Micromachismos

         En estos momentos estoy impartiendo un curso sobre micromachismos para un grupo de personas adultas, todas ellas docentes. Son grupos mayoritariamente de mujeres en los que, también, aparecen algunos hombres, pero muy pocos. Dos o tres por cada grupo de cuarenta personas.

         A lo largo del curso hay varios ejercicios en los que el alumnado ha de ir evolucionando en el curso. El primero de ellos se trata de una biografía de género en la que cada participante ha de buscar en su memoria cuando se dio cuenta en su propia vida que los mandatos de género son diferentes para mujeres y para hombres. En este ejercicio me llama la atención que siempre hay alguien que se asombre de no haber pensado nunca en este aspecto de su vida, de no haberse parado nunca a pensar cuando se dio cuenta que per ser mujer se le pedían ciertas cosas desde la sociedad y por ser hombre otras. Es un ejercicio que llevo realizando muchos años y siempre ocurre lo mismo. La gente nos asombramos cuando se nos pide una revisión de nuestras vidas sobre algo en concreto.

         Después hay otro ejercicio en el que se pide, después de haber estudiado la materia, que definan dos micromachismos vividos en primera persona o en personas muy cercanas. Y aquí viene el drama. Las alumnas detectan rápidamente los micromachismos vividos en primera persona o en personas cercanas. Lo hacen sabiendo que esos “malestares” vividos ya tienen nombre y, en general, se alegran de poderlos identificar con toda su crudeza y su parte de invisibilidad o normalidad con las que se siguen viviendo.

         Pero en los alumnos es harina de otro costal. Lo primero que suelen hacer es darle la vuelta a todo. En primer lugar, achacar a sus compañeras de centro que las machistas sean ellas porque reproducen esquemas machistas aprendidos, como los han aprendido ellos, puesto que vivimos en la misma sociedad. Y, en segundo lugar, desligarse del término y de ese tipo de actitudes. El patrón se repite. La negación y el sentirse cuestionados en lugar de abrir los ojos y aprender para poderlo llevar a las aulas. El hecho de llevárselo a lo personal y sentirse cuestionados como si el temario fuera directamente a cuestionar “sus” actitudes, dificulta, y mucho, que el aprendizaje sea amplio y positivo para mejorar las situaciones de este tipo que se pueden dar en los centros educativos.

         Estoy hablando de este tema porque, pese a no trabajar en ningún centro educativo en estos momentos, si que lo hice hace unos años, concretamente en uno de secundaria y bachillerato y observé las actitudes a medida que iban pasando los cursos de ellos y de ellas. Y he de decir que no me gustó nada lo que vi.

         Si las directivas de los centros educativos no se esfuerzan por eliminar estereotipos machistas de los curriculums de los centros, estos se repiten inevitablemente. Si no se realiza un buen plan de igualdad en los centros, revisado periódicamente y evaluado al finalizar los cursos para mejorar de cara a próximos cursos. Si no se imparte de una vez, una correcta educación afectivo sexual a nuestra gente joven y a nuestras criaturas, se repetirán patrones de micro y macro machismos que aumentarán el grado de normalización de esos machismos encubiertos y no tan encubiertos que sufren nuestras niñas y nuestras mujeres jóvenes.

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28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible.

         Estamos a las puertas de conmemorar otro día de acción para garantizar los derechos a un aborto libre y seguro: el 28 de septiembre. Hace menos de una semana, concretamente el pasado día 23 también conmemoramos el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños. Como vemos septiembre es un mes potente en lo que a reivindicación de derechos de las mujeres se trata.

            Pero volvamos al 28 de septiembre y la necesidad de reivindicar que el aborto sea un derecho universal para las mujeres del mundo. Un derecho donde nadie se pueda inmiscuir ni negar. Un derecho a la condición inherente de las mujeres a poder gestar (o no) y que nadie debería arrebatar.

            Las ofensivas de las ultraderechas de todo el mundo van mermando esos derechos. Aquí lo intentaron, pero, afortunadamente el movimiento feminista consiguió pararlo y sólo retocaron la ley del 2010 eliminando ese derecho a las mujeres menores de edad, lo cual ha de revertirse de inmediato porque es un derecho arrebatado.

