Escritoras

         Como cada año, se acerca el 23 de abril Día Internacional del Libro que es una conmemoración celebrada a nivel mundial con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor». Como vemos, incluso la UNESCO se olvida de las autoras.

         Aunque muy recientemente y en otro medio de comunicación escribí sobre la necesidad de descubrir autoras, hoy voy a hacer lo mismo repitiendo alguna de ellas e incluyendo otras, puesto que el universo narrativo femenino es inabarcable y solo voy a recomendar lo que yo he leído, porque no me puedo atrever con autoras desconocidas.

         De Laura Nuño lo he leído casi todo, sobre todo sus dos últimos libros “Maternidades S.A.” y “El derecho a la educación” me parecen dos libros imprescindibles para entender algunas controversias del feminismo actual.

         De Pilar Aguilar Aguilar Carrasco tengo pendiente “Feminismo o Barbarie, volumen 2” y lo estoy deseando leer en seguida que tenga un hueco y que espero que sea tan ameno y divertido como el primer volumen.

         De Gemma Lienas he leído alguno de sus cuadernos, “Rebels, ni putes ni submises” y recientemente “Derechos frágiles”. Todos ellos de muy recomendable lectura.

         De Almudena Grandes he leído mucho, pero sin dudarlo me quedo con” El corazón helado” y “La madre de Frankenstein”. Impactantes los dos y con una riqueza de personajes apabullantes.

         También y recientemente leí “El evangelio según María Magdalena” de Cristina Fallarás. Lenguaje directo, claro y desgranando el papel de las mujeres, incluso de clase alta en aquellos momentos tan convulsos.

         Como siempre, necesito reivindicar a Raquel Ricart Leal con sus “Les ratlles de la vida”. Una historia sobre una saga familiar a la que he vuelto en varias ocasiones y siempre descubro cosas nuevas. Una dura, pero bella historia de nuestra propia historia de postguerra.

         Hace muchos, muchos años, leí “Pedra de Tartera” de María Barbal. Me pareció tan dura que incluso, después de tantos años se me encoge el corazón solo con recordar el nombre de la novela.

         De Gioconda Belli, También lo he leído casi todo. Desde su “Mujer Habitada”, pasando por “El país de las mujeres” o “El intenso calor de la luna” y con todos he disfrutado muchísimo.

         De Edurne Portela solo he leído “Mejor la ausencia” en donde se juntan todas las violencias posibles que podía sufrir una mujer joven en los años 80 y 90 en un convulso País Vasco,

         De la gran Maruja Torres me enamoró hace años “Un calor tan cercano” y años después el de “Esperadme en el cielo” que me robó el corazón por la ternura, la lealtad y el amor que se tenían los tres amigos.

         Otras autoras quizás más desconocidas pero que me marcaron también son María Català con sus “Urpes de seda”, Linda D. Ciriano con “La venedora d’ous”, Jetta Carleton con sus “Cuatro hermanas”. Anna Oliver Borrás con su “Parlem d’amor? Tu tries”

         Y volvemos a una de las grandes Ángeles Caso con sus “Olvidadas” o “Contra el viento”, dos imprescindibles leídas i releídas varias veces.

         El primer libro que leí en catalán me lo regaló una amiga, Anna Piera, y era de Carme Riera “Te deix amor la mar com a penyora” y marcó un antes y un después en mi relación con mi propia lengua materna.

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No podemos olvidar

         Recuerdo que hace veinte años ya compré el libro que Juan José Millás escribió sobre Nevenka Fernández. Libro cuyo nombre no recuerdo, lo siento. Me impactó la tolerancia social con los actos de acoso sexual de gente que se creía intocable y que gracias a la denuncia de Nevenka que, recordemos, se tuvo que exiliar, alguna cosa hemos avanzado.

         Debo ser una rara avis por no tener Netflix y, por tanto, no haber podido ver la tan nombrada serie sobre el tema, visto con veinte años de diferencia.

         Nevenka fue un punto de partida en la denuncia de las violencias ocultas que padecemos las mujeres.

No recuerdo si fue antes o después llegó el caso de Ana Orantes, asesinada por su marido, recordemos que fue condenada judicialmente a vivir con su agresor quien la acabó asesinando días después de que contara en una televisión su caso.

Un caso quizás menos conocido, pero igual de doloroso fue el asesinato, disfrazado de incendio de una exconcejala de Esquerra Unida, Dolores Moya González, a manos de su marido, también concejal de esa misma formación que después se ahorcó en la enfermería de la prisión de Picassent (Valencia).

