Complicidades masculinas

         En demasiadas ocasiones en los medios de comunicación escucho a los hombres condenar los asesinatos machistas con mucha contundencia. Y me alegro cada vez que los escucho. Suelen ser políticos cuando asesinan a alguna de sus convecinas o algún que otro presentador de informativos que, cunado da la noticia del asesinato de una mujer o la violación grupal de mujeres, se le nota la rabia e, incluso en algunos momentos, la deja ir llegando a ser “políticamente incorrecto” en los calificativos que dedica al agresor o al asesino. No voy a negar que me alegra.

         Pero salvo honrosas excepciones, ¿Dónde están los hombres?, ¿Dónde sus denuncias de estos asesinatos, violaciones etc.?, ¿Dónde están sus voces de condena contundente ante chistes machistas, imágenes que denigran o cosifican a las mujeres? No, no están, salvo, insisto, honrosas excepciones.

         Y no están, porque significaría renunciar a sus privilegios y eso no nos gusta a nadie.

         Significaría, además, romper con las complicidades tejidas con otros hombres con los que compartir privilegios y salirse de un sistema que se sostiene gracias a esos privilegios y al sostén y protección que entre ellos se procuran.

         Y lo vemos claramente en la aplicación de leyes sobre delitos cometidos contra la integridad física o emocional de las mujeres cuando siempre hay alguien que cuestiona las voces femeninas para favorecer las masculinas.

         Lo vemos también en la difusión de ese mismo tipo de noticias y en cómo las mujeres, incluso con las que tienen responsabilidades públicas, en algún momento son calificadas en base a sus atuendos y no a sus buenas o malas praxis. Y eso nunca ocurre con los hombres.

         También lo vemos en mas manifestaciones y declaraciones contra el sistema prostitucional en donde las voces de los hombres, prácticamente en su conjunto, desaparecen. No conozco ni a un solo hombre que reconozca haber consumido mujeres y, sin embargo, el Estado Español es el mayor consumidor de mujeres de toda Europa y el tercero del mundo. Las complicidades masculinas en este tema en concreto son, al menos para mí, alarmantes.

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Porque fueron, somos. Y porque somos, serán

         Hace una semana estuve dando una charla a adolescentes de entre catorce y dieciséis años sobre los micromachismos como una forma de entrada a las violencias machistas.

         Fueron dos horas muy intensas. Mucho. Los chicos adolescentes y algunas chicas también se sintieron atacados. Y eso que comencé mi intervención diciendo claramente que lo que íbamos a tratar no iba con ellos ni por ellos. Pero ni aún así, no hubo manera.

         Durante mi exposición, ya comenzaron los comentarios fuera de tono, los intentos de intervención, etc. Pero fue en el turno de preguntas cuando surgió el aluvión de críticas a lo expuesto, cuestionando incluso con malas formas, algunas de las frases que contenía el material expuesto. Tuve que repetir incesantemente a lo largo de todo ese tiempo que, cuando formularan su pregunta o duda, buscaran sumar para seguir aprendiendo en comunidad, pero no pudo ser.

         Durante la comida con las amigas que habían organizado el encuentro estuvimos comentando lo ocurrido y todas coincidimos en lo duro que resulta ver cómo, después de casi veinte años de la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 sobre medidas de protección contra la violencia de género que, entre otras medidas, contempla la sensibilización en todos sus aspectos y niveles, nuestra adolescencia siga con un discurso tan negacionista.

         Obviamente las feministas no vamos a cejar en nuestra tarea transmisora de los valores necesariamente igualitarios en nuestra sociedad. Y, obviamente también, la gente adolescente que acudió a la charla, y pese a todas sus resistencias, estoy completamente convencida que alguna cosa retendrá en su memoria incluso en el futuro. Sencillamente porque expuse bastantes ejemplos de situaciones en donde se dan micromachismos de forma cotidiana que pueden acabar derivando en cualquier tipo de violencia machista que vivimos de forma habitual las mujeres. Y, sobre todo las chicas, recordarán alguna cosa en un futuro próximo.

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Los cuerpos de las mujeres

         Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.

