Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

Inicio de curso

Como cada año a mediados de septiembre, vuelvo a estas líneas a intentar aportar mi granito de arena al feminismo actual, con mis reflexiones y mis artículos sobre este maravilloso movimiento que, en algunos momentos, ha sido mi puente de salvación y un puerto donde refugiarme de mis propias tormentas personales.

Este año sufrimos, aparte de la pandemia mundial por el COVID-19 otra igual de importante, al menos para mí, y que pretende ni más ni menos, que el borrado de las mujeres del espacio público.

Siempre he dicho que el patriarcado se reinventa y se camufla para mantener el orden de privilegios que les otorga a los hombres dicho sistema jerárquico de dominación-opresión. Pues bien, en estos momentos existe una gran ofensiva patriarcal a la que el movimiento feminista va a tener que seguir haciendo frente.

Hay grandes frentes abiertos. A saber, mejor dicho, a recordar:

  • La abolición de la prostitución y de la pornografía como formas de violencias extremas contra las mujeres y las niñas. Y por tanto de la trata de personas con fines de explotación sexual
  • La prohibición expresa de la explotación reproductiva de las mujeres en forma de vientres de alquiler.
  • La actividad permanente en la denuncia del borrado de las mujeres que algunos partidos posmodernos y de la pseudo izquierda quieren legalizar al menos en el Estado Español.
  • La mejora en la lucha contra las violencias machistas que, como acabamos de ver en la macroencuesta sobre el tema, constatamos que son unas violencias que no solo no cesan, sino que aumentan. Es necesaria y urgente una reforma de la actual legislación en esa materia, para reforzar la prevención, la educación afectivo sexual en las aulas y la coeducación como sistema que refuerza relaciones humanas simétricas y horizontales además de, por supuesto, no jerarquizadas entre las mujeres y los hombres.
  • La mejora en la investigación sobre la salud específica de las mujeres más allá de los períodos específicos del embarazo y la lactancia. Y también y por supuesto, adecuar la investigación farmacológica a las características específicas de los cuerpos de las mujeres y sus propias fisiologías y metabolismos específicos.
  • Mantener la denuncia sobre la hipersexualización de las niñas desde su más tierna infancia, con fines comerciales o de otra índole, como el soporte a la pedofilia o a los abusos de estas niñas.
  • Por supuesto mantener una actitud absolutamente beligerante con la mutilación genital femenina, no solo en el Estado Español, sino en todo el mundo y combatirla con información, sensibilización y formación en origen.
  • No podemos dejar de mantener las luchas contra las segregaciones laborales horizontales y verticales que sufrimos las mujeres. Así como las brechas salariales e incluso digitales que nos afectan por ser mujeres. Hemos de combatirlas con uñas y dientes cada día.

Seguro que se me “olvidan” ahora y aquí muchos temas. Convencida estoy de ello. Temas como los problemas de las mujeres inmigrantes, las refugiadas, las que tienen diversidad funcional o intelectual, las mujeres negras o las indígenas, y así un largo etc. Pero todas, absolutamente todas, tenemos algo en común: la opresión patriarcal. Más

Referencias y referentes

         Con esto del progresivo borrado de las mujeres que pretenden las transgeneristas y su brazo político, el Ministerio de Igualdad es, si cabe más necesario que nunca dar referencias de mujeres a las niñas y niños que vienen detrás.

Y digo que es más importante si cabe, porque han de conocer que las mujeres hemos estado desde siempre y hemos contribuido con nuestros trabajos y saberes a mejorar las condiciones de vida de la población en general. Yo soy de las que estudiaron la Educación General Básica (EGB) y recuerdo que, aparte de la señora Curie, no aparecía ninguna mujer en los libros de historia. Ni cuando, ya en el BUP se nos enseñó machaconamente la revolución francesa, se nos mentó por un momento a Olympe de Gouges.

