Un primer aviso

         Con la convocatoria de las elecciones andaluzas para junio, de nuevo los partidos comienzan sus operaciones de “maquillaje” para poder “vender” (vender, si vender) sus opciones de gobierno en caso de lograr la confianza del electorado.

         Comienza el momento, pese a que todavía no ha llegado el tiempo de campaña electoral, de analizar los mensajes explícitos, pero también los implícitos, que van a determinar el voto de cada persona.

         Obviamente como valenciana, en estas elecciones autonómicas, no estoy convocada a votar. Pero lo estaré dentro de un año en las valencianas y, seguramente junto a muchas otras comunidades. Y ya me voy preparando para ver el paquete que cada partido nos pretende vender.

         Y es que más allá de las especificidades de cada comunidad, hay elementos que son genéricos y denominadores comunes de los partidos se presenten donde se presenten.

         No voy a engañar a nadie diciendo que mis prioridades pasan por temas como propuestas económicas de reparto de la riqueza, propuestas laborales creíbles y que ofrezcan trabajo decente y de calidad a quienes puedan acceder al mercado laboral, refuerzo de los servicios públicos y mejora de estos, etc. O, dicho de otra manera, de entrada, mi voto y de forma natural sería para opciones a la izquierda del PSOE de quien ya no me creo nada y a quien, afortunadamente para mí, jamás voté en una autonómicas ni generales.

         Hasta hace unos años, ya bastantes, esas eran mis premisas y las que determinaban mi voto. Mejor dicho, mis votos electorales autonómicos y en las elecciones generales. Pero como según dicen, la evolución es un grado, manteniendo intactas esas premisas, hoy tengo otras prioridades a la hora de analizar las opciones en quienes depositar mi confianza. Y, como no podía ser de otro modo, son las que defienden la agenda feminista en su conjunto.

         Y comienzo a tener claro que esas opciones las defienden pocos partidos. Tan pocos, al menos en estos momentos, que son solo dos y que no voy a nombrar porque seguramente estarán en la mente de todas y todos quienes lean estas letras.

         Y, como para las autonómicas valencianas queda un año, me voy a remitir a aquello de “obras son amores y no buenas razones”. Y, ¿por qué digo esto? Muy fácil. Lo que no se ha hecho, dicho o luchado a lo largo de los tres años pasados, muy difícil va a estar de realizar en el año que queda.

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Porque fueron, somos. Y porque somos, serán

         Hace una semana estuve dando una charla a adolescentes de entre catorce y dieciséis años sobre los micromachismos como una forma de entrada a las violencias machistas.

         Fueron dos horas muy intensas. Mucho. Los chicos adolescentes y algunas chicas también se sintieron atacados. Y eso que comencé mi intervención diciendo claramente que lo que íbamos a tratar no iba con ellos ni por ellos. Pero ni aún así, no hubo manera.

         Durante mi exposición, ya comenzaron los comentarios fuera de tono, los intentos de intervención, etc. Pero fue en el turno de preguntas cuando surgió el aluvión de críticas a lo expuesto, cuestionando incluso con malas formas, algunas de las frases que contenía el material expuesto. Tuve que repetir incesantemente a lo largo de todo ese tiempo que, cuando formularan su pregunta o duda, buscaran sumar para seguir aprendiendo en comunidad, pero no pudo ser.

         Durante la comida con las amigas que habían organizado el encuentro estuvimos comentando lo ocurrido y todas coincidimos en lo duro que resulta ver cómo, después de casi veinte años de la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 sobre medidas de protección contra la violencia de género que, entre otras medidas, contempla la sensibilización en todos sus aspectos y niveles, nuestra adolescencia siga con un discurso tan negacionista.

         Obviamente las feministas no vamos a cejar en nuestra tarea transmisora de los valores necesariamente igualitarios en nuestra sociedad. Y, obviamente también, la gente adolescente que acudió a la charla, y pese a todas sus resistencias, estoy completamente convencida que alguna cosa retendrá en su memoria incluso en el futuro. Sencillamente porque expuse bastantes ejemplos de situaciones en donde se dan micromachismos de forma cotidiana que pueden acabar derivando en cualquier tipo de violencia machista que vivimos de forma habitual las mujeres. Y, sobre todo las chicas, recordarán alguna cosa en un futuro próximo.

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Los cuerpos de las mujeres

         Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.

