas ocasiones se nos acusa a las feministas de “radicales” por pasarnos la vida reivindicando una igualdad real entre mujeres y hombres y no conformarnos con la igualdad formal en la que vivimos.

Denunciamos con datos y con hechos esas desigualdades para hacerlas más visibles. Y no sólo recurrimos a las cifras (teóricamente) objetivas que nos muestran las encuestas y los sesudos estudios que se realizan en los laboratorios de todo tipo. No. No nos hace demasiada falta. Solo con observar las realidades cotidianas y con unos ojos bien abiertos sabemos percibirlas rápidamente.

Es justo en ese momento, en el que una mirada entrenada lo percibe y le pone palabras, cuando saltan las alarmas patriarcales (de mujeres y hombres, todo hay que decirlo) para llamarnos radicales, feminazis y otras lindezas de ese tipo y que ya conocemos. En fin…

Y es que como dice la frase “No hay peor ciego que el que no quiere ver” y ahí están las desigualdades pero si no las sabemos ver, si las mantenemos ocultas a nuestros ojos, nos resultará mucho más fácil seguir según el orden establecido. Un orden por otra parte, absolutamente impuesto por el patriarcado para mantener todos sus privilegios.

Vamos a observar ese orden y desgranar algunas de las “normalidades” cotidianas.

El miedo, esa potente arma que permite la dominación. El miedo, por ejemplo, a caminar solas y de noche es un hecho que todas conocemos porque lo hemos padecido en alguna ocasión. Y ese miedo real es la consecuencia de ocupar el espacio público que simbólicamente pertenece a los hombres. Y el mensaje que se transmite es que no se debe transitar cuando ha oscurecido porque ellos pueden ocuparlo todo, incluso tu cuerpo, por estar en su espacio. Si ya sé que dicho así puede sonar un poco brusco, pero el mensaje simbólico que se transmite es ese. “Este es mi espacio y si lo ocupas, yo puedo ocuparte incluso a ti”. Sin más razón que esa.

Otro ejemplo. Legalmente está establecido que tanto el padre como la madre puedan reducir su jornada laboral para el cuidado de sus criaturas menores o para el cuidado de familiares. Como las tareas de cuidados han sido tradicionalmente un rol de las mujeres, son ellas las que, mayoritariamente, se toman estos permisos con la consiguiente reducción salarial que a su vez afectará a sus futuras pensiones. O, en el peor de los casos, serán ellas las que abandonen sus empleos para el cuidado de personas mayores, menores o dependientes, con la consecuente pérdida de la independencia económica presente y futura. Pero esto sigue siendo “normal” para muchísima gente. Más

Las mujeres en la política

Tere roig            Esta semana se armó un cierto revuelo cuando Rita Maestre que es la portavoz del Ayuntamiento de Madrid y Tania Sánchez que es diputada en el Congreso sacaron un comunicado denunciando a quienes, al nombrarlas, lo hacen mencionando sus relaciones sentimentales actuales o pasadas con algunos dirigentes de Podemos, la organización política a la que pertenecen.

Desgraciadamente no es el único caso de sexismo que se produce en la política, pero quizás si sea una de las pocas veces en que las protagonistas lo denuncian públicamente y con todas sus letras, sin camuflarlo de otras cosas.

Si algo tiene el patriarcado y por extensión el machismo, es que no entiende de ideologías ni credos. Está por todas partes. Está en la derecha, en la izquierda, en el centro; y, por supuesto, está arriba y abajo.

Pero además y, dentro de la estrategia mantenida por el propio patriarcado para sobrevivir, ha normalizado algunos logros del feminismo y los ha incorporado a su discurso para poder afirmar sin despeinarse que la igualdad entre mujeres y hombres es una realidad inequívoca en nuestras sociedades occidentales y modernas. De ese modo algunos líderes políticos no creen en el desigual trato que reciben sus compañeras de filas o de bancadas. Y el ejemplo de Rita Maestre y Tania Sánchez, son dos ejemplos muy claros.

