Vergüenzas

         El confinamiento por la pandemia y el uso del poder ejercido por algunos dirigentes políticos ha dejado muchas vergüenzas aireadas.

El exdiputado por Ciudadanos, Marcos de Quinto, hizo un comentario en una red social sobre Irene Montero, ministra de Igualdad, que evidenciaba el rancio machismo del que hace gala cada vez que tiene ocasión y en demasiadas ocasiones disfrazado de chiste maloliente y casposo.

Los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres, estos se los toman como derechos naturales, o lo que es lo mismo, derechos con los que se nace por ser hombre y que por tanto pueden hacer los que les venga en gana y opinar lo que les venga en gana con respecto a las mujeres, sus cuerpos y sus palabras o actos.

Ese privilegio constituido por ellos como derecho natural usa a las mujeres para saciar sus apetitos sexuales, quieran estas o no. Se llama violación. Otro ejemplo es el consumo de mujeres dentro de la prostitución sin importar los deseos de las mujeres prostituidas o su propia situación vital. Tengo un deseo, soy hombre, puedo pagar pues voy y lo sacio. Así de fácil. Y así de doloroso al mismo tiempo.

No me cansaré de recordar que los deseos, sobre todo masculinos, no son derechos, son solo eso, deseos que pueden satisfacerse o no pero no son derechos. Por tanto, si una mujer dice NO ha de ser respetada y no forzada ni manipulada con violencias machistas de todo tipo hasta que ceda. Sencillamente no tiene ninguna obligación de satisfacer los deseos del tipo que sean, de otra persona.

Como vengo denunciando hace un tiempo, el patriarcado, con tal de pervivir y mantener sus privilegios se camufla como sea e incluso se infiltra dentro del movimiento feminista para destruirlo desde dentro apoyándose en una pseudo teoría para dividir e intentar dinamitar los logros conseguidos por el movimiento feminista que, a su vez se estaba convirtiendo en demasiado peligroso por su importante ascenso y avance.

Intentar abolir el sexo, desdibujando así a las mujeres, es la nueva estrategia patriarcal. Nos quieren convertir en “personas gestantes”, “progenitor gestante”, “persona con vulva”, etc. y seguimos siendo y viviendo como mujeres. Ni menos ni más que como mujeres.

Personas nacidas con sexo de mujer y socializadas como mujeres y es ahí donde el género entra en acción, puesto que en esa socialización diferenciada es cuando el patriarcado marca las distancias entre lo que es ser mujer y lo que es ser hombre. Por tanto, el género, no deja de ser una construcción social utilizada por el patriarcado para socializarnos en la obediencia debida a lo masculino y la renuncia al “yo” y al “para mi” como mujer y pasar a ser “para los otros” y “de los otros” que son los hombres.

Sólo desde el movimiento feminista se puede parar el avance de ese camuflaje del patriarcado para destruirlo desde dentro. Ya se intentó con la abolición de la prostitución en donde de inmediato aparecieron grupos defendiendo su legalización e incluso un pseudo sindicato que pretendía reivindicar los derecho de las mal llamadas “trabajadoras sexuales”, cuando en realidad son esclavas sexuales al servicio de unos proxenetas que las esclavizan y no les dan tregua.

Estos grupos pro legalización de la prostitución estaban financiados por esos proxenetas que esclavizan y extorsionan a las mujeres que compran en terceros países y en donde la pobreza es extrema.

Pero nada de esto le importa al patriarcado que solo se preocupa de hacer perdurar sus privilegios reconvertidos en derechos naturales en aras a su condición de haber nacido con sexo masculino.

Y eso mismo debe de ser lo que pensó el zafio de Marcos de Quinto para opinar de la manera en que lo hizo de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Debió de pensar que en su condición de hombre podía no solo opinar, sino también dar paso a interpretaciones erróneas con la redacción de su tuit.

