De vuelta

         A pesar del silencio estival, las cosas, apenas han cambiado. Bueno sí, han evolucionado a peor.

         Mayor número de agresiones sexuales múltiples a mujeres. Mayor ferocidad en el discurso posmoguay para imponer “su” verdad cual dogma de fe, con lo que ello supone para los derechos de las mujeres y su seguridad. Mayor carga de trabajo y, por tanto, mental para las mujeres con el teletrabajo. Y así un largo etc.

         Con el tema de las violencias machistas ya es imposible hablar de todas las que se han sufrido en este tiempo de silencio: Asesinatos, violaciones, asesinatos de hijas e hijos, golpes, insultos e infinitas maneras más de violentarnos.

         Y, por si nos faltaba alguna cosa, hombres autoasignados mujeres compitiendo en las olimpiadas como mujeres. Con su sola palabra.

         Y este Gobierno, autoproclamado progresista y feminista, mirando hacia otro lado, sin querer mirar los problemas estructurales que sus propias políticas nos generan a las mujeres.

         Cuánta prisa se dio Sánchez en anunciar la creación de grupos en la Guardia Civil y la Policía Nacional para perseguir los delitos de odio contra las personas homosexuales, pero ni una palabra, ni tampoco ni una acción para combatir las violencias machistas. La judicatura tiene en sus manos instrumentos jurídicos para evitar que padres condenados por malos tratos a sus parejas no puedan ver a los hijos, pero apenas las utilizan, con el riesgo que ello comporta para las criaturas, como hemos visto y desgraciadamente seguiremos viendo.

         Al parecer, las vidas de las mujeres siguen sin importarles ni a la clase política, ni a la judicatura instalados ambos como están en un patriarcado que los lleva a estar cómodos en esa situación pese a que el precio de mantener esos estatus sean las vidas de mujeres y criaturas.

         Pero para acabar de empeorar las cosas, llegan los posmoguays, se apoderan del Ministerio de Igualdad cuya lucha debería ser contra todas las violencias machistas y todas las desigualdades que estructuralmente seguimos sufriendo las mujeres, y comienzan una cruzada para convertir en leyes los deseos de algunos sin ningún tipo de acreditación médica o psicológica. Ello, implícitamente, lleva aparejados nuevos peligros para las mujeres en muchos aspectos que van desde el lenguaje, porque se utiliza un neolenguaje que pretende hacer desaparecer palabras como “madre” o “mujer” para, de ese modo borrar el concepto de mujer y todo lo que lleva asociado en cuánto a derechos y protecciones específicas como sujetos políticos específicos que somos.

         Decepción tras decepción, salvo alguna honrosa excepción por parte de un Gobierno que ha dejado de gobernar a más de la mitad de la población que somos las mujeres. Nos ponen muy difícil plantearnos de nuevo el voto a opciones que creíamos que iban a buscar la justicia social pero que han acabado sirviendo los intereses, no siempre confesables, de algunas multinacionales que respaldan el negocio farmacéutico de las hormonas, las operaciones y mutilaciones físicas que supone lo que llaman “transicionar”, etc.

         El feminismo se ha quedado huérfano de izquierdas políticas como comprobamos cada día cuando se nos insulta e incluso agrede por estar disconformes con estas políticas. Políticas que hemos de recordar que van dirigidas a una minoría de la población en claro detrimento de otras mayorías.

         Este verano reflexionaba con un amigo de una opción política que no es de izquierdas y ambos decíamos lo mismo: Ni yo puedo hablar ya de “mi” gente en política y él afirmaba lo mismo. Hemos dejado de creer en los que hasta hace un tiempo eran para cada uno de nosotros “los nuestros”.

         Difícil lo tenemos a la hora de depositar el voto. Porque votar hay que votar, pero ya no tengo claro en qué sentido hacerlo.

         Si, ya sé que para ser el primer artículo de la nueva temporada no estoy demasiado optimista, lo sé. Pero tampoco quiero engañar a nadie. Así me siento.

         Pero, aunque a veces las fuerzas flaqueen y me sepa dentro de una disidencia a la que mis propias convicciones me han llevado, la luz del feminismo nunca se apaga y dentro de esa disidencia están mis hermanas feministas y las mujeres en general que son mi motor de cada día.

