Un nuevo ataque a los derechos de las mujeres

         Hace apenas dos días conocíamos la terrible noticia de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos devuelve a los Estados la potestad para regular sobre el asunto. Están en juego los derechos de treinta y seis millones de mujeres en edad reproductiva, que viven en los veintiséis de los cincuenta Estados que se han anunciado dispuestos a promulgar leyes restrictivas con carácter más o menos inmediato.

         Es un verdadero mazazo para los derechos de las mujeres de Estados Unidos y, por extensión, para el resto de las mujeres del mundo.

         Ayer, con motivo de esta noticia, escuchaba en la radio una reflexión de un señor (cuyo nombre no recuerdo por no haber prestado atención) que me resultó como mínimo curiosa. Soy incapaz de reproducir los datos, pero los dio. Y hablaba de esta medida como consecuencia de los miles de criaturas que mueren cada año como consecuencia de las armas. Por tiroteos o por accidentes de las armas que llevan las propias criaturas a quienes se las entregan sus padres para su autodefensa. Hablaba de la necesidad de procrear para “reemplazar” a las criaturas muertas por armas.

         Este ataque al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo es un ataque a la base misma de los derechos humanos de las mujeres, puesto que es una forma de violencia machista, en este caso violencia estructural.

         Y es estructural porque parte de las estructuras de poder.  En este caso del poder judicial y también del poder legislativo que va a legislar en contra del derecho a decidir de más de la mitad de la población estadounidense, como lo son las mujeres.

         El avance de las derechas nunca es una buena noticia para las mujeres. La derecha, incluso la llamada moderada, siempre hace sentir la influencia de la Iglesia Católica en cualquiera de sus versiones. Y ya conocemos que la Iglesia Católica no se caracteriza, precisamente, por la defensa de la igualdad entre mujeres y hombres. Por tanto, el resultado de esa influencia siempre conllevará el retroceso en los derechos de las mujeres.

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Violencia institucional machista

         Desde hace unos años he defendido que el término “violencia de género” escondía muchos tipos de violencias y que, por eso, prefería utilizar el de “violencias machistas” porque engloba muchos más tipos de violencias que sufrimos las mujeres.

         Acaba de entrar en prisión María Salmerón por defender a su hija de su padre maltratador y con sentencia de veintiún meses de prisión por violencia de género y que no ha cumplido jamás.

         Sin embargo, María Salmerón, víctima de este maltratador condenado tuvo que entrar el pasado nueve de junio por proteger a su hija de su padre maltratador. A esto se le llama o, al menos yo se lo llamo, violencia institucional machista que, apoyada por una justicia patriarcal, consigue revictimizar a las mujeres en lugar de poner el foco en los maltratadores.

         Se han convocado decenas de actos para exigir la puesta en libertad inmediata de María para este lunes a las puertas de los ayuntamientos, en mi ciudad, Ontinyent, será a las 20 horas y, por supuesto, acudiré. Pero el mal ya está hecho porque no se ha impedido la entrada en prisión de una mujer cuyo único delito ha sido proteger a su hija y evitarle todo el dolor posible para que fuera feliz, dentro de las circunstancias.

         Hace falta mucha pedagogía feminista todavía en espacios como la justicia para desmontar la histórica desigualdad acumulada contra las mujeres y cuyo resultado seguimos pagando con violencias como la ejercida contra María.

         Denunciar las estructuras patriarcales que justifican y amparan este tipo de situaciones es urgente. En algunos casos, nos va la vida en ello, porque a María le van a robar seis meses de su vida. Seis meses que, gracias a su agresor y a quienes le amparan y justifican y a estructuras políticas y judiciales claramente patriarcales, que también hay que decirlo, van a conseguir ejecutar una injusticia de tal magnitud que va a necesitarse mucha reparación para salvar esta gran injusticia cometida con María.

         La legalidad no siempre va de la mano de la justicia. Y, sobre todo, cuando de asuntos de mujeres se trata. Lo vemos a diario. Vemos como se intenta por todos los medios mantener “a salvo” los privilegios patriarcales a costa de la vida de las mujeres.