Y precisamente por eso es tan importante desenmascarar ese machismo disfrazado de chiste malo, porque esconde prejuicios machistas de dominación a las mujeres negándonos nuestros talentos, nuestros saberes, nuestras voces, y nuestras posiciones como iguales en una sociedad que busca ser más justa y con mayor equidad entre hombres y mujeres

En el espacio de una verdadera equidad me encontrarán y, por supuesto en contra de todos los derechos “naturales” emanados de la condición de hombre por el simple hecho de ser hombres.

 

Ontinyent, 21 de junio del 2020.

Teresa Mollá Castells

tmolla@telefonica.net

 

Las gafas violetas

         Si no tuviera bien colocadas las gafas violetas, a estas horas quizás andaría muy perdida con lo que está ocurriendo socialmente. Y no me refiero solo al permanente intento de criminalización de las manifestaciones del ocho de marzo por parte de la derecha y de la ultraderecha. No, no se trata solo de eso. Como tampoco se trata de ver cómo estas fuerzas políticas pretenden, a voz en grito, embarrarlo todo.

Esta semana ha salido la sentencia de los agresores sexuales de Pozoblanco. De nuevo se ha puesto en evidencia el sesgo masculino de algunas leyes con respecto a las agresiones contra la libertad sexual de las mujeres. No soy jurista y por tanto no voy a analizar la sentencia que seguro que ya ha sido analizada por feministas que entienden mucho más que yo.

Abusar y violar mujeres sigue saliendo muy a cuenta en el Estado Español. Y se va dando a conocer gracias a sentencias “benévolas”, tal y como la califica la Asociación de Mujeres Juristas Themis. Siempre me queda el “consuelo” de pensar que al menos esta mujer ha podido denunciar su agresión, porque son decenas de miles las que son violadas por dinero cada día y que no pueden denunciar a sus agresores, los mismos que pagan por violarlas.

Llevar bien colocadas las gafas violetas me ayuda a poder entender el grado de injusticia social que se ejerce sobre las mujeres y las niñas y a posicionarme claramente en la defensa de nuestros derechos y contra las injusticias y desigualdades que seguimos padeciendo diariamente.

Y, por si faltaba poco, ahora hay quien quiere hacer desaparecer el concepto de mujer como sujeto político en aras a una teoría un tanto pseudocientífica que consagra el género por encima del sexo. Que la inclusión y la diversidad están muy bien, pero esconden un patriarcado y una misoginia feroz hacia las mujeres. Y hay un problema cuando esto no se tiene claro. Y esto también se ve mucho más claro con unas gafas moradas puestas.

Y a veces me pregunto: si todavía nos cuesta identificar el machismo cotidianamente, ¿cómo no nos va a costar su identificación cuando se camufla y justifica detrás de tradiciones, pseudo teorías, micromachismos asentados y camuflados que sufrimos cotidianamente, un sistema prostitucional basado en el beneficio de proxenetas que utilizan el cuerpo de las mujeres como materia prima, u otro nicho de negocio encubierto sobre los llamados asistentes sexuales, o el gran negocio que ha saltado por los aires con la pandemia y que son los vientres de alquiler?

Queda mucho trabajo por hacer, muchas denuncias públicas que realizar, mucha pedagogía pendiente para cambiar las cosas y a veces el desaliento nos inunda, porque comprobamos cómo el patriarcado se cuela por rendijas que creíamos cerradas y hay que volver luchas por esos espacios ya conquistados.

Algunas de las propuestas de ley que se están haciendo desde el Ministerio de Igualdad, me dan mucho miedo, porque significan involución de derechos de las mujeres. Y es descorazonador para las que ya llevamos unos años en esto ver cómo y de nuevo, el patriarcado y sus lobbies de todo tipo se han encumbrado y están a punto de desmontar el concepto tradicional de mujer para cambiarlo por algo que claramente les interesa: mantener sus privilegios, aunque para eso hayan de borrar del mapa el concepto MUJER. Y eso me da miedo, a la par que me crea mucha desazón. Porque no todo vale en nombre del consenso. Hay que legislar para abolir la prostitución que nos envilece socialmente a todo el mundo, mientras se destroza la vida de decenas de miles de mujeres, para que los proxenetas sigan ganando dinero a su costa. Podemos perder una ocasión histórica en ese sentido, pero mucho me temo que unos de los lobbies del patriarcado, el de los proxenetas, se están infiltrando entre quienes han de tomar decisiones y está ganando la partida.