Ahora, está en boca de todo el mundo el hecho de que Rocío Carrasco Mohedano, hija de Pedro Carrasco y Roció Jurado, haya decidido contar su verdad sobre la relación con el padre de sus hijos, el exguardia civil apartado del cuerpo por quedarse con dinero de sanciones y que, según las palabras de ella misma, la amenazó con hacerle la vida imposible.

Todo el mundo la ha culpado en algún momento de ser mala madre porque siempre ha mantenido silencio sobre ese tema mientras el padre iba de plató en plató contando lo que le apetecía y ganado dinero a su costa. Ella mantuvo silencio todos estos años.

El poco o nulo apoyo recibido por su familia y su silencio extremo han facilitado todo tipo de especulaciones. Sólo su pareja, ahora su marido, y sus amistades más allegadas, al parecer conocían la verdad del infierno que vivía esta mujer conocida.

Desde el año 2003 son más de mil mujeres asesinada a manos de sus parejas o exparejas. Son cientos de miles las que viven en un estado de terror permanente aprisionadas dentro de sus hogares donde, en principio deberían ser espacios seguros. Porque se sigue negando la evidencia de las violencias machistas.

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Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

A las puertas de un nuevo ocho de marzo

        

        El ocho de marzo, de nuevo llama a la puerta. En un año difícil y muy complicado por la situación pandémica no habrá manifestaciones multitudinarias como en los últimos años, ni huelga feminista, ni actos que impliquen contacto estrecho. Pero eso no significa que no haya motivos para la reivindicación en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, porque todas trabajamos, aunque no tengamos un salario.

         Algunas pinceladas. La brecha salarial sigue siendo de más del veinte por cien entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. Y ello, pese a la implantación de planes de igualdad en las empresas. Los contratos a tiempo parcial se siguen haciendo mayoritariamente a las mujeres, lo cual las empobrece en la actualidad y también en el futuro ya que cobrarán pensiones más bajas.

         Los llamados “suelos pegajosos” y “techos de cristal” siguen instalados en las empresas y son las mujeres quienes los sufrimos. El suelo pegajoso, no nos permite avanzar en nuestras carreras profesionales debido a las dobles o incluso triples jornadas. Y, el techo de cristal son las barreras invisibles que impiden a las mujeres progresar al mismo ritmo que los hombres en sus profesiones y, además, llegado un punto dejan de progresar, mientras ellos lo siguen haciendo sin parar.

         Y si nos adentramos en la realidad de las mujeres con diversidad funcional, el grado de superación que estas han de demostrar, está muy por encima de lo que hemos de demostrar quienes no la padecemos. Ellas, junto con las mujeres mayores, padecen unos niveles de violencias machistas superiores a la media. Y esa media hay que decir que es alta.

         Porque las violencias machistas, no son solo los golpes. Esos son la penúltima manifestación de la peor de las violencias. En estas mujeres, además, se ceban con los insultos, las violencias económicas al apropiarse indebidamente de sus pensiones, el abandono emocional e incluso físico, etc.

         El patriarcado ha construido su imperio gracias al miedo y ese miedo sigue latente en las relaciones de hoy en día. El miedo al dolor, a ser violentada sexualmente, al desprecio, a nos ser aceptada por actuar de diferente manera a lo que se espera de ti, y así un largo etc. Uno de sus mayores aliados son los credos religiosos que siempre imponen la obediencia de las mujeres a los hombres y que justifican las violencias contra ellas, incluso siendo sumisas.

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Alianzas patriarcales

         Esta ha sido una nueva semana convulsa democráticamente hablando. El pasado martes detuvieron a Pablo Hasél a la fuerza puesto que estaba en orden y captura por no haberse presentado e ingresado en prisión. En el último momento se atrincheró con otras personas en el rectorado de la Universidad de Lleida, en donde entró la policía autonómica catalana y le detuvieron el pasado martes día 16 de febrero.  

         A partir de ese momento y de una manera totalmente interesada, alguna gente le convirtió en una victima del sistema opresor que impide la libertad de expresión en el Estado Español. De ahí a las algaradas nocturna, un solo paso y cada noche ha habido concentraciones, quema de contenedores, ruptura de escaparates, etc. Y cómo no, cargas policiales desmesuradas que con una pelota de foam hirieron a una manifestante que acabó perdiendo un ojo.

         La gente de izquierdas y republicana “compramos” el discurso del encarcelamiento de Hasél por injurias a la corona y más cosas por parte de Tribunales de derechas que solo encarcelan a gente que les molesta y siempre amparados en la nefasta ley mordaza.

