Perversa falacia

            Decía Mabel Lozano en Twitter recientemente que: “Si las mujeres son prostituidas, el demandante es un prostituyente, puesto que si es un putero , entendemos que ella es una puta y no una víctima. El lenguaje en muchos casos estigmatiza a las mujeres, por eso es el momento de los otros actores, proxenetas y prostituyentes”. Y yo comparto cada una de estas palabras.

Asistimos a un momento en donde el patriarcado adopta nuevas formas para sobrevivir y entre ellas busca dos elementos claves para demostrar su capacidad camaleónica, incluso sobre las mujeres. Esos dos elementos buscan esencialmente lo mismo: convertir sus deseos en derechos. De ese modo y, en el Estado Español de la mano de Albert Rivera y sus correligionarios, pretenden legalizar los vientres de alquiler que no es ni más ni menos que una forma de explotación reproductiva sobre las mujeres y un gran negocio de comercios de criaturas.

El otro elemento es la regulación de la prostitución. Si las voces que escuchamos siempre son las mismas, y nos explican que están ejerciendo la prostitución por voluntad propia y que para ellas es un trabajo y por tanto quieren tener derechos, acabamos naturalizando la esencia misma de la prostitución que es la dominación y la humillación a través de la satisfacción de un deseo.

Si no escuchamos voces como las de Amelia Tiganus, que es una superviviente de la trata y de la explotación sexual, cuando afirma que la prostitución es la esclavitud del mundo actual, también nos quedaremos con la sensación idílica que pretende hacernos creer el patriarcado, y es que la prostitución es un trabajo y que por tanto debe regularse como tal.

Y por supuesto, ¿Quien va a estar en contra del trabajo con derechos? supongo que nadie. Y precisamente ahí está la perversión de las palabras. En construir el mensaje de la regulación a partir de expresiones como “trabajo o empleo con derechos”.

La prostitución es, al menos para mí, una forma de esclavitud y explotación sexual con el fin último de seguir ganando dinero con los cuerpos de las mujeres como materia prima básica. Y, al mismo tiempo, reforzar las estructuras de poder patriarcal a través de la total y absoluta asimetría de las relaciones que se establecen entre el prostituyente y la mujer prostituida. Satisfacción del deseo sexual masculino a cambio de negar condición de persona a la mujer prostituida. En definitiva esencia patriarcal pura y dura: dominación masculina sobre las mujeres. Más

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Ácido inicio de curso

            Estoy harta de escuchar si fulanito o menganita tienen o no tienen estudios superiores o si plagiaron o no sus trabajos de final de máster o sus tesis doctorales.

Comienzo este curso con la tristeza de ver cómo Albert Rivera y su cohorte de Ciudadanos, se empeñan en llevar la política a un lodazal en el que mezclar temas con el único objetivo de seguir apareciendo a cualquier precio en los medios y, posiblemente, arañar unos pocos votos.

Con todo este lío que ha montado este hombre y sus secuaces con los malditos titulitos y demás, se ha usurpado a la ciudadanía conocer el alcance que tiene la convalidación por unanimidad de todos los partidos del Congreso del Real Decreto-Ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género.

Su objetivo es poner en marcha tres medidas del Pacto que requieren modificaciones legislativas: devolver las competencias a los ayuntamientos en materia de violencia machista, permitir que los menores puedan recibir asistencia psicológica con el permiso de un único progenitor, y agilizar la acreditación de las víctimas sin necesidad de sentencia judicial para que éstas reciban ayudas.

Estas tres medidas son fundamentales para agilizar las ayudas de todo tipo que deben recibir las mujeres víctimas y sus criaturas. Con intervenciones rápidas por parte de las administraciones competentes, el sufrimiento de esas mujeres, no desaparece, pero la sensación de desamparo se puede mitigar bastante.

Si a estas medidas le sumamos la urgente necesidad de formación a todos los agentes jurídicos y sociales que están implicados en este tema y al conjunto de la ciudadanía en general, podremos comenzar a hablar de la importancia que tiene para los gobiernos la erradicación de estos asesinatos machistas.

