Los juegos de Sánchez

         Ayer por la mañana, alrededor de las doce recibí un mensaje de un gran amigo que decía “La ley trans se ha llevado por delante a Carmen Calvo”. Yo desconocía los cambios de gobierno a esas horas y me encaminaba a comer con mi familia. A alguna de mis hermanas no la había visto desde octubre pasado y a otra desde el día de Navidad. Ya en la casa familiar me enteré del calado del cambio de Gobierno.

         He de decir que Carmen Calvo merecía mi respeto como feminista, pero no como política por toda la porquería que vertió hace dos años al entorno de Podemos, pero especialmente contra Pablo Iglesias. Tampoco sé si es el precio que ha pagado por oponerse a la llamada Ley Trans, como dice mi amigo o, dicho de otro modo, por ser coherente o ha perdido la confianza de Sánchez.

         Hace sólo unas semanas, hablaba con una gran amiga, también del PSOE, sobre ella y le hacía esta misma reflexión: muchas mujeres parlamentarias del PSOE, encabezadas por Carmen Calvo, habrán de pensarse mucho sus alegaciones y sus votos a esta ley si no se mejora mucho. Paloma, que así se llama mi amiga, me contestó que así era y, vino a decirme que habría que elegir entre plata o bala.

         Insisto, no sé si ha sido por esta causa o por pérdida de confianza de Sánchez, pero en cualquier caso y hoy, Carmen Calvo está fuera del Gobierno. Y eso no es para nada una buena noticia. Y estoy triste, la verdad porque el modelo de feminismo que representaba ha sido vencido por un modelo neoliberal y posmodernista “chupiguay”. Y eso no me gusta nada de cara al futuro de las condiciones de vida de las niñas y mujeres.

         El equipo de Irene Montero y sus leyes para, teóricamente garantizar, unos derechos de los que ya pueden gozar, las personas transexuales, no convence al feminismo teórico y tradicional, que es universalista y no interseccional. Nunca los derechos de unas pocas personas pueden condicionar la vida de millones y millones de personas como somos las mujeres y las niñas. Porque en definitiva se trata de eso, de que los deseos de una parte mínima, condicione los derechos ya adquiridos de más de la mitad de la población.

         Siempre he estado a favor del aumento de los derechos civiles de toda la población. Pero sin ello menoscabe otros derechos ya adquiridos de más de la mitad de esa población. Pero al parecer eso no se entiende por aquellos que lo que desean es ver cumplido su deseo sin reflexionar para nada lo que ello conlleva para la comunidad en su conjunto y, en este caso para las mujeres.

         Decepción profunda de las políticas perversas para con las mujeres que se están elaborando y aprobando en el Consejo de ministros para con las mujeres. Y todo ello utilizando el feminismo como escudo. Me siento triste y huérfana de izquierdas a quien votar si mañana hubiera elecciones generales.

         Sánchez se ha metido en un buen jardín y no sabe lo que le espera por contentar a un puñado de votantes muy escandalosos, eso sí, pero muy volátiles con su voto “chupiguay” y festivo.

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Una nueva traición a las mujeres

         A la tristeza por la traición a las mujeres de los partidos que conforman el Gobierno, hoy hemos de sumar la tristeza por las violencias ejercidas contra mujeres ayer, cuando ejercían su derecho a la libre manifestación.

         Fueron agredidas e insultadas por personas transgénero, que no transexuales, por exigir el cumplimiento de la agenda feminista y por exigir que se pare la tramitación de las llamadas “leyes trans” que persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos.