         Como hemos podido ver en diferentes fallas, los cuerpos de las mujeres son hipersexualizados y utilizados como reclamos para la sátira y la reproducción de los estereotipos más vulgares. Eso sí, siempre en “nombre” de la fiesta y de la tradición. Como si las violencias machistas contra las mujeres no se perpetuaran también a través de las fiestas y tradiciones…

         Hace muchos años y en el marco de un acto festero de mi ciudad, me comentaba un viejo conocido que las fiestas deberían ser un punto de encuentro social en el que desaparecieran las diferencias y toda la comunidad celebrara la vida. En aquel momento me pareció una buena definición.

         Este año, de nuevo, en las fallas se ha usado y abusado de la exposición de los cuerpos de las mujeres. Se llama sexismo. Y casi nadie, excepto las feministas lo denunciamos. Es más, cuando una mujer artista fallera ha construido su monumento basado en el cuerpo de una mujer sin hipersexualizar, simplemente mostrándolo desnudo y sin adornos, ha sido destruido y vandalizado. O dicho en otras palabras para que se entienda, ha sido violado como lo sería, mejor dicho, como lo son los cuerpos de las mujeres violadas. Y recordemos que, según el Ministerio del Interior, en España se interponen casi cincuenta denuncias por violaciones al día. Y hablamos solo de las denuncias y no de todas las violaciones que se producen realmente. No quiero ni imaginar los datos reales…

         Y aún así parece que se disculpen hechos vandálicos como la destrucción/violación del monumento fallero que mostraba el cuerpo de una mujer. En fin…

         Seguimos con los cuerpos de las mujeres. En las fronteras Ucrania se ha desatado una especie de “caza” de mujeres para ser explotadas sexualmente en los prostíbulos de toda Europa. Los proxenetas, ante la necesidad urgente de tantas y tantas mujeres están captándolas para explotarlas y esclavizarlas sexualmente. Sus cuerpos, una vez más son utilizados para satisfacer deseos sexuales y de dominación por parte de puteros que pagan para violar. Porque eso es el consumo de mujeres prostituídas: pago con derecho a violación. De nuevo los cuerpos de las mujeres usados y exhibidos para deleite patriarcal. Y, también en las fallas, la aparición de ninotes hipersexualizadas representando a mujeres prostituídas como algo “gracioso” y satírica crítica a posiciones políticas ante una situación que implica mucho sufrimiento para miles de mujeres que cada día son consumidas y violadas por puteros que, además, se permiten negar que lo son.

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¿Dónde están los hombres?

Ésta es una de las preguntas para las que me gustaría encontrar respuesta cada vez que asesinan a una mujer para ser mujer. Sí, aparecen en las concentraciones convocadas en las puertas de las instituciones. Hacen declaraciones políticamente correctas, apuestan por la condena pública, faltaría más, pero eso no responde a mi pregunta: ¿Dónde están los hombres día a día cuando callan, o hacen chistes misóginos o cosas peores? ¿No se sienten interpelados cada vez que una mujer es asesinada por otro hombre?

Quizás son demasiados años de activismo feminista, pero empiezo a tener ganas de gritarles que ya es hora de que ellos también se mojen de otro modo ante los asesinatos machistas y las violencias machistas que sufrimos las mujeres. Empiezo a ver que, mientras no se sientan interpelados en sus privilegios patriarcales y reaccionen abiertamente, cuestionando el hecho de que estos privilegios han sido construidos sobre la base del sufrimiento de las mujeres, las condenas, o su presencia en las concentraciones, será sólo testimonial. O como dice mi madre, sólo para salir en la foto.

Quiero más voces masculinas como la de Miguel Lorente Acosta que lo pone todo patas arriba y cuestiona sus propios privilegios. Otras voces masculinas lo intentan, pero a poco que rascas, se les ve el plumero patriarcal con rapidez.

Bajo el paraguas de las llamadas “nuevas masculinidades” han aparecido algunas voces que quieren cambiar cosas. Pero me da la impresión de que quieren cambiarlas desde su posición preeminente o dicho de otro modo, simplemente maquillarlas. No acaban de empatizar con las mujeres víctimas de todas las violencias machistas. No sienten compasión por ellas. Y hablo del término «compasión» en sentido humano. No saben entender su sufrimiento en manos de otros hombres. Y, por tanto, no pueden sentir el problema como propio.