Pero como hemos visto esta semana, para algunos dirigentes políticos era mucho más importante saber si Pedro Sánchez había plagiado o no su tesis doctoral que la vida de muchas mujeres que están sufriendo cada día este tipo de terrorismo cotidiano.

Para Rivera, la vida y seguridad de las mujeres no está en su agenda política y ese desprecio por estos temas, junto con su discurso neoliberal respecto a los vientres de alquiler es posible que se le vuelva en contra. Gente como él o como Toni Cantó que en su momento cuestionó la veracidad de las denuncias por violencia machista, son quienes de forma estructural siguen ejerciendo violencia sexista desde la política. Y lo hacen al no dar importancia a la seguridad y la vida de las mujeres. Lo hacen al cuestionar nuestras voces. Lo hacen al considerarnos carentes de derechos en lo que a nuestra maternidad (o no) se refiere. Lo hacen al considerarnos meras vasijas gestantes de criaturas que serán entregadas a otras familias y a las cuales despojarán de su derecho a estar con su familia biológica.

Todo eso y alguna cosa más también es violencia machista porque en el fondo siguen reivindicando que sus deseos sean considerados derechos, olvidándose de los derechos humanos de la mitad de la población que somos las mujeres.

Seguramente para ellos  y para la gente del PP carecerá de importancia donde se ubiquen orgánicamente los temas que nos afectan a las mujeres y a todo lo referente a la igualdad entre mujeres y hombres. Ni quien ocupe esa responsabilidad. Pero estamos comprobando como cuando es una mujer feminista y comprometida quien se encarga de estos temas y que, además, ha formado un buen equipo, el impulso para erradicar las violencias machistas es inmediato. Y lo es porque sabe y conoce la importancia que estos temas tienen para el desarrollo de los derechos humanos de todas las personas. Porque no podemos olvidar que los temas relacionados con la igualdad son temas que nos atañen a todas las personas y no solo a las mujeres.

Porque cada vez que una mujer o una criatura es asesinada, toda la sociedad fracasa al no haber sabido protegerla y cuidarla como persona. Más

Victimismo no, denuncia

            Uno de los argumentos que el patriarcado, en cualquiera de sus formas, utiliza para intentar denigrar al feminismo es insistir en que se trata de un movimiento victimista. Con esta forma de actuar busca no sólo la crítica destructiva, sino también el que a mucha gente que es feminista le aturde o le asuste pasar a definirse como tal.

Una de las características más importante del feminismo es la lucha por la equidad entre personas, más allá de razas, religiones u orientación sexual. Y cuando hablo de equidad no se trata solo de igualdad. Como muy bien es sabido las mujeres de todas las razas, religiones u orientación sexual sufrimos situaciones denigrantes cada día simplemente por haber nacido mujeres. E incluso son otras mujeres quienes nos tratan mal en demasiadas ocasiones debido a su sumisión al patriarcado.

El hecho de que expongamos esas situaciones denigrantes ante la sociedad y reivindiquemos la equidad entre las personas se reviste de victimismos para de ese modo desacreditarnos e intentar silenciarnos.

Cuando no se es consciente de los privilegios de los que se goza, en demasiadas ocasiones no se ven ni perciben las situaciones que esos privilegios generan en el sometimiento hacia otras personas.

Lo define estupendamente bien la escritora, profesora y activista feminista italo-estadounidense Silvia Federicci cuando afirma “Que nuestro bienestar no se debe construir sobre el sufrimiento de otras personas”, y, precisamente eso es lo que se está promoviendo por el férreo pacto entre el capitalismo  y el patriarcado. Construir y gozar de unos privilegios que proporcionan bienestar sobre el sufrimiento de demasiadas personas.

Desde el activismos feminista y social se observa como en cada momento y ante cada situación de ámbito planetario, las mujeres y las niñas son quienes se llevan la peor parte. Siempre y, para muchas personas esto no admite discusión. Sólo aquellos que obtienen beneficios de cualquier clase no son capaces de admitirlo. E incluso lo ven como algo “natural” y, por tanto indiscutible.