            Y sin salir del Estado Español, hay que garantizar el derecho de las mujeres a poder abortar sin tutelas, ni períodos informativos, ni historias como la objeción de conciencia de médicos aliados con la ultraderecha y la iglesia católica que sigue imponiendo sus mandatos por vía indirecta, porque, afortunadamente para todas, por la directa no puede.

            El Ministerio de Igualdad ha anunciado la reforma de la vigente ley de salud sexual y reproductiva y la interrupción voluntaria del embarazo. Pero para que esa reforma implique un avance en los derechos de las mujeres sobre sus propios cuerpos y sus maternidades, se deben tener en cuenta algunas cosas, como por ejemplo que el aborto sea gratuito y accesible para todas las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente su embarazo, sin límites de edad. Para ello se debe suprimir la necesidad del permiso parental a las mujeres menores de edad, puesta que, en demasiados casos, esos embarazos no deseados, son consecuencia de abusos sexuales de familiares directos como padres o hermanos.

            Así mismo se debería regular la objeción de conciencia de algunos médicos para que esta situación no suponga recorte de derechos de las mujeres que deseen interrumpir voluntariamente sus embarazos. Se debería invertir más en formación profesional específica para el personal médico que tenga que realizar estas intervenciones para que en todo momento esté reciclado y pueda prestar sus servicios de una manera lo menos invasiva posible para las mujeres que, por experiencia propia, sé que van con muchos miedos e inseguridades sobre su futuro por las campañas de criminalización y acoso que se llevan a cabo a las puertas de algunas clínicas que practican dichas intervenciones. Este tipo de acoso a las clínicas y, por extensión a las mujeres que allí acuden, deberían estar castigadas, por intentar vetar derechos de las mujeres y el trabajo de profesionales que garantizan esos derechos.

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De vuelta

         A pesar del silencio estival, las cosas, apenas han cambiado. Bueno sí, han evolucionado a peor.

         Mayor número de agresiones sexuales múltiples a mujeres. Mayor ferocidad en el discurso posmoguay para imponer “su” verdad cual dogma de fe, con lo que ello supone para los derechos de las mujeres y su seguridad. Mayor carga de trabajo y, por tanto, mental para las mujeres con el teletrabajo. Y así un largo etc.

         Con el tema de las violencias machistas ya es imposible hablar de todas las que se han sufrido en este tiempo de silencio: Asesinatos, violaciones, asesinatos de hijas e hijos, golpes, insultos e infinitas maneras más de violentarnos.

         Y, por si nos faltaba alguna cosa, hombres autoasignados mujeres compitiendo en las olimpiadas como mujeres. Con su sola palabra.

         Y este Gobierno, autoproclamado progresista y feminista, mirando hacia otro lado, sin querer mirar los problemas estructurales que sus propias políticas nos generan a las mujeres.

         Cuánta prisa se dio Sánchez en anunciar la creación de grupos en la Guardia Civil y la Policía Nacional para perseguir los delitos de odio contra las personas homosexuales, pero ni una palabra, ni tampoco ni una acción para combatir las violencias machistas. La judicatura tiene en sus manos instrumentos jurídicos para evitar que padres condenados por malos tratos a sus parejas no puedan ver a los hijos, pero apenas las utilizan, con el riesgo que ello comporta para las criaturas, como hemos visto y desgraciadamente seguiremos viendo.

         Al parecer, las vidas de las mujeres siguen sin importarles ni a la clase política, ni a la judicatura instalados ambos como están en un patriarcado que los lleva a estar cómodos en esa situación pese a que el precio de mantener esos estatus sean las vidas de mujeres y criaturas.

         Pero para acabar de empeorar las cosas, llegan los posmoguays, se apoderan del Ministerio de Igualdad cuya lucha debería ser contra todas las violencias machistas y todas las desigualdades que estructuralmente seguimos sufriendo las mujeres, y comienzan una cruzada para convertir en leyes los deseos de algunos sin ningún tipo de acreditación médica o psicológica. Ello, implícitamente, lleva aparejados nuevos peligros para las mujeres en muchos aspectos que van desde el lenguaje, porque se utiliza un neolenguaje que pretende hacer desaparecer palabras como “madre” o “mujer” para, de ese modo borrar el concepto de mujer y todo lo que lleva asociado en cuánto a derechos y protecciones específicas como sujetos políticos específicos que somos.