         Ya desde hace un tiempo en las redes sociales, sobre todo en twitter se lleva a cabo una campaña de insultos y de difamación hacía aquellas que pensamos que esta traición a las mujeres por parte de los partidos en el Gobierno es una grave equivocación que afecta a todas las mujeres y a parte de la infancia y de la adolescencia. Obviamente quienes salen ganando, entre otras, son las multinacionales farmacéuticas y grandes lobbies internacionales que financian esta nueva forma del patriarcado para mantener sus privilegios. Para entender mejor lo que significa el borrado de las mujeres   invito a que visiten la siguiente página web: https://contraelborradodelasmujeres.org/ porque van a encontrar toda la información con todas las respuestas a las posibles preguntas que puedan albergar.

         A las redes sociales, hemos de sumar medios comunicación importantes como El País que se han sumado a la defensa de estos postulados, así como desgraciadamente para el progresismo, algunos otros pretendidamente progresistas.

         Desde el feminismo siempre se han defendido los derechos humanos de todas las personas. Y digo bien derechos humanos de todas las personas. Porque hay que aclarar que ser mujer no es un deseo, es una realidad biológica. Le pese a quien le pese. Y nuestros derechos humanos están ya siendo violentados en países que ya avalaron estas teorías.

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¿Qué está pasando?

Esta semana pasada se encontró el cuerpo sin vida de la mayor de las dos hermanas cuyo padre se llevó hace a finales de abril. A mil metros bajo el mar, dentro de una bolsa de deporte y con un ancla convenientemente atada para impedir que flotara y, por tanto, ser encontrada. Se llamaba Olimpia y tenía seis años. Ni su hermana de tan solo un año, ni su padre han aparecido todavía.

Pero lo que sí es bien seguro es que han dejado a una madre, Beatriz Zimmermann, muerta en vida por el terrible deseo de hacer daño del padre de sus hijas. Un malnacido asesino que no dudó en asestarle un golpe mortal asesinando a sus hijas y desapareciendo, dejándola muerta en vida. No me valen calificativos como celópata, caprichoso o violento. Todos y cada uno de ellos busca justificar al asesino. Todos y cada uno de ellos buscan ponerse de perfil para no acusar directamente al asesino.

Mientras los hombres no dejen de ponerse de perfil y no se sumen a la lucha contra el terrorismo machista no solo condenándolo sino también señalando a los asesinos y dejen los eufemismos que justifican estos asesinatos, el avance será mucho más lento.

No olvidemos el reciente caso de Canarias en donde, recién aprobada la ley que permite la autodeterminación de género y, en medio del juicio por el asesinato de Vanesa Santana, su asesino Jhonatan Robaina pidió cambiar su nombre por el de Lorena para así mejorar su situación procesal. El asesino, condenado a más de cuarenta años de cárcel por el asesinato y violación de Vanesa, de haber sido aceptada su petición de autodeterminación, podría haber cumplido su condena en una prisión de mujeres, con lo que ello conlleva para la seguridad de las mujeres privadas de libertad.

En el último mes y solo en el Estado Español ha sido asesinadas una mujer cada tres días. No solo son terribles estos asesinatos, también lo es el dolor que dejan a familiares y amistades de la mujer asesinada. Y sigue habiendo gentuza que niega que el origen de tanto dolor es haber nacido mujer y haber sufrido una socialización diferenciada para mayor gloria del patriarcado.

Negar el terrorismo machista que en los últimos dieciocho años ha matado a casi mil cien mujeres, es, sencillamente apostar por un feroz patriarcado para mantener privilegios.

Y después están las violencias institucionales como el caso de Juana Rivas que, por proteger a sus criaturas y no querer entregarlas a su maltratador, ha sido condenada por la justicia. Un sistema judicial profundamente patriarcal que cuestiona permanentemente la voz de las mujeres. O ¿Acaso se nos han olvidado sentencias como las de las mal llamadas manadas y que en realidad eran violaciones a una sola mujer por varios hombres?