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Hacia un 25 de noviembre y HARTAS!!!

         Solo faltan unos días para conmemorar, de nuevo, el 25 de noviembre, Día Internacional contra las violencias hacia las mujeres. Y de nuevo, hemos de manifestar que estamos HARTAS de tantas violencias como se ejercen contra nosotras.

         HARTAS de que nos asesinen por ser mujeres. En lo que llevamos de año han sido asesinadas, según la web feminicidio.net, 69 mujeres y niñas hasta el 07/11/2021. Mujeres asesinadas por feminicidio íntimo o no, por el hecho de ser mujeres. Y después nos intentan vender que el hecho de ser mujer es solo un sentimiento. Lo será paralas chupiguays, pero no para las más de mil cien mujeres (1.118 a fecha de hoy) asesinadas por ser mujeres desde que se comenzaron a contar este tupi de asesinatos (que no muertes) en 2003.

         HARTAS por no comprender que más de mil cien mujeres que quedaron sin voz y sin vida por haber nacido mujeres y haberse tropezado en sus vidas con asesinos malnacidos que las creyeron de su propiedad y, por ello, con el derecho de asesinarlas.

         HARTAS por saber que cada cuatro minutos se viola en el Estado Español a una mujer según el propio Ministerio del Interior y que se sigue sin implementar la educación afectivo sexual en las aulas y en los curriculums de los centros educativos, incluso de infantil.

         HARTAS de que la pornografía en abierto sea la escuela en donde nuestra juventud se está educando sin que los Ministerios afectados (consumo, educación, igualdad, derechos sociales, etc.) intervengan y prohíban ese tipo de publicaciones en abierto. Publicaciones a las que acceden nuestros jóvenes, cada vez más jóvenes y copian toda la violencia que se ejerce contra las mujeres en sus primeras relaciones. Y ellas sin alternativa por, precisamente, falta de referentes por falta de educación afectivo sexual y emocional.

         HARTAS de comprobar cómo las violaciones en grupo van aumentando sin que se tomen medidas para frenarlas y que, además, las sentencias patriarcales sean relativamente livianas respecto del dolor causado a las víctimas.

         HARTAS de no poder ir a tomar una copa con tranquilidad por temor a ser drogadas con el fin de ser violadas posteriormente por sumisión química y que, además, los propietarios de algunos locales sean cómplices.

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¿Dónde está el Ministerio de Igualdad?

         Esta semana nos enterábamos de una nueva violación en grupo a una joven con tan solo dieciséis años. En Igualada. Los violadores, después de perpetrar su crimen, la dejaron tirada y semidesnuda en un polígono. Quizás pensaron que estaba muerta. La dejaron como se deja una cosa tirada porque ya es inservible. La encontró un camionero que la socorrió y posiblemente le salvó la vida.

         Solo espero que encuentren a los violadores y que el peso de la ley caiga sobre ellos, aunque ya sé, porque ha pasado en otras ocasiones, que se buscará su exculpación revictimizando a la muchacha herida de por vida, aparte de los desgarros sufridos tanto en la vagina como en el ano.

         El Ministerio, que últimamente solo se comunica desde twitter, mando mucho cariño tanto a la víctima como a su familia. Nada más. Es indignante. Y real. Las políticas de prevención de todas las violencias machistas están desaparecidas. Y ahora se dispone de dinero para implementarlas. En fin…

Los disparates que estamos viviendo en esta legislatura en materia de igualdad no tienen parangón. Las políticas que deberían ir a potenciar la lucha contra las desigualdades que vivimos las mujeres y las niñas, están completamente desaparecidas. Y lo que es peor, con la legislación que se quiere aprobar, si se consigue, se llevará a cabo un importante menoscabo no solo de los derechos ya conseguidos, también un progresivo borrado de las mujeres como sujetos políticos con necesidades específicas.

Parece que la ministra Montero y todo su equipo estén trabajando para las grandes multinacionales farmacéuticas y que, por tanto, los intereses de las mujeres carecieran de importancia, cuando en realidad deberían estar al servicio de los intereses de las mujeres.