Me pasa igual cuando leo lo de la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre autodeterminación de la identidad sexual y expresión de género, que me saltan todas las alarmas y me preocupa mucho el tema, porque en el fondo subyace simplemente un “borrado” de las mujeres. Y las mujeres somos y estamos aquí, no se nos puede borrar porque otro lobby patriarcal así lo desee. Estamos y estaremos aquí.

Es posible que después de dos meses y medio de confinamiento total, mi estado de ánimo no sea el óptimo. Pero también este tiempo de silencio me ha permitido reflexionar sobre algunos temas y confirmar que, afortunadamente llevo bien puestas las gafas violetas, de las cuáles ya no creo queme pueda desprender en lo que me queda de vida.

Ben cordialment,

Teresa

 

Sorpresas

         Esta semana estaba corrigiendo los ejercicios de un curso que estoy impartiendo para el personal docente sobre micromachismos y me encontré con dos ejercicios que me causaron mucho dolor.

El primero de ellos era de una alumna de unos cincuenta años y en él relataba como su padre había abusado de su madre y de ella durante su infancia y cómo se había sentido de sola y de desamparada. No podía recurrir a su propia madre para que la amparara porque se encontraba en la misma situación y cuando se lo contó, solo tuvo por única respuesta “Somos mujeres y ellos se comportan así habitualmente. Es su naturaleza”.

Esta mujer, entonces niña, tuvo que aguantar que su padre se metiera en su cama durante años hasta que pudo escapar de su pueblo porque encontró trabajo en una cafetería que le permitió independizarse y pagarse una matrícula universitaria y, de ese modo, poder estudiar una carrera compatibilizando trabajo y estudios.

La peor parte, por lo visto, se la llevó su madre, a quien el salvaje de su marido le hizo pagar la huida de la hija de ambos con palizas y violaciones sistematizadas hasta que la mujer, en una de las palizas perdió la vida. Pero nadie se extrañó. Todo el mundo lo sabía y nadie hizo nada.

Mi alumna, por lo que relata, nunca volvió a ver a su padre. No fue ni al funeral de su propia madre con tal de no verle. Luego asistió en solitario al cementerio y se despidió de ella en la más estricta soledad.

Hoy es una profesora ilusionada por enseñar a su alumnado cómo la historia ha negado la presencia de las mujeres y en cómo es necesaria la reivindicación de su memoria histórica. Ha descubierto que los hombres no son bestias como su padre, quien ya falleció y de quien no quiso despedirse, y es madre de una hija y un hijo a quienes educa como ciudadanía libre y respetuosa con todo el mundo, sobre todo con las mujeres más vulnerables tengan el origen que tengan. Más

Criaturas nacidas por vientres de alquiler en tiempos del coronavirus

         Esta semana leía una noticia relacionada con los bebés nacidos por vientres de alquiler en Ucrania y Georgia y que, al estar las fronteras cerradas, quienes les han comprado, no pueden ir a buscarlos. Y en cómo están siendo “almacenados” en hoteles e incluso en casas particulares sin ninguna garantía sanitaria en los dos casos.

Cuando yo era pequeña, ni padre tenía unas cuántas vacas lecheras, cuyos terneritos eran vendidos al cabo de un tiempo porque mantenerlos no resultaba rentable.

Y esa es la imagen que ha venido a mi mente. Estas criaturas sin derechos e incluso sin inscripción en los registros civiles y, por tanto, sin identidad propia, están siendo alimentadas y teóricamente cuidadas por las empresas que se lucran con su venta. Pero en estos momentos de cierre de fronteras no se pueden vender y, por tanto, puede ocurrir que al no “existir” legalmente acaben desapareciendo.

Y por desaparecer me refiero a muchas maneras, porque los órganos infantiles son un mercado negro igual de rentable que el de los vientres de alquiler, y si los productos de los vientres no tienen la salida esperada, siempre se pueden acabar reciclando en otros productos. O el mercado de la pedofilia que también es un negocio ilícito y, a la vez boyante.

