Micro machismos

        Según la definición que le dio Luis Bonino a principios de los años noventa,  los micro-machismos “son pequeños, casi imperceptibles controles y abusos de poder cuasi normalizados que sin ser muy notables, restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres, atentando además contra la democratización de las relaciones. Dada su invisibilidad se ejercen generalmente con total impunidad . Son de uso reiterado por los varones hacia sus parejas. En definitiva son prácticas de dominio y violencia hacia las mujeres que suceden en la vida cotidiana. Con el prefijo -micro hace alusión a lo que es casi imperceptible, lo que se encuentra en el límite de la evidencia, pero sin llegar a serlo”. Como vemos son, también, micro violencias machistas.

Este tipo de violencias ocultas son casi todas ellas violencias psicológicas y, por tanto poco visibles hasta que, con las gafas moradas puestas, las vas descubriendo y desnudando para hacerlas visibles.

Ocurren en todas las esferas de la vida y en todas las etapas vitales. No solo ocurren entre las parejas. Sencillamente ocurren. Y suceden en los espacios laborales, en el ocio, en el transporte público, etc.

Los micro machismos buscan, en definitiva mantener el orden patriarcal de la sociedad que, a su vez, pasa por que los varones mantengan el poder sobre las mujeres a toda costa. Y tienen muchas caras que, sobre todo a las mujeres, nos resultarán familiares. Aparecen con miradas intimidatorias, con el uso expansivo del espacio compartido, con la toma repentina del mando de determinadas situaciones sin tener en cuenta la opinión de la pareja, etc.

Hay otros como llevar a las mujeres a dudas de sí mismas y por tanto, en demasiadas ocasiones negarse ellas mismas en favor de otras personas. Y aquí es donde entra algo muy común y que aparece siempre y en casi todos los hombres sean estos pareja, amigos, amantes, etc. Se trata de la prioridad de la voz masculina.

¿Cuántas veces en una conversación del tipo que sea, alguna mujer ha estado dando su opinión sobre algún tema y ha aparecido la voz de él más alta con tal de hacerse escuchar, o ha interrumpido sin prestar atención a lo que estaba diciendo ella? Ocurre cada día. Y lo sé por experiencia.

Es algo recurrente. Ocurre. Y lo peor es que cuando lo haces notar, en demasiadas ocasiones te llaman borde o mal educada, cuando en realidad quienes no son educados son ellos. Pero aún así, creen tener la razón. La razón patriarcal, por supuesto.

La socialización diferenciada tiene, entre otras, esta función, la de normalizar los micro machismos como algo inherente a la condición de haber nacido mujer u hombre. Y ese tipo de socialización que se construye desde la familia, la escuela, los medios de comunicación las religiones etc. buscan, desde tiempos inmemoriales la supremacía de los hombres sobre las mujeres. Buscan la dominación, la sumisión, el servicio perpetuo a sus intereses etc. En definitiva buscan mantener el orden patriarcal que es el que les otorga los privilegios. Más

Anuncios

Cuando las tradiciones no ayudan

           Esta semana conocimos que una falla de Valencia, la de Borrull-Socors modificó sus estatutos para adaptarlos al siglo XXI y permitir que cualquier hombre o niño pueda ser fallero mayor a partir del año que viene. Ahora la Junta Central Fallera tendrá que aceptar o no, dicha modificación.

La figura de la Fallera Mayor es una parte importante del mundo fallero. Pero básicamente lo es por la ornamentación de sus vestidos y complementos. Estatutariamente y según el artículo 29 del preámbulo o título preliminar del reglamento fallero por el que se rige la Junta Central Fallera, “La fallera mayor será la única mujer que ejercerá la representación honorífica de la comisión de falla en los actos propios y oficiales”.

            Observamos en este artículo dos expresiones que dan a entender que esta figura es una figura prácticamente silenciada y casi meramente decorativa. Dichas expresiones son “única” y “honorífica”. Y lo que entiendo es que el resto de mujeres de la falla, sean o no falleras no pueden representar honoríficamente a sus agrupaciones falleras. Y por extensión, la fallera mayor solo puede representar a su falla de manera honorífica. Desde mi punto de vista esto rezuma sexismo por todas partes.