         Como hemos podido ver en diferentes fallas, los cuerpos de las mujeres son hipersexualizados y utilizados como reclamos para la sátira y la reproducción de los estereotipos más vulgares. Eso sí, siempre en “nombre” de la fiesta y de la tradición. Como si las violencias machistas contra las mujeres no se perpetuaran también a través de las fiestas y tradiciones…

         Hace muchos años y en el marco de un acto festero de mi ciudad, me comentaba un viejo conocido que las fiestas deberían ser un punto de encuentro social en el que desaparecieran las diferencias y toda la comunidad celebrara la vida. En aquel momento me pareció una buena definición.

         Este año, de nuevo, en las fallas se ha usado y abusado de la exposición de los cuerpos de las mujeres. Se llama sexismo. Y casi nadie, excepto las feministas lo denunciamos. Es más, cuando una mujer artista fallera ha construido su monumento basado en el cuerpo de una mujer sin hipersexualizar, simplemente mostrándolo desnudo y sin adornos, ha sido destruido y vandalizado. O dicho en otras palabras para que se entienda, ha sido violado como lo sería, mejor dicho, como lo son los cuerpos de las mujeres violadas. Y recordemos que, según el Ministerio del Interior, en España se interponen casi cincuenta denuncias por violaciones al día. Y hablamos solo de las denuncias y no de todas las violaciones que se producen realmente. No quiero ni imaginar los datos reales…

         Y aún así parece que se disculpen hechos vandálicos como la destrucción/violación del monumento fallero que mostraba el cuerpo de una mujer. En fin…

         Seguimos con los cuerpos de las mujeres. En las fronteras Ucrania se ha desatado una especie de “caza” de mujeres para ser explotadas sexualmente en los prostíbulos de toda Europa. Los proxenetas, ante la necesidad urgente de tantas y tantas mujeres están captándolas para explotarlas y esclavizarlas sexualmente. Sus cuerpos, una vez más son utilizados para satisfacer deseos sexuales y de dominación por parte de puteros que pagan para violar. Porque eso es el consumo de mujeres prostituídas: pago con derecho a violación. De nuevo los cuerpos de las mujeres usados y exhibidos para deleite patriarcal. Y, también en las fallas, la aparición de ninotes hipersexualizadas representando a mujeres prostituídas como algo “gracioso” y satírica crítica a posiciones políticas ante una situación que implica mucho sufrimiento para miles de mujeres que cada día son consumidas y violadas por puteros que, además, se permiten negar que lo son.

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A por un nuevo ocho de marzo!!

         Pese a lo que pudiera parecer, el feminismo no se rinde. Y aún a sabiendas de haber sido abandonadas por nuestros gobernantes, que a sí mismo de llaman feministas, no cejamos en nuestro empeño de defender la agenda feminista.

         Dentro de las reivindicaciones del 8 de marzo no cabe todo, por mucho que las posmodernas chupiguays lo intenten. El 8 de marzo es el día de las mujeres trabajadoras. Que, por otro lado, somos todas las mujeres, puesto que con o sin remuneración, todas trabajamos.

         Es un día de lucha y de reivindicación. Para nada es un día de fiesta. Un día para recordar que haber nacido mujeres comporta unos riesgos, incluso de muerte, por parte del patriarcado que nos quieres sumisas, dóciles y a su permanente servicio en cualquiera de sus formas.

         Por eso, y dentro de la agenda feminista, reivindicamos temas tan importantes como la abolición de la prostitución. Porque consumir mujeres por placer y por el placer de la dominación, como también se hace en la pornografía, es una manera de convertir nuestros cuerpos en bienes de consumo despojados de vida propia, de dignidad, de sentimientos etc. para pasar a ser “algo” qué consumir. Deshumanizarnos forma parte de la estrategia patriarcal para seguir ejerciendo su mandato de poder absoluto y universal. Y para hacerlo, se recluye a las mujeres tratadas en burdeles convertidos en campos de concentración en los que, además de prostituir mujeres, se les cobra casi hasta por el aire que respiran para, de ese modo poderlas seguir explotando sexualmente. Tratadas, como animales y vendidas cada vez que se paga por poderlas penetrar por casi todos los orificios de sus cuerpos por hombres a los que no desean, esas mujeres son usadas como mera mercancía para ganar dinero a espuertas en un negocio ilícito que mueve muchos millones de euros usando los cuerpos de mujeres como materia prima.   