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Complicidades masculinas

         En demasiadas ocasiones en los medios de comunicación escucho a los hombres condenar los asesinatos machistas con mucha contundencia. Y me alegro cada vez que los escucho. Suelen ser políticos cuando asesinan a alguna de sus convecinas o algún que otro presentador de informativos que, cunado da la noticia del asesinato de una mujer o la violación grupal de mujeres, se le nota la rabia e, incluso en algunos momentos, la deja ir llegando a ser “políticamente incorrecto” en los calificativos que dedica al agresor o al asesino. No voy a negar que me alegra.

         Pero salvo honrosas excepciones, ¿Dónde están los hombres?, ¿Dónde sus denuncias de estos asesinatos, violaciones etc.?, ¿Dónde están sus voces de condena contundente ante chistes machistas, imágenes que denigran o cosifican a las mujeres? No, no están, salvo, insisto, honrosas excepciones.

         Y no están, porque significaría renunciar a sus privilegios y eso no nos gusta a nadie.

         Significaría, además, romper con las complicidades tejidas con otros hombres con los que compartir privilegios y salirse de un sistema que se sostiene gracias a esos privilegios y al sostén y protección que entre ellos se procuran.

         Y lo vemos claramente en la aplicación de leyes sobre delitos cometidos contra la integridad física o emocional de las mujeres cuando siempre hay alguien que cuestiona las voces femeninas para favorecer las masculinas.

         Lo vemos también en la difusión de ese mismo tipo de noticias y en cómo las mujeres, incluso con las que tienen responsabilidades públicas, en algún momento son calificadas en base a sus atuendos y no a sus buenas o malas praxis. Y eso nunca ocurre con los hombres.

         También lo vemos en mas manifestaciones y declaraciones contra el sistema prostitucional en donde las voces de los hombres, prácticamente en su conjunto, desaparecen. No conozco ni a un solo hombre que reconozca haber consumido mujeres y, sin embargo, el Estado Español es el mayor consumidor de mujeres de toda Europa y el tercero del mundo. Las complicidades masculinas en este tema en concreto son, al menos para mí, alarmantes.

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Un primer aviso

         Con la convocatoria de las elecciones andaluzas para junio, de nuevo los partidos comienzan sus operaciones de “maquillaje” para poder “vender” (vender, si vender) sus opciones de gobierno en caso de lograr la confianza del electorado.

         Comienza el momento, pese a que todavía no ha llegado el tiempo de campaña electoral, de analizar los mensajes explícitos, pero también los implícitos, que van a determinar el voto de cada persona.

         Obviamente como valenciana, en estas elecciones autonómicas, no estoy convocada a votar. Pero lo estaré dentro de un año en las valencianas y, seguramente junto a muchas otras comunidades. Y ya me voy preparando para ver el paquete que cada partido nos pretende vender.

         Y es que más allá de las especificidades de cada comunidad, hay elementos que son genéricos y denominadores comunes de los partidos se presenten donde se presenten.

         No voy a engañar a nadie diciendo que mis prioridades pasan por temas como propuestas económicas de reparto de la riqueza, propuestas laborales creíbles y que ofrezcan trabajo decente y de calidad a quienes puedan acceder al mercado laboral, refuerzo de los servicios públicos y mejora de estos, etc. O, dicho de otra manera, de entrada, mi voto y de forma natural sería para opciones a la izquierda del PSOE de quien ya no me creo nada y a quien, afortunadamente para mí, jamás voté en una autonómicas ni generales.

         Hasta hace unos años, ya bastantes, esas eran mis premisas y las que determinaban mi voto. Mejor dicho, mis votos electorales autonómicos y en las elecciones generales. Pero como según dicen, la evolución es un grado, manteniendo intactas esas premisas, hoy tengo otras prioridades a la hora de analizar las opciones en quienes depositar mi confianza. Y, como no podía ser de otro modo, son las que defienden la agenda feminista en su conjunto.

         Y comienzo a tener claro que esas opciones las defienden pocos partidos. Tan pocos, al menos en estos momentos, que son solo dos y que no voy a nombrar porque seguramente estarán en la mente de todas y todos quienes lean estas letras.