Y recuerdo tener en la última etapa de la EGB tener un profesor de esos que te ayuda a pensar y repensar las cosas y un día le pregunté el motivo por el cual las mujeres no aparecían en los libros de historia cuando sin ellas no se podrían tener hijos. Su respuesta fue demoledora: Estaban realizando las tareas de las casas y siendo buenas amas de casa criando y cuidando de sus vástagos. Así, con una sola frase, liquidó todas las aportaciones realizadas por las mujeres a lo largo de la historia y se quedó más ancho que largo. Eso sí, se las daba de progresista, como no podía ser de otro modo, pues estábamos a finales de los años setenta.

Sé que la cosa ha mejorado mucho con respecto a esos mensajes patriarcales e incluso misóginos que yo recibí, pero me sigue preocupando bastante que, con el pretendido borrado de mujeres, también se borre la genealogía no solo feminista, sino también y pura y duramente los avances producidos. Nuestras criaturas presentes y futuras deben conocer no sólo su procedencia, también las aportaciones que tantas y tantas mujeres han realizado a la sociedad y a lo largo de toda la historia. Su borrado, dejaría en la orfandad a las criaturas y su aprendizaje quedaría gravemente mermado y cuestionado por ser de sesgo patriarcal y machista.

Las mujeres hemos existido desde siempre. Y no, no provenimos de una costilla de Adán y por tanto no se nos ha de considerar inferiores a los hombres. Las mujeres, no solo hemos estado y contribuido a los aportes científicos realizados a lo largo de la historia, sino que además hemos cargado, también a lo largo de la historia con un trabajo añadido que nadie más que el patriarcado nos impuso: Los cuidados de nuestras familias, tanto en el sentido físico, como en el emocional.

Y por supuesto hemos compuesto música, hemos escrito novelas y tratados de botánica, hemos pintado cuadros, esculpido estatuas, inventado cachivaches variados y aportado fuentes de conocimiento en cada momento histórico. Recordemos, por ejemplo, que la inventora del sistema binario que se utiliza para el lenguaje informático fue Ada Byron. Si, la hija del poeta, pero él se llevó la fama y ella solo fue reconocida mucho más tarde. O que fueron mujeres también las que contribuyeron a que la NASA pudiera llegar a la luna. O que el lavaplatos lo inventó una mujer llamada Josephine Cochrane, allá por 1886

Estas aportaciones y muchas más, las realizaron mujeres. No seres con vulva, o seres gestantes, sencillamente mujeres. Con todas y cada una de sus letras M-U-J-E-R-E-S. Más

Vergüenzas

         El confinamiento por la pandemia y el uso del poder ejercido por algunos dirigentes políticos ha dejado muchas vergüenzas aireadas.

El exdiputado por Ciudadanos, Marcos de Quinto, hizo un comentario en una red social sobre Irene Montero, ministra de Igualdad, que evidenciaba el rancio machismo del que hace gala cada vez que tiene ocasión y en demasiadas ocasiones disfrazado de chiste maloliente y casposo.

Los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres, estos se los toman como derechos naturales, o lo que es lo mismo, derechos con los que se nace por ser hombre y que por tanto pueden hacer los que les venga en gana y opinar lo que les venga en gana con respecto a las mujeres, sus cuerpos y sus palabras o actos.

Ese privilegio constituido por ellos como derecho natural usa a las mujeres para saciar sus apetitos sexuales, quieran estas o no. Se llama violación. Otro ejemplo es el consumo de mujeres dentro de la prostitución sin importar los deseos de las mujeres prostituidas o su propia situación vital. Tengo un deseo, soy hombre, puedo pagar pues voy y lo sacio. Así de fácil. Y así de doloroso al mismo tiempo.

No me cansaré de recordar que los deseos, sobre todo masculinos, no son derechos, son solo eso, deseos que pueden satisfacerse o no pero no son derechos. Por tanto, si una mujer dice NO ha de ser respetada y no forzada ni manipulada con violencias machistas de todo tipo hasta que ceda. Sencillamente no tiene ninguna obligación de satisfacer los deseos del tipo que sean, de otra persona.

Como vengo denunciando hace un tiempo, el patriarcado, con tal de pervivir y mantener sus privilegios se camufla como sea e incluso se infiltra dentro del movimiento feminista para destruirlo desde dentro apoyándose en una pseudo teoría para dividir e intentar dinamitar los logros conseguidos por el movimiento feminista que, a su vez se estaba convirtiendo en demasiado peligroso por su importante ascenso y avance.