         He aquí un argumentario perfecto para cabrearnos a toda la izquierda por un nuevo caso de acoso a la libertad de expresión. Todo encaja a la perfección.

         Pero hete aquí que un par de días después y trasteando por twitter me encuentro con un tuit de mi admirada Pilar Aguilar Carrasco que me dejó ojiplática y resituada en el tema. Resulta que la “víctima” encarcelada y origen de las revueltas es un misógino activista y violento. Y no solo en las redes sociales.

Y ahí aparecen los límites y las preguntas. Y, por supuesto, las respuestas. Pero vamos por partes.

El pijoprogre encarcelado, ha sido juzgado por injurias a la corona y temas similares, por lo que está en la cárcel. La gente que le juzgó es absolutamente sensible a la ofensa a las instituciones, pero por lo visto, completamente insensible ante las ofensas y amenazas a las mujeres que, recuerdo, somos algo más de la mitad de la población mundial. Primer punto de la alianza patriarcal. O, lo que es lo mismo, no puedes meterte con una institución que como se está viendo, está bastante deteriorada por sus propios actos, pero puedes decir y cantar lo que te venga en gana contra las mujeres, aunque tus palabras reflejen violencias machistas de todo tipo.

Segunda parte. Las revueltas consecuencia del encarcelamiento de este “angélico”, son violentas y destructiva, porque están irrumpiendo en el espacio público (tradicionalmente masculino) para destrozar mobiliario urbano (recursos públicos que pagamos entre toda la población) e incluso atentando contra los negocios que son la fuente de ingresos de familias. O sea, ¿ejercer violencia callejera, para reivindicar la libertad de expresión de un tipo machista y misógino? O, ¿acaso se ejerce como muestra de una virilidad mal entendida? O, lo que todavía podría ser peor ¿para reivindicar las violencias machistas en los mensajes de twitter y en alguna letra de Hasél? Que cada cual saque sus propias conclusiones. Segunda alianza patriarcal.

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Temores y dudas

         Hoy más que una reflexión voy a exponer mis dudas y mis temores ante la próxima negociación para la aprobación de la llamada “Ley Trans”.

         Aparte de todas las consideraciones que ya he expuesto en varias ocasiones, me asalta la duda y, porqué no decirlo, el temor también, que todo el lobby que hay detrás, esté haciendo tanto ruido para permitir que pasen desapercibidos dos temas que también preocupan y mucho. Y estos temas son la legalización de los vientres de alquiler y la regulación de la prostitución.

         Hay demasiados intereses coincidentes para estos lobbies y mucho dinero y privilegios que mantener. Así, mientras suena el ruido con la ley trans, se deja de hablar de estos dos asuntos de vital importancia, porque se basan en los cuerpos mercantilizados de mujeres mayoritariamente en situación de vulnerabilidad económica.

         En ambos casos y, salvo honrosas excepciones, últimamente hay demasiado silencio con estos dos temas y, al contrario, existe demasiado ruido con lo de la “ley trans”.

         Lo que está en juego en los tres supuestos es, desde mi punto de vista, la consagración de los deseos mayoritariamente masculinos y particulares frente a los derechos de las mujeres en todos los aspectos. O sea, un sistema neoliberal i posmoderno en los deseos, frente a un estado social y de derechos.

         Confrontar estas dos situaciones cuando se ha sido activista social y feminista a lo largo de los años, chirría bastante. Los derechos siempre se han conseguido con lucha y para toda la comunidad.

Cuando se consiguió una jornada laboral de ochos horas diarias, dicho derecho lo fue para toda la clase trabajadora, pese a las perversiones realizadas por el propio sistema capitalista.

         Cuando se consiguió el derecho al aborto, aunque fuera tutelado y dentro de unos plazos, lo fue para todas las mujeres y no sólo para quienes se lo pudieran pagar.

         Cuando se aprobó el matrimonio igualitario, lo fue para todas las personas homosexuales y no se excluyó a nadie del PP a pesar de la campaña en contra radical que se hizo. E incluso, algunos de sus militantes más preeminentes como el propio senador Javier Maroto ha hecho uso de dicho derecho, por ejemplo.

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Sobre los pitufos y la pitufina

         Es muy curioso ver cómo incluso el corrector me marca como error la palabra “pitufina” pero no la de “pitufos”, en fin, ya sabemos cómo funciona esto de los lenguajes y el genérico masculino. Otra herramienta del patriarcado para la ocultación de las mujeres en los espacios simbólicos de la creación del pensamiento.