Ante la denuncia de esas situaciones salta la alarma y nos intentan acallar llamándonos victimistas, feminazis y otras lindezas. Pero no es más que otra estrategia para mantener privilegios a costa de situaciones de desigualdad y de temor a perder sus privilegios que de forma “natural” creen que les pertenecen.

Y no, no somos victimistas, somos conscientes, muy conscientes de que el bienestar patriarcal a todos los niveles se construye en base al sufrimiento de más de la mitad de la población mundial que somos las mujeres.

El patriarcado sigue construyendo un paradigma que permite naturalizar e incluso legalizar esas situaciones de inequidad y de sufrimiento. Y lo naturaliza de muchas maneras, incluso ganándose la complicidad de muchas mujeres que siguen ciegas a esas inequidades y al sufrimiento de tantas y tantas hermanas en el mundo entero.

Un ejemplo reciente y muy, muy suave es la reacción que se ha tenido por parte de la Real Academia Española de la Lengua cuando se les ha pedido que elaboren un estudio para que la Constitución tenga un lenguaje más inclusivo y que, por tanto, nos incluya de forma clara a las mujeres españolas. Hemos visto desde amenazas de dimisión hasta “peros” de todo tipo.

Y digo que es un ejemplo muy suave si lo comparamos con las estratagemas de todo tipo, sea con formas sutiles e incluso simbólicas o a las claras que se tiene para justificar las tropelías que se siguen cometiendo con las mujeres y las niñas y que pasan desde el asesinato antes de nacer cuando se comprueba que va a nacer una niña, la trata y explotación sexual, los asesinatos de mujeres por serlo, la pobreza sistemática a las que se las somete en algunos lugares del planeta hasta el hecho de utilizar sus cuerpos como campos de batalla. O sus decisiones también como campo de batalla al impedir que las puedan tomar incluso sobre sus propios cuerpos.

Todo lo que he expuesto, está ocurriendo en este mismo momento y en diferentes lugares del mundo. Y nada de ello es natural. Es obra de muchos siglos y doctrinas que lo intentaron naturalizar. Y lo siguen intentando. Pero cuando alzamos la voz y lo denunciamos como situaciones injustas y generadoras de mucho sufrimiento, somos feminazis, manipuladoras, victimistas, y un largo etc. Más

Las manadas

Con la puesta en libertad de los cinco violadores de Pamplona, la justicia ha dado un claro mensaje de su grado de patriarcalización y rechazo a las libertades de las mujeres. Ha actuado, por llamarlo delicadamente, como otra “manada”.

Una “manada” de gente que opina que a pesar de la gravedad de los hechos, estos cinco salvajes malnacidos, tienen derecho a una libertad que la víctima de sus actos ya jamás podrá tener.

Una “manada” a quien la seguridad de las mujeres, de todas las mujeres, les importa un pimiento y a quienes otorgan la responsabilidad de su autoprotección. Y en lugar de mandar un claro mensaje del posicionamiento de la justicia al lado de las víctimas, se han posicionado al lado de los agresores salvajes. Y en dos ocasiones.

Esta justicia patriarcal nos está llevando a las mujeres a armarnos de argumentos para seguir saliendo a la calle y para también exigir alto y claro la formación básica en igualdad de género y en los diferentes tipos de violencias machistas que sufrimos a diario las mujeres  y  las niñas. Esa formación, al igual que la revisión del corpus jurídico para despatriarcalizarlo es urgente. Y lo es porque nuestra seguridad y nuestras vidas están en peligro.

A sus señorías frufrús les da igual una violación en grupo que un asesinato siempre que las víctimas sean mujeres, claro. Siempre le buscan las vueltas para poder interpretar y aplicar las leyes en sus grados mínimos a los asesinos o violadores.

Pero eso sí, cuando es una mujer la que agrede o asesina, son implacables en todos los aspectos.