La resistencia del mundo fallero a los cambios y a la eliminación del sexismo en sus monumentos no es nueva. A principios de este año se presentó un pre-informe de análisis de las fallas de la ciudad de Valencia desde una perspectiva de género . Dicho trabajo fue elaborado por la Universitat de València, por encargo del Consell Municipal de les Dones i per la Igualtat. Y es muy curioso observar cómo en sus conclusiones aparece esto:

“A la luz de este estudio, queda claro que existen grandes diferencias entre hombres y mujeres en la Fallas de València, tanto en la participación de las estructuras organizativas, donde las mujeres no tienen el mismo acceso que los hombres, como en su representación en los monumentos”.

Con este ejemplo quería hacer visible la reticencia a los cambios por parte de quienes están al frente de las comisiones de fiestas y festejos de las diferentes ciudades y comunidades. La mujer como florero, como elemento decorativo de unas fiestas organizadas, todavía y mayoritariamente por hombres.

Las fallas son, como he dicho un ejemplo, pero pasa lo mismo con cada población que tenga su reina y corte de honor de sus fiestas patronales. Más

Deseos y derechos

            La sociedad capitalista en la que vivimos nos indica que, con el dinero necesario, todo se puede comprar o vender porque todo tiene un precio. Voluntades políticas incluidas como ya hemos visto con los casos de corrupción que nos inundan en los últimos años.

Además, esas voluntades políticas pueden llegar a ser necesarias para continuar explotando y expoliando y que, de ese modo el sistema no se rompa.

Como además el capitalismo ya no entiende de fronteras, es internacional y lo abarca todo porque, en su perfecta alianza con el patriarcado, ya no quedamos al margen de su imperio ni las personas. Tenemos claros ejemplos de lo que digo cuando hablamos de personas en general con la compraventa de órganos humanos en donde, en algunos lugares del mundo, es legal.

Pero cuando hablamos de mujeres y no de personas ya la cosa cambia y, en demasiados casos, se mira a otra parte. No podemos olvidar que la prostitución es una relación en donde una parte, generalmente hombres, compran su placer. Y para satisfacerlo necesita un cuerpo humano que es la materia prima básica para la satisfacción de ese placer. Y ese cuerpo humano, generalmente es de mujeres. Pero si a esa relación comercial le añadimos, la explotación sexual que sufren las mujeres por parte de otros hombres que las han comprado y vendido a su antojo como si fueran reses, podremos entender que la asimetría de la relación comercial es total. Y que, por tanto la satisfacción de un deseo como el sexual tiene claras connotaciones políticas que se han de afrontar.

Cuando se consume prostitución se va más lejos de esa simple relación física. Se establece y se refuerza el sistema de poder masculino frente a la sumisión femenina. Porque los prostituyentes o puteros hacen suya aquella frase que dice “que quien paga manda” y el hecho de pagar les “autoriza” a hacer lo que quieran con la mujer prostituida. Y se dibuja perfectamente la férrea alianza entre el capitalismo y el patriarcado. La mujer comprada y sumisa frente los deseos de quien paga. La mujer con la voluntad anulada y sin poder elegir si quiere o no quiere tener ese contacto físico con ese hombre. La mujer reducida a un mero objeto de placer sin voluntad y sin voz propia. Reducida a un mero objeto sexual.

En el libro “Un tros de cel” (Editorial Bromera. 2012), su autora, Isabel Clara-Simó expone perfectamente esta alianza y también expone la desigualdad entre niñas y niños. Pero narra perfectamente la venta de la protagonista, el maltrato que sufre en su viaje desde Hong Kong a Valencia en donde la obligan a prostituirse, siendo todavía una menor, y en cómo, un tiempo después es llevada a un prostíbulo y narra la vida de allí dentro bajo la “protección” de un proxeneta “bueno” que, al final cumple su palabra. Más

Perversa falacia

            Decía Mabel Lozano en Twitter recientemente que: “Si las mujeres son prostituidas, el demandante es un prostituyente, puesto que si es un putero , entendemos que ella es una puta y no una víctima. El lenguaje en muchos casos estigmatiza a las mujeres, por eso es el momento de los otros actores, proxenetas y prostituyentes”. Y yo comparto cada una de estas palabras.