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Aclarando, que es gerundio

         Esta semana, leíamos en un tuit de Mónica Oltra, vicepresidenta i portavoz del gobierno valenciano del Botànic y, a su vez responsable de la Conselleria de Igualdad y Políticas inclusivas, algo que, al menos a mí, me dejó helada. El tuit decía esto: “No soy mujer por mis genitales, soy mujer porque me comporto y pienso como una mujer”. No creo que a la otrora bastante histriónica y un tanto radical Mónica Oltra se le tenga que explicar que este comentario rezuma machismo por sus cuatro costados.

         Recordemos que es la responsable de Igualdad del Gobierno Valenciano y que, se supone que ha de impulsar medidas para eliminar las desigualdades entre mujeres y hombres, luchar activamente contra las violencias machistas, y así un largo etc. para conseguir una sociedad libre de machismo, que recordemos que mata sistemáticamente a las mujeres por ser mujeres. Hoy mismo ha sido asesinada por terrorismo machista en Alovera (Guadalajara) que insisto nos asesina por ser mujeres.

Y nos viene Oltra con que detrás de la inclusividad, se escondía la interseccionalidad que defiende que los deseos individuales pasen por encima de los derechos ya conquistados de las mujeres.

Analicemos, si Oltra está donde está en estos momentos es gracias a las luchas de muchas mujeres feministas que nos precedieron y que incluso pagaron con sus vidas nuestros derechos de hoy, incluido el de ser electora y elegible como lo fue Oltra.

Con declaraciones como esta, Oltra no me representa como mujer, porque no defiende los derechos de las mujeres, defiende, como la ministra de Igualdad, los derechos de quienes, con su neolenguaje, pretenden borrarnos somo sujetos políticos específicos con unos derechos específicos conseguidos por las luchas del movimiento feminista a lo largo de la historia.

La interseccionalidad nunca puede representar nada que no sean deseos individuales, frente a un movimiento universalista como lo es el feminismo que busca la equidad integral y real de las mujeres frente a los hombres y, para ello se ha de legislar específicamente para buscar esa equidad.

La interseccionalidad que defiende Oltra, traducido para entendernos, significa que los deseos de algunas personas, mayoritariamente hombres, están por encima de los derechos de TODAS las mujeres. Significa que, si se lleva cabo ese despropósito, lugares de seguridad para las mujeres puedan ser invadidos por hombres que, por el simple hecho de “sentirse” mujeres puedan utilizarlos. Y este es sólo un ejemplo.

Pero lo más triste de todo es que debajo de esa interseccionalidad se le está haciendo el juego a un patriarcado feroz que busca aliados para camuflarse y seguir con su estatus de dominación de las mujeres como lleva haciendo hace siglos.

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Sororidad siempre, pero con ciertos límites

         Hace unos años ya escribí sobre este tema, pero hay cosas que, al parecer, no cambian.

         Hace unas semanas tuve un incidente con una mujer a la que conozco hace años y la verdad es que llegué a enfadarme, aunque creo que ella no de percató del asunto. No voy a relatar lo ocurrido por que forma parte de nuestra relación, pero no es la primera vez que ocurre. Y yo que vengo de un momento personal complicado, pues me resentí más si cabe.

         Estuve reflexionando sobre el tema de la sororidad y llegué a la misma conclusión que hace un par de años: Sororidad si, pero con ciertos límites. En nombre de la sororidad no puedo, ni quiero permitirme alterarme hasta el punto de perder la salud emocional y, por extensión la física porque soy de fácil somatización.

         En esta ocasión fue esta mujer, pero ha habido otros momentos con otras mujeres que incluso quiero mucho, pero por atender sus necesidades, me olvido a veces de las mías propias. Y con ello no quiero decir de mí misma que sea una persona excelente, sencillamente que a veces, como supongo que nos pasa a todo el mundo nos olvidamos de nuestras propias necesidades y prioridades por atender a otras personas.

         A mí, quizás por ser feminista radical que busca arrancar el problema del patriarcado de raíz y además ser coherente, me pasa especialmente con algunas mujeres. Y cuando descubro que, de nuevo he antepuesto sus necesidades o deseos y noto como me veo “envuelta” en situaciones no deseadas me siento mal, porque no he sido cuidadosa conmigo, porque en realidad no deseaba hacer aquello que pueda estar haciendo.