Dos ejemplos claros pero no los únicos. En los EE.UU. están en campaña para sus próximas elecciones presidenciales. Y Hillary Clinton es candidata a ser presidenta de ese país y, como sabemos, el otro candidato es Donald Trump, cuyas incontinencias verbales, también son conocidas. Y las utiliza para referirse a ella sin pudor como “el diablo”, por ejemplo. Ni siquiera respeta el género de Clinton de quien, como ya he dicho en alguna ocasión no espero que, en caso de llegar a la Casa Blanca, aplique políticas progresistas, pero seguro que las de Trump son bastante peores.

Como dijo hace unos años Michelle Bachelet, “Cuando una mujer entra en la política, la política cambia a la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en política, son las mujeres las que cambian la política” y mucho me temo que precisamente eso, que las mujeres cambiemos la forma de hacer política es lo que más teme en patriarcado.

Y ese temor del patriarcado más rancio es lo que ha llevado a remover de la responsabilidad para la que fue elegida a Dilma Roussef mediante un golpe de estado camuflado y utilizando las más viles y repugnantes estrategias para impedir que ella, la legal Presidenta de Brasil, continuara al frente de las reformas que pretendía impulsar para igualar derechos y repartir riqueza. Y el patriarcado la ha acusado de todos los males que ellos, sus antecesores, han causado. Les daba miedo que una mujer inteligente y poderosa pusiera fin a los privilegios de los que gozaban y por eso la apartaron.

Y de repente me acuerdo de una cena con amigas en la que surgió una pregunta para la que todas teníamos una respuesta clara ¿Sin en lugar de cuatro candidatos machirulos a la presidencia del Gobierno del Estado Español, se hubieran presentado algunas mujeres, hubiésemos tenido dos procesos de elecciones generales en menos de un año y quién sabe si todavía un tercero? Todas coincidimos en que no, no los hubiésemos tenido. Más

Violencias patriarcales en las instituciones

TereMolla Agullent            Podríamos pensar que las instituciones están para defender los intereses del conjunto de la ciudadanía. Podríamos pensarlo si tuviéramos la ingenuidad de no saber lo que ocurre cada día en ellas y por ellas.

En una semana, en una sola semana, he asistido con estupefacción a lamentables ejemplos de cómo funcionan las cosas de los dineros públicos cuando de mujeres se trata. Y voy a compartirlo.

El caso de Susana Guerrero es muy conocido pero no por ello queda invalidado como ejemplo de este tipo de violencias. Susana esconde a su hija para no entregársela a su padre que está condenado por violencia machista e imputado por abusos sexuales. Aún así desde la Audiencia de Toledo, y a sabiendas que este energúmeno va a perjudicar a esa niña de diez años, no atiende a la petición de la madre de no entregar a su hija.

Como todo el mundo sabe no soy jurista, ni entiendo demasiado de leyes, pero lo que sí entiendo es la interpretación patriarcal que se está haciendo de esas leyes sin tener en cuenta el bien de esta menor. Y por mucho que me lo expliquen no le encuentro ningún sentido a nada que no sea dejar a la niña que crezca segura. Algo que al lado de este tipo maltratador seguramente no va a ocurrir.

La institución, una vez más, se pone de parte del patriarcado más feroz que sin duda acabará dañando a la niña que tiene derecho a vivir segura y crecer en paz. Pero, al menos de momento, la están obligando a vivir su particular calvario junto a su madre coraje, Susana.

Otro ejemplo de cómo van las cosas fue la respuesta de Gabriela Bravo, Consellera de Justicia, Administración Pública y Reformas Democráticas de la Generalitat Valenciana a esta pregunta parlamentaria:

” ¿Por qué no ha incluido a ninguna mujer en la Comisión para el Estudio de la Reforma de la Función Pública Valenciana, que ya se ha constituido bajo su presidencia?”

La respuesta de la Consellera a algunas nos dejó ojipláticas porqué se quedó tan ancha al responder literalmente lo siguiente:

“Soy la primera en lamentar la nula presencia de mujeres en la comisión técnica que nos asesora en la reforma de la ley de gestión de ordenación de la función pública valenciana.