Intentar abolir el sexo, desdibujando así a las mujeres, es la nueva estrategia patriarcal. Nos quieren convertir en “personas gestantes”, “progenitor gestante”, “persona con vulva”, etc. y seguimos siendo y viviendo como mujeres. Ni menos ni más que como mujeres.

Personas nacidas con sexo de mujer y socializadas como mujeres y es ahí donde el género entra en acción, puesto que en esa socialización diferenciada es cuando el patriarcado marca las distancias entre lo que es ser mujer y lo que es ser hombre. Por tanto, el género, no deja de ser una construcción social utilizada por el patriarcado para socializarnos en la obediencia debida a lo masculino y la renuncia al “yo” y al “para mi” como mujer y pasar a ser “para los otros” y “de los otros” que son los hombres.

Sólo desde el movimiento feminista se puede parar el avance de ese camuflaje del patriarcado para destruirlo desde dentro. Ya se intentó con la abolición de la prostitución en donde de inmediato aparecieron grupos defendiendo su legalización e incluso un pseudo sindicato que pretendía reivindicar los derecho de las mal llamadas “trabajadoras sexuales”, cuando en realidad son esclavas sexuales al servicio de unos proxenetas que las esclavizan y no les dan tregua.

Estos grupos pro legalización de la prostitución estaban financiados por esos proxenetas que esclavizan y extorsionan a las mujeres que compran en terceros países y en donde la pobreza es extrema.

Pero nada de esto le importa al patriarcado que solo se preocupa de hacer perdurar sus privilegios reconvertidos en derechos naturales en aras a su condición de haber nacido con sexo masculino.

Y eso mismo debe de ser lo que pensó el zafio de Marcos de Quinto para opinar de la manera en que lo hizo de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Debió de pensar que en su condición de hombre podía no solo opinar, sino también dar paso a interpretaciones erróneas con la redacción de su tuit.

Y precisamente por eso es tan importante desenmascarar ese machismo disfrazado de chiste malo, porque esconde prejuicios machistas de dominación a las mujeres negándonos nuestros talentos, nuestros saberes, nuestras voces, y nuestras posiciones como iguales en una sociedad que busca ser más justa y con mayor equidad entre hombres y mujeres

En el espacio de una verdadera equidad me encontrarán y, por supuesto en contra de todos los derechos “naturales” emanados de la condición de hombre por el simple hecho de ser hombres.

 

Ontinyent, 21 de junio del 2020.

Teresa Mollá Castells

tmolla@telefonica.net

 

Las gafas violetas

         Si no tuviera bien colocadas las gafas violetas, a estas horas quizás andaría muy perdida con lo que está ocurriendo socialmente. Y no me refiero solo al permanente intento de criminalización de las manifestaciones del ocho de marzo por parte de la derecha y de la ultraderecha. No, no se trata solo de eso. Como tampoco se trata de ver cómo estas fuerzas políticas pretenden, a voz en grito, embarrarlo todo.

Esta semana ha salido la sentencia de los agresores sexuales de Pozoblanco. De nuevo se ha puesto en evidencia el sesgo masculino de algunas leyes con respecto a las agresiones contra la libertad sexual de las mujeres. No soy jurista y por tanto no voy a analizar la sentencia que seguro que ya ha sido analizada por feministas que entienden mucho más que yo.

Abusar y violar mujeres sigue saliendo muy a cuenta en el Estado Español. Y se va dando a conocer gracias a sentencias “benévolas”, tal y como la califica la Asociación de Mujeres Juristas Themis. Siempre me queda el “consuelo” de pensar que al menos esta mujer ha podido denunciar su agresión, porque son decenas de miles las que son violadas por dinero cada día y que no pueden denunciar a sus agresores, los mismos que pagan por violarlas.

Llevar bien colocadas las gafas violetas me ayuda a poder entender el grado de injusticia social que se ejerce sobre las mujeres y las niñas y a posicionarme claramente en la defensa de nuestros derechos y contra las injusticias y desigualdades que seguimos padeciendo diariamente.