La verdad es que estoy harta, muy harta y muy enfadada por cómo se ha llevado jurídicamente todo este tema de los violadores de Pamplona. No soy abogada, como todo el mundo sabe. Solo soy una activista feminista que ha visto como, con este tema y una vez más , se han sobrepasado todas las líneas de ultraje a la dignidad de la víctima. Y con ella las de las mujeres en general.

Y ahora leo en las redes sociales como ya hay programas de televisión que están pactando entrevistas con los violadores y sus familias. Otra “manada” la de estos programas y otros medios de comunicación que pretenden justificar las actitudes de estos cinco miserables violadores y criminalizar al feminismo que ha salido en masa a las calles para protestar por la decisión de dejarles en libertad.

Recordemos que estos cinco violadores no han pedido perdón a la víctima ni han mostrado el menor arrepentimiento por sus fechorías. Recordemos que también violaron en Pozoblanco. Y también recordemos que dos de ellos son parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Las “manadas” mediáticas y jurídicas tendrán que hacer frente a las consecuencias de sus actos. Y me refiero a que en demasiadas ocasiones se les olvida que las mujeres somos consumidoras y aunque no se tenga en cuenta hay muchas letradas que son feministas y muy buenas en ambos sentidos.

Estoy harta de tener que alzar la voz por estas tropelías. Muy harta pero no queda más remedio que seguir saliendo a la calle y seguir alzando la voz para acusar directamente a todas esas manadas proteccionistas con el patriarcado a costa de la salud, de la seguridad e incluso a costa de la vida de demasiadas mujeres y criaturas. Más

Cambio de ciclo

 

    Hoy acaba una semana muy intensa políticamente hablando. La moción de censura a Mariano Rajoy tiene como resultado un cambio de gobierno que presidirá Pedro Sánchez. Un gobierno que ya ha anunciado que será paritario y que situará la igualdad en la agenda política como en su día hizo Rodríguez Zapatero.

Pero la mezquindad de la gente del PP no conoce nombres y ya sabemos que el tipo de oposición que van a hacer será con formas broncas y palabras ofensivas.

Y es que su paso por el gobierno del Estado ha dado titulares hasta en el último momento. Y me refiero a la reprobación del Congreso a la ya exministra Dolors Montserrat por su inacción en la aplicación de Pacto de Estado contra la Violencia Machista y que con la noticia de la moción de censura ha pasado bastante desapercibida.

Hay motivos más que sobrados para reprobar a esta exministra, que ya era la quinta en la lista de reprobaciones a los ministros de Rajoy, y que se produjo apenas dos días antes de que comenzara la moción de censura.

Y digo que hay motivos, porque desde que en septiembre de 2017 de aprobara el Pacto de Estado contra la Violencia de Género hasta el momento en el que escribo, cincuenta y tres  (53) mujeres y niñas han sido asesinadas[1] por tipos sin escrúpulos y sin otro motivo que el haber nacido mujeres. Son una media de casi seis mujeres al mes (5,8). Estas terribles cifras,  más todas las asesinadas con anterioridad al Pacto de Estado, caerán sobre la conciencia de esta gentuza que decretó recortes sobre las partidas destinadas a proteger la vida y la integridad de las mujeres y niñas.

A Pedro Sánchez y al equipo que le acompañe este tiempo le va a tocar recuperar la confianza de las mujeres en las Políticas de Estado para la igualdad real entre mujeres y hombres y en la prevención de las violencias machistas y de género que tanto dolor nos han causado desde siempre. Y digo que habrá que recuperar nuestra confianza porque en los años de gobierno de la derecha más rancia y con el apoyo de esta nueva derecha de Ciudadanos, se ha demostrado lo que en demasiadas ocasiones hemos dicho desde el movimiento feminista y es que nuestras vidas de mujeres no les han importado nada. Y a las cifras y a los hechos me remito.