La práctica d ellos vientres de alquiler es, en sí misma, aberrante porque atenta contra la dignidad de las madres por ser explotadas reproductivamente y contra la de las criaturas nacidas por este sistema inhumano, porque, como ya he dicho en algunas ocasiones, las priva de su genealogía biológica y del vínculo emocional con su familia de origen. Más

Mujeres invisibles en la historia o historias invisibles de las mujeres

         Con este nombre acabo de impartir un curso on-line organizado por la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de mi pueblo, Ontinyent.

En él hemos puesto de manifiesto la ocultación que históricamente se he venido haciendo de las aportaciones de las mujeres en las distintas disciplinas científicas y culturales, así como en la política o en el deporte.

Han sido ciento doce las mini biografías que se han estudiado y que, a su vez ha conllevado cierto trabajo de investigación para poderlas conocer, así en genérico y a otras, poderlas conocer mejor.

Hemos estudiado nombres de todas las etapas históricas como por ejemplo la Reina-Faraón Hatshepsut que vivió, aproximadamente, entre los años 1479 y 1457 aproximadamente. O también a Francisca de Pedraza, una de mis favoritas, que vivió entre los siglos XVI y XVII i que fue la primera mujer en conseguir una sentencia de separación, con orden de alejamiento de su marido maltratador, tanto para ella como para sus criaturas y familiares.

Son pequeñas curiosidades rescatadas de la historia que nos permiten comprobar cómo la historia ha sido escrita por hombres y han ocultado los saberes y los talentos de tantas y tantas mujeres que han contribuido a que este mundo sea como lo conocemos ahora.

Esta es una estrategia más del patriarcado para mantener su prevalencia social, académica, etc. Más

Abolición ya!!!

         Esta mañana, al despertarme, me encontré etiquetada en un par de entradas en una red social (odio ser etiquetada en las redes) para “colaborar en una especie de caja de resistencia para las mal llamadas “trabajadoras del sexo” y apelando a que quienes tenemos una nómina, nos tocaba ser solidarias con las mujeres que no pueden “trabajar” por el confinamiento.

Al cabo de un rato recibo una notificación por otra red social sobre la reciente detención de siete personas por explotar sexualmente a doce mujeres de origen colombiano en dos ciudades de Andalucía, una de ellas menor de edad, incluso en estos días de confinamiento.

Está claro que la prostitución mueve muchos millones de euros se mire por donde se mire y que los tratantes de personas van a defender sus negocios a capa y espada, aunque sean ilícitos y las mercancías sean personas, mayoritariamente mujeres.

Pero hay algo que no entiendo. Es este tiempo de confinamiento obligatorio, ¿Por qué el Gobierno del Estado no ha decretado, específicamente, el cierre de todos los prostíbulos tanto de carreteras como los que se tienen dentro de las ciudades, así como los pisos donde se sabe que se ejerce la prostitución en pueblos y ciudades?. Han dejado a las mujeres prostituidas y explotadas sexualmente en un limbo jurídico y al albur, como siempre de sus explotadores y de los consumidores de mujeres.

Desde mi punto de vista no se pueden afrontar políticas integrales de igualdad entre mujeres y hombres mientras se aparca el tema de la abolición de la prostitución. Mientras haya una sola mujer víctima de trata con fines de explotación sexual y una sola mujer víctima de violencias machistas de cualquier tipo, incluidas las sexuales, las políticas serán de igualdad, pero me cuestiono mucho que sean feministas.

Y no se trata en absoluto de ir repartiendo carnets de quien es o no es feminista. Nada más lejos de mi intención. Se trata, desde mi punto de vista y sencillamente de mirar por el bienestar del conjunto de personas buscando la equidad entre mujeres y hombres. O dicho de otra manera y con una expresión que está en boga, de no dejar a nadie atrás tal y como ahora (y no solo por la pandemia) se está haciendo con las mujeres prostituidas y victimas de explotación sexual.