         Decepción tras decepción, salvo alguna honrosa excepción por parte de un Gobierno que ha dejado de gobernar a más de la mitad de la población que somos las mujeres. Nos ponen muy difícil plantearnos de nuevo el voto a opciones que creíamos que iban a buscar la justicia social pero que han acabado sirviendo los intereses, no siempre confesables, de algunas multinacionales que respaldan el negocio farmacéutico de las hormonas, las operaciones y mutilaciones físicas que supone lo que llaman “transicionar”, etc.

         El feminismo se ha quedado huérfano de izquierdas políticas como comprobamos cada día cuando se nos insulta e incluso agrede por estar disconformes con estas políticas. Políticas que hemos de recordar que van dirigidas a una minoría de la población en claro detrimento de otras mayorías.

         Este verano reflexionaba con un amigo de una opción política que no es de izquierdas y ambos decíamos lo mismo: Ni yo puedo hablar ya de “mi” gente en política y él afirmaba lo mismo. Hemos dejado de creer en los que hasta hace un tiempo eran para cada uno de nosotros “los nuestros”.

         Difícil lo tenemos a la hora de depositar el voto. Porque votar hay que votar, pero ya no tengo claro en qué sentido hacerlo.

         Si, ya sé que para ser el primer artículo de la nueva temporada no estoy demasiado optimista, lo sé. Pero tampoco quiero engañar a nadie. Así me siento.

         Pero, aunque a veces las fuerzas flaqueen y me sepa dentro de una disidencia a la que mis propias convicciones me han llevado, la luz del feminismo nunca se apaga y dentro de esa disidencia están mis hermanas feministas y las mujeres en general que son mi motor de cada día.

         Precisamente hoy hace veinte años me prometí a mí misma trabajar hasta mi último aliento para denunciar las violencias machistas en todas sus formas para intentar evitar sufrimiento a mujeres y niñas. Hasta ahora esa ha sido mi línea vital y espero que así siga hasta mi último aliento. Aunque no lo pongan fácil, ahí estaremos.

         Siempre hay una cosa que me conforta cuando me dan bajones por desesperación o cansancio y es que nunca me siento sola en la lucha y al tiempo pensar que, porque fueron, somos y porque somos, serán.

Ben cordialment,

Teresa

Descubrimiento

         Seguramente habrá quien piense, cuando lea esto que soy una ignorante. Vale, lo soy, pero también me considero curiosa y gracias a esa mezcla sigo disfrutando mucho con cada aprendizaje.

         ¿Qué por qué cuento esto? Por que hace relativamente pocos días estaba leyendo cosas por Twitter y tropecé con una información que me llevó a leer todo el hilo. Hablaba de cómo mujeres británicas y, después de que su selección de fútbol perdiera la Eurocopa ante Italia, abrían las puertas de sus casas a otras mujeres para protegerlas de las violencias machistas que se iban a generar tras la frustración de haber perdido la Eurocopa de fútbol.

         Me quedé pasmada. Nunca se me había pasado por la cabeza, así en frío, que esto pudiera pasar. Pero pasa y los agresores machistas usan a sus mujeres como saco de boxeo para liberar su frustración, perdiendo por completo el control de la situación ante una simple pérdida de un partido de fútbol. No consigo entenderlo. Igual es que nunca ha habido en mi vida ninguna persona con esa pasión por el fútbol y al mismo tiempo, baja tolerancia a la frustración.

         Esto ilustra a la perfección la esencia misma de las violencias machistas y el mito de las medias naranjas que sustenta al amor romántico. Pero también pone de manifiesto la aceptación generalizada de que nuestras vidas de mujeres son vidas de segunda o de tercera categoría que se pueden usar a conveniencia del agresor, sea este marido, novio, amante, etc.

         La cultura de la violencia de los campos de fútbol va más allá, como, al menos yo he comprobado hace poco. La masculinidad tóxica impuesta y vivida a lo largo de los siglos, sigue vigente en nuestros días. Un poco más disfrazada si se quiere, pero igual de violenta para con las mujeres.