Y, por si faltaba poco, ahora hay quien quiere hacer desaparecer el concepto de mujer como sujeto político en aras a una teoría un tanto pseudocientífica que consagra el género por encima del sexo. Que la inclusión y la diversidad están muy bien, pero esconden un patriarcado y una misoginia feroz hacia las mujeres. Y hay un problema cuando esto no se tiene claro. Y esto también se ve mucho más claro con unas gafas moradas puestas.

Y a veces me pregunto: si todavía nos cuesta identificar el machismo cotidianamente, ¿cómo no nos va a costar su identificación cuando se camufla y justifica detrás de tradiciones, pseudo teorías, micromachismos asentados y camuflados que sufrimos cotidianamente, un sistema prostitucional basado en el beneficio de proxenetas que utilizan el cuerpo de las mujeres como materia prima, u otro nicho de negocio encubierto sobre los llamados asistentes sexuales, o el gran negocio que ha saltado por los aires con la pandemia y que son los vientres de alquiler?

Queda mucho trabajo por hacer, muchas denuncias públicas que realizar, mucha pedagogía pendiente para cambiar las cosas y a veces el desaliento nos inunda, porque comprobamos cómo el patriarcado se cuela por rendijas que creíamos cerradas y hay que volver luchas por esos espacios ya conquistados.

Algunas de las propuestas de ley que se están haciendo desde el Ministerio de Igualdad, me dan mucho miedo, porque significan involución de derechos de las mujeres. Y es descorazonador para las que ya llevamos unos años en esto ver cómo y de nuevo, el patriarcado y sus lobbies de todo tipo se han encumbrado y están a punto de desmontar el concepto tradicional de mujer para cambiarlo por algo que claramente les interesa: mantener sus privilegios, aunque para eso hayan de borrar del mapa el concepto MUJER. Y eso me da miedo, a la par que me crea mucha desazón. Porque no todo vale en nombre del consenso. Hay que legislar para abolir la prostitución que nos envilece socialmente a todo el mundo, mientras se destroza la vida de decenas de miles de mujeres, para que los proxenetas sigan ganando dinero a su costa. Podemos perder una ocasión histórica en ese sentido, pero mucho me temo que unos de los lobbies del patriarcado, el de los proxenetas, se están infiltrando entre quienes han de tomar decisiones y está ganando la partida.

Me pasa igual cuando leo lo de la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre autodeterminación de la identidad sexual y expresión de género, que me saltan todas las alarmas y me preocupa mucho el tema, porque en el fondo subyace simplemente un “borrado” de las mujeres. Y las mujeres somos y estamos aquí, no se nos puede borrar porque otro lobby patriarcal así lo desee. Estamos y estaremos aquí.

Es posible que después de dos meses y medio de confinamiento total, mi estado de ánimo no sea el óptimo. Pero también este tiempo de silencio me ha permitido reflexionar sobre algunos temas y confirmar que, afortunadamente llevo bien puestas las gafas violetas, de las cuáles ya no creo queme pueda desprender en lo que me queda de vida.

Ben cordialment,

Teresa

 

Mujeres invisibles en la historia o historias invisibles de las mujeres

         Con este nombre acabo de impartir un curso on-line organizado por la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de mi pueblo, Ontinyent.

En él hemos puesto de manifiesto la ocultación que históricamente se he venido haciendo de las aportaciones de las mujeres en las distintas disciplinas científicas y culturales, así como en la política o en el deporte.

Han sido ciento doce las mini biografías que se han estudiado y que, a su vez ha conllevado cierto trabajo de investigación para poderlas conocer, así en genérico y a otras, poderlas conocer mejor.

Hemos estudiado nombres de todas las etapas históricas como por ejemplo la Reina-Faraón Hatshepsut que vivió, aproximadamente, entre los años 1479 y 1457 aproximadamente. O también a Francisca de Pedraza, una de mis favoritas, que vivió entre los siglos XVI y XVII i que fue la primera mujer en conseguir una sentencia de separación, con orden de alejamiento de su marido maltratador, tanto para ella como para sus criaturas y familiares.

Son pequeñas curiosidades rescatadas de la historia que nos permiten comprobar cómo la historia ha sido escrita por hombres y han ocultado los saberes y los talentos de tantas y tantas mujeres que han contribuido a que este mundo sea como lo conocemos ahora.