         Y, como para las autonómicas valencianas queda un año, me voy a remitir a aquello de “obras son amores y no buenas razones”. Y, ¿por qué digo esto? Muy fácil. Lo que no se ha hecho, dicho o luchado a lo largo de los tres años pasados, muy difícil va a estar de realizar en el año que queda.

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Porque fueron, somos. Y porque somos, serán

         Hace una semana estuve dando una charla a adolescentes de entre catorce y dieciséis años sobre los micromachismos como una forma de entrada a las violencias machistas.

         Fueron dos horas muy intensas. Mucho. Los chicos adolescentes y algunas chicas también se sintieron atacados. Y eso que comencé mi intervención diciendo claramente que lo que íbamos a tratar no iba con ellos ni por ellos. Pero ni aún así, no hubo manera.

         Durante mi exposición, ya comenzaron los comentarios fuera de tono, los intentos de intervención, etc. Pero fue en el turno de preguntas cuando surgió el aluvión de críticas a lo expuesto, cuestionando incluso con malas formas, algunas de las frases que contenía el material expuesto. Tuve que repetir incesantemente a lo largo de todo ese tiempo que, cuando formularan su pregunta o duda, buscaran sumar para seguir aprendiendo en comunidad, pero no pudo ser.

         Durante la comida con las amigas que habían organizado el encuentro estuvimos comentando lo ocurrido y todas coincidimos en lo duro que resulta ver cómo, después de casi veinte años de la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 sobre medidas de protección contra la violencia de género que, entre otras medidas, contempla la sensibilización en todos sus aspectos y niveles, nuestra adolescencia siga con un discurso tan negacionista.

         Obviamente las feministas no vamos a cejar en nuestra tarea transmisora de los valores necesariamente igualitarios en nuestra sociedad. Y, obviamente también, la gente adolescente que acudió a la charla, y pese a todas sus resistencias, estoy completamente convencida que alguna cosa retendrá en su memoria incluso en el futuro. Sencillamente porque expuse bastantes ejemplos de situaciones en donde se dan micromachismos de forma cotidiana que pueden acabar derivando en cualquier tipo de violencia machista que vivimos de forma habitual las mujeres. Y, sobre todo las chicas, recordarán alguna cosa en un futuro próximo.

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Los cuerpos de las mujeres

         Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.

         Como hemos podido ver en diferentes fallas, los cuerpos de las mujeres son hipersexualizados y utilizados como reclamos para la sátira y la reproducción de los estereotipos más vulgares. Eso sí, siempre en “nombre” de la fiesta y de la tradición. Como si las violencias machistas contra las mujeres no se perpetuaran también a través de las fiestas y tradiciones…

         Hace muchos años y en el marco de un acto festero de mi ciudad, me comentaba un viejo conocido que las fiestas deberían ser un punto de encuentro social en el que desaparecieran las diferencias y toda la comunidad celebrara la vida. En aquel momento me pareció una buena definición.

         Este año, de nuevo, en las fallas se ha usado y abusado de la exposición de los cuerpos de las mujeres. Se llama sexismo. Y casi nadie, excepto las feministas lo denunciamos. Es más, cuando una mujer artista fallera ha construido su monumento basado en el cuerpo de una mujer sin hipersexualizar, simplemente mostrándolo desnudo y sin adornos, ha sido destruido y vandalizado. O dicho en otras palabras para que se entienda, ha sido violado como lo sería, mejor dicho, como lo son los cuerpos de las mujeres violadas. Y recordemos que, según el Ministerio del Interior, en España se interponen casi cincuenta denuncias por violaciones al día. Y hablamos solo de las denuncias y no de todas las violaciones que se producen realmente. No quiero ni imaginar los datos reales…

         Y aún así parece que se disculpen hechos vandálicos como la destrucción/violación del monumento fallero que mostraba el cuerpo de una mujer. En fin…