         Precisamente hoy hace veinte años me prometí a mí misma trabajar hasta mi último aliento para denunciar las violencias machistas en todas sus formas para intentar evitar sufrimiento a mujeres y niñas. Hasta ahora esa ha sido mi línea vital y espero que así siga hasta mi último aliento. Aunque no lo pongan fácil, ahí estaremos.

         Siempre hay una cosa que me conforta cuando me dan bajones por desesperación o cansancio y es que nunca me siento sola en la lucha y al tiempo pensar que, porque fueron, somos y porque somos, serán.

Ben cordialment,

Teresa

Descubrimiento

         Seguramente habrá quien piense, cuando lea esto que soy una ignorante. Vale, lo soy, pero también me considero curiosa y gracias a esa mezcla sigo disfrutando mucho con cada aprendizaje.

         ¿Qué por qué cuento esto? Por que hace relativamente pocos días estaba leyendo cosas por Twitter y tropecé con una información que me llevó a leer todo el hilo. Hablaba de cómo mujeres británicas y, después de que su selección de fútbol perdiera la Eurocopa ante Italia, abrían las puertas de sus casas a otras mujeres para protegerlas de las violencias machistas que se iban a generar tras la frustración de haber perdido la Eurocopa de fútbol.

         Me quedé pasmada. Nunca se me había pasado por la cabeza, así en frío, que esto pudiera pasar. Pero pasa y los agresores machistas usan a sus mujeres como saco de boxeo para liberar su frustración, perdiendo por completo el control de la situación ante una simple pérdida de un partido de fútbol. No consigo entenderlo. Igual es que nunca ha habido en mi vida ninguna persona con esa pasión por el fútbol y al mismo tiempo, baja tolerancia a la frustración.

         Esto ilustra a la perfección la esencia misma de las violencias machistas y el mito de las medias naranjas que sustenta al amor romántico. Pero también pone de manifiesto la aceptación generalizada de que nuestras vidas de mujeres son vidas de segunda o de tercera categoría que se pueden usar a conveniencia del agresor, sea este marido, novio, amante, etc.

         La cultura de la violencia de los campos de fútbol va más allá, como, al menos yo he comprobado hace poco. La masculinidad tóxica impuesta y vivida a lo largo de los siglos, sigue vigente en nuestros días. Un poco más disfrazada si se quiere, pero igual de violenta para con las mujeres.

         Y otra evidencia de lo poco que importan nuestras vidas. Se produce un asesinato de un joven por su orientación sexual y las redes arden, surgen manifestaciones espontáneas por todo el Estado, altares en su memoria, reivindicación de su memoria y repetición hasta la saciedad de su nombre, etc. Asesinan a dos mujeres el mismo día y solo se las nombra por las ciudades donde han sido, en el mejor de los casos asesinadas cuando no muertas, algún minuto de silencio en sus comunidades y algún tuit por parte de altas responsable de igualdad. Nada más. Judicialmente se investigará, faltaría más, pero ni arden las redes, ni se reivindica su memoria, ni manifestaciones espontáneas. Nada.

         El patriarcado y sus correligionarios posmodernos chupi guays, junto con un capitalismo salvaje están consiguiendo naturalizar esas muertes, adormecer conciencias para que, como el título de la película que interpretaba la gran Bardem, “Nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto”.

         Solamente el movimiento feminista radical, el que va a las raíces de los problemas, sigue denunciando las violencias machistas y exigiendo reformas de calado a nivel social y jurídico para proteger las vidas de las mujeres ante sus agresores y asesinos que duermen con ellas. Solo las feministas, como hicieron las británicas, claman y abren puertas para proteger a nuestras hermanas de las agresiones de quien dijo amarlas y protegerlas. A ellas y a sus criaturas, claro.

         Desde el feminismo exigimos respeto y una vida sin ningún tipo de violencias. Desde el feminismo denunciamos las actuales políticas de un Ministerio que no atiende las necesidades de las mujeres. Que no ha escrito ni una sola letra ni ha trabajado ni un solo minuto en la abolición de la prostitución, dejando en situación de esclavitud sexual y de violencia extrema a decenas de miles de mujeres y en un limbo la reproducción reproductiva de la compraventa de criaturas a través de los vientres de alquiler. Un Ministerio que no ha legislado ni una sola letra sobre educación sexoafectiva de nuestras criaturas y que está permitiendo que la pornografía sea la escuela de nuestra niñez y adolescencia. Una pornografía que violenta los cuerpos de las mujeres e incluso niñas y que sigue creciendo exponencialmente basándose en la violencia sexual sobre las mujeres.