         En plena ofensiva bélica en Ucrania, a mucha gente le preocupa sobre todas las cosas, “su” negocio. El poder salvaguardar al lucrativo negocio legal de los vientres de alquiler que, gracias a la explotación reproductiva de las mujeres, alimenta, incluso parte de las armas que se están entregando a la población para defenderse de la injustificada agresión rusa. Mujeres recluidas en granjas que son privadas de sus libertades para que “el producto final”, léase, las criaturas que han de nacer lo hagan sin ningún problema o tara y en perfecto estado para poder ser entregadas a sus compradores en un negocio sino ilícito, al menos totalmente indigno de compraventa de criaturas. El feminismo exige la prohibición de estas prácticas en todos los lugares y en todas las naciones. Porque el feminismo es universalista y los derechos de las mujeres no deben ser diferentes dependiendo del lugar de origen o del lugar de residencia. Han de ser universales.

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¿Diversidad?

         Una hermosa palabra que pretende integrar a todas las personas bajo del paraguas de los derechos humanos. O, dicho de otro modo, una expresión que pretende erradicar privilegios, dando, a todas las personas el mismo estatus social.

         Y, al mismo tiempo, una expresión que ha sido colonizada por lobbies interesados en hacer negocios con el pseudo sufrimiento de personas vulnerables, sobre adolescentes cuya inseguridad les hace todavía más vulnerables si cabe.

         Con esta expresión hermosa y llena de dignidad han construido su bandera aquellos que, bajo el ¿neo? concepto de modernidad, proponen el borrado de las mujeres como sujeto político y que, además pretenden apropiarse del feminismo. Y todo ello adobado con infinidad de medios aportados por farmacéuticas y clínicas privadas que “arreglan” aquello que la naturaleza ha hecho mal.

         Y, no contentos con ello, se inventan un neolenguaje muy moderno, eso sí, con el que se pretende, entre otras cosas, usurpar espacios de seguridad conquistados por las mujeres. E incluso, espacios reivindicativos propios del feminismo. Además de contar entre sus aliados más firmes, a políticas de corte reciente que venían a salvar el mundo gritando “Sí se puede” sin avisar que dentro de esa expresión también estaba incluido e implícito el borrado de las mujeres.

         Bajo esa pseudo diversidad mal entendida cabe todo. Incluida la exclusión de las mujeres como sujetos políticos víctimas de desigualdades y de discriminaciones específicas por haber nacido mujeres. Si, mujeres con sexo de mujer. Mujeres sexuadas que son violadas, asesinadas, agredidas, menospreciadas, discriminadas, y un largo etc. por haber nacido mujeres.

         Pero resulta que ahora y con el nuevo neolenguaje inventado y aprendido a base de repetición y odio hacia las mujeres que reivindicamos seguir defendiendo nuestros derechos y eliminar nuestras desigualdades, ser mujer se ha convertido en un deseo.

         Un deseo al que se puede acceder y del que se puede renegar en cualquier momento. Y para ello, se han organizado y han copado una parte importante del Gobierno, haciéndole creer que son un caladero de votos importante debido al ruido permanente que generan y a las, no siempre confesables, complicidades con las que cuentan, para intentar aprobar leyes que son atentatorias contra los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres.

         A poco que rasquemos, advertimos que, como dice la comedia de Shakerpeare, solo hay mucho ruido y pocas nueces. Porque lo que están intentando a bombo y platillo es ni más ni menos que asentar identidades a base de saltarse procedimientos administrativos que, para acreditar otras situaciones son insalvables. Porque el cambio de nombre registral así como otros derechos, ya se contemplan actualmente en la legislación vigente.

         De nuevo se hace presente y patente la necesidad impuesta por el patriarcado, no solo de mantener privilegios, sino de aumentarlos a cualquier precio. No solo se trata de ser lo que YO quiera en cada momento. También se trata de que ese sea mi privilegio, aunque para ello tenga que volver a someter los derechos de otros seres humanos libres y ya sometidos que son las mujeres. Esa es la verdadera esencia de quienes claman por SU diversidad excluyente y perversa para con las mujeres.

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Y seguimos con la ignominia patriarcal

         Asistimos indignadas a la permanente ignominia patriarcal cotidiana. A veces creo que más que contraatacar, el patriarcado provoca permanentemente. De lo contrario, ¿Cómo se puede explicar que un entrenador como el del equipo femenino del Rayo Vallecano femenino, que es capaz de animar a una violación en grupo para crear vinculación de grupo siga sin ser cesado por el presidente de su club o, lo que sería esperable, sin dimitir?