         Seguimos con los cuerpos de las mujeres. En las fronteras Ucrania se ha desatado una especie de “caza” de mujeres para ser explotadas sexualmente en los prostíbulos de toda Europa. Los proxenetas, ante la necesidad urgente de tantas y tantas mujeres están captándolas para explotarlas y esclavizarlas sexualmente. Sus cuerpos, una vez más son utilizados para satisfacer deseos sexuales y de dominación por parte de puteros que pagan para violar. Porque eso es el consumo de mujeres prostituídas: pago con derecho a violación. De nuevo los cuerpos de las mujeres usados y exhibidos para deleite patriarcal. Y, también en las fallas, la aparición de ninotes hipersexualizadas representando a mujeres prostituídas como algo “gracioso” y satírica crítica a posiciones políticas ante una situación que implica mucho sufrimiento para miles de mujeres que cada día son consumidas y violadas por puteros que, además, se permiten negar que lo son.

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A por un nuevo ocho de marzo!!

         Pese a lo que pudiera parecer, el feminismo no se rinde. Y aún a sabiendas de haber sido abandonadas por nuestros gobernantes, que a sí mismo de llaman feministas, no cejamos en nuestro empeño de defender la agenda feminista.

         Dentro de las reivindicaciones del 8 de marzo no cabe todo, por mucho que las posmodernas chupiguays lo intenten. El 8 de marzo es el día de las mujeres trabajadoras. Que, por otro lado, somos todas las mujeres, puesto que con o sin remuneración, todas trabajamos.

         Es un día de lucha y de reivindicación. Para nada es un día de fiesta. Un día para recordar que haber nacido mujeres comporta unos riesgos, incluso de muerte, por parte del patriarcado que nos quieres sumisas, dóciles y a su permanente servicio en cualquiera de sus formas.

         Por eso, y dentro de la agenda feminista, reivindicamos temas tan importantes como la abolición de la prostitución. Porque consumir mujeres por placer y por el placer de la dominación, como también se hace en la pornografía, es una manera de convertir nuestros cuerpos en bienes de consumo despojados de vida propia, de dignidad, de sentimientos etc. para pasar a ser “algo” qué consumir. Deshumanizarnos forma parte de la estrategia patriarcal para seguir ejerciendo su mandato de poder absoluto y universal. Y para hacerlo, se recluye a las mujeres tratadas en burdeles convertidos en campos de concentración en los que, además de prostituir mujeres, se les cobra casi hasta por el aire que respiran para, de ese modo poderlas seguir explotando sexualmente. Tratadas, como animales y vendidas cada vez que se paga por poderlas penetrar por casi todos los orificios de sus cuerpos por hombres a los que no desean, esas mujeres son usadas como mera mercancía para ganar dinero a espuertas en un negocio ilícito que mueve muchos millones de euros usando los cuerpos de mujeres como materia prima.   

         En plena ofensiva bélica en Ucrania, a mucha gente le preocupa sobre todas las cosas, “su” negocio. El poder salvaguardar al lucrativo negocio legal de los vientres de alquiler que, gracias a la explotación reproductiva de las mujeres, alimenta, incluso parte de las armas que se están entregando a la población para defenderse de la injustificada agresión rusa. Mujeres recluidas en granjas que son privadas de sus libertades para que “el producto final”, léase, las criaturas que han de nacer lo hagan sin ningún problema o tara y en perfecto estado para poder ser entregadas a sus compradores en un negocio sino ilícito, al menos totalmente indigno de compraventa de criaturas. El feminismo exige la prohibición de estas prácticas en todos los lugares y en todas las naciones. Porque el feminismo es universalista y los derechos de las mujeres no deben ser diferentes dependiendo del lugar de origen o del lugar de residencia. Han de ser universales.

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¿Diversidad?

         Una hermosa palabra que pretende integrar a todas las personas bajo del paraguas de los derechos humanos. O, dicho de otro modo, una expresión que pretende erradicar privilegios, dando, a todas las personas el mismo estatus social.

         Y, al mismo tiempo, una expresión que ha sido colonizada por lobbies interesados en hacer negocios con el pseudo sufrimiento de personas vulnerables, sobre adolescentes cuya inseguridad les hace todavía más vulnerables si cabe.