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Los juegos de Sánchez

         Ayer por la mañana, alrededor de las doce recibí un mensaje de un gran amigo que decía “La ley trans se ha llevado por delante a Carmen Calvo”. Yo desconocía los cambios de gobierno a esas horas y me encaminaba a comer con mi familia. A alguna de mis hermanas no la había visto desde octubre pasado y a otra desde el día de Navidad. Ya en la casa familiar me enteré del calado del cambio de Gobierno.

         He de decir que Carmen Calvo merecía mi respeto como feminista, pero no como política por toda la porquería que vertió hace dos años al entorno de Podemos, pero especialmente contra Pablo Iglesias. Tampoco sé si es el precio que ha pagado por oponerse a la llamada Ley Trans, como dice mi amigo o, dicho de otro modo, por ser coherente o ha perdido la confianza de Sánchez.

         Hace sólo unas semanas, hablaba con una gran amiga, también del PSOE, sobre ella y le hacía esta misma reflexión: muchas mujeres parlamentarias del PSOE, encabezadas por Carmen Calvo, habrán de pensarse mucho sus alegaciones y sus votos a esta ley si no se mejora mucho. Paloma, que así se llama mi amiga, me contestó que así era y, vino a decirme que habría que elegir entre plata o bala.

         Insisto, no sé si ha sido por esta causa o por pérdida de confianza de Sánchez, pero en cualquier caso y hoy, Carmen Calvo está fuera del Gobierno. Y eso no es para nada una buena noticia. Y estoy triste, la verdad porque el modelo de feminismo que representaba ha sido vencido por un modelo neoliberal y posmodernista “chupiguay”. Y eso no me gusta nada de cara al futuro de las condiciones de vida de las niñas y mujeres.

         El equipo de Irene Montero y sus leyes para, teóricamente garantizar, unos derechos de los que ya pueden gozar, las personas transexuales, no convence al feminismo teórico y tradicional, que es universalista y no interseccional. Nunca los derechos de unas pocas personas pueden condicionar la vida de millones y millones de personas como somos las mujeres y las niñas. Porque en definitiva se trata de eso, de que los deseos de una parte mínima, condicione los derechos ya adquiridos de más de la mitad de la población.

         Siempre he estado a favor del aumento de los derechos civiles de toda la población. Pero sin ello menoscabe otros derechos ya adquiridos de más de la mitad de esa población. Pero al parecer eso no se entiende por aquellos que lo que desean es ver cumplido su deseo sin reflexionar para nada lo que ello conlleva para la comunidad en su conjunto y, en este caso para las mujeres.

         Decepción profunda de las políticas perversas para con las mujeres que se están elaborando y aprobando en el Consejo de ministros para con las mujeres. Y todo ello utilizando el feminismo como escudo. Me siento triste y huérfana de izquierdas a quien votar si mañana hubiera elecciones generales.

         Sánchez se ha metido en un buen jardín y no sabe lo que le espera por contentar a un puñado de votantes muy escandalosos, eso sí, pero muy volátiles con su voto “chupiguay” y festivo.

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¿Qué está pasando?

Esta semana pasada se encontró el cuerpo sin vida de la mayor de las dos hermanas cuyo padre se llevó hace a finales de abril. A mil metros bajo el mar, dentro de una bolsa de deporte y con un ancla convenientemente atada para impedir que flotara y, por tanto, ser encontrada. Se llamaba Olimpia y tenía seis años. Ni su hermana de tan solo un año, ni su padre han aparecido todavía.

Pero lo que sí es bien seguro es que han dejado a una madre, Beatriz Zimmermann, muerta en vida por el terrible deseo de hacer daño del padre de sus hijas. Un malnacido asesino que no dudó en asestarle un golpe mortal asesinando a sus hijas y desapareciendo, dejándola muerta en vida. No me valen calificativos como celópata, caprichoso o violento. Todos y cada uno de ellos busca justificar al asesino. Todos y cada uno de ellos buscan ponerse de perfil para no acusar directamente al asesino.