         Tengo una gran amiga y maestra, Fran, que la vida puso en mi vida hace unos trece años que a veces me recuerda “Las amigas son amigas siempre, pero pueden, y de hecho muchas veces llegan ser muy petardas, pero son amigas”. Y tiene toda la razón del mundo. Las amigas son amigas pese a los “petardeos” que puedan tener. Con un matiz, que esos “petardeos” no se lleven la salud emocional por delante. Porque en ese caso más que amigas son otra cosa que no sé todavía cómo definir.

         La sororidad implica ayuda y reconocimientos mutuos. Pero, precisamente en esa parte mutua, radica el que se pueda practicar verdadera y sinceramente la sororidad.

         Estamos en un momento social muy complicado en donde prima el deseo sobre el derecho, el “yo” sobre el “nosotras y nosotros” y eso, aparte de producirme tristeza me da la sensación de que nos estamos convirtiendo en una especie de criaturas malcriadas que lo queremos todo y ya. Sin lucha colectiva, sin solidaridad ni empatía con el resto de las personas.

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Mujeres en los sindicatos

         Llevo toda la semana buscando cifras reales del avance las mujeres en las direcciones de los principales sindicatos a nivel estatal. Las últimas que aparecen en el Instituto de la Mujer (todavía no era de las Mujeres) son del 2012.

         Justo por estas fechas hace dieciocho años que dejé el sindicalismo activo en CCOO después de 17 años de dedicación casi exclusiva, porque hubo unos años en que fue parcial.

         Ayer conmemoramos el Día de las trabajadoras y de los trabajadores y recordaba cómo era en aquel momento la situación de las mujeres sindicalistas. Tuve la fortuna de coincidir con mujeres maravillosas a través de los años, pero no dejo de reconocer que era una situación todavía mayoritariamente masculina. Y de algunos chistes, casi prefiero no acordarme.

         En los años dos mil y dos mil uno, el sindicato organizó unas jornadas estatales para mujeres sindicalistas con responsabilidades en las secretarias de mujeres. Era algo casi inédito, un espacio único de encuentro con mujeres luchadoras que, con mayor o menor edad aportaban sus experiencias para organizarnos e ir cambiando poco a poco el sindicato desde dentro.

         Todavía faltaban años para que se aprobara la Ley Orgánica 3/2007 para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y hombres, pero a nivel interno las cosas se iban moviendo. Con reticencias, pero si iban moviendo. Fue cuando se organizó el primer curso de formación para mujeres sindicalistas desde la Secretaría de la Mujer Confederal de CCOO junto con FOREM la fundación para la formación y el empleo del propio sindicato. No sabíamos, las que tuvimos la suerte de participar, si tendría continuidad o no. Y sí, la tuvo. Era la primera formación sobre igualdad que se impartía en el Estado.

         Aquello cambió bastante las cosas porque se mantuvieron diversos niveles y diversos cursos hasta que el PP retiró a los sindicatos los fondos para la formación continua de las trabajadoras y los trabajadores.

         La situación actual del que sigue siendo mi sindicato ha cambiado sustancialmente. Existen mujeres al frente de las organizaciones territoriales y sectoriales. Existe una clara apuesta por avanzar en la igualdad de trato y de oportunidades y, sobre todo, existen una legión de mujeres sindicalistas dando lecciones de vida, no sólo en CCOO, también en el resto de los sindicatos. Estoy segura de ello.

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Escritoras

         Como cada año, se acerca el 23 de abril Día Internacional del Libro que es una conmemoración celebrada a nivel mundial con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor». Como vemos, incluso la UNESCO se olvida de las autoras.