         Pero este, es solo un ejemplo de lo que estamos viviendo y que con temas como el puñetero debate sobre lo que ha ocurrido en el Benidorm Fest, nos tiene adormecidos como sociedad.

Y mientras nos encontramos con que un monitor deportivo elude la cárcel por abusar de la hija de cinco años de su expareja y se le permite seguir trabajando con criaturas. O con que la canción ganadora del puñetero festival de Benidorm es un alegato encubierto de la prostitución. O cómo en algunos medios de comunicación y al final de una noticia sobre el asesinato de las mujeres por terrorismo machista, se añade la coletilla de que nunca habían denunciado por violencia de género a sus asesinos, con lo cual y de forma indirecta se las acusa de su propio asesinato. O de cómo se revuelve la sociedad ante la muerte en general, pero ante los asesinatos de mujeres nos envolvemos en impasibilidad y en cierto halo de inevitabilidad estructural. O en como algunos políticos, sobre todo del PP son investigados por «presuntamente» cobrar a los presos de algunas cárceles los servicios de prostitutas, que previo pago, él les enviaba a la cárcel. O sea, proxenetismo carcelario. O cómo tenemos de normalizado el hecho de que nuestros adolescentes consuman pornografía como forma de iniciarse en el sexo. Una forma que cosifica y violenta a las mujeres como forma de relación.

Pero al parecer, nada de eso es importante. Las mujeres somos más de la mitad de la población, pero hay “señores” que nos siguen considerando un “colectivo”. Somos la mitad de quienes habitamos el planeta, pero la pobreza tiene rostro de mujer porque el rostro del hombre viene de la ocupación de espacios de poder que actúan para perpetuar el mantenimiento de sus privilegios históricos.

Nos matan, nos violan, nos abusan, nos prostituyen pero la justicia, que sigue siendo más patriarcal que justa, siempre busca la forma menos perjudicial para el agresor que justa para las víctimas. Siempre encuentra algún eximente, justificación o artículo que mejore la situación de los agresores en detrimento del sufrimiento de la víctima. ¿Acaso hemos olvidado el terrible juicio de “la manada” y los votos particulares de la sentencia? ¿O el asesinato de Ana Orantes que, tras haber denunciado las palizas, la sentencia indicaba que había de compartir vivienda con su agresor que la acabó asesinando? ¿O los asesinatos vicarios de criaturas como Ana y Olivia o los que cometió José Bretón para dañar a las madres?

Tenemos, también, memoria patriarcal. Y construcción psicológica patriarcal. Vemos lo que ocurre, lo sabemos, lo sufrimos, pero en demasiados casos, cuesta demasiado actuar, porque el patriarcado lo ha construido todo para su éxito, para vencer en todas las batallas.

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Las mujeres: personas con derechos humanos incompletos

         No hace ni un mes que hemos comenzado el año y las malas noticias sobre los asuntos que nos afectan a las mujeres, no cesan.

         Comenzábamos el día tres de enero con la siguiente noticia: “El Tribunal Constitucional se lava las manos y dice que no quiere entrar en valorar si saldar una deuda entre adultos a base de felaciones o sexo oral es legal o no”. Así, directamente en vena.

         El alto Tribunal, con esta decisión e indirectamente avala la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Baleares que falló en ese sentido. O lo que es lo mismo, a partir de ahora, dos personas adultas están legitimadas judicialmente para satisfacer las deudas contraídas entre ambas partes «en especies». Es decir, que podrán acordar liquidar las cargas económicas mediante felaciones o cualquier relación sexual como si de una relación contractual se tratara. Y después nos niegan que la Justicia esté patriarcalizada. Por lo visto para algunos jueces e incluso alguna jueza consideran que a las mujeres nos pueden exigir sexo por deudas pendientes. O, dicho de otro modo, nos pueden prostituir, vejar, amenazar o acosar por haber contraído una deuda con un varón. Recordemos que estamos hablando de la Justicia, no de opiniones vertidas en un café. No. De una decisión de uno de los más altos Tribunales del Estado y del más alto de la Comunidad Balear. Después se nos pide que acudamos a la Justicia. Ya!