         Y otra evidencia de lo poco que importan nuestras vidas. Se produce un asesinato de un joven por su orientación sexual y las redes arden, surgen manifestaciones espontáneas por todo el Estado, altares en su memoria, reivindicación de su memoria y repetición hasta la saciedad de su nombre, etc. Asesinan a dos mujeres el mismo día y solo se las nombra por las ciudades donde han sido, en el mejor de los casos asesinadas cuando no muertas, algún minuto de silencio en sus comunidades y algún tuit por parte de altas responsable de igualdad. Nada más. Judicialmente se investigará, faltaría más, pero ni arden las redes, ni se reivindica su memoria, ni manifestaciones espontáneas. Nada.

         El patriarcado y sus correligionarios posmodernos chupi guays, junto con un capitalismo salvaje están consiguiendo naturalizar esas muertes, adormecer conciencias para que, como el título de la película que interpretaba la gran Bardem, “Nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto”.

         Solamente el movimiento feminista radical, el que va a las raíces de los problemas, sigue denunciando las violencias machistas y exigiendo reformas de calado a nivel social y jurídico para proteger las vidas de las mujeres ante sus agresores y asesinos que duermen con ellas. Solo las feministas, como hicieron las británicas, claman y abren puertas para proteger a nuestras hermanas de las agresiones de quien dijo amarlas y protegerlas. A ellas y a sus criaturas, claro.

         Desde el feminismo exigimos respeto y una vida sin ningún tipo de violencias. Desde el feminismo denunciamos las actuales políticas de un Ministerio que no atiende las necesidades de las mujeres. Que no ha escrito ni una sola letra ni ha trabajado ni un solo minuto en la abolición de la prostitución, dejando en situación de esclavitud sexual y de violencia extrema a decenas de miles de mujeres y en un limbo la reproducción reproductiva de la compraventa de criaturas a través de los vientres de alquiler. Un Ministerio que no ha legislado ni una sola letra sobre educación sexoafectiva de nuestras criaturas y que está permitiendo que la pornografía sea la escuela de nuestra niñez y adolescencia. Una pornografía que violenta los cuerpos de las mujeres e incluso niñas y que sigue creciendo exponencialmente basándose en la violencia sexual sobre las mujeres.

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Los juegos de Sánchez

         Ayer por la mañana, alrededor de las doce recibí un mensaje de un gran amigo que decía “La ley trans se ha llevado por delante a Carmen Calvo”. Yo desconocía los cambios de gobierno a esas horas y me encaminaba a comer con mi familia. A alguna de mis hermanas no la había visto desde octubre pasado y a otra desde el día de Navidad. Ya en la casa familiar me enteré del calado del cambio de Gobierno.

         He de decir que Carmen Calvo merecía mi respeto como feminista, pero no como política por toda la porquería que vertió hace dos años al entorno de Podemos, pero especialmente contra Pablo Iglesias. Tampoco sé si es el precio que ha pagado por oponerse a la llamada Ley Trans, como dice mi amigo o, dicho de otro modo, por ser coherente o ha perdido la confianza de Sánchez.

         Hace sólo unas semanas, hablaba con una gran amiga, también del PSOE, sobre ella y le hacía esta misma reflexión: muchas mujeres parlamentarias del PSOE, encabezadas por Carmen Calvo, habrán de pensarse mucho sus alegaciones y sus votos a esta ley si no se mejora mucho. Paloma, que así se llama mi amiga, me contestó que así era y, vino a decirme que habría que elegir entre plata o bala.

         Insisto, no sé si ha sido por esta causa o por pérdida de confianza de Sánchez, pero en cualquier caso y hoy, Carmen Calvo está fuera del Gobierno. Y eso no es para nada una buena noticia. Y estoy triste, la verdad porque el modelo de feminismo que representaba ha sido vencido por un modelo neoliberal y posmodernista “chupiguay”. Y eso no me gusta nada de cara al futuro de las condiciones de vida de las niñas y mujeres.

         El equipo de Irene Montero y sus leyes para, teóricamente garantizar, unos derechos de los que ya pueden gozar, las personas transexuales, no convence al feminismo teórico y tradicional, que es universalista y no interseccional. Nunca los derechos de unas pocas personas pueden condicionar la vida de millones y millones de personas como somos las mujeres y las niñas. Porque en definitiva se trata de eso, de que los deseos de una parte mínima, condicione los derechos ya adquiridos de más de la mitad de la población.