Asistimos a un momento en donde el patriarcado adopta nuevas formas para sobrevivir y entre ellas busca dos elementos claves para demostrar su capacidad camaleónica, incluso sobre las mujeres. Esos dos elementos buscan esencialmente lo mismo: convertir sus deseos en derechos. De ese modo y, en el Estado Español de la mano de Albert Rivera y sus correligionarios, pretenden legalizar los vientres de alquiler que no es ni más ni menos que una forma de explotación reproductiva sobre las mujeres y un gran negocio de comercios de criaturas.

El otro elemento es la regulación de la prostitución. Si las voces que escuchamos siempre son las mismas, y nos explican que están ejerciendo la prostitución por voluntad propia y que para ellas es un trabajo y por tanto quieren tener derechos, acabamos naturalizando la esencia misma de la prostitución que es la dominación y la humillación a través de la satisfacción de un deseo.

Si no escuchamos voces como las de Amelia Tiganus, que es una superviviente de la trata y de la explotación sexual, cuando afirma que la prostitución es la esclavitud del mundo actual, también nos quedaremos con la sensación idílica que pretende hacernos creer el patriarcado, y es que la prostitución es un trabajo y que por tanto debe regularse como tal.

Y por supuesto, ¿Quien va a estar en contra del trabajo con derechos? supongo que nadie. Y precisamente ahí está la perversión de las palabras. En construir el mensaje de la regulación a partir de expresiones como “trabajo o empleo con derechos”.

La prostitución es, al menos para mí, una forma de esclavitud y explotación sexual con el fin último de seguir ganando dinero con los cuerpos de las mujeres como materia prima básica. Y, al mismo tiempo, reforzar las estructuras de poder patriarcal a través de la total y absoluta asimetría de las relaciones que se establecen entre el prostituyente y la mujer prostituida. Satisfacción del deseo sexual masculino a cambio de negar condición de persona a la mujer prostituida. En definitiva esencia patriarcal pura y dura: dominación masculina sobre las mujeres. Más

Victimismo no, denuncia

            Uno de los argumentos que el patriarcado, en cualquiera de sus formas, utiliza para intentar denigrar al feminismo es insistir en que se trata de un movimiento victimista. Con esta forma de actuar busca no sólo la crítica destructiva, sino también el que a mucha gente que es feminista le aturde o le asuste pasar a definirse como tal.

Una de las características más importante del feminismo es la lucha por la equidad entre personas, más allá de razas, religiones u orientación sexual. Y cuando hablo de equidad no se trata solo de igualdad. Como muy bien es sabido las mujeres de todas las razas, religiones u orientación sexual sufrimos situaciones denigrantes cada día simplemente por haber nacido mujeres. E incluso son otras mujeres quienes nos tratan mal en demasiadas ocasiones debido a su sumisión al patriarcado.

El hecho de que expongamos esas situaciones denigrantes ante la sociedad y reivindiquemos la equidad entre las personas se reviste de victimismos para de ese modo desacreditarnos e intentar silenciarnos.

Cuando no se es consciente de los privilegios de los que se goza, en demasiadas ocasiones no se ven ni perciben las situaciones que esos privilegios generan en el sometimiento hacia otras personas.

Lo define estupendamente bien la escritora, profesora y activista feminista italo-estadounidense Silvia Federicci cuando afirma “Que nuestro bienestar no se debe construir sobre el sufrimiento de otras personas”, y, precisamente eso es lo que se está promoviendo por el férreo pacto entre el capitalismo  y el patriarcado. Construir y gozar de unos privilegios que proporcionan bienestar sobre el sufrimiento de demasiadas personas.

Desde el activismos feminista y social se observa como en cada momento y ante cada situación de ámbito planetario, las mujeres y las niñas son quienes se llevan la peor parte. Siempre y, para muchas personas esto no admite discusión. Sólo aquellos que obtienen beneficios de cualquier clase no son capaces de admitirlo. E incluso lo ven como algo “natural” y, por tanto indiscutible.