Esta es una estrategia más del patriarcado para mantener su prevalencia social, académica, etc. Más

Abolición ya!!!

         Esta mañana, al despertarme, me encontré etiquetada en un par de entradas en una red social (odio ser etiquetada en las redes) para “colaborar en una especie de caja de resistencia para las mal llamadas “trabajadoras del sexo” y apelando a que quienes tenemos una nómina, nos tocaba ser solidarias con las mujeres que no pueden “trabajar” por el confinamiento.

Al cabo de un rato recibo una notificación por otra red social sobre la reciente detención de siete personas por explotar sexualmente a doce mujeres de origen colombiano en dos ciudades de Andalucía, una de ellas menor de edad, incluso en estos días de confinamiento.

Está claro que la prostitución mueve muchos millones de euros se mire por donde se mire y que los tratantes de personas van a defender sus negocios a capa y espada, aunque sean ilícitos y las mercancías sean personas, mayoritariamente mujeres.

Pero hay algo que no entiendo. Es este tiempo de confinamiento obligatorio, ¿Por qué el Gobierno del Estado no ha decretado, específicamente, el cierre de todos los prostíbulos tanto de carreteras como los que se tienen dentro de las ciudades, así como los pisos donde se sabe que se ejerce la prostitución en pueblos y ciudades?. Han dejado a las mujeres prostituidas y explotadas sexualmente en un limbo jurídico y al albur, como siempre de sus explotadores y de los consumidores de mujeres.

Desde mi punto de vista no se pueden afrontar políticas integrales de igualdad entre mujeres y hombres mientras se aparca el tema de la abolición de la prostitución. Mientras haya una sola mujer víctima de trata con fines de explotación sexual y una sola mujer víctima de violencias machistas de cualquier tipo, incluidas las sexuales, las políticas serán de igualdad, pero me cuestiono mucho que sean feministas.

Y no se trata en absoluto de ir repartiendo carnets de quien es o no es feminista. Nada más lejos de mi intención. Se trata, desde mi punto de vista y sencillamente de mirar por el bienestar del conjunto de personas buscando la equidad entre mujeres y hombres. O dicho de otra manera y con una expresión que está en boga, de no dejar a nadie atrás tal y como ahora (y no solo por la pandemia) se está haciendo con las mujeres prostituidas y victimas de explotación sexual.

El Ministerio de Igualdad no puede seguir mirando para otro lado cuando se sabe donde están siendo explotadas sexualmente estas mujeres. Tampoco puede alegar la “voluntariedad” de estas mujeres cuando están siendo explotadas precisamente valiéndose de su vulnerabilidad económica tanto en sus países de origen como dentro del territorio del Estado Español.

El tan ansiado por el movimiento feminista, Ministerio de Igualdad, no puede ni debe quedarse de brazos cruzados cuando hay mujeres siendo consumidas y tratadas como si de animales se tratara al tiempo que son mercantilizadas para que unos gañanes hagan sus fortunas personales y empresariales.

La abolición de la prostitución tiene que ser un objetivo de esta legislatura política, porque se nos debe a las mujeres, a todas las mujeres y no solo a unas cuantas. Porque mientras se siga permitiendo que los cuerpos de las mujeres sean usados como mercancías de consumo que permitan amasar fortunas ilegales, nadie se puede llamar feminista. Más

No fue solo el ocho de marzo

         Tenemos a las cavernas mediáticas y políticas queriendo echar la culpa del contagio de la pandemia por coronavirus a las concentraciones y manifestaciones del pasado ocho de marzo. No niego que aquellas concentraciones ayudaran a la propagación de la pandemia, pero lo que afirmo con contundencia es que no fue el único motivo.

Ese mismo domingo había, también, una gran concentración de personas afiliadas y simpatizantes de la ultraderecha concentradas en la plaza de Vistalegre en Madrid y algunos como Ortega Smith ya tenían síntomas claros de estar contagiado. Pero ante esto, silencio.