         Esta semana, y no recuerdo exactamente donde, escuché un argumento que me hizo reflexionar. El argumento en cuestión era el siguiente: Si observamos el mundo de los pitufos están muchos representados como, el “abuelo pitufo”, “fortachón”, “vanidoso”, “gruñón”, “granjero”, etc. pero en cambio solo en 1966 apareció una pitufina que debía representar a todas las formas que en ellos eran diversas. Hemos de recordar que la primera aparición de estos dibujos fue en 1958. “Solo” tardaron ocho años. Nada más…

         A raíz de este comentario tan aparentemente sencillo, mi cabeza comenzó a dar vueltas alrededor de eso.

         No haber puesto ninguna pitufina en el universo pitufil, hubiera sido tachado de muy machista, incluso en aquellos años. Y la incluyeron.

         Pitufina fue creada por Gárgamel (el malo) usando arcilla y un hechizo que la hizo malvada, con el fin de que usara sus encantos y provocara los celos y la competencia entre los Pitufos, asegurando su destrucción. La dejó en el bosque y Pitufo Fortachón la llevó a la aldea pitufa, donde hizo travesuras al punto de que nadie la soportaba. ¿Nos va sonando el tema y sus coincidencias? ¿No os recuerda cómo surgió Eva de la Biblia? O no, solo por la forma de aparecer. Pero en realidad se parece mejor a la teóricamente pérfida Lilith. Sigo.

         Es una de las cuatro mujeres de la aldea, pero ella fue la primera en aparecer. Tiene rasgos más delicados que los demás, con el pelo ondulado rubio largo y pestañas largas. Usa un vestido blanco y tacones altos del mismo color. Su interés es cuidar y querer a cada Pitufo. Seguimos con los estereotipos femeninos por antonomasia.

         Como vemos en este personaje, asimila todo aquello que se espera de las mujeres para que, desde la más tierna infancia, quede claro la multiplicidad de posibilidades de los varones frente a las limitaciones y perversidad de las mujeres. O, dicho de otro modo, otra forma de violencia estructural social que supone la ocultación de las mismas posibilidades para mujeres y hombres de forma equitativa.

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Miradas más lejanas

         Recientemente, me decidí a leer un libro terriblemente duro. Se trata del libro “Yo no quería ser madre” de Trifonia Melibea Obono Obono una mujer guineoecuatoriana, que es periodista y politóloga, docente e investigadora sobre temas de mujer y género en África.

         En este libro treinta mujeres guineanas toman la voz para denunciar la situación de las personas LGTB en Guinea Ecuatorial. A la per­secución y la violencia social e institucional se suman muchos otros problemas: la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación… El panorama es todavía más preocupante para las mujeres en una sociedad patriarcal y tribal que las condena a la sumisión, la trata, la explotación sexual y la violencia machista.

Los embarazos y la maternidad para ocultar su condición de lesbianas las llevan a situaciones verdaderamente extremas de supervivencia tanto suya como de sus criaturas.

Como ya dije fue un libro duro de leer, pero necesario para entender demasiadas cosas que no vemos desde nuestra condición, un tanto etnocéntrica del feminismo europeo.

Otro aspecto sobre el que también reflexiono periódicamente es sobre las situaciones de niñas y mujeres jóvenes que son obligadas por sus familias a matrimonios forzados para que dejen de ser una boca más en sus casas sin tener en cuenta ni su crecimiento, ni sus posibilidades humanas. Sin educación y dentro de un sistema patriarcal en donde su opinión carece de importancia, son pasto de todo tipo de violencias por parte de los varones de sus familias tanto padres como maridos o hermanos. Y todo ello sin apenas posibilidades de escapar de ese sistema opresor y asesino en demasiadas ocasiones.

La mutilación genital femenina es otra consecuencia del patriarcado más salvaje y que condena a las mujeres, como poco a una vida sin placer y en demasiados casos quedan condenadas a situaciones de infecciones, enfermedades crónicas y sufrimientos indecibles a lo largo de sus vidas sean estas largas o cortas.

Sólo son tres aspectos de un patriarcado feroz que no considera la vida de las mujeres como vidas útiles más allá de los servicios que les puedan prestar y los cuidados que les puedan brindar tanto a ellos como a su descendencia.

Vidas sin valor, vidas usables o prescindibles, vidas castigadas por haber nacido mujeres en unas sociedades profundamente machistas.

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No es patologización

         Hay gente que cree que seguir pensando que la correcta aplicación de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas es promover la patologización de las personas transexuales.

         En dicha ley se explica el procedimiento mediante el cual se puede llevar a cabo el cambio del nombre propio de la persona, a efectos de que no resulte discordante con su sexo registral.