Ante la denuncia de esas situaciones salta la alarma y nos intentan acallar llamándonos victimistas, feminazis y otras lindezas. Pero no es más que otra estrategia para mantener privilegios a costa de situaciones de desigualdad y de temor a perder sus privilegios que de forma “natural” creen que les pertenecen.

Y no, no somos victimistas, somos conscientes, muy conscientes de que el bienestar patriarcal a todos los niveles se construye en base al sufrimiento de más de la mitad de la población mundial que somos las mujeres.

El patriarcado sigue construyendo un paradigma que permite naturalizar e incluso legalizar esas situaciones de inequidad y de sufrimiento. Y lo naturaliza de muchas maneras, incluso ganándose la complicidad de muchas mujeres que siguen ciegas a esas inequidades y al sufrimiento de tantas y tantas hermanas en el mundo entero.

Un ejemplo reciente y muy, muy suave es la reacción que se ha tenido por parte de la Real Academia Española de la Lengua cuando se les ha pedido que elaboren un estudio para que la Constitución tenga un lenguaje más inclusivo y que, por tanto, nos incluya de forma clara a las mujeres españolas. Hemos visto desde amenazas de dimisión hasta “peros” de todo tipo.

Y digo que es un ejemplo muy suave si lo comparamos con las estratagemas de todo tipo, sea con formas sutiles e incluso simbólicas o a las claras que se tiene para justificar las tropelías que se siguen cometiendo con las mujeres y las niñas y que pasan desde el asesinato antes de nacer cuando se comprueba que va a nacer una niña, la trata y explotación sexual, los asesinatos de mujeres por serlo, la pobreza sistemática a las que se las somete en algunos lugares del planeta hasta el hecho de utilizar sus cuerpos como campos de batalla. O sus decisiones también como campo de batalla al impedir que las puedan tomar incluso sobre sus propios cuerpos.

Todo lo que he expuesto, está ocurriendo en este mismo momento y en diferentes lugares del mundo. Y nada de ello es natural. Es obra de muchos siglos y doctrinas que lo intentaron naturalizar. Y lo siguen intentando. Pero cuando alzamos la voz y lo denunciamos como situaciones injustas y generadoras de mucho sufrimiento, somos feminazis, manipuladoras, victimistas, y un largo etc. Más

Las manadas

Con la puesta en libertad de los cinco violadores de Pamplona, la justicia ha dado un claro mensaje de su grado de patriarcalización y rechazo a las libertades de las mujeres. Ha actuado, por llamarlo delicadamente, como otra “manada”.

Una “manada” de gente que opina que a pesar de la gravedad de los hechos, estos cinco salvajes malnacidos, tienen derecho a una libertad que la víctima de sus actos ya jamás podrá tener.

Una “manada” a quien la seguridad de las mujeres, de todas las mujeres, les importa un pimiento y a quienes otorgan la responsabilidad de su autoprotección. Y en lugar de mandar un claro mensaje del posicionamiento de la justicia al lado de las víctimas, se han posicionado al lado de los agresores salvajes. Y en dos ocasiones.

Esta justicia patriarcal nos está llevando a las mujeres a armarnos de argumentos para seguir saliendo a la calle y para también exigir alto y claro la formación básica en igualdad de género y en los diferentes tipos de violencias machistas que sufrimos a diario las mujeres  y  las niñas. Esa formación, al igual que la revisión del corpus jurídico para despatriarcalizarlo es urgente. Y lo es porque nuestra seguridad y nuestras vidas están en peligro.

A sus señorías frufrús les da igual una violación en grupo que un asesinato siempre que las víctimas sean mujeres, claro. Siempre le buscan las vueltas para poder interpretar y aplicar las leyes en sus grados mínimos a los asesinos o violadores.

Pero eso sí, cuando es una mujer la que agrede o asesina, son implacables en todos los aspectos.