Mientras los hombres no dejen de ponerse de perfil y no se sumen a la lucha contra el terrorismo machista no solo condenándolo sino también señalando a los asesinos y dejen los eufemismos que justifican estos asesinatos, el avance será mucho más lento.

No olvidemos el reciente caso de Canarias en donde, recién aprobada la ley que permite la autodeterminación de género y, en medio del juicio por el asesinato de Vanesa Santana, su asesino Jhonatan Robaina pidió cambiar su nombre por el de Lorena para así mejorar su situación procesal. El asesino, condenado a más de cuarenta años de cárcel por el asesinato y violación de Vanesa, de haber sido aceptada su petición de autodeterminación, podría haber cumplido su condena en una prisión de mujeres, con lo que ello conlleva para la seguridad de las mujeres privadas de libertad.

En el último mes y solo en el Estado Español ha sido asesinadas una mujer cada tres días. No solo son terribles estos asesinatos, también lo es el dolor que dejan a familiares y amistades de la mujer asesinada. Y sigue habiendo gentuza que niega que el origen de tanto dolor es haber nacido mujer y haber sufrido una socialización diferenciada para mayor gloria del patriarcado.

Negar el terrorismo machista que en los últimos dieciocho años ha matado a casi mil cien mujeres, es, sencillamente apostar por un feroz patriarcado para mantener privilegios.

Y después están las violencias institucionales como el caso de Juana Rivas que, por proteger a sus criaturas y no querer entregarlas a su maltratador, ha sido condenada por la justicia. Un sistema judicial profundamente patriarcal que cuestiona permanentemente la voz de las mujeres. O ¿Acaso se nos han olvidado sentencias como las de las mal llamadas manadas y que en realidad eran violaciones a una sola mujer por varios hombres?

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Lo que nos queda por hacer todavía…

        Esta semana he vivido una situación de machismo en toda regla y, aunque no voy a dar detalles, quiero reflexionar sobre la teoría y la práctica del feminismo.

         Como es sabido llevo más de veinte años escribiendo sobre feminismo y sobre cómo las violencias machistas de todo tipo inciden sobre la vida de las mujeres. Y también y sobre todo en cómo el sistema patriarcal difumina esas violencias para que sean difícilmente detectables socialmente y, por tanto, justificables a la vista del conjunto de la ciudadanía.

         Pues bien, ante la situación vivida, mejor dicho, sufrida, le explicaba a un par de personas que era una situación de mantenimiento de privilegios machistas ante la posibilidad de sentirse amenazado. Nadie lo veía de esa manera. Veían hostilidad, arrogancia, etc, pero no machismo. Alucinaba.

         El incidente o, mejor dicho, el cúmulo de incidentes me hizo reflexionar sobre en cómo el feminismo ha de seguir haciendo intervención de forma cotidiana para que las conciencias de mujeres y hombres se vayan abriendo. Unas para detectarlo en la parte más sutil e incluso en forma de micromachismos cotidianos y los otros para revisarse y revisar comportamientos propios y ajenos.

         Cuando se lo explicaba a una compañera amiga, su respuesta totalmente honesta fue la de “seguramente tengas razón, pero yo no lo veo”. Y le agradezco esa honestidad porque me lleva a revisar esa parte de tolerancia que seguimos teniendo con esos comportamientos sutiles de dominación y de supremacismo masculino y machista.

         Están ahí y se justifican casi siempre. Da igual que sean parejas, amigos, compañeros, coincidentes laborales, etc. Están ahí y actúan así, pero cuando se lo haces notar, se enfadan y se lo toman como un insulto como si en realidad les estuviéramos contando una mentira. Y solo se lo hacemos notar para que intenten reaccionar y poner su grano de arena para mejorar este mundo en el que tenemos que convivir mujeres y hombres.

         Me entristece profundamente saber que, pese a los avances realizados en las últimas décadas, en lo diario, en lo cotidiano siguen dándose situaciones que, precisamente por cotidianas, cuestan tanto de desmontar y, por tanto, de visibilizar.

         Pese a los estudios, a las posiciones que se tengan socialmente, se siguen justificando e invisibilizando y eso permite su pervivencia. Porque las violencias machistas pueden ser tan invisibles que no las reconozcamos, pero están ahí.