         Aunque muy recientemente y en otro medio de comunicación escribí sobre la necesidad de descubrir autoras, hoy voy a hacer lo mismo repitiendo alguna de ellas e incluyendo otras, puesto que el universo narrativo femenino es inabarcable y solo voy a recomendar lo que yo he leído, porque no me puedo atrever con autoras desconocidas.

         De Laura Nuño lo he leído casi todo, sobre todo sus dos últimos libros “Maternidades S.A.” y “El derecho a la educación” me parecen dos libros imprescindibles para entender algunas controversias del feminismo actual.

         De Pilar Aguilar Aguilar Carrasco tengo pendiente “Feminismo o Barbarie, volumen 2” y lo estoy deseando leer en seguida que tenga un hueco y que espero que sea tan ameno y divertido como el primer volumen.

         De Gemma Lienas he leído alguno de sus cuadernos, “Rebels, ni putes ni submises” y recientemente “Derechos frágiles”. Todos ellos de muy recomendable lectura.

         De Almudena Grandes he leído mucho, pero sin dudarlo me quedo con” El corazón helado” y “La madre de Frankenstein”. Impactantes los dos y con una riqueza de personajes apabullantes.

         También y recientemente leí “El evangelio según María Magdalena” de Cristina Fallarás. Lenguaje directo, claro y desgranando el papel de las mujeres, incluso de clase alta en aquellos momentos tan convulsos.

         Como siempre, necesito reivindicar a Raquel Ricart Leal con sus “Les ratlles de la vida”. Una historia sobre una saga familiar a la que he vuelto en varias ocasiones y siempre descubro cosas nuevas. Una dura, pero bella historia de nuestra propia historia de postguerra.

         Hace muchos, muchos años, leí “Pedra de Tartera” de María Barbal. Me pareció tan dura que incluso, después de tantos años se me encoge el corazón solo con recordar el nombre de la novela.

         De Gioconda Belli, También lo he leído casi todo. Desde su “Mujer Habitada”, pasando por “El país de las mujeres” o “El intenso calor de la luna” y con todos he disfrutado muchísimo.

         De Edurne Portela solo he leído “Mejor la ausencia” en donde se juntan todas las violencias posibles que podía sufrir una mujer joven en los años 80 y 90 en un convulso País Vasco,

         De la gran Maruja Torres me enamoró hace años “Un calor tan cercano” y años después el de “Esperadme en el cielo” que me robó el corazón por la ternura, la lealtad y el amor que se tenían los tres amigos.

         Otras autoras quizás más desconocidas pero que me marcaron también son María Català con sus “Urpes de seda”, Linda D. Ciriano con “La venedora d’ous”, Jetta Carleton con sus “Cuatro hermanas”. Anna Oliver Borrás con su “Parlem d’amor? Tu tries”

         Y volvemos a una de las grandes Ángeles Caso con sus “Olvidadas” o “Contra el viento”, dos imprescindibles leídas i releídas varias veces.

         El primer libro que leí en catalán me lo regaló una amiga, Anna Piera, y era de Carme Riera “Te deix amor la mar com a penyora” y marcó un antes y un después en mi relación con mi propia lengua materna.

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No podemos olvidar

         Recuerdo que hace veinte años ya compré el libro que Juan José Millás escribió sobre Nevenka Fernández. Libro cuyo nombre no recuerdo, lo siento. Me impactó la tolerancia social con los actos de acoso sexual de gente que se creía intocable y que gracias a la denuncia de Nevenka que, recordemos, se tuvo que exiliar, alguna cosa hemos avanzado.

         Debo ser una rara avis por no tener Netflix y, por tanto, no haber podido ver la tan nombrada serie sobre el tema, visto con veinte años de diferencia.

         Nevenka fue un punto de partida en la denuncia de las violencias ocultas que padecemos las mujeres.

No recuerdo si fue antes o después llegó el caso de Ana Orantes, asesinada por su marido, recordemos que fue condenada judicialmente a vivir con su agresor quien la acabó asesinando días después de que contara en una televisión su caso.