La verdad es que estoy harta, muy harta y muy enfadada por cómo se ha llevado jurídicamente todo este tema de los violadores de Pamplona. No soy abogada, como todo el mundo sabe. Solo soy una activista feminista que ha visto como, con este tema y una vez más , se han sobrepasado todas las líneas de ultraje a la dignidad de la víctima. Y con ella las de las mujeres en general.

Y ahora leo en las redes sociales como ya hay programas de televisión que están pactando entrevistas con los violadores y sus familias. Otra “manada” la de estos programas y otros medios de comunicación que pretenden justificar las actitudes de estos cinco miserables violadores y criminalizar al feminismo que ha salido en masa a las calles para protestar por la decisión de dejarles en libertad.

Recordemos que estos cinco violadores no han pedido perdón a la víctima ni han mostrado el menor arrepentimiento por sus fechorías. Recordemos que también violaron en Pozoblanco. Y también recordemos que dos de ellos son parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Las “manadas” mediáticas y jurídicas tendrán que hacer frente a las consecuencias de sus actos. Y me refiero a que en demasiadas ocasiones se les olvida que las mujeres somos consumidoras y aunque no se tenga en cuenta hay muchas letradas que son feministas y muy buenas en ambos sentidos.

Estoy harta de tener que alzar la voz por estas tropelías. Muy harta pero no queda más remedio que seguir saliendo a la calle y seguir alzando la voz para acusar directamente a todas esas manadas proteccionistas con el patriarcado a costa de la salud, de la seguridad e incluso a costa de la vida de demasiadas mujeres y criaturas. Más

Los Incel o el derecho al sexo

            Hasta el pasado viernes no había escuchado el término Incel en mi vida. Fue mi amigo Antonio quien me descubrió esta verdadera barbaridad. Bueno, pues al parecer los Incel (acrónimo en inglés de célibes involuntarios) son un movimiento o comunidad misógina, machista y racista que pretende que los Estados obliguen a las mujeres a tener sexo con ellos. Eso sí han de ser mujeres blancas y sin discapacidades.

En estos dos días he estado buscando información y, al parecer el despreciable ser que perpetró el atropello de Toronto era uno de ellos gracias a lo cual se está poniendo el foco sobre ellos.

El tema está tomando tal cariz que en el New York Times ya se ha publicado un artículo sobre el tema bajo el título   The Redistribution of Sex , escrito por Ross Douthat, donde se dice que hay que entender a esta gente y  se propone usar prostitutas o robots sexuales para evitar que este movimiento siga cometiendo atentados.

Y yo me pregunto al leerlo ¿estaremos perdiendo el norte como sociedad?

El deseo sexual, es eso, deseo. Y como deseo puede o no ser cumplido. Pero no es ningún derecho. Y mucho menos cuando se trata de utilizar a las mujeres como herramienta para satisfacerlo. Y si, he dicho herramienta, porque el nivel de cosificación implícito en el discurso misógino de estos “seres” que abogan porque el Estado les garantice el sexo, es de tal magnitud, que es difícilmente soportable.

Es lo mismo que los vientres de alquiler: pretender que los deseos (sexuales, parentales, etc.) pasen a formar parte del ordenamiento jurídico.

Deseos generalmente de hombres sobre los cuerpos y vidas de las mujeres a quienes estos impresentables de los incel, quieren usar a su antojo para desahogar sus instintos. No importa que sean mujeres tratadas y prostituidas como propone el articulista del New York Times cuando propone recurrir a la prostitución para frenarles. Solo le faltó decir aquello de: “Total, solo son putas”.

La mirada y el deseo patriarcal sobre las mujeres sigue siendo sorprendentemente misógino y desconsiderado.

Nada les importan las vidas que puedan destrozar para satisfacer sus deseos. Aquí tenemos a los cafres de “La manada” y tantas otras manadas que, esencialmente buscan lo mismo: satisfacer sus deseos sexuales a cualquier precio, puesto que pueden llegar a considerarlo un derecho.

En el Estado Español se denuncia una violación cada ocho horas. Y el número sigue al alza según datos oficiales. Más

Anteriores Entradas antiguas

Tribuna Feminista

Tribuna Feminista

Alicia Murillo Ruiz

Alicia Murillo Ruiz