         No solo es violencia machista la de los golpes físicos. Hay muchos más tipos de violencias machistas: la simbólica, la psicológica, la estructural, etc. Y esas, por más invisibles son más dañinas porque dejan a la víctima con la responsabilidad social de la duda de si lo que vive es lo normal y socialmente aceptado o quizás se lo esté inventando para culpabilizar al agresor. Y lo que es todavía peor, se cuestiona su salud mental.

         Triste muy triste que sigamos sin avanzar en la erradicación de estos comportamientos tan sutiles como dolorosas para las mujeres solo por ser mujeres y que la falta de formación impida la detección de estas situaciones tan dolorosas para tantas y tantas mujeres. Más

Contra la explotación sexual

        Esta semana pasada conmemoramos el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres, Niñas y Niños. Hemos de recordar que la trata de personas para su explotación sexual es el tercer negocio ilícito en el mundo, por detrás del tráfico de armas y del de drogas, y se calcula que mueve alrededor de 35.000 millones de dólares al año. No es poca cosa, desde luego…

Utilizar el cuerpo de las mujeres y las criaturas como materia prima, como podemos ver, es bastante lucrativo para los proxenetas. Pero deja a las mujeres prostituidas en situación de vulnerabilidad absoluta y con una salud bastante vulnerable también.

El Gobierno se ha declarado en varias ocasiones abolicionista, pero hasta el momento no se ha movido nada en este sentido. Solo una recomendación desde el Ministerio de Igualdad de cerrar los prostíbulos durante la pandemia y que, además son competencias de las Comunidades Autónomas. Insisto, hasta ahora, los hechos brillan por su ausencia.

No nos vale solo con una ley contra la trata de personas con fines de explotación sexual. Exigimos una ley integral abolicionista de la prostitución que contemple acciones punitivas contra los puteros y proxenetas y acciones claras, concretas y concisas para las mujeres en situación de prostitución. No nos vale con palabras que se lleva el viento y por eso insisto en lo de acciones claras, concretas y concisas.

Si con la Ley Orgánica 1/2004 sobre medidas de protección contra la violencia de género, quedaron asuntos sin rematar y sobre todo, sin desarrollar y así siguen después de dieciséis años, con todo el trabajo de sensibilización y pedagógico realizado por el movimiento feminista en estos años, que no por las administraciones, sobre todo con las del PP, no quiero ni imaginar qué pasará ni no se afronta este problema desde la raíz, y desde luego, pensando en las mujeres prostituidas…

Socialmente existen demasiadas complicidades con el mundo de la prostitución como para que se pongan parches. Y como dice mi amiga Laura Nuño, se ha prohibido la publicidad del tabaco y del alcohol, ¿Por qué no se hace lo mismo con la prostitución? Y este es solo un ejemplo.

Si tenemos en cuenta que la prostitución en sí misma es una violación por dinero, entenderemos las secuelas que puede dejar en estas mujeres y niñas, mayoritariamente, que se las viole numerosas veces al día y sin la menor posibilidad de escapatoria de sus agresores. El nivel de sometimiento debe ser el equivalente al miedo que puedan sentir a que los proxenetas dañen a sus seres queridos en caso de intento de escapada de la situación. Y como sabemos, el miedo es una potentísima arma para someter y mantener el poder. Más

Inicio de curso

Como cada año a mediados de septiembre, vuelvo a estas líneas a intentar aportar mi granito de arena al feminismo actual, con mis reflexiones y mis artículos sobre este maravilloso movimiento que, en algunos momentos, ha sido mi puente de salvación y un puerto donde refugiarme de mis propias tormentas personales.

Este año sufrimos, aparte de la pandemia mundial por el COVID-19 otra igual de importante, al menos para mí, y que pretende ni más ni menos, que el borrado de las mujeres del espacio público.

Siempre he dicho que el patriarcado se reinventa y se camufla para mantener el orden de privilegios que les otorga a los hombres dicho sistema jerárquico de dominación-opresión. Pues bien, en estos momentos existe una gran ofensiva patriarcal a la que el movimiento feminista va a tener que seguir haciendo frente.