Un caso quizás menos conocido, pero igual de doloroso fue el asesinato, disfrazado de incendio de una exconcejala de Esquerra Unida, Dolores Moya González, a manos de su marido, también concejal de esa misma formación que después se ahorcó en la enfermería de la prisión de Picassent (Valencia).

Ahora, está en boca de todo el mundo el hecho de que Rocío Carrasco Mohedano, hija de Pedro Carrasco y Roció Jurado, haya decidido contar su verdad sobre la relación con el padre de sus hijos, el exguardia civil apartado del cuerpo por quedarse con dinero de sanciones y que, según las palabras de ella misma, la amenazó con hacerle la vida imposible.

Todo el mundo la ha culpado en algún momento de ser mala madre porque siempre ha mantenido silencio sobre ese tema mientras el padre iba de plató en plató contando lo que le apetecía y ganado dinero a su costa. Ella mantuvo silencio todos estos años.

El poco o nulo apoyo recibido por su familia y su silencio extremo han facilitado todo tipo de especulaciones. Sólo su pareja, ahora su marido, y sus amistades más allegadas, al parecer conocían la verdad del infierno que vivía esta mujer conocida.

Desde el año 2003 son más de mil mujeres asesinada a manos de sus parejas o exparejas. Son cientos de miles las que viven en un estado de terror permanente aprisionadas dentro de sus hogares donde, en principio deberían ser espacios seguros. Porque se sigue negando la evidencia de las violencias machistas.

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Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

A las puertas de un nuevo ocho de marzo

        

        El ocho de marzo, de nuevo llama a la puerta. En un año difícil y muy complicado por la situación pandémica no habrá manifestaciones multitudinarias como en los últimos años, ni huelga feminista, ni actos que impliquen contacto estrecho. Pero eso no significa que no haya motivos para la reivindicación en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, porque todas trabajamos, aunque no tengamos un salario.

         Algunas pinceladas. La brecha salarial sigue siendo de más del veinte por cien entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. Y ello, pese a la implantación de planes de igualdad en las empresas. Los contratos a tiempo parcial se siguen haciendo mayoritariamente a las mujeres, lo cual las empobrece en la actualidad y también en el futuro ya que cobrarán pensiones más bajas.

         Los llamados “suelos pegajosos” y “techos de cristal” siguen instalados en las empresas y son las mujeres quienes los sufrimos. El suelo pegajoso, no nos permite avanzar en nuestras carreras profesionales debido a las dobles o incluso triples jornadas. Y, el techo de cristal son las barreras invisibles que impiden a las mujeres progresar al mismo ritmo que los hombres en sus profesiones y, además, llegado un punto dejan de progresar, mientras ellos lo siguen haciendo sin parar.

         Y si nos adentramos en la realidad de las mujeres con diversidad funcional, el grado de superación que estas han de demostrar, está muy por encima de lo que hemos de demostrar quienes no la padecemos. Ellas, junto con las mujeres mayores, padecen unos niveles de violencias machistas superiores a la media. Y esa media hay que decir que es alta.

         Porque las violencias machistas, no son solo los golpes. Esos son la penúltima manifestación de la peor de las violencias. En estas mujeres, además, se ceban con los insultos, las violencias económicas al apropiarse indebidamente de sus pensiones, el abandono emocional e incluso físico, etc.

         El patriarcado ha construido su imperio gracias al miedo y ese miedo sigue latente en las relaciones de hoy en día. El miedo al dolor, a ser violentada sexualmente, al desprecio, a nos ser aceptada por actuar de diferente manera a lo que se espera de ti, y así un largo etc. Uno de sus mayores aliados son los credos religiosos que siempre imponen la obediencia de las mujeres a los hombres y que justifican las violencias contra ellas, incluso siendo sumisas.

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Alicia Murillo Ruiz

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