El pasado uno de marzo se celebró una multitudinaria concentración humana durante “La crida” de las fallas de Valencia y dentro de la programación fallera. Y es más, la programación fallera con sus correspondientes “mascletaes” que congregan a miles de personas cada mediodía en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, no se suspendieron hasta el día once de marzo día después de que la Generalitat suspendiera Las Fallas y las Fiestas de la Magdalena en Castellón. También silencio.

Ante la concentración de socios y aficionados del Valencia Club de Fútbol ante el Mestalla para recibir a los jugadores del club ante el partido a puerta cerrada contra el Atalanta de Italia, cuando en este país ya había centenares de contagios, más silencio. O el viaje a Italia por parte del Valencia, jugadores y afición, más silencio.

Pero la culpa la tienen las concentraciones del ocho de marzo y, por ende, el movimiento feminista. Tócate las narices!!!!

Obviamente el patriarcado no pierde ocasión para criminalizar al feminismo que permanentemente cuestiona los privilegios otorgados por nacimiento a los hombres.

Insisto en la idea de que es posible que muchas personas se contagiaran del COVID-19 en las concentraciones del ocho de marzo. Pero de la misma manera que se contagiaron en las otras concentraciones humanas de las que he hablado y en tantas otras que no he mencionado y que se realizaron antes del decreto de confinamiento y no solo en las del ocho de marzo.

Mucho dirigentes políticos han perdido magníficas ocasiones para mantener la boca cerrada y ser prudentes. Y quizás uno de los que se hubiera podido callar para mantener su credibilidad fue el líder de Ciudadanos de Valencia, Toni Cantó cuando acusó a la Ministra de Igualdad precisamente por estas concentraciones.

Este hombre, misógino, al menos políticamente hablando, ya ha perdido varias ocasiones para callarse y haber sido prudente, pero su ansia de protagonismo permanente (debe ser una marca de la casa) le pierde. Y resulta que cada vez que ataca al feminismo y a las feministas, le toca pedir disculpas, pero no aprende. Claro que tampoco su petición de disculpas no es nada creíble, al menos para mí. Más

La crisis

         En medio de esta crisis sanitaria que significa la pandemia del coronavirus, al parecer, nos volvemos a olvidar de algunos temas no sanitarios, pero para tener en cuenta.

El viernes a mediodía fui a comprar a un supermercado que hay cerca de mi casa. El paisaje que me encontré era desolador, como imagino que en todas partes. Estanterías vacías, gente corriendo a coger la última botella de aceite o el último paquete de macarrones o la última bandeja de carne de pollo. Y mientras las cajeras no daban abasto y tuve la poca delicadeza de preguntar si llevaban así toda la mañana. La pobre mujer me miró y me dijo que llevaban así desde el lunes por la tarde. Había carros que parecían montañas e incluso algunas parejas llevaban un carro-montaña cada uno de ellos.

La cajera hizo un gesto de cansancio mientras esperaba que yo, avergonzada como lo estaba, no atinaba a encontrar la tarjeta para pagar. Justo en ese momento hubo comentarios de “un poco más rápido por favor” y nos miramos la cajera y yo y adiviné sus ganas de llorar por el cansancio y por el abuso de la gente.

Afortunadamente para mí, me fui de inmediato espantada como lo estaba al comprobar cómo el miedo nos convierte a muchas y mucho en seres irracionales y poco humanos.

Al llegar a casa mientras guardaba la compra pensaba en esta mujer y en todas las cajeras de los supermercados, sin guantes ni mascarillas de protección teniendo que pasar  tantas horas aguantando literalmente a energúmenos y energúmenas con miedo y exigencias y además a gente ignorante como yo que pregunta si llevan así toda la mañana cuando en realidad llevan así toda la semana.

No hay ninguna duda de que la valentía y el coraje que está teniendo todo el personal sanitario es encomiable y así se le reconoció el sábado por la noche por parte de la ciudadanía con un enorme aplauso desde los balcones de las viviendas. Pero yo me pregunto ¿Qué pasa con las cajeras de los supermercados, con las señoras empleadas de hogar, con las señoras de la limpieza de centros sanitarios de todo tipo, con las profesionales que están atendiendo a nuestros mayores en centros residenciales o en las residencias de menores, por ejemplo? Sabemos que todas ellas son profesiones feminizadas y que, por el tipo de trabajo de carácter asistencial que realizan, son imprescindibles en estos momentos para atender a la población más vulnerable o a los supermercados. Estas trabajadoras, en demasiados casos sin protección y casi siempre invisibilizadas, son población de mucho riesgo y sin ellas, en estos momentos de crisis, el sistema no funcionaria.