         Con esta expresión hermosa y llena de dignidad han construido su bandera aquellos que, bajo el ¿neo? concepto de modernidad, proponen el borrado de las mujeres como sujeto político y que, además pretenden apropiarse del feminismo. Y todo ello adobado con infinidad de medios aportados por farmacéuticas y clínicas privadas que “arreglan” aquello que la naturaleza ha hecho mal.

         Y, no contentos con ello, se inventan un neolenguaje muy moderno, eso sí, con el que se pretende, entre otras cosas, usurpar espacios de seguridad conquistados por las mujeres. E incluso, espacios reivindicativos propios del feminismo. Además de contar entre sus aliados más firmes, a políticas de corte reciente que venían a salvar el mundo gritando “Sí se puede” sin avisar que dentro de esa expresión también estaba incluido e implícito el borrado de las mujeres.

         Bajo esa pseudo diversidad mal entendida cabe todo. Incluida la exclusión de las mujeres como sujetos políticos víctimas de desigualdades y de discriminaciones específicas por haber nacido mujeres. Si, mujeres con sexo de mujer. Mujeres sexuadas que son violadas, asesinadas, agredidas, menospreciadas, discriminadas, y un largo etc. por haber nacido mujeres.

         Pero resulta que ahora y con el nuevo neolenguaje inventado y aprendido a base de repetición y odio hacia las mujeres que reivindicamos seguir defendiendo nuestros derechos y eliminar nuestras desigualdades, ser mujer se ha convertido en un deseo.

         Un deseo al que se puede acceder y del que se puede renegar en cualquier momento. Y para ello, se han organizado y han copado una parte importante del Gobierno, haciéndole creer que son un caladero de votos importante debido al ruido permanente que generan y a las, no siempre confesables, complicidades con las que cuentan, para intentar aprobar leyes que son atentatorias contra los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres.

         A poco que rasquemos, advertimos que, como dice la comedia de Shakerpeare, solo hay mucho ruido y pocas nueces. Porque lo que están intentando a bombo y platillo es ni más ni menos que asentar identidades a base de saltarse procedimientos administrativos que, para acreditar otras situaciones son insalvables. Porque el cambio de nombre registral así como otros derechos, ya se contemplan actualmente en la legislación vigente.

         De nuevo se hace presente y patente la necesidad impuesta por el patriarcado, no solo de mantener privilegios, sino de aumentarlos a cualquier precio. No solo se trata de ser lo que YO quiera en cada momento. También se trata de que ese sea mi privilegio, aunque para ello tenga que volver a someter los derechos de otros seres humanos libres y ya sometidos que son las mujeres. Esa es la verdadera esencia de quienes claman por SU diversidad excluyente y perversa para con las mujeres.

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Y seguimos con la ignominia patriarcal

         Asistimos indignadas a la permanente ignominia patriarcal cotidiana. A veces creo que más que contraatacar, el patriarcado provoca permanentemente. De lo contrario, ¿Cómo se puede explicar que un entrenador como el del equipo femenino del Rayo Vallecano femenino, que es capaz de animar a una violación en grupo para crear vinculación de grupo siga sin ser cesado por el presidente de su club o, lo que sería esperable, sin dimitir?

         Pero este, es solo un ejemplo de lo que estamos viviendo y que con temas como el puñetero debate sobre lo que ha ocurrido en el Benidorm Fest, nos tiene adormecidos como sociedad.

Y mientras nos encontramos con que un monitor deportivo elude la cárcel por abusar de la hija de cinco años de su expareja y se le permite seguir trabajando con criaturas. O con que la canción ganadora del puñetero festival de Benidorm es un alegato encubierto de la prostitución. O cómo en algunos medios de comunicación y al final de una noticia sobre el asesinato de las mujeres por terrorismo machista, se añade la coletilla de que nunca habían denunciado por violencia de género a sus asesinos, con lo cual y de forma indirecta se las acusa de su propio asesinato. O de cómo se revuelve la sociedad ante la muerte en general, pero ante los asesinatos de mujeres nos envolvemos en impasibilidad y en cierto halo de inevitabilidad estructural. O en como algunos políticos, sobre todo del PP son investigados por «presuntamente» cobrar a los presos de algunas cárceles los servicios de prostitutas, que previo pago, él les enviaba a la cárcel. O sea, proxenetismo carcelario. O cómo tenemos de normalizado el hecho de que nuestros adolescentes consuman pornografía como forma de iniciarse en el sexo. Una forma que cosifica y violenta a las mujeres como forma de relación.