         Siempre he estado a favor del aumento de los derechos civiles de toda la población. Pero sin ello menoscabe otros derechos ya adquiridos de más de la mitad de esa población. Pero al parecer eso no se entiende por aquellos que lo que desean es ver cumplido su deseo sin reflexionar para nada lo que ello conlleva para la comunidad en su conjunto y, en este caso para las mujeres.

         Decepción profunda de las políticas perversas para con las mujeres que se están elaborando y aprobando en el Consejo de ministros para con las mujeres. Y todo ello utilizando el feminismo como escudo. Me siento triste y huérfana de izquierdas a quien votar si mañana hubiera elecciones generales.

         Sánchez se ha metido en un buen jardín y no sabe lo que le espera por contentar a un puñado de votantes muy escandalosos, eso sí, pero muy volátiles con su voto “chupiguay” y festivo.

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Una nueva traición a las mujeres

         A la tristeza por la traición a las mujeres de los partidos que conforman el Gobierno, hoy hemos de sumar la tristeza por las violencias ejercidas contra mujeres ayer, cuando ejercían su derecho a la libre manifestación.

         Fueron agredidas e insultadas por personas transgénero, que no transexuales, por exigir el cumplimiento de la agenda feminista y por exigir que se pare la tramitación de las llamadas “leyes trans” que persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos.

         Ya desde hace un tiempo en las redes sociales, sobre todo en twitter se lleva a cabo una campaña de insultos y de difamación hacía aquellas que pensamos que esta traición a las mujeres por parte de los partidos en el Gobierno es una grave equivocación que afecta a todas las mujeres y a parte de la infancia y de la adolescencia. Obviamente quienes salen ganando, entre otras, son las multinacionales farmacéuticas y grandes lobbies internacionales que financian esta nueva forma del patriarcado para mantener sus privilegios. Para entender mejor lo que significa el borrado de las mujeres   invito a que visiten la siguiente página web: https://contraelborradodelasmujeres.org/ porque van a encontrar toda la información con todas las respuestas a las posibles preguntas que puedan albergar.

         A las redes sociales, hemos de sumar medios comunicación importantes como El País que se han sumado a la defensa de estos postulados, así como desgraciadamente para el progresismo, algunos otros pretendidamente progresistas.

         Desde el feminismo siempre se han defendido los derechos humanos de todas las personas. Y digo bien derechos humanos de todas las personas. Porque hay que aclarar que ser mujer no es un deseo, es una realidad biológica. Le pese a quien le pese. Y nuestros derechos humanos están ya siendo violentados en países que ya avalaron estas teorías.

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¿Qué está pasando?

Esta semana pasada se encontró el cuerpo sin vida de la mayor de las dos hermanas cuyo padre se llevó hace a finales de abril. A mil metros bajo el mar, dentro de una bolsa de deporte y con un ancla convenientemente atada para impedir que flotara y, por tanto, ser encontrada. Se llamaba Olimpia y tenía seis años. Ni su hermana de tan solo un año, ni su padre han aparecido todavía.

Pero lo que sí es bien seguro es que han dejado a una madre, Beatriz Zimmermann, muerta en vida por el terrible deseo de hacer daño del padre de sus hijas. Un malnacido asesino que no dudó en asestarle un golpe mortal asesinando a sus hijas y desapareciendo, dejándola muerta en vida. No me valen calificativos como celópata, caprichoso o violento. Todos y cada uno de ellos busca justificar al asesino. Todos y cada uno de ellos buscan ponerse de perfil para no acusar directamente al asesino.

Mientras los hombres no dejen de ponerse de perfil y no se sumen a la lucha contra el terrorismo machista no solo condenándolo sino también señalando a los asesinos y dejen los eufemismos que justifican estos asesinatos, el avance será mucho más lento.

No olvidemos el reciente caso de Canarias en donde, recién aprobada la ley que permite la autodeterminación de género y, en medio del juicio por el asesinato de Vanesa Santana, su asesino Jhonatan Robaina pidió cambiar su nombre por el de Lorena para así mejorar su situación procesal. El asesino, condenado a más de cuarenta años de cárcel por el asesinato y violación de Vanesa, de haber sido aceptada su petición de autodeterminación, podría haber cumplido su condena en una prisión de mujeres, con lo que ello conlleva para la seguridad de las mujeres privadas de libertad.