Con este cambio de ciclo político al menos yo, espero que la formación y sensibilización en la prevención de las violencias machistas y de género, así como la atención integral y en condiciones a las víctimas supervivientes de este terrible fenómeno sea un prioridad gubernamental.

Espero que en los centros de acogida de emergencia (muchos de ellos externalizados y en manos privadas que buscan hacer negocio) se deje de revictimizar a las víctimas supervivientes y a sus criaturas.

Espero que haya formación para toda la comunidad educativa para que la prevención de estas violencias sea integrada dentro de los curriculums de los centros a todos los niveles y de forma transversal. Porque prevenir las violencias machistas y de género es tarea de mujeres y hombres. No es solo cosa de mujeres. No. Si educamos en igualdad estaremos haciendo prevención y eso es lo importante. Estaremos construyendo una sociedad más igualitaria y justa.

Espero muchas más cosas. La lista es larga y compleja. Pero si todo el arco parlamentario menos el PP y Ciudadanos se han puesto de acuerdo para sacar a esta gente del gobierno, ahora toca que lo hagan para proteger la vida y la integridad de las mujeres. De lo contrario seguirán demostrando más de lo mismo, que nuestra vida les sigue importando bastante poco. Más

Los Incel o el derecho al sexo

            Hasta el pasado viernes no había escuchado el término Incel en mi vida. Fue mi amigo Antonio quien me descubrió esta verdadera barbaridad. Bueno, pues al parecer los Incel (acrónimo en inglés de célibes involuntarios) son un movimiento o comunidad misógina, machista y racista que pretende que los Estados obliguen a las mujeres a tener sexo con ellos. Eso sí han de ser mujeres blancas y sin discapacidades.

En estos dos días he estado buscando información y, al parecer el despreciable ser que perpetró el atropello de Toronto era uno de ellos gracias a lo cual se está poniendo el foco sobre ellos.

El tema está tomando tal cariz que en el New York Times ya se ha publicado un artículo sobre el tema bajo el título   The Redistribution of Sex , escrito por Ross Douthat, donde se dice que hay que entender a esta gente y  se propone usar prostitutas o robots sexuales para evitar que este movimiento siga cometiendo atentados.

Y yo me pregunto al leerlo ¿estaremos perdiendo el norte como sociedad?

El deseo sexual, es eso, deseo. Y como deseo puede o no ser cumplido. Pero no es ningún derecho. Y mucho menos cuando se trata de utilizar a las mujeres como herramienta para satisfacerlo. Y si, he dicho herramienta, porque el nivel de cosificación implícito en el discurso misógino de estos “seres” que abogan porque el Estado les garantice el sexo, es de tal magnitud, que es difícilmente soportable.

Es lo mismo que los vientres de alquiler: pretender que los deseos (sexuales, parentales, etc.) pasen a formar parte del ordenamiento jurídico.

Deseos generalmente de hombres sobre los cuerpos y vidas de las mujeres a quienes estos impresentables de los incel, quieren usar a su antojo para desahogar sus instintos. No importa que sean mujeres tratadas y prostituidas como propone el articulista del New York Times cuando propone recurrir a la prostitución para frenarles. Solo le faltó decir aquello de: “Total, solo son putas”.

La mirada y el deseo patriarcal sobre las mujeres sigue siendo sorprendentemente misógino y desconsiderado.

Nada les importan las vidas que puedan destrozar para satisfacer sus deseos. Aquí tenemos a los cafres de “La manada” y tantas otras manadas que, esencialmente buscan lo mismo: satisfacer sus deseos sexuales a cualquier precio, puesto que pueden llegar a considerarlo un derecho.

En el Estado Español se denuncia una violación cada ocho horas. Y el número sigue al alza según datos oficiales. Más

Año electoral

            Falta algo más de un año para volver a las urnas y elegir a la gente que nos representará en Ayuntamientos y muchas Comunidades Autónomas. Bueno y también al Parlamento Europeo.