Según el Ministerio del Interior, entre enero y septiembre de este mismo año, se denunciaron mil seiscientas una violaciones o, lo que es lo mismo, una violación cada cuatro horas. Pero al parecer este dato carece de importancia para un Ministerio que se dedica a hacer políticas neoliberales e insolidarias, pero que les parecen chupiguays.

En la manifestación por los derechos de las mujeres del pasado veintitrés de octubre (a la que asistí y por lo que no pude escribir esa semana) se gritaron consignas que harían sonrojar de vergüenza a cualquier persona que se dedique a la política, salvo a Díaz Ayuso que no sabe lo que es la vergüenza.

Ni Montero de Unidas-Podemos ni nadie del PSOE ha forzado la convocatoria de una reunión al más alto nivel para analizar lo que está pasando. Y es que ambos partidos no han vendido a las mujeres, nos han utilizado porque algunos lobbies les han cegado con “sus” intereses particulares que han considerado de superior importancia a los problemas que tenemos algo más de la mitad de la población que somos las mujeres.

Todas las grandes organizaciones tienen en su interior este tipo de grupos de presión que, por estar formados mayoritariamente por hombres, llegan a imponer sus dictados a toda la organización, pasándose los avances de las mujeres y todos los problemas que seguimos arrastrando por el arco del triunfo. Practican e imponen, a sus respectivas organizaciones la insolidaridad, y unos criterios un tanto dudosos de la ética política e incluso sindical. Confunden “sus” derechos con los derechos universales, olvidándose de los derechos de las mujeres que tanto han costado de conseguir.

Como consecuencia directa de esto, ninguna política para erradicar violencias machistas, ninguna acción para prevenir las violaciones, ninguna política para abolir la prostitución, ni la pornografía que nos cosifica y un largo etc. Porque mientras se siga apoyando la pornografía, la prostitución, los velos…desde instancias oficiales, la consecuencia es la cosificación y la desvalorización de las mujeres en todos los ámbitos. Y lo estamos viendo cada día.

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La importancia de las palabras: El ocho de marzo es el Día Internacional de las Mujeres

         Últimamente se da por nombrar a este día de forma acrónima y reduccionista como, simplemente, 8M. Deducimos que todo el mundo sabe cuál es su significado. Y quizás sea así, pero se oculta el verdadero sentido de ese día: las luchas de las mujeres.

También en los últimos tiempos y por diversos motivos la palabra mujer o mujeres, está desapareciendo como sujeto político de algunos discursos incluso de los feministas. Palabras como persona gestante, inclusión e incluso igualdad, ocultan que quienes realmente sienten en sus carnes la desigualdad creada por el patriarcado somos las mujeres.

Al ocultar el sujeto político en las definiciones, resulta mucho menos ofensivo para quien realmente es nuestro objetivo como feministas: La lucha contra el patriarcado que nos oprime. Y el patriarcado, como muy bien sabemos, se camufla de muchas maneras para persistir e inventa nuevos modos para mantener sus privilegios sobre las mujeres y las criaturas. E incluso utiliza formas camaleónicas para contaminarlo todo y camuflarse para no ser distinguido. Incluso utiliza esos camuflajes para introducirse en el debate feminista y así dividirlo, como lleva un tiempo ocurriendo.

El 8 de marzo es el Día internacional de las Mujeres. Lo conmemoraremos en unos días y aunque este año no se ha convocado una huelga feminista por caer en domingo, eso no merma ni un ápice la fuerza de las reivindicaciones feministas sobre las desigualdades y discriminaciones que sufrimos las mujeres. Insisto LAS MUJERES. Y todas las mujeres sin excepción.