De nuevo la doble opresión de clase (profesiones y oficios habitualmente con salarios bajos y largas jornadas) se une a la opresión de género por su condición de mujeres.

De nuevo la sociedad invisibiliza sus trabajos por tratarse de trabajos relacionados con los cuidados y, como ya sabemos, los trabajos de los cuidados tradicionalmente los han realizado las mujeres. Más

La importancia de las palabras: El ocho de marzo es el Día Internacional de las Mujeres

         Últimamente se da por nombrar a este día de forma acrónima y reduccionista como, simplemente, 8M. Deducimos que todo el mundo sabe cuál es su significado. Y quizás sea así, pero se oculta el verdadero sentido de ese día: las luchas de las mujeres.

También en los últimos tiempos y por diversos motivos la palabra mujer o mujeres, está desapareciendo como sujeto político de algunos discursos incluso de los feministas. Palabras como persona gestante, inclusión e incluso igualdad, ocultan que quienes realmente sienten en sus carnes la desigualdad creada por el patriarcado somos las mujeres.

Al ocultar el sujeto político en las definiciones, resulta mucho menos ofensivo para quien realmente es nuestro objetivo como feministas: La lucha contra el patriarcado que nos oprime. Y el patriarcado, como muy bien sabemos, se camufla de muchas maneras para persistir e inventa nuevos modos para mantener sus privilegios sobre las mujeres y las criaturas. E incluso utiliza formas camaleónicas para contaminarlo todo y camuflarse para no ser distinguido. Incluso utiliza esos camuflajes para introducirse en el debate feminista y así dividirlo, como lleva un tiempo ocurriendo.

El 8 de marzo es el Día internacional de las Mujeres. Lo conmemoraremos en unos días y aunque este año no se ha convocado una huelga feminista por caer en domingo, eso no merma ni un ápice la fuerza de las reivindicaciones feministas sobre las desigualdades y discriminaciones que sufrimos las mujeres. Insisto LAS MUJERES. Y todas las mujeres sin excepción.

Por ser mujeres nos asesinan. Por ser mujeres sufrimos violencias machistas de todo tipo. Por ser mujeres tenemos menos empleo, que no menos trabajo que de eso nos sobra aunque no está retribuido. Por ser mujeres cobramos menos, incluso en las pensiones. Por ser mujeres se nos intenta silenciar, incluso físicamente. Por ser mujeres sufrimos micro y macro machismos. Por ser mujeres no se nos cree cuando afirmamos haber sufrido agresiones. Por ser mujeres se nos viola como símbolo de fuerza y de dominio. Por ser mujeres se nos juzga dentro y fuera de los juzgados de forma patriarcal. Por ser mujeres Se cuestiona nuestras voces en los espacios públicos y privados. Por ser mujeres se nos prostituye y se nos explota sexualmente para ganar pingües beneficios con nuestros cuerpos. Por ser mujeres se nos explora reproductivamente como vientres de alquiler para, también obtener beneficios. Y, si además de ser mujer, sufres alguna diversidad funcional o intelectual, sufres muchísimo más. O si eres una mujer negra se tienen que sumar la, todavía persistente, segregación racial. Por ser mujeres las distintas religiones pretenden, y a veces consiguen, dictar nuestras formas de vivir nuestra sexualidad y nuestra maternidad.

El movimiento feminista siempre ha sido solidario con los movimientos de otras personas que se sentían discriminadas por sus diferencias. Movimientos todos ellos lícitos y que poco a poco han ido consiguiendo sus objetivos y, al mismo tiempo, olvidándose del los objetivos del movimiento feminista. Cuando no, directamente volviéndose en contra del mismo, aunque con un discurso lleno de eufemismos y siempre políticamente correcto. Más

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Alicia Murillo Ruiz

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