Han comenzado las encuestas de los principales partidos políticos aventurándose sobre todo con los resultados autonómicos. Y la maquinaria electoral de los partidos ya ha comenzado a engrasarse. Y también han comenzado ya los codazos por ver quiénes van en las listas electorales y en qué posición en función de muchos, demasiados factores. Es la liturgia electoral previa. Toda una serie de ritos que pueden acabar poniendo nerviosa a demasiada gente.

Y en esa liturgia previa en la que nos encontramos, de nuevo una mujer ha sido descabezada por el patriarcado político. Y esa mujer es Carolina Bescansa de Podemos.

Hablar de sustituir a Pablo Iglesias en un futuro junto a Errejón que le ofreció ir de número dos en su candidatura de la Comunidad Autónoma, ha sido su gran error y por lo que ya se espera en la dirección de Podemos su dimisión. Pablo Iglesias no admite competencia ni de palabra ni de pensamiento. Pablo Iglesias copia modos y formas aprendidas para mantener férreamente sus propias posiciones dentro de su partido. No admite ninguna duda sobre su liderazgo y eso se veía venir.

Pero este modelo de liderazgo patriarcal no es único de Podemos. No. Y cuando me refiero a modelo patriarcal, no me estoy refiriendo solo a las formas o a que solo aparezcan hombres en las fotos y esas cosas. No. El modelo de Cifuentes, por ejemplo, también lo es. Cuando hablo de modelo patriarcal me estoy refiriendo a la jerarquización en la toma de decisiones. Me estoy refiriendo a la no toma en consideración del valor y el talento de las mujeres como lideresas y con proyección propia y no siempre ligadas al macho alfa de turno. También me estoy refiriendo a la puesta en práctica en el fondo y no solo en las formas de la EQUIVALENCIA entre mujeres y hombres, la EQUIPOTENCIA o reconocimiento del mismo potencial y poder a mujeres y hombres y a la EQUIFONIA o reconocimiento de las voces de las mujeres con el mismo peso e importancia que las de los hombres.

Y eso, a un año de varios procesos electorales sigue sin darse. Se nos tiene que incluir porque la ley lo impone, de lo contrario estaríamos mayoritariamente en la segunda parte de las listas. Salvo excepciones, claro.

Yo me propongo ir observando los movimientos de los diferentes partidos con opciones de gobierno e ir viendo que tipos de perfiles se van construyendo en las listas. Y por supuesto qué estrategias van a ir marcándose. Me importa y mucho ver perfiles de la gente que vaya en las candidaturas y, por supuesto mirar sus programas electorales. No me sirven los perfiles de visita a los mercadillos y besos a las criaturas. No. Quiero ver potencia en sus mensajes. Quiero observar cómo temas referentes a la equidad no solo aparezcan en sus programas, quiero ver cómo se llevan a la práctica incluso durante este año pre-electoral.

Quiero escuchar las voces de las mujeres potentes que están ya en la política y las de las que se van a sumar. Y quiero escuchar en las voces de ellas y ellos palabras referidas a una sociedad más justa en su conjunto y no solo para la mitad de la población. Quiero posicionamientos claros sobre temas como los vientres de alquiler, sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus maternidades, aunque sean mujeres menores de edad a las que un embarazo no deseado les puede arrebatar sueños e ilusiones. Quiero leer y escuchar propuestas claras para la eliminación de la brecha salarial todavía existente. También quiero saber las posturas que se tienen sobre la investigación en la salud de las mujeres más allá de las etapas de embarazo y lactancia y que siguen siendo todavía inexistentes. Quiero ver propuestas claras sobre cómo corregir el actual desajuste de la conciliación entre la vida personal, laboral y familiar que impide a las mujeres tener carreras laborales igualitarias con respecto a los hombres. Quiero ver posicionamientos con respecto a la incorporación de un sistema realmente coeducativo en las aulas que ayude a potenciar los talentos de niñas y niños por igual. Quiero ver opiniones claras con respecto de la educación afectivo-sexual de calidad en las aulas desde edades tempranas. Más

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Tribuna Feminista

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Alicia Murillo Ruiz

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