Hay grandes frentes abiertos. A saber, mejor dicho, a recordar:

  • La abolición de la prostitución y de la pornografía como formas de violencias extremas contra las mujeres y las niñas. Y por tanto de la trata de personas con fines de explotación sexual
  • La prohibición expresa de la explotación reproductiva de las mujeres en forma de vientres de alquiler.
  • La actividad permanente en la denuncia del borrado de las mujeres que algunos partidos posmodernos y de la pseudo izquierda quieren legalizar al menos en el Estado Español.
  • La mejora en la lucha contra las violencias machistas que, como acabamos de ver en la macroencuesta sobre el tema, constatamos que son unas violencias que no solo no cesan, sino que aumentan. Es necesaria y urgente una reforma de la actual legislación en esa materia, para reforzar la prevención, la educación afectivo sexual en las aulas y la coeducación como sistema que refuerza relaciones humanas simétricas y horizontales además de, por supuesto, no jerarquizadas entre las mujeres y los hombres.
  • La mejora en la investigación sobre la salud específica de las mujeres más allá de los períodos específicos del embarazo y la lactancia. Y también y por supuesto, adecuar la investigación farmacológica a las características específicas de los cuerpos de las mujeres y sus propias fisiologías y metabolismos específicos.
  • Mantener la denuncia sobre la hipersexualización de las niñas desde su más tierna infancia, con fines comerciales o de otra índole, como el soporte a la pedofilia o a los abusos de estas niñas.
  • Por supuesto mantener una actitud absolutamente beligerante con la mutilación genital femenina, no solo en el Estado Español, sino en todo el mundo y combatirla con información, sensibilización y formación en origen.
  • No podemos dejar de mantener las luchas contra las segregaciones laborales horizontales y verticales que sufrimos las mujeres. Así como las brechas salariales e incluso digitales que nos afectan por ser mujeres. Hemos de combatirlas con uñas y dientes cada día.

Seguro que se me “olvidan” ahora y aquí muchos temas. Convencida estoy de ello. Temas como los problemas de las mujeres inmigrantes, las refugiadas, las que tienen diversidad funcional o intelectual, las mujeres negras o las indígenas, y así un largo etc. Pero todas, absolutamente todas, tenemos algo en común: la opresión patriarcal. Más

Referencias y referentes

         Con esto del progresivo borrado de las mujeres que pretenden las transgeneristas y su brazo político, el Ministerio de Igualdad es, si cabe más necesario que nunca dar referencias de mujeres a las niñas y niños que vienen detrás.

Y digo que es más importante si cabe, porque han de conocer que las mujeres hemos estado desde siempre y hemos contribuido con nuestros trabajos y saberes a mejorar las condiciones de vida de la población en general. Yo soy de las que estudiaron la Educación General Básica (EGB) y recuerdo que, aparte de la señora Curie, no aparecía ninguna mujer en los libros de historia. Ni cuando, ya en el BUP se nos enseñó machaconamente la revolución francesa, se nos mentó por un momento a Olympe de Gouges.

Y recuerdo tener en la última etapa de la EGB tener un profesor de esos que te ayuda a pensar y repensar las cosas y un día le pregunté el motivo por el cual las mujeres no aparecían en los libros de historia cuando sin ellas no se podrían tener hijos. Su respuesta fue demoledora: Estaban realizando las tareas de las casas y siendo buenas amas de casa criando y cuidando de sus vástagos. Así, con una sola frase, liquidó todas las aportaciones realizadas por las mujeres a lo largo de la historia y se quedó más ancho que largo. Eso sí, se las daba de progresista, como no podía ser de otro modo, pues estábamos a finales de los años setenta.

Sé que la cosa ha mejorado mucho con respecto a esos mensajes patriarcales e incluso misóginos que yo recibí, pero me sigue preocupando bastante que, con el pretendido borrado de mujeres, también se borre la genealogía no solo feminista, sino también y pura y duramente los avances producidos. Nuestras criaturas presentes y futuras deben conocer no sólo su procedencia, también las aportaciones que tantas y tantas mujeres han realizado a la sociedad y a lo largo de toda la historia. Su borrado, dejaría en la orfandad a las criaturas y su aprendizaje quedaría gravemente mermado y cuestionado por ser de sesgo patriarcal y machista.