El Ministerio de Igualdad no puede seguir mirando para otro lado cuando se sabe donde están siendo explotadas sexualmente estas mujeres. Tampoco puede alegar la “voluntariedad” de estas mujeres cuando están siendo explotadas precisamente valiéndose de su vulnerabilidad económica tanto en sus países de origen como dentro del territorio del Estado Español.

El tan ansiado por el movimiento feminista, Ministerio de Igualdad, no puede ni debe quedarse de brazos cruzados cuando hay mujeres siendo consumidas y tratadas como si de animales se tratara al tiempo que son mercantilizadas para que unos gañanes hagan sus fortunas personales y empresariales.

La abolición de la prostitución tiene que ser un objetivo de esta legislatura política, porque se nos debe a las mujeres, a todas las mujeres y no solo a unas cuantas. Porque mientras se siga permitiendo que los cuerpos de las mujeres sean usados como mercancías de consumo que permitan amasar fortunas ilegales, nadie se puede llamar feminista. Más

No fue solo el ocho de marzo

         Tenemos a las cavernas mediáticas y políticas queriendo echar la culpa del contagio de la pandemia por coronavirus a las concentraciones y manifestaciones del pasado ocho de marzo. No niego que aquellas concentraciones ayudaran a la propagación de la pandemia, pero lo que afirmo con contundencia es que no fue el único motivo.

Ese mismo domingo había, también, una gran concentración de personas afiliadas y simpatizantes de la ultraderecha concentradas en la plaza de Vistalegre en Madrid y algunos como Ortega Smith ya tenían síntomas claros de estar contagiado. Pero ante esto, silencio.

El pasado uno de marzo se celebró una multitudinaria concentración humana durante “La crida” de las fallas de Valencia y dentro de la programación fallera. Y es más, la programación fallera con sus correspondientes “mascletaes” que congregan a miles de personas cada mediodía en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, no se suspendieron hasta el día once de marzo día después de que la Generalitat suspendiera Las Fallas y las Fiestas de la Magdalena en Castellón. También silencio.

Ante la concentración de socios y aficionados del Valencia Club de Fútbol ante el Mestalla para recibir a los jugadores del club ante el partido a puerta cerrada contra el Atalanta de Italia, cuando en este país ya había centenares de contagios, más silencio. O el viaje a Italia por parte del Valencia, jugadores y afición, más silencio.

Pero la culpa la tienen las concentraciones del ocho de marzo y, por ende, el movimiento feminista. Tócate las narices!!!!

Obviamente el patriarcado no pierde ocasión para criminalizar al feminismo que permanentemente cuestiona los privilegios otorgados por nacimiento a los hombres.

Insisto en la idea de que es posible que muchas personas se contagiaran del COVID-19 en las concentraciones del ocho de marzo. Pero de la misma manera que se contagiaron en las otras concentraciones humanas de las que he hablado y en tantas otras que no he mencionado y que se realizaron antes del decreto de confinamiento y no solo en las del ocho de marzo.

Mucho dirigentes políticos han perdido magníficas ocasiones para mantener la boca cerrada y ser prudentes. Y quizás uno de los que se hubiera podido callar para mantener su credibilidad fue el líder de Ciudadanos de Valencia, Toni Cantó cuando acusó a la Ministra de Igualdad precisamente por estas concentraciones.

Este hombre, misógino, al menos políticamente hablando, ya ha perdido varias ocasiones para callarse y haber sido prudente, pero su ansia de protagonismo permanente (debe ser una marca de la casa) le pierde. Y resulta que cada vez que ataca al feminismo y a las feministas, le toca pedir disculpas, pero no aprende. Claro que tampoco su petición de disculpas no es nada creíble, al menos para mí. Más

La crisis

         En medio de esta crisis sanitaria que significa la pandemia del coronavirus, al parecer, nos volvemos a olvidar de algunos temas no sanitarios, pero para tener en cuenta.