En el último mes y solo en el Estado Español ha sido asesinadas una mujer cada tres días. No solo son terribles estos asesinatos, también lo es el dolor que dejan a familiares y amistades de la mujer asesinada. Y sigue habiendo gentuza que niega que el origen de tanto dolor es haber nacido mujer y haber sufrido una socialización diferenciada para mayor gloria del patriarcado.

Negar el terrorismo machista que en los últimos dieciocho años ha matado a casi mil cien mujeres, es, sencillamente apostar por un feroz patriarcado para mantener privilegios.

Y después están las violencias institucionales como el caso de Juana Rivas que, por proteger a sus criaturas y no querer entregarlas a su maltratador, ha sido condenada por la justicia. Un sistema judicial profundamente patriarcal que cuestiona permanentemente la voz de las mujeres. O ¿Acaso se nos han olvidado sentencias como las de las mal llamadas manadas y que en realidad eran violaciones a una sola mujer por varios hombres?

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Aclarando, que es gerundio

         Esta semana, leíamos en un tuit de Mónica Oltra, vicepresidenta i portavoz del gobierno valenciano del Botànic y, a su vez responsable de la Conselleria de Igualdad y Políticas inclusivas, algo que, al menos a mí, me dejó helada. El tuit decía esto: “No soy mujer por mis genitales, soy mujer porque me comporto y pienso como una mujer”. No creo que a la otrora bastante histriónica y un tanto radical Mónica Oltra se le tenga que explicar que este comentario rezuma machismo por sus cuatro costados.

         Recordemos que es la responsable de Igualdad del Gobierno Valenciano y que, se supone que ha de impulsar medidas para eliminar las desigualdades entre mujeres y hombres, luchar activamente contra las violencias machistas, y así un largo etc. para conseguir una sociedad libre de machismo, que recordemos que mata sistemáticamente a las mujeres por ser mujeres. Hoy mismo ha sido asesinada por terrorismo machista en Alovera (Guadalajara) que insisto nos asesina por ser mujeres.

Y nos viene Oltra con que detrás de la inclusividad, se escondía la interseccionalidad que defiende que los deseos individuales pasen por encima de los derechos ya conquistados de las mujeres.

Analicemos, si Oltra está donde está en estos momentos es gracias a las luchas de muchas mujeres feministas que nos precedieron y que incluso pagaron con sus vidas nuestros derechos de hoy, incluido el de ser electora y elegible como lo fue Oltra.

Con declaraciones como esta, Oltra no me representa como mujer, porque no defiende los derechos de las mujeres, defiende, como la ministra de Igualdad, los derechos de quienes, con su neolenguaje, pretenden borrarnos somo sujetos políticos específicos con unos derechos específicos conseguidos por las luchas del movimiento feminista a lo largo de la historia.

La interseccionalidad nunca puede representar nada que no sean deseos individuales, frente a un movimiento universalista como lo es el feminismo que busca la equidad integral y real de las mujeres frente a los hombres y, para ello se ha de legislar específicamente para buscar esa equidad.

La interseccionalidad que defiende Oltra, traducido para entendernos, significa que los deseos de algunas personas, mayoritariamente hombres, están por encima de los derechos de TODAS las mujeres. Significa que, si se lleva cabo ese despropósito, lugares de seguridad para las mujeres puedan ser invadidos por hombres que, por el simple hecho de “sentirse” mujeres puedan utilizarlos. Y este es sólo un ejemplo.

Pero lo más triste de todo es que debajo de esa interseccionalidad se le está haciendo el juego a un patriarcado feroz que busca aliados para camuflarse y seguir con su estatus de dominación de las mujeres como lleva haciendo hace siglos.

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Sororidad siempre, pero con ciertos límites

         Hace unos años ya escribí sobre este tema, pero hay cosas que, al parecer, no cambian.

         Hace unas semanas tuve un incidente con una mujer a la que conozco hace años y la verdad es que llegué a enfadarme, aunque creo que ella no de percató del asunto. No voy a relatar lo ocurrido por que forma parte de nuestra relación, pero no es la primera vez que ocurre. Y yo que vengo de un momento personal complicado, pues me resentí más si cabe.

         Estuve reflexionando sobre el tema de la sororidad y llegué a la misma conclusión que hace un par de años: Sororidad si, pero con ciertos límites. En nombre de la sororidad no puedo, ni quiero permitirme alterarme hasta el punto de perder la salud emocional y, por extensión la física porque soy de fácil somatización.