Por ser mujeres nos asesinan. Por ser mujeres sufrimos violencias machistas de todo tipo. Por ser mujeres tenemos menos empleo, que no menos trabajo que de eso nos sobra aunque no está retribuido. Por ser mujeres cobramos menos, incluso en las pensiones. Por ser mujeres se nos intenta silenciar, incluso físicamente. Por ser mujeres sufrimos micro y macro machismos. Por ser mujeres no se nos cree cuando afirmamos haber sufrido agresiones. Por ser mujeres se nos viola como símbolo de fuerza y de dominio. Por ser mujeres se nos juzga dentro y fuera de los juzgados de forma patriarcal. Por ser mujeres Se cuestiona nuestras voces en los espacios públicos y privados. Por ser mujeres se nos prostituye y se nos explota sexualmente para ganar pingües beneficios con nuestros cuerpos. Por ser mujeres se nos explora reproductivamente como vientres de alquiler para, también obtener beneficios. Y, si además de ser mujer, sufres alguna diversidad funcional o intelectual, sufres muchísimo más. O si eres una mujer negra se tienen que sumar la, todavía persistente, segregación racial. Por ser mujeres las distintas religiones pretenden, y a veces consiguen, dictar nuestras formas de vivir nuestra sexualidad y nuestra maternidad.

El movimiento feminista siempre ha sido solidario con los movimientos de otras personas que se sentían discriminadas por sus diferencias. Movimientos todos ellos lícitos y que poco a poco han ido consiguiendo sus objetivos y, al mismo tiempo, olvidándose del los objetivos del movimiento feminista. Cuando no, directamente volviéndose en contra del mismo, aunque con un discurso lleno de eufemismos y siempre políticamente correcto. Más

Las olvidadas

         Ayer leí un mensaje en twitter que decía literalmente:

«Quedan quince minutos para que acabe enero y ya  hemos tenido el asesinato de Soleimani, Irán respondiendo con misiles a EE.UU., el derribo del avión, la muerte de Kobe, el coronavirus, el Brexit…Joder con 2020».

         Quizás y a simple vista puede parecer algo normal la enumeración de estos hechos para valorar el primer mes del año. Pero, como siempre, al autor del mensaje se le pasaron las olvidadas: la mujeres y criaturas asesinadas por el machismo y que a lo largo del mes de enero han sido ocho mujeres y una niña y que desde el años dos mil cuatro ya son mil ciento sesenta y cinco las mujeres asesinadas por violencias machistas. Pero pese a las elevadas cifras, al parecer, solo desde el feminismo nos acordamos que nos faltan ellas y sus voces.

Después de quince años de la aprobación de una ley orgánica que fue pionera en el mundo, seguimos con cifras de vértigo y con gente que, a pesar de esas mismas cifras espeluznantes, niega la existencia de violencias machistas y pide la derogación de la ley.

La sensibilización para la prevención de estos asesinatos sigue siendo necesaria, pero al parecer a demasiada gente le importa poco la vida de las mujeres víctimas de estas violencias. Los recursos policiales y jurídicos son demasiado escasos y las mujeres siguen siendo asesinadas.

Dice la gente experta que el momento más crítico y, por tanto más peligroso para la vida de las mujeres, es cuando plantea la ruptura de la relación con su agresor y los meses siguientes. Y que la peor violencia no es la de las agresiones físicas que llegan cuando ya se ha ejercido la peor de las violencias, la psicológica. Más

Mujeres intercambiables

         Para el patriarcado más reaccionario y capitalista, las mujeres somos intercambiables. Como objetos que se acaban comprando, vendiendo o cambiando por otro que guste más. Objetos inanimados que, al parecer, ni sufren ni padecen y a quienes además nos gusta ser tratadas así e incluso peor.

Este es, esencialmente, el mensaje que el actual porno está transmitiendo a nuestra juventud. Un mensaje violento y de dominación de las mujeres para que se sometan a todos los deseos de los varones. Y en ese contexto inician demasiados chicos jóvenes su vida afectivo sexual.

Nos preguntamos en demasiadas ocasiones por el aumento de agresiones sexuales que sufren las mujeres jóvenes por parte de sus compañeros pero no nos acabamos de preguntar el motivo de la ausencia de este tipo de formación en las aulas.