Pero al parecer, nada de eso es importante. Las mujeres somos más de la mitad de la población, pero hay “señores” que nos siguen considerando un “colectivo”. Somos la mitad de quienes habitamos el planeta, pero la pobreza tiene rostro de mujer porque el rostro del hombre viene de la ocupación de espacios de poder que actúan para perpetuar el mantenimiento de sus privilegios históricos.

Nos matan, nos violan, nos abusan, nos prostituyen pero la justicia, que sigue siendo más patriarcal que justa, siempre busca la forma menos perjudicial para el agresor que justa para las víctimas. Siempre encuentra algún eximente, justificación o artículo que mejore la situación de los agresores en detrimento del sufrimiento de la víctima. ¿Acaso hemos olvidado el terrible juicio de “la manada” y los votos particulares de la sentencia? ¿O el asesinato de Ana Orantes que, tras haber denunciado las palizas, la sentencia indicaba que había de compartir vivienda con su agresor que la acabó asesinando? ¿O los asesinatos vicarios de criaturas como Ana y Olivia o los que cometió José Bretón para dañar a las madres?

Tenemos, también, memoria patriarcal. Y construcción psicológica patriarcal. Vemos lo que ocurre, lo sabemos, lo sufrimos, pero en demasiados casos, cuesta demasiado actuar, porque el patriarcado lo ha construido todo para su éxito, para vencer en todas las batallas.

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Las mujeres: personas con derechos humanos incompletos

         No hace ni un mes que hemos comenzado el año y las malas noticias sobre los asuntos que nos afectan a las mujeres, no cesan.

         Comenzábamos el día tres de enero con la siguiente noticia: “El Tribunal Constitucional se lava las manos y dice que no quiere entrar en valorar si saldar una deuda entre adultos a base de felaciones o sexo oral es legal o no”. Así, directamente en vena.

         El alto Tribunal, con esta decisión e indirectamente avala la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Baleares que falló en ese sentido. O lo que es lo mismo, a partir de ahora, dos personas adultas están legitimadas judicialmente para satisfacer las deudas contraídas entre ambas partes «en especies». Es decir, que podrán acordar liquidar las cargas económicas mediante felaciones o cualquier relación sexual como si de una relación contractual se tratara. Y después nos niegan que la Justicia esté patriarcalizada. Por lo visto para algunos jueces e incluso alguna jueza consideran que a las mujeres nos pueden exigir sexo por deudas pendientes. O, dicho de otro modo, nos pueden prostituir, vejar, amenazar o acosar por haber contraído una deuda con un varón. Recordemos que estamos hablando de la Justicia, no de opiniones vertidas en un café. No. De una decisión de uno de los más altos Tribunales del Estado y del más alto de la Comunidad Balear. Después se nos pide que acudamos a la Justicia. Ya!

         Seguimos con más informaciones.

         Esta semana pasada, la maltesa Roberta Metsola fue elegida presidenta del Parlamento Europeo con los votos liberales y socialdemócratas, entre los cuales se encuentra la representación del PSOE.

Estupendo que un partido que se reivindica como feminista dé sus votos para elegir como presidenta de uno de las más importantes instituciones europeas a una mujer antiabortista y del Partido Popular. Se le llama incoherencia política sobre todo en tiempos en donde los derechos de las mujeres están en franco peligro. En fin…que luego nos vengan reivindicando su talante feminista, con estas capitulaciones políticas, dice mucho del partido socialista.

         Este es un claro ejemplo que de el hecho de que una mujer esté en las instituciones no la convierte en aliada del feminismo. Más bien, al menos en este caso, la convierte en un ejemplo de ambición cumplida y de falta de ética para con los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres.

Pero como ya sabemos, la política hace extrañas compañías de viaje, según los intereses partidistas del momento.

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Alicia Murillo Ruiz

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