El motivo es que el derecho administrativo es un campo científico en el que la presencia de la mujer es escasa y poco relevante. A la hora de diseñar esta comisión hemos valorado el currículum de todos los candidatos, la calidad de su formación, sus conocimientos, su experiencia, y todo ello ha sido materia de estudio y ha sido, en fin…, en base a ello hemos concluido que las personas elegidas eran las más apropiadas para esa comisión técnica específica.”

Y se quedó tan a gusto. Y es que por lo visto para esta señora que fue presidenta de la Unión Progresista de Fiscales y vocal y portavoz del Consejo General del Poder Judicial antes de formar parte del Govern Valencià, las mujeres como científicas de derecho administrativo no sabemos, no estamos, ni se nos espera ya no solo en territorio autonómico, sino tampoco en el ámbito estatal. Como dije, ojipláticas nos quedamos muchas al enterarnos de la respuesta. Más

Terrassa, Ciutat Feminista

TereMolla Agullent            Una de las principales características del feminismo es la lucha por una equidad real entre mujeres y hombres. Una equidad que, al menos desde mi punto de vista pasa por el diseño de políticas y estrategias conducentes desarticular y desmontar el patriarcado.

Para ello son necesarias no sólo muchas voces, sino también muchas manos. Y en ello estamos.

Las alianzas entre mujeres que favorezcan y fortalezcan la sororidad son necesarias e incluso, me atrevería a afirmar que imprescindibles. Entre mujeres y por supuesto con aquellos hombres que se atreven a plantar cara al patriarcado por las opresiones que también este les impone con el sistema heteronormativo hegemónico que pretende universalizar el sistema patriarcal.

Ante esto, es fundamental reconocer todos los trabajos que han de llevarnos a ese objetivo irrenunciable que es una sociedad libre del patriarcado y de sus consecuencias cotidianas en forma de machismos y micromachismos.

Vivimos en sociedades cada día más complejas y el patriarcado, como sabemos, se reinventa cada día de mil maneras y siempre con el mismo objetivo: su pervivencia para mantener los privilegios de los que siempre ha gozado.

Por eso mismo, porque busca mantenerse fuerte, tiene reacciones tan criminales como los asesinatos de mujeres o tan furibundas cuando se siente cuestionado o atacado. También se sirve de los diferentes lenguajes, como ya sabemos para su objetivo.

Pero poco a poco y pese a su tiranía el feminismo va abriéndose camino y a colarse por algunas rendijas que hemos conseguido ir abriendo con no pocas luchas, enfrentamientos y desgastes personales.

Y mira tú por dónde se les ha colado por una rendija la ciudad de Terrasa y su declaración de “Terrassa, Ciutat Feminista”.

Pues si, en su último Pleno Municipal del pasado 31 de marzo y a instancias del sindicato CC.OO., el equipo de gobierno de esta ciudad llevó una resolución que fue aprobada con los votos favorables del PSC (9), CiU (3) y de ERC (4) y la abstención del resto de grupos políticos presentes en dicha Corporación Municipal y que son Terrassa en Comú (6), Ciudadanos (3), la CUP (1) y el PP (1). Curiosamente no hubo ningún voto en contra. ¿Será que no es políticamente rentable votar en contra de las medidas contenidas en la resolución? Creo que va a ser eso, puesto que esas medidas como ahora veremos, son básicas para el impulso de una verdadera equidad entre mujeres y hombres en ese municipio-

En el texto de la propuesta aprobada se afirma que: “Declarar Terrassa “ciudad feminista” supondría reafirmarnos en esta lucha compartida tanto por la administración como por las entidades, los sindicatos, las asociaciones y todo el tejido ciudadano. Porque aunque los avances son muchos, y son bien visibles, aún nos queda mucho trabajo por hacer. Hay que repensar la ciudad desde una perspectiva feminista y eso supongo modificar estereotipos y transformar muchos de los aspectos que hoy hacen funcionar nuestro municipio, como la gran mayoría de poblaciones, bajo unos cánones que nos vienen marcados por una sociedad tejida desde la perspectiva patriarcal, con predominio claro del sexo masculino.

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