Una formación afectivo sexual que condene los roles violentos dentro de las relaciones y que hable de empatía, ternura, solidaridad mutua, de deseo compartido y no de deseo impuesto, etc. Pero para hablar abiertamente de este tipo de asuntos en las aulas, primero ha de consensuarse políticamente esta necesidad en las aulas. Se ha de asumir que la falta de formación afectivo sexual en los colegios e institutos lleva implícita una violencia machista más, que añadir a la larga lista de violencias que el machismo ejerce sobre las mujeres y las niñas.

Para comenzar a poder las primeras piedras para eliminar las violencias machistas y siempre peligrosas en las vidas de las mujeres y las niñas, es fundamental que se tenga claro que este tipo de formación ha de estar en el curriculum de los centros y que las familias han de entender que sus criaturas son un bien social y no privativo.

Si buscamos un futuro en donde las niñas tengan realmente los mismos derechos que los niños tanto en su infancia como en su vida adulta y que por tanto no sean intercambiables, ni usables como mercancías, tendremos que comenzar a cambiar las reglas del juego, despatriarcalizando tanto la educación obligatoria como las reglas familiares respecto a cómo cuidar y educar desde la infancia a nuestras criaturas.

No podemos retrasar más la implantación de medidas educativas y familiares para que nuestras criaturas de hoy, que serán adultas mañana, aprendan que amar es algo mucho más importante y grande que la satisfacción de un deseo sexual puntual e impuesto.

No podemos, como sociedad, seguir transmitiendo a nuestras niñas que son intercambiables, ciudadanas de segunda y que han de estar siempre disponibles para satisfacer los deseos de otros incluso con riesgo de su propia integridad física si se niegan. Más

Tiempo de normalizaciones perversas

         La palabra «blanquear» no me gusta porque en demasiadas ocasiones esconde sentidos perversos. Por eso prefiero hablar de normalizar las situaciones que resultan dolorosas o, como mínimo, extrañas.

Para normalizar algo hemos de dejar de verlo como extraño o diferente y darle la pátina de normalidad adecuada. Es el caso de Plácido Domingo y sus denuncias (recordemos que son 20 mujeres) de acoso sexual en Norteamérica. Mientras allá se le ha puesto en su sitio creyendo los testimonios de esas veinte mujeres, cuando ha llegado a la vieja Europa todo son privilegios y parabienes. Así, uno de los principales periódicos de este país en la entrevista que se le realizó, ayudó a normalizar su verdad, ayudando a cuestionar las voces de las mujeres que le denunciaron.

El acoso sexual no tiene que ver solo con el deseo sexual, tiene que ver con el poder. Y en cada ocasión que una mujer es acosada es una clara manifestación de poder. Y cada vez que se cuestiona la voz de una mujer, el poder del patriarcado se agranda.

Con su contratación, la Generalitat Valenciana ha insultado a esas veinte mujeres acosadas y a quienes posiblemente por miedos sufrieron sus acosos y no le han denunciado. La Generalitat Valenciana y aquellas instituciones que le están contratando, le están dando alas a su voz masculina y privilegiada en detrimento de las de las verdaderas víctimas: las mujeres acosadas por él.

Nadie cuestiona que sea un gran artista, pero no nos podemos esconder detrás del arte para justificar cualquier tipo de vejación a las mujeres.

El movimiento Me Too ha venido para quedarse y desenmascarar a quienes creyéndose impunes por su posición, pensaron que desde esa posición privilegiada podían agredir, acosar o violar a las mujeres que desearan. Como el caso que nos ocupa. Y darle voz a los acosadores, aunque sean presuntos, es profundizar en las violencias machistas que sufrimos las mujeres solo por serlo.

Y, negar la existencia de ese tipo de violencias específicas es, sencillamente, negar la realidad de infinidad de mujeres que las sufren cada día. Y, por tanto, normalizar las situaciones de desigualdades que se sufren con cada acoso verbal, físico o cualquier agresión.

Con la entrevista realizada al divo y su publicidad en los grandes medios de comunicación, así como con su contratación por parte de la Generalitat Valenciana, claramente se normaliza la situación de acoso por parte de quienes creen que siguen teniendo el poder sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres y, además se cuenta con la inestimable suma de voces femeninas que les aplauden, dejando así en un mayor grado de vulnerabilidad a las verdaderas víctimas. Más

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Alicia Murillo Ruiz

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