Las mujeres hemos existido desde siempre. Y no, no provenimos de una costilla de Adán y por tanto no se nos ha de considerar inferiores a los hombres. Las mujeres, no solo hemos estado y contribuido a los aportes científicos realizados a lo largo de la historia, sino que además hemos cargado, también a lo largo de la historia con un trabajo añadido que nadie más que el patriarcado nos impuso: Los cuidados de nuestras familias, tanto en el sentido físico, como en el emocional.

Y por supuesto hemos compuesto música, hemos escrito novelas y tratados de botánica, hemos pintado cuadros, esculpido estatuas, inventado cachivaches variados y aportado fuentes de conocimiento en cada momento histórico. Recordemos, por ejemplo, que la inventora del sistema binario que se utiliza para el lenguaje informático fue Ada Byron. Si, la hija del poeta, pero él se llevó la fama y ella solo fue reconocida mucho más tarde. O que fueron mujeres también las que contribuyeron a que la NASA pudiera llegar a la luna. O que el lavaplatos lo inventó una mujer llamada Josephine Cochrane, allá por 1886

Estas aportaciones y muchas más, las realizaron mujeres. No seres con vulva, o seres gestantes, sencillamente mujeres. Con todas y cada una de sus letras M-U-J-E-R-E-S. Más

Borrado de las mujeres

         La compañera de militancia feminista Ángeles Álvarez está sufriendo una campaña de acoso por su posición ante la legislación que el Ministerio de Igualdad pretende aprobar y que, de facto, significa el borrado de las mujeres como sujetos políticos específicos.

La campaña, orquestada por quienes defienden la autodefinición del género con el que vivir sin necesidad de ningún control, solo con la simple decisión individual puede alterar y mucho el orden que conocemos actualmente.

Detrás de esta campaña siguen estando los mismos lobbies que defienden los privilegios patriarcales. O lo que es lo mismo, quienes defienden los vientres de alquiles, la regularización de la prostitución y ahora el generismo a voluntad. Detrás, como siempre, intereses económicos importantes generados a través del sometimiento a cualquier precio de las mujeres.

El sexo existe le pese a quien le pese. Y el pos-modernismo pretende hacerlo desaparecer en aras a mayores beneficios del patriarcado. Pero para ello pretenden borrar a las mujeres y a la teoría que lleva años luchando contra esos beneficios y privilegios que siguen ostentando los hombres a través del doble sistema criminal que tanto les favorece: la gran complicidad existente entre el capitalismo y el patriarcado.

Ahora, con el pos-modernismo y la falta de expectativas por parte de mucha gente joven, aparece el generismo, “casualmente” dirigido por los mismos lobbies de los que hablaba antes.

Las mujeres transexuales han existido siempre y son hermanas en la lucha feminista. Lo que ya no tengo tan claro es donde situar a las autodenominadas “transgéneros” porque estas personas, dicho sea, con todo el respeto, no entienden de luchas colectivas, solo pretenden doblegar voluntades ante su posición individualista y llevar a legislar para que sus deseos sean considerados derechos, por encima de opresiones de clase o de género. Y eso tiene un nombre: Neoliberalismo y siempre es individualista porque todo se compra o se vende dependiendo de los deseos. No existe la lucha colectiva de personas que se sienten oprimidas como clase social o dominadas pon un sistema que cuando naces mujer, si, mujer, te otorga un papel secundario a nivel social y que, gracias al feminismo, a la lucha feminista, hemos logrado suavizar algo.

El desgraciadamente desaparecido Pedro Zerolo, lo dijo hace muchos años, allá por noviembre del 2004, “Las leyes de igualdad llegarán y algunos recordaremos que en los momentos más duros las que nos apoyaron fueron las mujeres”. Y las leyes llegaron. Pocos meses después de esta preciosa entrevista llegó el matrimonio igualitario. Justo en ese mes se aprobó la Ley Orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género. Después vinieron otras.

Pero por lo visto, la memoria de muchos flaqueó y ahora se encuentran entre quienes quieren cambiar las cosas para borrar a las mujeres. Si a esas mujeres que ayudaron a que esas leyes de igualdad fueran posibles y se avanzara considerablemente en la justicia social y se aumentaran derechos de personas que hasta ese momento no los tenían. Más

Vergüenzas

         El confinamiento por la pandemia y el uso del poder ejercido por algunos dirigentes políticos ha dejado muchas vergüenzas aireadas.