         Seguimos con más informaciones.

         Esta semana pasada, la maltesa Roberta Metsola fue elegida presidenta del Parlamento Europeo con los votos liberales y socialdemócratas, entre los cuales se encuentra la representación del PSOE.

Estupendo que un partido que se reivindica como feminista dé sus votos para elegir como presidenta de uno de las más importantes instituciones europeas a una mujer antiabortista y del Partido Popular. Se le llama incoherencia política sobre todo en tiempos en donde los derechos de las mujeres están en franco peligro. En fin…que luego nos vengan reivindicando su talante feminista, con estas capitulaciones políticas, dice mucho del partido socialista.

         Este es un claro ejemplo que de el hecho de que una mujer esté en las instituciones no la convierte en aliada del feminismo. Más bien, al menos en este caso, la convierte en un ejemplo de ambición cumplida y de falta de ética para con los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres.

Pero como ya sabemos, la política hace extrañas compañías de viaje, según los intereses partidistas del momento.

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Tras las Navidades,…Uf!!!

         Después de algo más de un mes de silencio (y descanso) vuelvo a escribir para dar salida a mis pensamientos y reflexiones particulares.

         Ha sido un mes agitado informativamente hablando por lo que respecta a los derechos de las mujeres. Pero vamos por partes y no necesariamente por orden cronológico.

         La red social del pajarito azul cerró o bloqueó la cuenta de una feminista española valiente, joven formada y con criterio propio. Ella se llama Paula Fraga y es muy clara con respecto a los principales temas de la agenda feminista como los vientres de alquiler, la abolición de la prostitución y la pornografía, o las (nefastas) consecuencias que, para los derechos de las mujeres, tendría la aprobación de la llamada Ley Trans y que el Ministerio de Igualdad tiene previsto aprobar, junto con el resto del Gobierno y el voto favorable de los partidos que dan su apoyo al gobierno, en el presente año.

         Dicha red del pajarito azul, una empresa privada, no está de más recordarlo, ha pisoteado los derechos constitucionales de una ciudadana del Estado Español, sin que nadie, más allá de las feministas radicales, hayamos alzado la voz para darle soporte.

         Paula, jurista de formación, sabrá qué tiene que hacer en ese sentido, pero la hemos intentado arropar, aunque haya sido simbólicamente y en esa misma red. Desde estas líneas quiero hacerle llegar mi solidaridad, al igual que la de muchas compañeras feministas.

         Otra sorpresa que también ha llegado con el año nuevo ha sido el registro de un nuevo partido político, “Feministas al Congreso” que, como no podía ser de otro modo, ha levantado ampollas. Y las ha levantado, curiosamente entre algunos partidos de izquierdas mixtos y no tan mixtos.

Las reacciones no se han hecho esperar y, curiosamente, ninguna positiva viene de esas formaciones políticas. Las reacciones de “vais a fragmentar más de lo que ya lo está el bloque político de la izquierda”, dicho por sesudos y progresistas “compañeros” de esas izquierdas para las que existe una clara disociación entre los derechos del conjunto de la ciudadanía y los derechos de las mujeres, en detrimento claro de estos últimos, han sido inmediatas.

Pero lo más curioso si cabe han sido otras reacciones que, creyéndose hegemónicas de la representación política del feminismo, han llegado a sacar un manifiesto recordando su existencia y sus análisis marxista de la realidad.

Vistas estas reacciones, alguna cosa bien se debe de estar gestando por el nuevo partido político, a cuyas dirigentes también se las acusa de connivencia con la ultraderecha, por expresar su oposición a la gestión del Ministerio de Igualdad. O sea que la pseudo izquierda que está al frente del actual Ministerio, practica aquello tan viejo del “estás conmigo o contra mí”. O, dicho de otro modo, pensamientos únicos e imposición de realidades sin tener en cuenta opiniones de personas que han estudiado y trabajado con ahínco las repercusiones que, para los derechos de las mujeres pueden tener la aprobación de las leyes que pretende el Ministerio. Como vemos, se nos está quedando un panorama muy neoliberal posmoderno guay con las decisiones del Ministerio y, por extensión del Gobierno, muy poco halagüeño para los derechos de las mujeres. Pero eso sí, cuando discrepamos, aparece la caverna misógina de derechas y pseudoizquierdas para tacharnos de malas, brujas, ultraderechistas, y no sé cuántas cosas más, para acabar cerrando cuentas en redes sociales de quien no comulga con “sus” ruedas de molino. Todo muy democrático, como podemos observar…

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¿Dónde están los hombres?