El viernes a mediodía fui a comprar a un supermercado que hay cerca de mi casa. El paisaje que me encontré era desolador, como imagino que en todas partes. Estanterías vacías, gente corriendo a coger la última botella de aceite o el último paquete de macarrones o la última bandeja de carne de pollo. Y mientras las cajeras no daban abasto y tuve la poca delicadeza de preguntar si llevaban así toda la mañana. La pobre mujer me miró y me dijo que llevaban así desde el lunes por la tarde. Había carros que parecían montañas e incluso algunas parejas llevaban un carro-montaña cada uno de ellos.

La cajera hizo un gesto de cansancio mientras esperaba que yo, avergonzada como lo estaba, no atinaba a encontrar la tarjeta para pagar. Justo en ese momento hubo comentarios de “un poco más rápido por favor” y nos miramos la cajera y yo y adiviné sus ganas de llorar por el cansancio y por el abuso de la gente.

Afortunadamente para mí, me fui de inmediato espantada como lo estaba al comprobar cómo el miedo nos convierte a muchas y mucho en seres irracionales y poco humanos.

Al llegar a casa mientras guardaba la compra pensaba en esta mujer y en todas las cajeras de los supermercados, sin guantes ni mascarillas de protección teniendo que pasar  tantas horas aguantando literalmente a energúmenos y energúmenas con miedo y exigencias y además a gente ignorante como yo que pregunta si llevan así toda la mañana cuando en realidad llevan así toda la semana.

No hay ninguna duda de que la valentía y el coraje que está teniendo todo el personal sanitario es encomiable y así se le reconoció el sábado por la noche por parte de la ciudadanía con un enorme aplauso desde los balcones de las viviendas. Pero yo me pregunto ¿Qué pasa con las cajeras de los supermercados, con las señoras empleadas de hogar, con las señoras de la limpieza de centros sanitarios de todo tipo, con las profesionales que están atendiendo a nuestros mayores en centros residenciales o en las residencias de menores, por ejemplo? Sabemos que todas ellas son profesiones feminizadas y que, por el tipo de trabajo de carácter asistencial que realizan, son imprescindibles en estos momentos para atender a la población más vulnerable o a los supermercados. Estas trabajadoras, en demasiados casos sin protección y casi siempre invisibilizadas, son población de mucho riesgo y sin ellas, en estos momentos de crisis, el sistema no funcionaria.

De nuevo la doble opresión de clase (profesiones y oficios habitualmente con salarios bajos y largas jornadas) se une a la opresión de género por su condición de mujeres.

De nuevo la sociedad invisibiliza sus trabajos por tratarse de trabajos relacionados con los cuidados y, como ya sabemos, los trabajos de los cuidados tradicionalmente los han realizado las mujeres. Más

La importancia de las palabras: El ocho de marzo es el Día Internacional de las Mujeres

         Últimamente se da por nombrar a este día de forma acrónima y reduccionista como, simplemente, 8M. Deducimos que todo el mundo sabe cuál es su significado. Y quizás sea así, pero se oculta el verdadero sentido de ese día: las luchas de las mujeres.

También en los últimos tiempos y por diversos motivos la palabra mujer o mujeres, está desapareciendo como sujeto político de algunos discursos incluso de los feministas. Palabras como persona gestante, inclusión e incluso igualdad, ocultan que quienes realmente sienten en sus carnes la desigualdad creada por el patriarcado somos las mujeres.

Al ocultar el sujeto político en las definiciones, resulta mucho menos ofensivo para quien realmente es nuestro objetivo como feministas: La lucha contra el patriarcado que nos oprime. Y el patriarcado, como muy bien sabemos, se camufla de muchas maneras para persistir e inventa nuevos modos para mantener sus privilegios sobre las mujeres y las criaturas. E incluso utiliza formas camaleónicas para contaminarlo todo y camuflarse para no ser distinguido. Incluso utiliza esos camuflajes para introducirse en el debate feminista y así dividirlo, como lleva un tiempo ocurriendo.

El 8 de marzo es el Día internacional de las Mujeres. Lo conmemoraremos en unos días y aunque este año no se ha convocado una huelga feminista por caer en domingo, eso no merma ni un ápice la fuerza de las reivindicaciones feministas sobre las desigualdades y discriminaciones que sufrimos las mujeres. Insisto LAS MUJERES. Y todas las mujeres sin excepción.