         Es su artículo 4 el que especifica los requisitos para acordar la rectificación. Y justo en ese artículo habla de “informe de médico o psicólogo clínico, colegiados en España o cuyos títulos hayan sido reconocidos u homologados en España” y que deberá hacer referencia a una serie de aspectos más o menos concretos.

         Bien, vamos a analizar otra serie de procedimientos en los cuáles nadie cuestiona la necesidad de informes de médicos.

         Cuando cada comunidad autónoma regula su legislación específica sobre la concesión de los grados de discapacidad o diversidad funcional a las personas solicitantes, habitualmente incluso en las revisiones de grado a petición de quienes las solicitan, son obligatorias las revisiones médicas por parte de los servicios acreditados para dichas concesiones o revisiones de grado. Incluso a la solicitud se debe acompañar cualquier informe de su médico o médica de atención primaria o del especialista en cuestión. Y la solicitud se puede realizar por temas físicos o psicológicos, lo que puede incluir informes de los especialistas en dicha materia. Después el Servicio de Valoración competente resolverá si se ha de realizar otra valoración o, si es muy evidente, no es necesaria y se adjudica un determinado grado de discapacidad o de diversidad funcional a la persona solicitante. Pero si dicho grado adjudicado no llega al 33% no se tiene ningún tipo de beneficio. Con lo cual una persona puede tener la condición de discapacitada o con diversidad funcional, pero sin beneficios. Eso sí, aquellas que obtengan un grado igual o superior al 33% deberán acreditar con su tarjeta o resolución administrativa, dicha condición para cualquier efecto que deseen.

Y yo me pregunto, ¿Esas revisiones con objeto de dar unos beneficios a personas que sufren física o psicológicamente, y que puedan acceder a beneficios sociales e incluso fiscales, es patologizarlas? Creo que más bien es lo contrario. Es poner a su disposición una serie de mecanismos y acciones positivas que les ayuden en su día a día. Pero no se patologiza a nadie, sencillamente servicios médicos acreditados por cada comunidad autónoma certifican que esas personas merecen esa consideración en base a sus situaciones físicas o psicológicas.

Otro ejemplo de lo que pretendo decir.

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Posmodernismo en las izquierdas

         Desde hace unos años asistimos a un lento pero insistente intento de adoctrinamiento por una parte de la sociedad, en general económicamente pudiente, que bajo el paraguas de la defensa de “sus” derechos, va minando los derechos de otras personas y, muy en concreto, los de las mujeres.

         Shangay Lily los denominaba con acierto “Gaycapitalistas”. Son quienes confunden sus deseos con derechos que deben ser conquistados. Son quienes habitualmente se “olvidan” de los derechos de las mujeres lesbianas o quienes reivindican que su deseo de paternidad sea convertido en derecho, aunque ello implique la explotación reproductiva de mujeres vulnerables económicamente hablando.

         Son también, quienes han convertido la expresión “inclusión” en un coladero de despropósitos como el movimiento transgenerista, que no transexual. Tienen la capacidad de utilizar un neolenguaje que lo confunde todo baja el falso pretexto de la reivindicación de sus derechos, cuando en realidad lo que pretenden es confundir derechos con deseos y convertir estos últimos en legislación, pese a que sea a costa del borrado de las mujeres.

         En su neolenguaje no existe la palabra mujer. La están borrando porque para estas personas, el sexo no existe y, por tanto, las mujeres como tales y biológicamente hablando, no existimos. Y, como consecuencia nuestros espacios seguros, han de ser compartidos con quienes se “sienten” mujeres, aunque hayan sido violadores o agresores machistas. Para esta gente, su deseo prima sobre nuestros derechos.

         Y lo peor de todo es que sus tentáculos han llegado hasta el Gobierno del Estado y llevan camino de conseguir que se legisle para que sus deseos se conviertan en leyes, aunque para ello se tengan que sacrificar derechos de más de la mitad de la población que somo las mujeres y las niñas. Es una nueva cara del rancio patriarcado de toda la vida ahora disfrazado de posmodernismo.

         Hace años, en mis primeros años de estudio de feminismos e igualdad, tuve maravillosas maestras, pero entre ellas quiero mencionar a una que, precisamente por su procedencia y militancia progresista y comprometida socialmente, dijo una frase que se quedó en mi corazón y en mi mente. Ella es Laura Nuño y nos dijo aquella, al menos para mí, frase mágica:

“El machismo no entiende de derechas o de izquierdas. El machismo solo entiende de privilegios de los hombres sobre las mujeres. En la izquierda, por tanto, existe el mismo machismo que en la derecha”.

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Alicia Murillo Ruiz

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