El exdiputado por Ciudadanos, Marcos de Quinto, hizo un comentario en una red social sobre Irene Montero, ministra de Igualdad, que evidenciaba el rancio machismo del que hace gala cada vez que tiene ocasión y en demasiadas ocasiones disfrazado de chiste maloliente y casposo.

Los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres, estos se los toman como derechos naturales, o lo que es lo mismo, derechos con los que se nace por ser hombre y que por tanto pueden hacer los que les venga en gana y opinar lo que les venga en gana con respecto a las mujeres, sus cuerpos y sus palabras o actos.

Ese privilegio constituido por ellos como derecho natural usa a las mujeres para saciar sus apetitos sexuales, quieran estas o no. Se llama violación. Otro ejemplo es el consumo de mujeres dentro de la prostitución sin importar los deseos de las mujeres prostituidas o su propia situación vital. Tengo un deseo, soy hombre, puedo pagar pues voy y lo sacio. Así de fácil. Y así de doloroso al mismo tiempo.

No me cansaré de recordar que los deseos, sobre todo masculinos, no son derechos, son solo eso, deseos que pueden satisfacerse o no pero no son derechos. Por tanto, si una mujer dice NO ha de ser respetada y no forzada ni manipulada con violencias machistas de todo tipo hasta que ceda. Sencillamente no tiene ninguna obligación de satisfacer los deseos del tipo que sean, de otra persona.

Como vengo denunciando hace un tiempo, el patriarcado, con tal de pervivir y mantener sus privilegios se camufla como sea e incluso se infiltra dentro del movimiento feminista para destruirlo desde dentro apoyándose en una pseudo teoría para dividir e intentar dinamitar los logros conseguidos por el movimiento feminista que, a su vez se estaba convirtiendo en demasiado peligroso por su importante ascenso y avance.

Intentar abolir el sexo, desdibujando así a las mujeres, es la nueva estrategia patriarcal. Nos quieren convertir en “personas gestantes”, “progenitor gestante”, “persona con vulva”, etc. y seguimos siendo y viviendo como mujeres. Ni menos ni más que como mujeres.

Personas nacidas con sexo de mujer y socializadas como mujeres y es ahí donde el género entra en acción, puesto que en esa socialización diferenciada es cuando el patriarcado marca las distancias entre lo que es ser mujer y lo que es ser hombre. Por tanto, el género, no deja de ser una construcción social utilizada por el patriarcado para socializarnos en la obediencia debida a lo masculino y la renuncia al “yo” y al “para mi” como mujer y pasar a ser “para los otros” y “de los otros” que son los hombres.

Sólo desde el movimiento feminista se puede parar el avance de ese camuflaje del patriarcado para destruirlo desde dentro. Ya se intentó con la abolición de la prostitución en donde de inmediato aparecieron grupos defendiendo su legalización e incluso un pseudo sindicato que pretendía reivindicar los derecho de las mal llamadas “trabajadoras sexuales”, cuando en realidad son esclavas sexuales al servicio de unos proxenetas que las esclavizan y no les dan tregua.

Estos grupos pro legalización de la prostitución estaban financiados por esos proxenetas que esclavizan y extorsionan a las mujeres que compran en terceros países y en donde la pobreza es extrema.

Pero nada de esto le importa al patriarcado que solo se preocupa de hacer perdurar sus privilegios reconvertidos en derechos naturales en aras a su condición de haber nacido con sexo masculino.

Y eso mismo debe de ser lo que pensó el zafio de Marcos de Quinto para opinar de la manera en que lo hizo de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Debió de pensar que en su condición de hombre podía no solo opinar, sino también dar paso a interpretaciones erróneas con la redacción de su tuit.

Y precisamente por eso es tan importante desenmascarar ese machismo disfrazado de chiste malo, porque esconde prejuicios machistas de dominación a las mujeres negándonos nuestros talentos, nuestros saberes, nuestras voces, y nuestras posiciones como iguales en una sociedad que busca ser más justa y con mayor equidad entre hombres y mujeres

En el espacio de una verdadera equidad me encontrarán y, por supuesto en contra de todos los derechos “naturales” emanados de la condición de hombre por el simple hecho de ser hombres.

 

Ontinyent, 21 de junio del 2020.

Teresa Mollá Castells

tmolla@telefonica.net

 

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