Por ser mujeres nos asesinan. Por ser mujeres sufrimos violencias machistas de todo tipo. Por ser mujeres tenemos menos empleo, que no menos trabajo que de eso nos sobra aunque no está retribuido. Por ser mujeres cobramos menos, incluso en las pensiones. Por ser mujeres se nos intenta silenciar, incluso físicamente. Por ser mujeres sufrimos micro y macro machismos. Por ser mujeres no se nos cree cuando afirmamos haber sufrido agresiones. Por ser mujeres se nos viola como símbolo de fuerza y de dominio. Por ser mujeres se nos juzga dentro y fuera de los juzgados de forma patriarcal. Por ser mujeres Se cuestiona nuestras voces en los espacios públicos y privados. Por ser mujeres se nos prostituye y se nos explota sexualmente para ganar pingües beneficios con nuestros cuerpos. Por ser mujeres se nos explora reproductivamente como vientres de alquiler para, también obtener beneficios. Y, si además de ser mujer, sufres alguna diversidad funcional o intelectual, sufres muchísimo más. O si eres una mujer negra se tienen que sumar la, todavía persistente, segregación racial. Por ser mujeres las distintas religiones pretenden, y a veces consiguen, dictar nuestras formas de vivir nuestra sexualidad y nuestra maternidad.

El movimiento feminista siempre ha sido solidario con los movimientos de otras personas que se sentían discriminadas por sus diferencias. Movimientos todos ellos lícitos y que poco a poco han ido consiguiendo sus objetivos y, al mismo tiempo, olvidándose del los objetivos del movimiento feminista. Cuando no, directamente volviéndose en contra del mismo, aunque con un discurso lleno de eufemismos y siempre políticamente correcto. Más

Por la fuerza

         Esta mañana escuchaba en la radio los testimonios desgarradores de tres mujeres muy mayores describir como la condición de mujeres fue decisiva en la forma de ser asesinadas por el franquismo. Además de ser violadas, a veces en grupo, eran torturadas y asesinadas.

Después del golpe de estado franquista, casi toda la población sufrió las consecuencias de la dictadura, pero los peores efectos los sufrieron las mujeres, tanto en la forma de ser asesinadas como las que sobrevivieron a aquellas matanzas, porque ya no vivieron, mal vivieron toda su vida.

Jornadas de trabajo interminables en los campos o sirviendo en las casas de quienes apoyaron el golpe de estado, sin una alimentación adecuada, y en numerosas ocasiones siendo abusadas por los señores y señoritos de la casa o por los propietarios de las tierras, sumaban nuevas formas de tortura para aquellas mujeres.

El asesino felón Queipo de LLano desde los micrófonos de Radio Sevilla despertaba los más bajos instintos de las tropas franquistas animandoles a violar y a asesinar a las mujeres. Esa era una de sus consignas.

Este terrible ejemplo de mujeres asesinadas y violadas por los soldados franquistas no es más que un ejemplo de lo que ocurre en cualquier conflicto armado en cualquier parte del mundo. Que los cuerpos de las mujeres se convierten en territorios que ocupar de cualquier manera. A la fuerza, pero hay que ocuparlos. Son botines de guerra y, a su vez, territorios conquistados.

El patriarcado, en sus múltiples maneras de imponer sus reglas, impulsa la conquista de los cuerpos de las mujeres como diferentes formas de torturas. Quienes ya tenemos unos años, recordamos la guerra de los Balcanes, con el asesino de Milosevich y su estrategia de limpieza étnica en la que las mujeres eran violadas sistemáticamente por las tropas y secuestradas para que no pudieran abortar y, de ese modo, llegar a dañarlas en su ser más profundo.

En las guerras africanas como el genocidio de Ruanda o las guerras del Congo, las mujeres, de nuevo eran violadas para así humillar a las tribus rivales después abandonadas, aún a sabiendas de que sus familias las iban a rechazar precisamente por haber sido violadas. Más

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Alicia Murillo Ruiz

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