         En esta ocasión fue esta mujer, pero ha habido otros momentos con otras mujeres que incluso quiero mucho, pero por atender sus necesidades, me olvido a veces de las mías propias. Y con ello no quiero decir de mí misma que sea una persona excelente, sencillamente que a veces, como supongo que nos pasa a todo el mundo nos olvidamos de nuestras propias necesidades y prioridades por atender a otras personas.

         A mí, quizás por ser feminista radical que busca arrancar el problema del patriarcado de raíz y además ser coherente, me pasa especialmente con algunas mujeres. Y cuando descubro que, de nuevo he antepuesto sus necesidades o deseos y noto como me veo “envuelta” en situaciones no deseadas me siento mal, porque no he sido cuidadosa conmigo, porque en realidad no deseaba hacer aquello que pueda estar haciendo.

         Tengo una gran amiga y maestra, Fran, que la vida puso en mi vida hace unos trece años que a veces me recuerda “Las amigas son amigas siempre, pero pueden, y de hecho muchas veces llegan ser muy petardas, pero son amigas”. Y tiene toda la razón del mundo. Las amigas son amigas pese a los “petardeos” que puedan tener. Con un matiz, que esos “petardeos” no se lleven la salud emocional por delante. Porque en ese caso más que amigas son otra cosa que no sé todavía cómo definir.

         La sororidad implica ayuda y reconocimientos mutuos. Pero, precisamente en esa parte mutua, radica el que se pueda practicar verdadera y sinceramente la sororidad.

         Estamos en un momento social muy complicado en donde prima el deseo sobre el derecho, el “yo” sobre el “nosotras y nosotros” y eso, aparte de producirme tristeza me da la sensación de que nos estamos convirtiendo en una especie de criaturas malcriadas que lo queremos todo y ya. Sin lucha colectiva, sin solidaridad ni empatía con el resto de las personas.

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Mujeres en los sindicatos

         Llevo toda la semana buscando cifras reales del avance las mujeres en las direcciones de los principales sindicatos a nivel estatal. Las últimas que aparecen en el Instituto de la Mujer (todavía no era de las Mujeres) son del 2012.

         Justo por estas fechas hace dieciocho años que dejé el sindicalismo activo en CCOO después de 17 años de dedicación casi exclusiva, porque hubo unos años en que fue parcial.

         Ayer conmemoramos el Día de las trabajadoras y de los trabajadores y recordaba cómo era en aquel momento la situación de las mujeres sindicalistas. Tuve la fortuna de coincidir con mujeres maravillosas a través de los años, pero no dejo de reconocer que era una situación todavía mayoritariamente masculina. Y de algunos chistes, casi prefiero no acordarme.

         En los años dos mil y dos mil uno, el sindicato organizó unas jornadas estatales para mujeres sindicalistas con responsabilidades en las secretarias de mujeres. Era algo casi inédito, un espacio único de encuentro con mujeres luchadoras que, con mayor o menor edad aportaban sus experiencias para organizarnos e ir cambiando poco a poco el sindicato desde dentro.

         Todavía faltaban años para que se aprobara la Ley Orgánica 3/2007 para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y hombres, pero a nivel interno las cosas se iban moviendo. Con reticencias, pero si iban moviendo. Fue cuando se organizó el primer curso de formación para mujeres sindicalistas desde la Secretaría de la Mujer Confederal de CCOO junto con FOREM la fundación para la formación y el empleo del propio sindicato. No sabíamos, las que tuvimos la suerte de participar, si tendría continuidad o no. Y sí, la tuvo. Era la primera formación sobre igualdad que se impartía en el Estado.

         Aquello cambió bastante las cosas porque se mantuvieron diversos niveles y diversos cursos hasta que el PP retiró a los sindicatos los fondos para la formación continua de las trabajadoras y los trabajadores.

         La situación actual del que sigue siendo mi sindicato ha cambiado sustancialmente. Existen mujeres al frente de las organizaciones territoriales y sectoriales. Existe una clara apuesta por avanzar en la igualdad de trato y de oportunidades y, sobre todo, existen una legión de mujeres sindicalistas dando lecciones de vida, no sólo en CCOO, también en el resto de los sindicatos. Estoy segura de ello.

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Alicia Murillo Ruiz

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