Ésta es una de las preguntas para las que me gustaría encontrar respuesta cada vez que asesinan a una mujer para ser mujer. Sí, aparecen en las concentraciones convocadas en las puertas de las instituciones. Hacen declaraciones políticamente correctas, apuestan por la condena pública, faltaría más, pero eso no responde a mi pregunta: ¿Dónde están los hombres día a día cuando callan, o hacen chistes misóginos o cosas peores? ¿No se sienten interpelados cada vez que una mujer es asesinada por otro hombre?

Quizás son demasiados años de activismo feminista, pero empiezo a tener ganas de gritarles que ya es hora de que ellos también se mojen de otro modo ante los asesinatos machistas y las violencias machistas que sufrimos las mujeres. Empiezo a ver que, mientras no se sientan interpelados en sus privilegios patriarcales y reaccionen abiertamente, cuestionando el hecho de que estos privilegios han sido construidos sobre la base del sufrimiento de las mujeres, las condenas, o su presencia en las concentraciones, será sólo testimonial. O como dice mi madre, sólo para salir en la foto.

Quiero más voces masculinas como la de Miguel Lorente Acosta que lo pone todo patas arriba y cuestiona sus propios privilegios. Otras voces masculinas lo intentan, pero a poco que rascas, se les ve el plumero patriarcal con rapidez.

Bajo el paraguas de las llamadas “nuevas masculinidades” han aparecido algunas voces que quieren cambiar cosas. Pero me da la impresión de que quieren cambiarlas desde su posición preeminente o dicho de otro modo, simplemente maquillarlas. No acaban de empatizar con las mujeres víctimas de todas las violencias machistas. No sienten compasión por ellas. Y hablo del término «compasión» en sentido humano. No saben entender su sufrimiento en manos de otros hombres. Y, por tanto, no pueden sentir el problema como propio.

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Hacia un 25 de noviembre y HARTAS!!!

         Solo faltan unos días para conmemorar, de nuevo, el 25 de noviembre, Día Internacional contra las violencias hacia las mujeres. Y de nuevo, hemos de manifestar que estamos HARTAS de tantas violencias como se ejercen contra nosotras.

         HARTAS de que nos asesinen por ser mujeres. En lo que llevamos de año han sido asesinadas, según la web feminicidio.net, 69 mujeres y niñas hasta el 07/11/2021. Mujeres asesinadas por feminicidio íntimo o no, por el hecho de ser mujeres. Y después nos intentan vender que el hecho de ser mujer es solo un sentimiento. Lo será paralas chupiguays, pero no para las más de mil cien mujeres (1.118 a fecha de hoy) asesinadas por ser mujeres desde que se comenzaron a contar este tupi de asesinatos (que no muertes) en 2003.

         HARTAS por no comprender que más de mil cien mujeres que quedaron sin voz y sin vida por haber nacido mujeres y haberse tropezado en sus vidas con asesinos malnacidos que las creyeron de su propiedad y, por ello, con el derecho de asesinarlas.

         HARTAS por saber que cada cuatro minutos se viola en el Estado Español a una mujer según el propio Ministerio del Interior y que se sigue sin implementar la educación afectivo sexual en las aulas y en los curriculums de los centros educativos, incluso de infantil.

         HARTAS de que la pornografía en abierto sea la escuela en donde nuestra juventud se está educando sin que los Ministerios afectados (consumo, educación, igualdad, derechos sociales, etc.) intervengan y prohíban ese tipo de publicaciones en abierto. Publicaciones a las que acceden nuestros jóvenes, cada vez más jóvenes y copian toda la violencia que se ejerce contra las mujeres en sus primeras relaciones. Y ellas sin alternativa por, precisamente, falta de referentes por falta de educación afectivo sexual y emocional.

         HARTAS de comprobar cómo las violaciones en grupo van aumentando sin que se tomen medidas para frenarlas y que, además, las sentencias patriarcales sean relativamente livianas respecto del dolor causado a las víctimas.

         HARTAS de no poder ir a tomar una copa con tranquilidad por temor a ser drogadas con el fin de ser violadas posteriormente por sumisión química y que, además, los propietarios de algunos locales sean cómplices.

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Alicia Murillo Ruiz

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